martes, 30 de junio de 2009

Huída o impulso dominador sin límites

Un día consideré que la literatura podía nacer y renacer de la cenicienta necesidad humana de escapar de esa suerte de realidad a la que pertenecemos como la ola pertenece al mar. Ésa que muchos siguen sintiendo "externa" y algunos todavía creen "imaginaria" y que sin querer delimitar rigurosamente nada todos coincidimos en llamar El Mundo.

No obstante, a base de darle un par de vueltas, acabé considerando (por ahora) que no se trataría tanto de una huida o alejamiento respecto de esa realidad con la pretensión de situarse en alguna otra (en tal caso... en la de los sueños) como del intento de encorsetarla, de poner a ese Mundo sobre carriles controlables, de asignarle, aunque fuese por parcelas, un sentido, una meta, una Lógica y una Razón, unas causas puestas en su sitio y unos accidentes bien elegidos para que también actúen como tales causas... Y poder reconstruirla, incluso, como si se pudiera, dentro de una botella (...¡oh, las botellas, las botellas que se acaban precintando para conservar su contenido peligroso y sus genios diabólicos, las cajas que no se deben abrir más una vez que se consiguen volver a cerrar... y que después vuelven a abrirse para repetirlo todo...!) como esas en las que se encierran esas miniaturas de barcos, a resguardo de tormentas y avatares y hasta del polvo y el oxígeno. Para, en fin, reducirla a un modelo manejable y previsible.

Sin duda, es curioso cómo esta idea acerca la literatura al mito e inclusive a la ciencia, a la brujería y a la matematización (esa forma magistral de formalizar las cosas)... A todo lo que imaginamos y construimos para iluminar nuestros pasos y oscurecer los ajenos... para justificar y explicar... para... para dominar lo inmediato (contenidos de botellas y de cajas incluidas) bajo la sensación o convicción de dominar lo eterno.

sábado, 27 de junio de 2009

Conciencia y funcionalidad (una vuelta a los "Grandes Asuntos" de los que las urgencias insisten en alejarnos)

Una y otra vez, los "Grandes Temas" que pretendemos elucidar jugando a dioses (aunque real e inevitablemente nos preocupen) nos conducen a los más tangibles, cotidianos y, en cierto modo... más mezquinos. Entiéndase esto en su sentido etimológico, y refiérase exclusivamente al doble echo que vuelvo a describir aquí y que no puedo más que vincular a nuestra idiosincrasia humana considerada, lo repito: como "un resultado". Se trata, disculpad mi habitual eterno rodeo, de situar las cuestiones en su marco apropiado... del que sin duda nos alejan las urgencias políticas... (1). De volver, por interés y convicción, tal vez inconsecuente, y con las peligrosas consecuencias de la síntesis más breve posible... a exponer:


... el encuadre del problema:

Desde que el hombre tuvo conciencia de que reflexionaba (me permito imaginarlo considerablemente asustado al principio por ello al creer que una voz le hablaba en y a su cabeza... como sugieren cada vez más hipótesis neurocientíficas) consideró que los resultados de su imaginación (o inteligencia), de su capacidad para suponer y atribuir causas y para hilvanarlas en una narración coherente y operativa, tenían un estatus básicamente divino (2). ¿Divino?, dirán muchos desde las diferentes posturas preexistentes (posturas que rechazarán este discurso, como hicieran con los anteriores). Bien, les digo anticipándome a las objeciones formales: ¿preferís que lo llame... "superior"?

Pues, sea como sea, el hombre vive su reflexividad como tal tanto por comparación con los demás animales como por sentir que esa facultad suya le promete un poder siempre creciente y aparentemente tan ilimitado como imagina ilimitado el Universo, donde siempre parece posible dar un paso más en dirección al infinito.

De ahí que todo lo que no apunte a esa supuesta meta potencial sea rechazable por el hombre y considerado mezquino, terreno, miserable (este es pues el sentido de mi primer párrafo a la vez que el sentido de esta discusión).

Derivada de esta sensación que habría nacido de la capacidad de maravilla que nos mueve aplicada a uno mismo -y que por ahora parece haberse estabilizado evolutivamente-, se consolidó - a mi juicio- la tendencia al rechazo de lo animal en el hombre en una u otra escala, así como los intentos de darle a esa conducta una significación trascendental, también a una u otra escala (escalas en uno y otro caso dependientes del grado de desarrollo de las capacidades imaginativas y de reflexión existentes en cada individuo concreto y de su grado de lucidez por llamar de algún modo a esa facultad adicional para liberarse de lo que aquí llamaré "lastres ideológicos" por englobarlos de algún modo).


Los unos y los otros

A los intelectuales les atrae considerar de manera maniquea la conflictividad social y, respondiendo a ello, optan por configurar una y otra contradicción principal. Así, sobre la supuesta lucha decisiva entre productores y consumidores, explotadores y explotados, etc., pueden construir su propia oferta de representación. A diferencia de los burócratas políticos, que basan su hegemonía real en el apoyo explícito de las masas a las que les ofrecen las migajas del botín y a veces una simple "parcela de cielo", los intelectuales les ofrecen la verdad de los conceptos, su pureza y su representatividad, eso sí: una vez por ellos redefinidos sus representados como consumidores, proletarios, patriotas, etc. Y mientras estos esperan ganar un cielo verdadero, los burócratas, haciendo uso de las palabras vaciadas de contenido que apenas envuelven los conceptos puros para las que fueron creadas, llevan a las masas no sólo al engaño y a la traición (aparente o... en tanto que representantes) sino a que adopten ellos también ese lenguaje vacío; a que las masas aparezcan incluso ante sí mismas como intelectualizadas, como poseedoras también de una cultura además de un bienestar... de una "parcela de cielo", siendo que sólo han sido simplemente educadas y hasta simplemente alfabetizadas... Un fenómeno cuya expresión más desconcertante podríamos muy bien ejemplarizar con la Cuba castrista o la China de Mao entre los más notables.

La "democratización de la cultura", cuya profundización se sigue exigiendo, dando por positiva y progresiva y que en la que no se deja de avanzar (Educación para la ciudadanía mediante entre otras muchas, pero también mediante las escuelas coránicas o las ikastolas entre las que más suenan hoy en día entre nosotros y también mediante la inmersión linguística -ciertamente... i-lingüística-) ha producido a... Emilio, a fin de cuentas... el prototipo del representado político de las democracias más o menos occidentales y occidentalizadas en las formas (y cada vez más tercermundistas en los hechos), el prototipo del participante periódico en la orientación de su país... a manos de una u otra organización partidocrática...

Este proceso, en fin, tiene dos ventajas inmediatas: entretener y hacer que se viva como real lo que en el fondo no es sino ficción. Ficción que ayuda al gobierno de todos por una subespecie alienígena que tiene lisa y llanamente secuestrados a los demás (independientemente de los nombres personales de los dirigentes y de las formas institucionales de la democracia formal, esas cuyas ventajas han descubierto cada vez más los invasores... hasta en el mismísimo Tercer Mundo (3).


La ciudad de las mentiras in-"nobles"

El problema de la política antes mencionado (conflicto entre los ideales y la urgente realidad) llevó a Sócrates según Platón a ver ineludible el uso de las "mentiras nobles" para evitar la tiranía.

Víctima de su desesperada contradicción existencial (tener repugnancia por imponer la libertad pero necesitarlo), Von Mises, nieto de la Ilustración, de Rousseau y de Adam Smith, declara en 1952:

"Lo que se necesita para cambiar elcurso del torrente es cambiar la mentalidad de los intelectuales. Las masas los seguirán." (citado por Bruno Leoni quien afirma preferir "unirse a Mises a más que a los pesimistas" -"La liberatd y la ley", Unión Editorial, Madrid, 1995, págs. 178/179-)

En estos días, millares de intelectuales proletarizados, víctimas en buena medida de un conflicto similar, piden la democratización o la popularización de la Ciencia, es decir, su reducción a un decálogo de dogmas capaces de ser aprendidos en contra de los que levantan sus contendientes (los "creacionistas") en la lucha por el poder en los centros de enseñanza que habían conquistado desde los tiempos del primer positivismo y que ven amenazados desde unos sitios más que desde otros (es decir, desde el cristianismo más que desde el islamismo).

Son ejemplos del montón que marchan por la misma senda y de los que he señalado unos cuantos a lo largo de este blog para diversos campos (como aquí, aquí, aquí... etc.). Marchan todos, en última instancia, con la misma carga, con sus mochilas llenas de conceptos y valores racionalistas tanto como antiguamente lo estaban de enseñanzas ancestrales y dogmas religiosos. La irrupción de La Razón, básicamente griega, condujo a la transformación occidental que conocemos y que nos ha llevado, curiosa y aparentemente en un sentido inverso: al vaciamiento creciente de esos conceptos y valores; a que ahora, en el mejor de los casos, apenas significan algo y, en el extremo, sirven de slogans intercambiables provistos día si y otro también por sus lideres en sus arengas, los titulares de prensa, los alaridos de las canciones vanas, los mensajes publicitarios, etc., todos fabricados en los gabinetes de marketing de las instituciones del sistema (burocrático claro) hoy en vigor. Esos valores, a los que se aferran como si de ello dependiera el paraíso para sus leales, no garantizan en realidad mucho mas que marginación y llegado el caso la perdida efectiva de la vida en libertad, o al menos de la virtuosa que desean con toda la honestidad y sensibilidad positivas del mundo. Esos valores y conceptos también vienen del pasado y no responden a la situación presente sino como pura rabia contenida, como reivindicación ante la degradación indudable de las palabras, de las situaciones y de las conductas, ante las perspectivas reales, palpables, de que se va perdiendo el mundo conocido, la propia sustancialidad conceptual en la que se confiaba. Sin duda, yo no puedo sino justificar ese apego, tanto de la virtud en sí como de la sabiduría en sí, y como de ellas, igualmente de los así llamados valores humanos o positivos o loables, todos provocadores de adoración (aunque algunos han perdido con el tiempo, como el valor o el arrojo, etc., justo los que por cierto endiosaba el propio Nietzsche o Heidegger)... pero debo señalar la falacia que encierra esa lealtad y ese apego, su carácter de mentiras desconcertantes, su papel nefasto en manos de la desaprensión total a la búsqueda del poder por nada que no sea el poder mismo. Todo lo cual, dicho sea de paso, aún no ha sido suficientemente interrogado, aún no ha sido profundamente hendido el bisturí doloroso en el timorato cuerpo humano.

Y es una verdadera pena que todo ese bagaje se les imponga a cada vez más intelectuales hoy en día. Incluso más allá de su vocación científica y en el fondo, solo que unos cuantos grados mas allá, al igual que se le impusiera, por ejemplo, a Newton o a Galileo en su tiempo: primero siempre estará responder a la supervivencia, a la que cada vez se responde de acuerdo con la sociedad instituida y el imaginario social dominante. Una pena al menos para quien como yo también es un ejemplar de esta realidad y de este tiempo. Y mas aun cuando la campana de Gauss se ha ido haciendo más apaisada, como le pasa a las viejas colinas tras un período prolongado de erosión: democratización, democratización, en todas partes, en nombre del mutuo entendimiento o de la supuesta mejora de la humanidad que se llamó Progreso, lo que se consigue es lo que cada vez más gente ve, sin comprender del todo o no animarse a hacerlo o simplemente porque se está preso del bagaje cultural mencionado... en los colegios de sus hijos: "chatura" progresiva, constante "bajada de nivel"... Igualdad, igualdad, hacia abajo, cultural, mental y económicamente... Libertad, libertad, de tener algo de marca y de diseño... de prostituirse... de no asumir responsabilidades... de no respetar al prójimo... (4).

Pero hasta ahí llegan: representando a los asesinos porque se mueren de envidia de matar a su prójimo... (5). Sin ver ni querer ver en qué medida ellos mismos y todos sus amigos han caído ya en las redes del pensamiento elemental que se extiende como una mancha voraz de aceite. Lo que no ven es que alzando hoy una pancarta por La Paz lo que hacen el el juego a ciertas guerras, incluso a varias que sirven para ganar la batallita política de turno. O que pidiendo honestidad en los asuntos públicos se acabe favoreciendo... simplemente el recambio, la evidente corrupción establecida por la que los otros acarician... La libertad y la justicia... para renovar a los propagandistas. La igualdad para que se favorezca a otros familiares y a otros amigos y se reorienten las ayudas y las subvenciones... Etcétera. Sin ver ni querer ver... que todos simplemente buscan sobrevivir... Porque verlo es muy duro, porque es duro verse tan... pero tan... animal.

En esa marcha hacia el abismo autista, hacia la indolencia que se cree independiente, activa y valerosa (y que lleva a lo sumo a caer primero bajo los caballos mecanizados), se llega a la frustración desesperada... y. ante la clara evidencia de la imposibilidad total de cambios por medio de unos u otros sacrificios y sudores, a soñar con la camarilla o el Gran Dictador mesiánico que, al reunir en Uno todas las virtudes para cada uno mejores (a su turno tal vez la imagen distorcionada de algún sueño básicamente infantil perdido), acaba pareciendo como más... factible.

¡Factible!, ¡he ahí la clave, eso es lo que se quiere! Pero... ¡vamos!, ¿no es precisamente lo que está detrás de los sueños individuales de cada uno de los miembros aparentemente indiscriminables y faltos de personalidad, que se dice que componen esas masas? ¿No es eso por lo que unos se decantan por seguir (de seguimiento) a los que les prometen unas u otras migajas -a costa de los demás- a quienes no conocen y... "allá ellos"? Y, por fin, para qué, para qué un Franco o un Allende, para qué un Perón o un ZP... sino para ponerse a su sombra, para tener en todo caso "un palenque ande ir a rascarse" (como caricaturiza la realidad de su tiempo José Hernández en un verso de su Martín Fierro en la línea de tantos comediantes y poetas que desde la antiguedad vieron la realidad desesperanzadora que hace "llorar la biblia junto a un calefón").

En esta línea, el maremagnum de la cultura popular presenta un sinfín de matices, una auténtica locura de teorías, hipótesis fantásticas, utopías endebles, diagnósticos caóticos y viscerales... Y, al final, olas y olas que vienen desde el fin de los tiempos, de esperanza divina en esperanza divina...

Muy pocos se animaron a reconocerse ajenos a esa masa a la vez uniforme y heterogénea y a declararse simplemente díscolos, extravagantes (cosa que algunos acariciaron aunque sin llegar a extremos, como Mill o Strauss, en nombre de sus respectivos "compromisos", de esa llamada inevitable de la urgencia), y hasta donde esa exigencia fuera soslayable como para permitir una muerte en la cama y evitar la cárcel, la tortura o el exilio forzoso... Pocos que pusieran al hombre ante el espejo dando curiosamente llamadas contundentes y sinceras a la vida como no dieran nunca los humanistas (6).

Bueno, después de todo, nada es demasiado grave en la escala del mundo que, simplemente, nos está mostrando la flecha que señala hacia su rumbo inmediato... al menos por un buen tiempo... Su rumbo hacia y hasta vaya a saber qué muro contra el cual toparemos de un modo seguramente brutal y doloroso... pero del que, por qué no, puedan, simplemente, emerger "otras cosas".


* * *


Notas:

(1) Esas cosas que "no permiten ninguna demora", en palabras de Leo Strauss ("La ciudad y el hombre", Ed. Katz, Bs. As., 200x, pág. 155). En "La ciudad y el hombre" (y en otros escritos), Leo Strauss, uno de los más lúcidos pensadores de
todos los tiempos (lo digo muy convencido) remarcaba la existencia del conflicto que afecta a los hombres y en particular a los más pensadores o intelectuales, a saber: el existente entre el deseo de cada uno de dedicarse en todo lo posible a la contemplación y la presión cotidiana de los acontecimientos que nos obligan a... ganar el pan (y reclamarlo) con el sudor (político) de la frente... (págs. 43, 124, 143, 155, 182, 184-185... 340-341)

(2) Dejo aquí fuera de la discusión, sin por ello ignorar su importancia, a la supuesta "razón de ser" de ello y a su "utilidad", etc., todo lo cual estaría en todo caso subordinada o más bien subsumida a la misma incertidumbre y de la misma discusión que intento abordar.

Por otra parte, es observable que esa pretensión ha sido cada vez más marginada en apariencia en la Teoría, es decir, en las construcciones formales explicativas, míticas, religiosas, filosóficas, científicas, etc. del hombre en su variante científica y filosófica... lo que no debe hacernos ver falsas "superaciones" ni "verdaderos escamoteos" (remito a mi post anterior para una discusión sobre la "honestidad intelectual"). Y sin duda es cierto, como literal y sustancialmente concluye Leo Strauss en el ensayo antes
mencionado: la pregunta en la que se cae, se reconozca o no, sigue siendo "quid sit deus" (op. cit., pág. 341)

(3) "También Platón (...) admite, con Píndaro, que la superioridad de fuerza otorga el derecho natural de dominio" (lo que:) "...permite comprender por qué la naturaleza de los asuntos políticos se opone en cierta medida no sólo a la razón sino también a todo tipo de persuasión..." (pág. 41). Y es que, en realidad, "... la vida política tal como es..." (pág. 201) está en oposición a la que "el filósofo no puede proporcionar" (pág. 202).

(4) En la discusión que siguió a mi anterior post (y que a su vez me movió a escribir el presente), Clandestino, mi contendiente-comentarista, defendía como
pragmatismo ese bagaje cultural que, como he dicho, ha acabado convirtiéndose, rigurosamente, en vox populis. Es evidente que reducir, como hace Clandestino, en nombre de ese pragmatismo (¿qué, sino un rechazo espontáneo de lo intelectual de cuyo lenguaje sin embargo se apropia?), es un tributo al autoengaño; el que implica su seguimiento (en el sentido de seguidismo), inconsciente o involuntariamente en principio, a la burocracia en la figura de unos u otros, burocracia que a la vez rechaza en parte -los mentirosos, los malos, los criminales...- y a parte de cuyos miembros pretende reformar o mejorar.

Cautivos de esa visión
idealística suya, Clandestino, entre muchos otros y representando uno de los tantos matices que pueblan el maremagnum de incoherencia y falta de rigor propia de la heterogénea e irregular cultura de masas (lógicamente compuesta por un 99% o más de mito, a su vez hilvanado con las palabras que toman sin más del discurso racionalista e idealista instituido) hace y hacen de peones en el juego interburocrático por el poder, ya sea con la denuncia cuasiperiodística propia de la blogsfera, ya sea con la reacción visceral que se presenta en el límite de la cólera (y que se presentará antes o después), para llevarlos, a expensas de su honestidad y mejores sentimientos personales a primera línea de ese campo de batalla de los acontecimientos que termina instalándose en las calles...

Por otra parte, al sumarse así a las conductas típicas del pueblo (que con ellos como miembros más activos rechaza visceralmente (esto es, "más con el corazón..." -una viscera- que "con la mente") la filosofía de los intelectuales y su lenguaje experto, generalmente críptico y cada vez más esotérico -aunque sólo por un exceso de vacío-, Clandestino, como todos los bienintencionados, no puede evitar caer en las redes de lo mismo que rechaza aunque bajo la forma de una caricatura. No hay alternativa: esta sociedad está postmodernísticamente culturiralizada hasta sus simientos, provista del mencionado falso o caricaturesco bagaje cultural al servicio de la diversión y la confusión, que proponen la superioridad de La Mente sobre las demás armas de supervivencia del hombre, es decir, de lo que, como atributo caracterizador de lo no-animal, le permite a la masa occidental no sólo sublimarse respecto de los animales sino hasta de los pobres del tercer mundo de cuyo estatus tan cerca acabaremos estando hasta en lo económico si esto sigue así.

Esa trampa es en todo caso inevitable: la acción requiere del dogma, la conciencia crítica paraliza. Lo vio Aristóteles y lo vio Nietzsche, y con ellos sin duda Leo Strauss. Pero la acción no existe sin subordinación grupal y más a instancias de la complejización creciente del mundo. De ello, justamente, se aprovechan los menos pero más hábiles para la política que, gracias a ello, han podido edificar y mantener sus pirámides opresivas.

Los hombres, en fin, movidos por la necesidad de dominar o perecer... se han cavado su propia fosa. Es in-e-lu-di-ble... y lo es tanto como el ca-os al que nos conduce.

Cuando Clandestino rechazando La Teoría reduce, "pragmáticamente" como él dice, la Justicia a las Leyes Promulgadas (entiendo que sólo las que le parecen "justas") y que sin duda los gobernantes violan (puesto que nunca dejó de ser obvio que "el soberano está excento de su cumplimiento", como grosso modo sostenía Hobbes), lo que hace es ocultarse a sí mismo su origen impositivo y no democrático que abarca a la Justicia en general. En ese punto, vuelve a alinearse con quienes entienden que la solución sería la dictatorial... la de poner el gobierno en manos de sabios, iluminados, piadosos o en todo caso de... héroes más o menos míticos y/o virtuosos (en realidad meros personajes imaginarios que no existen ya sino en las novelas románticas o de aventuras alguna vez leídas en la adolecencia), un sueño utópico que sólo ha podido dar, por decirlo y repetirlo de algún modo... realidad política nefasta
(3) y quejas inconduscentes (con sus millares de muertos).

Aunque en mayor o menos medida, él y muchos más nieguen lo que se evidenciará en la medida en que la urgencia de la acción lo fuerce... y tome forma la idealización del primer demagogo que alce una voz diferente... para diferenciarse durante la campaña y sepa dar en el corazón herido de las masas.

(5) Transcripción libre de un extracto del párrafo decisivo que declama el personaje principal de la obra dramática "Kean" de Jean Paul Sartre... y que define su esencia a pesar del propio autor y de sus conocidos
autoengaños... nobles. El párrafo acaba sentenciando: "... se representa porque se es mentiroso de nacimiento".

(6) Pienso, en primer lugar, obviamente en Nietzsche que muy probablemente, de haber vivido en el cuerpo de Heidegger, habría caído en la misma trampa de la
ilusión mesiánica que indujo a éste, su discípulo y continuador de hecho, a ponerse al servicio de una promesa en extremo falsa y sin duda terrible... al menos para mí y para muchísima gente. Pienso también en Sade, a quien Adorno reconoce el mérito de haber anticipado "las virtudes públicas de la era totalitaria" y que junto con Nietzsche dio al mundo esas "...doctrinas despiadadas (...) más misericordiosas que las de sus lacayos morales de la burguesía (...)". Y añade: "Con su negación (de la piedad), Nietzsche salvó la confianza inquebrantable en el hombre, que es traicionada día a día por toda una aseveración consoladora." (las citas son de Th. W. Adorno, "Dialéctica de la Ilustración", Akal/Básica de bolsillo, Madrid, 2007, págs. 130-131).


miércoles, 17 de junio de 2009

De la honestidad "de pensamiento"

Intentaré tratar lo más sintéticamente que me lo permitan mis pretensiones de no dejarme nada, este tema de dos facetas vinculadas y que ha estado bombardeándome y rondándome últimamente, desde varios blogs y desde mi propia preocupación, respectivamente. Tal vez lo impongan los tiempos que corren. Tal vez escondan una cierta rebeldía infantil que nunca se abandona. En todo caso, el problema es vivido como tal en el ámbito concreto de la intelectualidad, de los que reflexionamos, de los que sufrimos en carne propia la deshonestidad que nos rodea e incluso vivimos torturados por la culpabilidad que nos ocasiona la caída inevitable y seguramente fugaz en ella (gracias a nuestra inseparable "buena conciencia").


La cuestión

Debemos reconocer que no todos sufrimos de esa manera que la mayoría considera absurda y que suele ser calificada de muy poco práctica.

El problema, que sin duda se refiere a un dilema general de los seres humanos -como que todos pensamos en una u otra medida y cualidad-, sólo es considerado, insisto apenas con otras palabras, como tal problema, o sea, como un conflicto, por aquellos que se sienten mejor consigo mismos... siendo consigo mismos estrictamente honestos. Precisamente -creo necesaria aquí apuntarlo de nuevo-, eso es lo que a mi criterio diferencia las cualidades y no algo equiparable a una tabla de valores que signifique algo: remarco pues que mi punto de vista pone todas las cualidades humanas surgidas de la evolución que han sobrevivido, o se han reproducido, como meras herramientas de supervivencia, de lucha por la vida, y que nada nos puede permitir, salvo nuestra propia idiosincrasia y vehemencia, dar unas por mejores o superiores a otras, ni presuponer las que prevalecerán en el futuro, ganándose por obra de los hechos el puesto más adecuado o eficaz... En fin, entiendo que esas cualidades y manifestaciones conflictivas son unas muestras entre otras muchas de un entramado real-complejo fabricado con el mismo hilo.

Un entramado cuya narrativa debe ser situada particularmente en un territorio específico, el territorio en el que se ha fabricado o construido la misma, el territorio donde sólo allí se puede construir y levantar (y al margen de su grado de efectividad fuera del mismo, de su influencia periférica -léase las masas, las generaciones sucesivas...-): se trata, evidentemente, del territorio intelectual; un territorio que no es ni puede ser considerado, por falta de pruebas que lo avalen, como universal o absoluto, es decir, como compuesto por conceptos dignos de tal nombre, ahistóricos, increados, eternos, revelados, preexistentes a lo que ellos mismos dicen nombrar y definir, esencias, naturalezas, "realidades metafísicas" que habrían poblado un mundo inamovible, inalterable, perpetuo, fiable... etc., etc., etc.

Y precisamente, estas son las delimitaciones que en todo caso nos permitirán evitar las confusiones habituales porque en su marco es donde éstas adquieren sentido, es decir, relatividad.

Los que no podemos dejar de pensar ni, como decía Paul Valery y, apoyándase en ello, Lepenies (1), de "quejarnos", tenemos una facilidad pasmosa y hasta una predilección especial para sustituir la descripción concreta mediante la palabra (sea o no esa descripción lo suficientemente exhaustiva, si se me permite simplemente sugerir la idea), por la conceptualización absolutista, mítica y estática, que no es sino una conceptualización ideológica: la forma por excelencia que empleamos los intelectuales para alcanzar la legitimación social. Nuestra vía regia para la propia supervivencia en una sociedad que ni hemos ni podremos -tal y como están las cosas al menos- a-dap-tar a nuestro antojo.

Sólo los que no podemos dejar de pensar conceptualizamos (y en particular de la manera mencionada del discurso, que no siendo única sí es para nosotros la manera necesaria); el resto de la humanidad, en la que los intelectuales, insisto, deambulamos y con cuyos diversos miembros nos relacionamos, un tanto como extraños, un tanto como prójimos, no "cae" en ello estrictamente hablando. No lo hacen ni los burócratas (preciso: no hablo de "funcionarios") que detentan el poder en la sociedad actual de extremo a extremo de La Tierra, ni los miembros destacados de sus redes de sustentación (como creo que bien cabe llamarlas para intentar poner de relevancia su función) y que es parte de la pirámide (otra menor de las muchas que forman la genérica) cuya cúspide ocupa la camarilla que perentoriamente la lidera, ni las bases militantes de esas mismas pirámides, ni por último las masas que no se dedican a pensar (no que no piensen en un sentido genérico y humano como es obvio, del mismo modo que no es que no se quejen, sino que no lo hacen en el sentido "filosófico" o "seudo filosófico" que caracteriza a la manera intelectual de pensar, incluida la "retórica", esto es: la que se constituye como o se manifiesta en los discursos), masas aquí por oposición a élites culturales y por ello tanto burguesas como proletarias en todas sus variantes "económico-sociales", masas que justamente no conceptualizan sino que, en todo caso, repiten los slogans que los burócratas y especialmente sus "creativos publicitarios" fabrican (ensamblando palabras que no conceptos), y que si se quejan no lo hacen mediante el discurso dirigido a la humanidad y a la posteridad sino mediante esos slogans y ese sistema de marcaje, de delimitación de campos, de señalamiento ultra-funcional de amigos y enemigos...

Esto habilita a mi entender las claves para tener una visión más productiva y de conjunto de la sociedad en y frente a la que nos hallamos. Tal vez la que nos permitirá, en aras de la honestidad y fidelidad a nuestros mejores sentimientos (esculpidos o no en Principios)... resistir a los desconcertantes cantos de sirena de los que, una vez que se hicieron con el botín, nos ofrecen aspirar a una limosna. Y, de tener la suerte de saber y poder dejar atrás el "aparador pesado" (2), y si así lo requieren los tiempos y las circunstancias, saber escapar a tiempo (a dónde fuese, como siempre; del fuego a la sartén incluso) o disponernos a morir peleando en nombre apenas de esa falta absoluta de criterio práctico, de morir como leyendas admirables y tergiversadas.


El punto en el que estamos

Pues bien, este tipo de intelectual se enfrenta a mi criterio a la extinción. El espacio que la situación deja a esos intelectuales, ha ido progresivamente estrechándose como una piel de Zapa hasta llevarlos a enfermar, amenazando seriamente la característica tradicional (más potencial que efectiva y sistemática de todos modos) de la (auto-)renombrada honestidad intelectual. Una enfermedad que yo diría que nace de la característica -ésta sin lugar a dudas digna de ese nombre- visión idílica del intelectual que no es sino la otra cara de la conceptualización antes señalada; una visión tendencialmente inevitable como ya he explicado hace bien poco, reiterado poco después, e incluso rumiado desde hace tiempo (como saben mis amigos). Esa debilidad, poco menos que congénita, la ha empujado hacia una enfermedad que no por casualidad tiene tanto parecido con la esquizofrenia: la enfermedad de la servidumbre tergiversadora más o menos consciente. Una enfermedad que va bastante más allá de la renuncia a la honestidad intelectual de marras y que se agrava en la medida en que se la niega. La enfermedad que anunciaba Orwell en el límite y que convierte cada vez más el lenguaje en un mero sistema de etiquetaje conservador contra el que unos más que otros muchos arremetemos... muchas veces creyéndonos honestos mientras escondemos tras ello la misma voluntad tergiversadora aunque para fines propios.

¿Es que no es posible escapar de la trampa? ¿Es que ello nos lleva a la locura social, a la negación de una normalidad que nos repugna y que sin embargo nos impregna?

Hay entre la-gente-que-se-dedica-a-pensar una no-del-todo-evidente debilidad generalizada que afecta a ese "quejarse" por medio del discurso y que se manifiesta en la voluntad reformista que cree innecesario cambiar lo fundamental (cuya existencia o entidad niega a medias y en aquello que extreme la incoherencia del discurso) para que las cosas vayan mejor (imaginariamente). Una voluntad que, además, pretendería realizar su sueño a base de publicitarlo hasta el agotamiento... Hasta el de todos. O hasta que es ignorado.

En el fondo, esa voluntad está presente hasta en los casos en que más aparentemente que en el fondo se ha conceptualizado un verdadero fundamento de la miseria actual que debería ser en primer lugar, y revolucionariamente, removido.

Ya he defendido otras veces (ésta de las más recientes) la hipótesis de que, por al menos por un par de razones entrelazadas, las cosas NO podrán revolucionarse (¡ni en realidad lo pudieron ser nunca!) ni siquiera mediante un nuevo movimiento de masas, más o menos "espontáneo" o más o menos "dirigido", y que por el contrario, que toda pretensión revolucionaria no es ni puede ser en última instancia sino golpista, putchista, etc., produciendo como mucho un mero cambio en los nombres y/o en los vacuos argumentos. Y ahí están los hechos registrados a cal y canto desde que se legitimaran como tales las primeras revueltas masivas, todas en realidad de carácter reformista. Ahí está, rodando en este mismo instante, ese totum revoltum de Irán (uno más en la Historia) que algunos acaban decantándose al parecer (de un post al siguiente; canto de esperanza va, canto de esperanza viene), por pasar del modo interrogativo al afirmativo al llamarla Revolución, sin duda más sensibles a sus propios deseos, occidentalmente enraizados, que en la perspectiva posible, o, si se acepta, realista. (Y aclaro, como dije en mi comentario en ese post al que tomo como mero ejemplo: entiendo que la cuestión, je..., el tema, se me hace a mí también, como buen ejemplar de intelectual que soy sin duda... muy difícil... -bueno... tal vez un poco menos que muy, lo que de todos modos no cambia mucho el sentido de la discusión).

Sin duda, esto también lleva a una cierta resignación global a la vez que a un rechazo "retórico" de parte de la mayoría de los más sanos (o más honestos consigo mismos) de entre los intelectuales, tanto hacia quienes no cesan de dar los pasos putchistas que nacen de su voracidad para tomar o extender el poder así como un elitismo impostado con relación a las masas a las que no han logrado ni lograrán convencer nunca. Y siempre dirigiéndose a unos seres ideales, necesariamente soberanos, fantasmas cuyas tumbas se rellenan de pureza y de virtud, hijos embalsamados del viejo Rey de Siracusa, que sin pasar de una eterna invocación improductiva suponen que acabarán aceptando sus muy sabios consejos.

Pero bueno... ¿es que es un mero eufemismo la honestidad humana, o es que hemos llegado a un punto en que estaríamos asistiendo a su extinción? En este caso, ¿sería recuperable, lo sería mediante una medicina, o sería el remedio una cuestión de tiempo, de que de una u otra manera pasase esta noche oscura, esta Nueva Edad Media, y el ave de Minerva, de conseguir por fin alzar el vuelo, volviese a hallar alguna rama firme en la cual apoyarse? ¿Es, por otra parte, algo que tengamos derecho a desear, a esperar, por lo que al mismo tiempo se deba y se pueda luchar, aunque sea preparándonos para el combate, pertrechándonos, bunkerizándonos, derivando en Ser Leyenda, asumiendo el rol de Sarah Connor...?

Si partimos de donde hay que partir, a mi entender de lo previo y hasta los orígenes, de lo que ni racionalmente ni perfectamente ni orientadamente dio lugar en su día a lo que existe como vida, creo que hay que considerar tanto la honestidad como el engaño, la honestidad intelectual como el autoengaño... simples armas para la supervivencia, las armas que (más allá de su imperfección y la presencia de otros mecanismos a los que podemos atribuir sus expresiones concretas y mediatizadas) han conseguido ser eficaces y que por ello han sobrevivido y se han reiterado y reiterado (entre otras) mediante la herencia.

Sin duda, esto nos lleva a considerar el escenario. Es el que hubo y con el que se interactuó el que fue hollado por los pasos de la evolución y de la historia, el escenario donde se distribuyó la roca dura y el fango maleable, y donde unas u otras cosas pudieron hacer mella y dejar su impronta, trazar caminos difíciles junto a otros tal vez más fáciles pero lejos de la vista y de la proyección lineal del camino recorrido hasta el momento...

Tal vez un día venga por sí mismo ("voluntad de poder" y "praxis" incluídas) un mundo más próximo a nuestro imaginario de virtudes. Tal vez los virtuosos logren imponerse un día en el campo de batalla, tal vez con las mentiras piadosas, convenientes y paternalistas de las que hablaba Sócrates (o Platón), acorralado por su propio realismo político o pragmatismo maquiavélico (por anticipado), es decir, por su potencial de supuesta salud mental (la de "los sabios", vaya) que ostentarían.

Entretanto, e incluso así, la honestidad no puede ser, con lo real que es, con lo que sin duda está presente, algo que no puede sino estar contaminado. Y que hoy contiene en sí un poderoso cancer que se ha institucionalizado, que está en la ley, que ha penetrado las palabras y los discursos que las utilizan.



* * *

Notas:

(1) "¿Qué es un intelectual europeo?", Wolf Lepenies, Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, Barcelona, 2008.

(2) Se dio en llamar "sindrome del aparador pesado" a la dificultad psicológica que se apoderó de la mayoría de los judios ante el avance del nazismo y que les impidió exilarse. Muy probablemente de repetición inevitable en todos los aspectos, masivamente al menos. Por lo que me inclino a pensar que los intelectuales, incluso los más honestos que existan, serán cada vez menos capaces, menos de "
saber" en fin, desprenderse si cabe (salvo que fuese.. ¿provocable?, ¿emergible?, que sea... ¿loable?) de las ataduras ideológicas que las mencionadas esperanzas de limosna ofrecen para dejar de llamar con eufemismos a lo que no es nada u otra cosa (marcaje, etiquetaje puro y duro).



viernes, 12 de junio de 2009

Cría cuervos que... probarás de tu propia medicina

Escuchando con atención a los nuevos críticos internos del PSOE, y no sólo los de Madrid, comprendemos varias cosas propias de la política de estos tiempos, de la idiosincrasia de la burocracia por supuesto, y si me apuráis, hasta de los oscuros mecanismos de la imperfección en el proceso de la evolución humana. Todo ello se resume en una cosa un tanto simplificadora pero cierta: los que de repente observan que la política practicada, diseñada e impuesta por su líder divino (y su grupo de asesores de marketing) no es positiva, se manifiestan como auténticos clones de ZP bien educados.

En su estilo, nada de su discurso crítico se enfrenta manifiestamente al líder (¡vade retro!, en apariencia al menos). Por el contrario, se señala en la práctica de la más burda hipocresía y la profunda falta de significación habitual en el uso del lenguaje, que, estando el problema en otra parte tal y como prefiere el propio ZP que se consideren sus errores, la renovación propuesta lo que pretende es algo así como rescatarlo para la buena causa, darle al director supremo una dirección renovada... aunque con igual propósito (¿hace falta decir que me refiero a conservar el poder a cualquier precio?).

Sin duda, en una primera aproximación (y superada la más elemental y mentirosa de que habría crítica), se tiene la sensación de que se está ofreciendo una táctica distinta de la previa, en la cual se guardarían más algunas de las formas, como asistir a los actos institucionales gobierne quien gobierne y danzar en las mismas fiestas; incluso tener buenas palabras ante los micrófonos un día, como hizo Blanco con Aguirre, y considerar al siguiente que el PP es realmente peligroso...

Sin embargo hay que ir aún más lejos si no se quiere ser víctima del juego del engaño instalado e instituido en la esfera de la burocracia.

Sencillamente: hay que ver en la jugada la voluntad de maniobrar en contra y no a favor de ZP, en contra de su equipo actual con él delante, en fin, la voluntad de no cambiar nada de nada como no se trate de los nombres y apellidos de los usurpadores de la representatividad desconcertante.

Se trata de desarrollar una hábil y zapateril táctica (un par de milenios como poco practicada antes por Marco Antonio cuando comenzando por alabar a Bruto y sus amigos acabó condenándolos ante la plebe: pura táctica de las llamadas maquiavélicas hoy tan desafectada como entre los mismos Borgia). Una táctica que "pasa" postmodernosamente por estar en disposición de sacrificar incluso al líder en nombre de la poltrona propia tapizada de ideario socialista. Sin duda, tal como haría el propio ZP o sus mejores allegados (e hizo gala) respecto de cualquiera de sus amigos de la camarilla gobernante así como de los satélites perodísticos afines y de sus mismas organizaciones informativas empresariales.

Comprendámoslo de una vez a fondo: en los discursos de la burocracia no hay nada que... perdón, simplemente, no hay nada. Todo está en las acciones que tienen como presupuesto único e irrenunciable la conservación de la poltrona (con los privilegios y emolumentos que conlleva).

Y por eso entra a funcionar ahora: no por causa directa de las recientes derrotas electorales, que no son ni mucho menos para tanto como en ese sentido hasta la Pajín acierta, claro que siguiendo en realidad las directivas y consejos del líder y su equipo de asesores (esa "verdad de Partido" que proclama "la vice" de los slogans al salir al paso de la "crítica" digna de "purga" del ex presidente SER-entrevistado, a saber: "el partido siempre elije a los mejores"). Porque, como se dijo en el Senado (desarrollando un poco su sentido): "No me intente torear por ser pasota y seguirlos ignorando, senador, ya que me lo puedo permitir en tanto Yo siga aquí (en la bancada del gobierno) mientras usted allí sentado (en la bancada de la oposición) y, mucho ojo: ¡vaya Ud a saber por cuánto tiempo...!"

No, entra a funcionar ahora... simplemente porque los que salen a la palestra estaban esperando el mejor momento y creen que ese momento esta alboreando.

Veamos: la estrategia -si así se la puede llamar- de ZP sigue impertérrita desde que le advirtieron que la Crisis se estaba cocinando en el trastero, lo que a él nunca le importó gran cosa; para un político avezado de hoy, todo da lo mismo, sólo habrá que ser hábil -"como Yo"- para sortearlo. Y esa estrategia consiste en eso último, en usar lo que sea para sortearla afirmando las bases de la verdadera, la que le permitió llegar primero a la Secretaría General de su partido y desde allí hasta la Moncloa por dos veces (y la que por supuesto lo llevaría a hacer de su previsible presidencia de la Unión Europea algo, si por él fuera, más verdadero). Es decir, la política cuyo contenido no es más que lo que sea más eficaz para mantenerse en el poder sin construir nada que pueda resquebrajar la pirámide en la que se asienta: la militancia subvencionada, la masa de los beneficiarios del reparto sistemático del botín de hoy y de mañana; una intrincada red que hay que saber mantener con una u otra jugarreta siempre al servicio de sus fines, procurando que cada nudo se mantenga firme y aceitado, todo a la manera en que los malabaristas chinos consiguen que mil platillos giren sin cesar hasta que la función se de voluntariamente por concluida.

Por eso, no nos confundamos nuevamente, no nos dejemos otra vez desconcertar: como ZP en sus discursos de ayer, sus hijos, bien educados en ese lenguaje del engaño y de la intercambiabilidad de contenidos, dicen no cuestionar el liderazgo de Z, es decir, no amenazar la P a él pegada a la manera de una joroba, o quizá a la de una larga nariz propia de ese personaje que la inicial también sugiere. Ellos también la tienen. Su nariz larga. Y por supuesto mienten. Afiladamente y como si no mintieran en lo que realmente mienten...

El objetivo es el sacrificio, la defenestración, la decapitación incluso... con el objetivo de salvarse. Pero, insisto, no es que de verdad hayan olisqueado que el barco haya comenzado a hundirse. Saben muy bien que siempre podría haber una maniobra hábil de su líder; lo han comprobado; ZP se lo ha demostrado muchas veces (y tal vez teman que lo vuelva a hacer). Esa pues es sólo la falsa "verdad" que pretenden ocultar con su mentira. Esa es también una pirueta muy zapateril de cara a la posteridad imaginaria, a eso que se debe hacer para que todos creamos y ellos mismos se crean que son aún seres humanos de los de hace mucho -¿quizás fósiles anglosajones?- y no una suerte de terribles máquinas programadas como las que intentarían hacerse con La Tierra en "Terminator" a la vista de la indolencia humana generalizada... y tan para nada de nada como nuestros reales usurpadores).

La verdad no es sino la propia, la intrínseca de las burocracias políticas, la que desde que existen han llevado a cabo todas sean de la nacionalidad y tengan el país que tengan: aprovechar la oportunidad y las referencias que permiten etiquetar al líder como perdedor, como agotado. Nada más, ha llegado el momento que otras redes internas y hasta ahora subordinadas y disciplinadas esperaban. Sin duda la marcha zapateril dejó a muchos en la cuneta o simplemente a un lado: en estas granjas, siempre habrá unos más iguales que otros. Y esos, con el habitual revanchismo que los caracteriza, así como los obliga a ser tan fieles como perros apaleados, también los conduce a la rabia vengadora que tan bien sirve para asaltar la cúspide en cuanto una buena justificación se lo sirva en bandeja de plata.

Claro que podrían equivocarse, pisar el palito, tropezar y darse en la largas narices... Pero en estas lides, alguna vez hay que arriesgarse. La Red sustitutiva, cuya parte principal sigue en la sombra, lo requiere. A ella en realidad se deben. Ella es el propio ejército, la que promete el todo aunque con el riesgo de la nada (bah, sólo a veces se llega a extremos peligrosos: lo que se pierde a lo sumo es notoriedad pública, pero la parte del botín queda en familia). Y sin duda, esa nueva red sustitutiva ha comenzado a moverse.

¿Personajes en busca de autor? (bis)



La Historia, que se me ocurre imaginar ahora mismo como un ser tremendo formado por todos los seres humanos aferrados y entrelazados entre sí hasta conformar una estructura efectiva que se les impone, avanza como una feroz aplanadora sobre aquellos que se desprenden y caen a sus pies. Se trata de los que han representado el papel de las buenas conciencias, de los que han permanecido fieles a su ingenuidad, de los que flotaron hasta el final intentando no hundirse y pusieron su fe en la hipocresía, de los que creyeron que podrían cambiar la naturaleza con cosas traídas del otro lado para las que inventaron también un Paraíso y una Caverna...

Ante su imparable (e insaciable) avance, esos adalides de la inocencia y la bondad, adoptaron sus ropajes histriónicos ante las primeras manifestaciones de horror que La Razón misma parecía haber desatado (aunque fuese más bien el producto de la irracionalidad que pretendían desterrar y hasta negar invocándola y que no era sino parte constitutiva de la realidad y no el instinto o las obras del diablo, obras que a la manera de Kean deseaban llevar íntimamente a cabo al tiempo que se reprimían, sedientos de la poción del Dr Jekill o de ser partidos en dos como Medardo de Terralba.) Esto les dejaba alzar apenas sus crucifijos y sus ristras de ajos desde el seno mismo de la terrible amalgama: un brazo para intentar que lo vieran los ojos del monstruo, el otro para asirse a duras penas a las ropas cada vez menos resistentes de sus vecinos más cercanos en la mole.

Insuficiente... muy insuficiente como para evitar la caída que por fin se produce, uno tras otro, para ir a parar a los pies de los pesados cilindros que triturarán sus huesos, esparcirán su sangre y les arrancarán espantosos gritos para formar una tormenta de lluvia y de truenos que los que queden convertirán en poesía.

Algunos sin embargo dejan ese papel a los más tontos y buscan refugio entre los pliegues y las salientes del monstruo (hombros, cabezas, rodillas, fracturas...) contribuyendo a que su marcha siga un errático y zigzagueante camino... que, básica y temporalmente, les reporta un lugar seguro. Son los que en todo caso morirán de asfixia, el rostro vuelto hacia adentro, bien aferrados a lo cierto, las bocas firmes sobre las ubres, los ojos ciegos, simplemente... cumpliendo... cumpliendo... cumpliendo...


miércoles, 10 de junio de 2009

Tratar-pensar la realidad (una ocupación teatral como se verá al final del todo)

No se puede entender el proceso que se ha dado en llamar "del conocimiento" (y que yo prefiero llamar por muchos motivos "reflexivo") si se desconoce, se reduce o se adapta ideológica o tácticamente el significado nuclear de la Evolución en nombre de otras cosas sean las que sean y al margen de las estratificaciones posteriores, más complejas, acaecidas desde que la mencionada facultad de reflexión adquiriera la forma que nos permitiera denominarnos sapiens.

Esto puede parecer una verdad trillada, inclusive darse por asumida (¡hasta la visión católica contemporánea ha acomodado la Teoría dentro de su DI!). Pero, sin embargo, es el punto de partida decisivo (una vez comprendido hasta las últimas consecuencias -1-) para el tratamiento del problema, un punto de partida que en muchos casos se reduce a una función declarativa que se deja atrás... mediante desde la Diosa de la Fortuna de Gould hasta las mil formas del racionalismo con sus intentos de, al menos, tener a mano una realidad ajustada a los deseos por uno u otro motivo. Un punto de partida del que, desde que se vislumbró, en realidad se intenta escapar, se huye.

Es un hecho que la vida transitó (por el momento) hacia una constante complejización de los organismos (o al menos, esto da lugar a una provechosa narrativa), fuese esto mediante simbiosis o mutación o ambas, lo que afectaría tanto a las partes como al conjunto propiamente dicho. Entre esas partes encontramos el sistema (?) de contacto e interacción con la realidad externa al individuo, un fenómeno sin el cual no se habría sostenido la vida ya que esa relación interactiva es la que permite que se produzca el fenómeno de la entropía negativa (?) que parece la vida; que esta tenga, en fin, la capacidad de remontar el tiempo -como dijo Monod, "Azar y necesidad"- por primera vez en la historia (?) de la materia en movimiento. Así de simple (me parece, claro). Simple... pero escurridizo o perturbador.

Ese sistema de interacción con el mundo, inicialmente entre el individuo y el mundo circundante, se desarrollaría por inercia (?) hacia la constitución de un sistema cada vez más especializado, el sistema (?) neurológico. Nuestro cerebro tiene ese origen, y negarlo, o no deducir su operativa de esta realidad, es repetir los intentos del hombre por darse una explicación a un fenómeno que le tiene que parecer impuesto de algún modo, de origen divino, sobrenatural, predeterminado...

El idealismo (y el racionalismo es un idealismo) no puede dar cuenta de los fenómenos reales (de todos es imposible como sea, pero el idealismo no puede hacerlo ni siquiera de uno...), y por ende tampoco de la conciencia, que sin duda es real (2) so pena de que... no exista nada... (y la idea que tengamos de las cosas y de nosotros mismos así como las sensaciones que experimentamos... serían inducidas en nuestras mentes fantasmagóricas que serían sueños de un ente... ese sí, real... con lo que el problema se estratificaría hacia arriba como en el ajedrez de Borges, sin solución ni resolución). El idealismo, sólo permite especular imaginativamente (un juego de esos a los que me he querido referir en la nota), lo que va desde la lógica hasta la metafísica, desde la matemáticas a la literatura... realizando de una u otra forma la idílica pretensión de expresar lo que el mundo "debería ser" para el sujeto, y no "lo que es" (que es... el más allá de lo que se necesita comprender). El idealismo, en fin, sirve de ese modo tan sólo a la utopía, con sus inseparables tentáculos morales, intrínseca y peligrosamente totalitarios, ya sea para el propio sujeto (vida ascética, autopunitiva, constrictiva, autorreprimida, cristiana, protestante, estoica... tantas se han intentado) o proyectable por él a los demás a través del grupo, con la consiguiente proposición de un mundo diferente, teóricamente mejor o más bueno, organizado mediante unas leyes que lo promuevan, lo fuercen y lo conserven (por ejemplo, a la manera de Rousseau).

Porque un todo es un todo -digo antes de continuar para despertar a los que se hubiesen dormido, aunque ya falta poco-.

Por fin, el conocimiento, que presupone por cierto una ontología ya que no se puede hablar de conocer si no es de "conocer un ser" (ser que se presupone por ello de uno u otro modo -en el discurso, claro; ¿dónde si no?- y que aunque se lo quiera expulsar retorna testarudo como una mosca a la que se echa por la ventana... en tanto no se la cierre... en un intento solipsista). De lo contrario, se estará asumiendo o suponiendo, idealísticamente -¿dónde sino en el discurso?-, que, el conocimiento proviene de la Revelación, que proviene de fuera, sea de un Dios o de la Naturaleza, sea de ésta en su conjunto u objeto a objeto...

Y no es, entiendo, que lo que digo, en mi discurso -¿lo que narro para mi propia guía?- lo considere algo así como garantizado... Tan sólo así lo entiendo, y así creo que me explica lo que vivo.

¡Haga pues cada uno (si esto no fuera "todo") de su capa un sayo, porque, andando yo caliente, que se ría la gente!

...O juéguese conmigo sin trampas ni autoengaños ridículos que ya me tienen sinceramente (y hasta arrogantemente si se prefiere) a-bu-rri-do.

¡Muchas ya: muchas, muchísimas gracias por el tiempo dedicado!



Telón


Notas:

(1) Steven Pinker expone con sencillez cómo considerar la vida y cualquiera de sus constituyentes: "Lo que hace que un ojo pueda ver es que este órgano, tal y como lo conocemos hoy (tras adoptar este punto de vista, yo añadiría, que permite organizar en esta línea los hallazgos científicos), desciende de una larguísima sucesión de ancestros que veían un poco mejor que ellos." ("El instinto del lenguaje", Alianza Editorial, pág. 396; el paréntesis puntilloso es mío y... sé que Pinker menciona a punto seguido el azar y usa el término mejor que, de mencionarlos, tendría que hacer nuevas puntualizaciones que me permitiréis que aquí me ahorre). Pues esto es, respecto del ojo, añadido mi paréntesis y evitando las confusiones a que dan lugar azar y mejor por varias causas, lo que apunta a una consecuente asunción del punto de vista de la Evolución. Esto lleva si se comprende, hasta las últimas consecuencias. Y esto es lo que hay que decir, palabra por palabra, respecto del cerebro humano y el sistema neurológico al que pertenece.

(2)
Nótese que afirmar esto es aquí no tiene otro referente que el humano, lo que deja fuera de lugar todo posible pretensión de absolutismo universal o cosa parecida, lo que de todos modos no tiene por qué dejar nada "fuera" agnósticamente hablando sino dar apriorísticamente por "inexistente" esa "exterioridad" imaginaria o imaginariamente supuesta que denomino/denominamos irreal en este esquema (que no tiene garantía alguna pero que "nos funciona" para seguir sobreviviendo y para extralimitarnos de modo de hacerlo posible, y poco más que se me ocurra). Y nótese que estas limitaciones, que no son positivistas, son posibles y necesarias si se parte de la asunción (funcional como se ha dicho para la supervivencia) de que somos un resultado evolutivo y no tenemos misión alguna que realizar en relación a la Naturaleza en su conjunto como la de hacerla consciente o algo así... muy poético pero para mí muy absurdo (de nuevo, sin garantías de demostración alguna como no sea la acción y la conducta inmediata del hombre mismo y de las cosas en el entorno relativo que nos rodea y donde se realizan las interacciones en las que nos vemos involucrados: nuestra realidad, haya o no otra e imaginemos varias más; lo que sólo es mi problema en tanto que juego, necesidad existencial o psicológica, etc.)

(Un apunte más tras esta segunda digresión molesta: había dejado reposar este post cuando me encontré con éste otro de Santago Sánchez-Migallón en su "La máquina de Von Neuman", donde se habla curiosamente de la imperfección biológica, asunto que me conmovió dado que lo he sacado a colación varias veces a cuento de que me parece clave y digno de ser considerado -quizás con otro enfoque filosófico del de la autora del libro que se comenta- tanto como hecho que avala la teoría de la que hablamos como para su aplicación al problema del conocer aquí esbozado. Remito a los párrafos 9 y 10 del siguiente post mío -el que comienza por "Y es que para mí..."- donde precisamente insistía al respecto. Y ahora... je, je... recomiendo rehacer la lectura del presente post... ignorando estas extensas y no del todo necesarias notas...)

lunes, 8 de junio de 2009

El carácter intelectual del liberalismo (3-a): Bases para una genealogía del "pensamiento económico"

El liberalismo se fundó atendiendo a la pretensión, honesta pero ideológica, de sentar las bases de una explicación racionalista del funcionamiento de una sociedad que por fin se vislumbraba (a los ojos tardo re-nacentistas de la Ilustración) prometedoramente asociada a una economía floreciente productora de riqueza por la vía del trabajo libremente acordado para dejar de serlo por la vieja vía de la lucha (armada) entre tribus y a continuación entre naciones rivales.

La Edad Media se terminaba de desmoronar desde dentro devorada por La Razón que no cesó de afirmarse como alternativa (como evidenció el conflictivo, pero no imposible, maridaje de Razón y Religión Cristiana, presente incluso, me arriesgaré a sostener, desde la contaminación del judaísmo y el paganismo por parte de la greicidad cuya expansión favorecieron los imperios helenos) y sus contradicciones parecían o parecieron a los ilusos intelectuales de la época haber quedado atrás. La gloria de los imperios antiguos (y clásicos), que se había alzado de nuevo sobre el horizonte con las luces renovadas de la sabiduría y la libertad imaginativa nacidas en el seno de las cortes absolutistas e ilustradas de Europa, con un esnobismo instalado en el seno de su institución del mecenazgo, despertaría definitivamente la ilusión de un progreso social imparable basado en la cultura, asistido por La Razón. En el nuevo espacio abierto entraba la luz al mismo tiempo que comenzaba a ser reconocida y bien pagada toda aportación iluminadora. La luz de la sapiencia comenzó a ser tan apreciada para lucir en la corona de los príncipes como el oro y los rubíes.

No obstante, surgieron los obstáculos, y lo hicieron ni más ni menos que en nombre de la propia racionalidad y de su pretensión de orden, como queda ampliamente expuesto, documentado y razonada su genealogía por Tocqueville en su "El Antiguo Régimen y la Revolución" que con tan escaso resultado tanto insisto en que se debería rumiar. Sin duda, la complejización de la sociedad a instancias de la formación inevitable de nuevos y más poderosos imperios sobre las ruinas del Romano, en las condiciones siempre tendenciales o inevitables del ejercicio del poder por una casta o grupo privilegiado (y conquistado eficazmente. al menos por comparación) que los inducen lógicamente a dejar el trabajo para los demás y a dominar a través del de otros... dio por fin lugar al crecimiento desmesurado de una burocracia que, también muy lógicamente, primero se aprovechó y se reprodujo en todo lo posible, y por fin descubrió que puesto que lo gestionaba todo, por qué no retener asimismo el poder.

Tras las "necesarias" batallas populares o revolucionarias que se interpretaron como la vía final para establecer las condiciones de un progreso social e individual sin límites, la paz duradera que se vislumbró inicialmente y la formación de una humanidad por fin unificada a la que cantara con gran ilusión Goethe, se convirtió en un sueño protegido. Parecía (o así debía ser) que la humanidad,había encontrado a fin de cuentas su ser esencial por encima de sus diversas tribus y razas. Como lo vería, por ejemplo, Kant (prototipo indudable de intelectual de Las Luces): "... se puede tener una perspectiva consoladora del futuro y ver que la especie humana, en la lejanía, va llegano, por fin, a ese estado en que todos los gérmenes depositados en ella por la Naturaleza se desarrollan por completo y ella puede cumplir su destino en este mundo" (I. Kant, "Idea de una historia universal en sentido cosmopolita").

Desde que el mundo debía ser racional para ser real (Hegel dixit, pero tan sólo sintetizando la práctica epistemológica de sus predecesores: Sócrates, San Agustín, Descartes, Kant y el largo etcétera cuyo detalle pido perdón por obviar... que alcanzaron su cenit con La Ilustración y que al mezclarlos yo aquí perturbe a quienes nunca comprendieron a Nietzsche y a su irracionalismo relativo y crítico) las guerras adquirieron certificado implícito de guerras civilizatorias; y con esa catagorización se etiquetaron las conquistas, las reconquistas y las colonizaciones. El triunfo del Norte sobre el Sur es un buen ejemplo de esa costumbre de etiquetar un suceso ideológicamente aprobado o incluso tan sólo bien considerado de civilizado (para llamar a otros reaccionarios) atribuyéndolo a una supuesta vocación moral antiescalvista. Las destrucciones atómicas de Hiroshima y Nagasaki "para acabar con el fascismo-feudal japonés", uno de los últimos. (Todo lo cual, me defiendo a priori, no tiene nada que ver con lo que para mí una y otra cosa hayan sido o sean).

Sin duda había una necesidad imperiosa de salvar al Progreso, un resultado fundamentalmente producido a instancias de la Guerra e incluso para la Guerra, de toda vinculación a la barbarie tal como era percibida por los re-nacentistas; y decir barbarie es decir animalidad... Y cuando digo para la Guerra, lo digo en un sentido más amplio, aunque incluyente, que el de las contiendas militares.

En cierto sentido, Herr Marx y, en otro campo, Mr. Conrad, entre otros intelectuales sensibles, deben ser entendidos como productos de la decepción provocada al poco tiempo, no tanto por culpa de El Terror (que sería rápida y prolongadamente justificado) ni del asalto al poder y consecuente campaña napoleónica posteriores (que también, aunque en menor medida) sino por los primeros hechos que a partir de la mitad del diecinueve se acabarían agravando más y más como sabemos todos... mientras daban lugar a un aparente bienestar que, a mi criterio, escondía lo que una caja de Pandora mal cerrada...

Insisto en el mencionado punto de manera tal vez vez un tanto alegórica: cuando me he referido a la decepción intelectual (sobre la que Lepenies en su "¿Qué es un intelectual europeo?", apunta los hitos a tener en cuenta) no me refiero a la decepción respecto de la dilución de la Paz en sí misma. La violación de la Paz (por el movimiento, como lo llamaba Tucídides y lo analiza e incluso desmenuza Leo Strauss en su "La ciudad y el hombre") encontró desde un principio y nunca dejará de hallar justificaciones, todas... desde el enfoque del propio grupo dominante que arrastra a las masas detrás de sí cada vez con menor sustento material y promesas sólidas (desde hace algunos años, las etiquetas que se destinan a las guerras son como sabemos todos las de imperialistas y las de pacificadoras, respectivamente, uno de los tantos signos de que ya hemos entrado en nuevos tiempos... punto en el que hay que encontrar la explicación de la derrota americana en Vietnam, la rusa en Afganistán, y así sucesivamente como lo dirá el tiempo: dejemos este punto claro, las masas se suman a las guerras animadas por el reparto del botín y no del humo de medallas y consideraciones falsamente ideológicas, cada vez más falsamente, como afirmaría Castoriadis en "Ante la guerra"). No, insisto pues, no me refería a la relativa marcha lineal hacia el Progreso Humano y la Riqueza, al que considera inevitablemente ausente de límites (al menos como para alcanzar la soñada erradicación de la pobreza, de la miseria, del oscurantismo... males medievales por excelencia, demonios contra los que se alzaron los estandartes del re-nacimiento, del Retorno, de la inocencia pervertida y trampeada, de la Redención por el arrepentimiento positivo, ¿el arrepentimiento... protestante -al que le adjudicara Weber la responsabilidad del capitalismo- en lugar del arrepentimiento hipócrita o católico que usurpara su versión idílica en nombre de Dios durante un milenio y contra el que se levantara Lutero; en nombre de Dios... pero a golpe de la burocratización eclesiástica-papal centrada en Roma y Avignon?)

Las tierras, enmarcadas en terrritorios nacionales, tenían por lo general una garantía regulada como Propiedad Particular, al margen de su pertenencia a esa nueva instancia superior que había devenido La Nación a la que se iban a deber aunque sin necesidad de cederle sus legítimos títulos. Nación que podía incluso cambiar de manos sin afectarle. Todo daba en cualquier caso una apariencia muy firme de racionalización para sus buen aprovechamiento, llevando su explotación a grados antes nunca vistos (lo reflejado precisamente en la s visiones de los fisiócratas de moda). Con esa base (como señalaba Smith en definitiva), la Economía parecía capaz de regir todas las acciones de los hombres y ser el vehículo que les permitiera acuerdos sensatos y negociaciones mercantiles en lugar de actos de fuerza... salvo aquellos que, como hemos dicho, gozaban de carta blanca y aprobación profunda por estar avalados por la "buena conciencia", es decir, más concretamente: por la voluntad de unificar el mundo y elevarlo en todas partes al plano de la civilización superior europea, por la voluntad de hacer a todos verdaderamente libres, lo quisieran o no (Rousseau), por la voluntad de poner a La Razón, la Industria y la Riqueza a la cabeza y en la cabeza de todos los seres humanos del mundo.

Siendo así, se haría indispensable y atractivo ahondar en las supuestas leyes que convertían, como por arte de magia, la sociedad en un mecanismo de precisión apenas perturbado por la imbecilidad o la maldad que no habría acababado de abandonar el corazón de los hombres a pesar de todo. A pesar del panorama que esa economía les ofrecía a plena luz, capaz en particular de alcanzar la cima de la tecnología y de la racionalidad y gracias a ello de darle a todos todo lo necesario, todo lo imaginable... (de nuevo, de la decepción provocada por los hechos es precisamente hijo Carlos Marx... y su idea de alcanzar un status social que hiciera realidad el lema "a cada cual según sus necesidades").

Para el hombre pensante de ese tiempo... sólo quedaba la opción de negar lo que se veía o de apostar a que su capacidad racional lo resolvería todo... Hipocresía presente o garantía de tener que practicarla en el futuro.

Pues de esta visión precisamente, es desde donde surgirán primero los iconos liberales y luego los marxistas, iconos que pasarían con algunas adaptaciones formales (¿inversiones, para parafrasear a Marx o a Engels?) de los primeros a los segundos como la posta en una carrera, manteniendo su supuesta y casi exclusiva o por lo menos básica significación económica: Propiedad, Valor, Progreso... Todos lo suficientemente mágicos como para darnos una visión ilusoria que no acabría de ponerse como se esperaba al servicio de un futuro feliz sino de una nueva dominación irracional, cruel, típica, lógica y simplemente... hu-ma-na.


(to be continued...)