viernes, 24 de diciembre de 2010

Un llamamiento ambivalente a la resignación (revisado y reiterado)

No resulta sencillo invitar al hombre a que de una vez por todas se resigne... ni aunque esto se pudiese vincular a una supuesta toma definitiva de conciencia acerca de su imperfección congénita capaz de realizar la conciencia más acabada posible para él: la conciencia de la intranscendencia (o nausea, para decirlo con Nietzsche y el existencialismo) en la que toma forma al tiempo que se pierde.

Por supuesto, nada más lejos de mi propia idiosincrasia (honestamente, lo digo porque así lo siento) que invitar a los miembros de mi  especie (¡y de mi propia subespecie: "los hombres que se quejan"... de la imperfección!) a dejar de levantar la voz contra la injusticia, la ignorancia, la cobardía abyecta, la degradación, la indignidad, la crueldad, el egoísmo, la mezquindad, la mentira, la opresión... etcétera; es decir, contra todas aquellas cosas que encienden esas pasiones que nos hacen sentir mejores o divinos; que nos enfrentan a nuestras propias mezquindades (no por nada Hobbes proponía la pasión por la generosidad a pesar de verla en escasas ocasiones... y ocultándose a sí mismo sin embargo las mil formas en que, cuando esa pasión aflora, lo hace entretejida con las demás pasiones). Sería sin duda un llamamiento inútil, pero sobre todo sería pasar a militar en las filas de los que disfrutan del poder y hasta del caos...

No, nada más lejos de mí... a pesar del convecimiento que me embarga de que todos aquellos eufemismos de la lista y otros que pudieran añadirse, tienen tantos contenidos como sueños utópicos o etiquetan mezquindades difíciles de reconocer... Todo ello bajo la finalísima subordinación al grupo y a los tiempos, todo ello en respuesta a eso que Malebranch llamara "causas ocasionales", a fin de cuentas las únicas posibles, causas contextuales que se diría ahora pero que remiten a un comienzo de transformaciones que se desearía elucidar, y que por ello tienden inevitablemente a ser usadas (¡y vividas!) incondicionalmente.

Un día tal vez sepamos ver, nosotros, los del último puñado de desarraigados y excéntricos pensantes que no temen a la nada, que todo lo grandioso de los discursos no pasa de una necesidad infantil de ponerles nombres con significación supuesta a lo inmediato y disfrazarlas de voces de muy grandes historias. Las escucharemos, con los oidos o los ojos, y veremos inmediatamente por qué acaban convertidas una y otra vez en ausencia casi total de crítica, en etiquetas, slogans, mandamientos... compartibles y a conveniencias determinadas por la posición del individuo que los sostiene en y frente al mundo dado. (1)

¡Endebles reacciones!, pero inevitablemente valoradas, que, "¡Válgame, Dios¡", no se me ocurriría combatirlas ni siquiera despreciarlas y mucho menos sugerir que sean ahogadas a la manera en que, por excelencia, las religiones sugirieran y aún sugieren (por inercia más que nada, yo diría) que se repriman los pecados. Mientras a su vez nos sugieren que aspiraremos a atesorar sólo aquellas que nos elevarían...

Endebles, sin duda, aunque ¿qué podríamos esperar que pueda quedar del hombre sin esas pasiones tan valoradas e inclusive necesarias de conservar como si pudieran perderse; tan míticas; "las cosas que tienen más valor, los objetivos, los sentimientos y las esperanzas de los hombres", en las palabras empleadas por Berkeley contra los "pequeños filósofos" que las "desprecian" y que "disminuyen" y "degradan" la "naturaleza humana (...) hasta el nivel más bajo y más estrecho de la vida animal y no nos ofrecen en el reparto más que una magra ración de años en vez de la inmortalidad" (George Berkeley, "Alciphron", citado en Historia de la Filosofía, Siglo XXI Editores, Madrid, 1978, tomo 6, pág. 242, por Harry Burrows Acton); qué quedaría del hombre, en fin, si no nadie alzara la voz diciendo "nosotros sufrimos por el hombre" (Friedrich Nietzsche, La genealogía de la moral, Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo, Madrid, 2006, pág. 70)?

Endebles, todo hay que decirlo, por originarse en y reproducirse como..."inmoralidad", como "sangre y horror", para volver a abusar de Nietzsche (Friedrich Nietzsche, ibíd., pág. 102; y en "Crepúsculo de los dioses", "Los mejoradores de la humanidad", Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo, Madrid, 1979, pág. 75) en realidad tan apropiadas a ello como a las demás "cosas buenas" a las que se refiriera. Porque, indispensables a los discursos grupalistas, responden al enfoque propio, al estilo propio de pensar, sujeto a su vez a la correlación de fuerzas, por lo que ni unas ni otras necesitan cultivarse ex profeso (2).

Como si pudiera perderse... en efecto, aunque, sin duda, los seres humanos, en su inmensa mayoría, no puedan evitar indignarse, o enfurecerse, una y otra vez, hasta el límite si acaso de la rebeldía, y, al menos en determinadas situaciones, emular más o menos intencionalmente al supuesto héroe semidivino cuyas figuras mitológicas continúan aún brillando en nuestro firmamento dominante, como acredita el aún vigente cielo astrológico con sus constelaciones aparentes y poéticas; héroe que, revistiéndose de nobleza y de coraje (¡lo que admirara precisamente el propio Nietzsche, tal vez ingenuamente, tal vez... por apego a lo poético e idílico!, ¡o lo que llevara a Hidegger a besar las lustrosas botas de desfile del nazismo, sin duda bellamente uniformado -belleza escalofriante pero cautivadora- con ingenuidad aún más espectacular y perturbadora que la de su predecesor por aquella vieja y edulcorada nobleza desaparecida!). ¡Oh, sí; sin duda!: todos tienden a representar, a veces más allá del límite y hasta entregar la vida, "a los santos porque se es perverso", como escribiera Sartre y pusiera en la voz de su personaje Kean...!

Eso nunca se perderá, Mr Berkeley; no debió preocuparse tanto al respecto (preocupación que correspondería ser explicada aparte). Y, en todo caso, sólo puede intentar ser ocultado, encubierto, enmascarado, con la indudable hipocresía racionalista y positivista (que también, igual y conjuntamente con la preocupación de Berkeley, debe ser explicada). Una operación o ardid que funciona, que cada uno evita desenmascarar del otro, como que ello estropearía el baile de disfraces, la fista de carnaval, la reunión de enmascarados... Eso nunca será superado, Herr Nietzsche (sueño que, por fin, debe asimismo ser explicado. Sí, explicada, explicado... ¡y de una buena vez!

Por tanto (o sea, más allá de las causas ideológicas que pudieran encontrarse detrás de las apuntadas valoraciones), ¡qué vana pretensión abrigaría yo con ello, en franca contradicción con la convicción propia de que "explicar" sea simplemente utópico, como las propias religiones demostraran aparentando -sí, y en todo caso autoengañándose en nombre de estrategias pertenecientes a un espacio distinto, como sugiero en mi nota 2- reprimir la naturaleza necesaria, circunstancial y nunca eterna sin embargo, insisto, del pecado y del libre pensamiento; pretender echar esa naturaleza que Berkeley mismo, si mal no recuerdo, dixit, se puede echar "por la ventana" tan sólo para que retorne "...por las rendijas".

¡Una caída -sin duda igualmente agradable- la ilusión en oposición a la conciencia que dice que mientras las circunstancias lo hagan inevitable -¿cómo saber incluso si alguna vez se llegue a ello?-: esas conductas rebeldes seguirán siendo... idiosincrásicamente humanas en atención a sus dotes necesariamente actorales!

Y sin embargo, mi conciencia me empuja a invitar al hombre a la resignación en un sentido que nadie asumirá, o sea, en un sentido inútil...

Por una parte, ello parece inseparable de aquel otro sentido que me yo mismo considero inevitable y que yo mismo tiendo a valorar como manifestación de lo más excelso (lo menos animal, sin duda; lo más divino), lo más... prometedor... Algo que, seguramente, podría equipararse a la considerarción de que el salto de una rana en dirección a la luna, casual o no, contenga la voluntad de alcanzarla, es decir, no vaya más allá de una convicción impuesta por las circunstancias e inscrita en el firmamento dominante que nos marca las pautas y las idealizaciones más adecuadas...

Me refiero, en fin, a invitarlo a que se resigne a ser simplemente humano, algo que parece tautológico y que sin embargo se niega en cada acto, o mejor dicho, en cada sueño.

En concreto, se me ha ocurrido preguntarme qué pasaría si el hombre consiguiera resignarse de verdad a verse a sí mismo como un resultado claro y concreto de las fases efectivamente previas recorridas, paso a paso y sin rumbo predefinido, por la naturaleza en este mundo y hasta ahora, un resultado incapaz de sobrevivir y/o conservarse (única fuerza que se le impone en última instancia, desde mi punto de vista, incluso siendo capaz de contrarrestarla) sin contar con el deseo de alcanzar metas imposibles, secretos inexistentes pero supuestos, es decir, de tener imaginación.

Resignarse contra la "benevolencia" hacia sí mismo que se ha mostrado ese resultado que, tal y como funciona, recibe de sí mismo el nombre de humano, tan sólo humano-...

¿Acaso la conciencia evitaría las idealizaciones? ¿Acaso podrían reducirse y hasta desaparecer muchos conflictos grupales al caer la máscara de las "buenas intenciones" que enmascaran sus auténticas intenciones de dominio? ¿O podría ser que ese límite tan infranqueable no quede sino el terrible e insoportable sentimiento de ser una anomalía innecesaria?

¡Resignémonos pues a ser simplemente humanos!, tiendo a proponer sin poder evitarlo (y me lo propongo sin remedio) temeroso del riesgo considerable que imagino que asumirlo encierra para los pocos que tengamos el coraje de hacerlo hasta las últimas consecuencias, a la vez que convencido de lo poco que repercutirá este llamamiento en favor del mito y el resumen... En favor, en fin, de la parodia de la creatividad, o de la creatividad encarrilada y limitada que tantas veces toma la forma de la resignación a lo ya establecido, la repugnante, la nefasta, y a ir en contra de las mejores de nuetras pulsiones creativas, las... más humanas, las valoradas, esas que nos confunden y nos hacen sentirnos un poquito divinos.

Que se mantengan, pues, aunque sea como acto de la representación histriónica, esas pasiones de rebeldía inútil que nos alejan del suicidio colectivo; la rebeldía frustrada de los pertinaces dominadores de mundos, prisioneros a la vez de la impotencia y de la omnipotencia que nos entrega a la Nada.



Notas:

(1) En ese sentido, pienso que la filosofía en su conjunto, las ciencias, las religiones y los mitos que se ha dado el hombre no puedan dejar de contener sino visiones antropocéntricas, y no sólo en tanto extrapolan al mundo su propia idiosincrasia para explicarlo (cuando no proponen callar al respecto), sino en la medida en que todos los enfoques (incluido el que recomienda callar) responden a su necesidad de adaptación, emocional y material. Antropocéntricas a la manera del hombre, es decir, considerándo hombres de verdad a los miembros del propio grupo de referencia. Así es como quien cuenta con una facultad más desarrollada para pensar establece el propio tipo como prototipo o tipo ejemplar: el sabio, por ejemplo, y en concreto allí donde esa función se pudo legitimar, esto es, ser aprovechada socialmente.

(2) Por ejemplo, Nietzsche, a la manera de Berkeley, acusa al cristianismo (y a su predecesor el racionalismo socrático) de "promover la debilidad" pero la Iglesia nunca se resignó, por citar algo emblemático, a perder Jerusalem, lo que se expresó de muchísimas manera a lo largo de los siglos; por ejemplo: las convocatorias recientes a manifestarse en la calle en la mejor manera de cualquier movimiento político contra la nueva ley del aborto y el derecho al aborto en general. Repito: un grupo nunca abandona su intencionalidad dominadora -dominadora sobre todo incluidos los otros-, aunque la elección de las tácticas en combinación con la correlación de fuerzas le sea adversa y lo condene al fracaso. Nietzsche mismo lo sabe y lo señala: "quieren ser también ellos los fuertes, no hay duda" ("Genealogía...", ed. cit., pág. 79 y posteriores, donde lo documenta ampliamente). La cultura, a la que Nietzsche mismo se refiere en el citado ensayo (ibíd., pág. 69), aparece como pretendiendo lo que es en realidad un resultado de la relación de fuerzas "en el fondo" brutas, esas que tan sencillamente señalaba Tucídides como causas del movimiento. Tal vez en atención a la buena conciencia y/o a la predilceción instintiva por las "mentiras piadosas".



Nota: la versión original del artículo fue una provocación autoconfirmativa de su alcance,pesimista, publicado hace un año y un mes en Feacios, donde he escrito varias veces con escasos resultados polémicos. Los posibles avances son pues mero efecto de la decantación propia...




viernes, 19 de noviembre de 2010

El juego de las sillas y la impotencia popular

La consideración de la sociedad como espectáculo, si la modificamos un poco, puede ser reveladora del carácter de la crisis en la que nos hundimos como en un pantano donde unos arrastran a otros en sus intentos individuales y hasta cierto punto grupales de salir a flote.

Claro que es una imagen que, como todas ellas, sólo se puede construir partiendo de un posicionamiento previo, de una previo enfoque global... El mío, quede el lector notificado para que no tenga que hacer el esfuerzo por desgranarlo, se basa en la tesis de que los diversos grupos humanos en los que la raza se fragmenta, refragmenta y subfragmenta sin alternativa, no pueden marchar sin obligarse mutuamente a crear un nuevo tramo de senda guiándose pero sobretodo debiendo cierta fidelidad -incluso al proponer supuestas invenciones emancipadoras que tienen mucho más de "otras cosas" que de verdaderas intenciones, todas bien pintadas de "mundos felices", "mundos del bienestar" o "mundos de la justicia"- a lo andado, a lo previamente construido, a la senda ya recorrida hasta ese mismo momento. Esta es la base sobre la que se proyecta el camino hacia adelante y los obstáculos con los que se encuentran tanto el grupo defensor de cada discurso como los demás a los que el primero se opone y se diferencia. Y este cuadro, a su vez, es el que obligaría a los cambios lo menos dramáticos que sea posible en el rumbo real (rumbo que desdirá el carácter aparentamente idílico y utópico del discurso y lo reducirá, a posteriori, a ser denunciado como lo que era: propaganda, desconcierto, engaño, trampa) y a crear con ellos la perspectiva de encontrarse con obstáculos nuevos y posiblemente mayores... obstáculos que los demás grupos intentan aprovechar consiguiéndolo unas veces y otras no.

A esto he llamado yo "construcción creativa de la artificialidad", un fenómeno que otros (Castoriadis) han preferido llamar "autocreación humana", a mi criterio, sólo para sostener "nuevas esperanzas" y... utopías, etc. Y que se puede apreciar en sus dos manifestaciones actuales más notables: la crisis económica y la marcha de la democracia representativa. Acerquémonos a la primera de manera suscinta:

Podemos partir perfectamente de lo que es vox populis o de lo que, en otras palabras, se ve a primera vista: que la crisis actual es, al menos económicamente hablando -ya que algunos hablan de "crisis moral" sin duda con el fin de impulsar su propia tiranía afín-, una crisis de endeudamiento, o sea, de inflación del crédito (y del consiguiente endeudamiento).

No parece difícil a partir de ello, establecer el paralelismo que señalara Mr. Simon Johnson (The quiet coup) entre la realidad y el viejo y familiar al juego musical de las sillas, ese que se les hace jugar sobretodo a los niños y que consiste en dar vueltas alrededor de un número inferior en uno al de los participantes mientras la música suena, debiendo correr todos a sentarse apenas cesa, y que en cada fase del juego dará como resultado que uno, el más lento o el que menos suerte tenga, quede fuera del juego. Al final de cada fase, por otra parte, se retira una silla y el juego repite su ciclo progresivamente reductor hasta el definitivo triunfo de un único niño que será considerado el vencedor.

Mr. Johnososn señala exactamente lo siguiente (y cito, con perdón para los que no lo sepan apreciar, un buen trozo porque todo él tiene sustancia, más allá por cierto de lo que el propio articulista alcanza a ver):
"Typically, these countries are in a desperate economic situation for one simple reason—the powerful elites within them overreached in good times and took too many risks. Emerging-market governments and their private-sector allies commonly form a tight-knit—and, most of the time, genteel—oligarchy, running the country rather like a profit-seeking company in which they are the controlling shareholders. When a country like Indonesia or South Korea or Russia grows, so do the ambitions of its captains of industry. As masters of their mini-universe, these people make some investments that clearly benefit the broader economy, but they also start making bigger and riskier bets. They reckon—correctly, in most cases—that their political connections will allow them to push onto the government any substantial problems that arise.
In Russia, for instance, the private sector is now in serious trouble because, over the past five years or so, it borrowed at least $490 billion from global banks and investors on the assumption that the country’s energy sector could support a permanent increase in consumption throughout the economy. As Russia’s oligarchs spent this capital, acquiring other companies and embarking on ambitious investment plans that generated jobs, their importance to the political elite increased. Growing political support meant better access to lucrative contracts, tax breaks, and subsidies. And foreign investors could not have been more pleased; all other things being equal, they prefer to lend money to people who have the implicit backing of their national governments, even if that backing gives off the faint whiff of corruption.
But inevitably, emerging-market oligarchs get carried away; they waste money and build massive business empires on a mountain of debt. Local banks, sometimes pressured by the government, become too willing to extend credit to the elite and to those who depend on them. Overborrowing always ends badly, whether for an individual, a company, or a country. Sooner or later, credit conditions become tighter and no one will lend you money on anything close to affordable terms.The downward spiral that follows is remarkably steep. Enormous companies teeter on the brink of default, and the local banks that have lent to them collapse. Yesterday’s “public-private partnerships” are relabeled “crony capitalism.” With credit unavailable, economic paralysis ensues, and conditions just get worse and worse. The government is forced to draw down its foreign-currency reserves to pay for imports, service debt, and cover private losses. But thesed the local banks that have lent to them collapse. Yesterday’s “public-private partnerships” are relabeled “crony capitalism.” With credit unavailable, economic paralysis ensues, and conditions just get worse and worse. The government is forced to draw down its foreign-currency reserves to pay for imports, service debt, and cover private losses. But these reserves will eventually run out. If the country cannot right itself before that happens, it will default on its sovereign debt and become an economic pariah. The government, in its race to stop the bleeding, will typically need to wipe out some of the national champions—now hemorrhaging cash—and usually restructure a banking system that’s gone badly out of balance. It will, in other words, need to squeeze at least some of its oligarchs.
Squeezing the oligarchs, though, is seldom the strategy of choice among emerging-market governments. Quite the contrary: at the outset of the crisis, the oligarchs are usually among the first to get extra help from the government, such as preferential access to foreign currency, or maybe a nice tax break, or—here’s a classic Kremlin bailout technique—the assumption of private debt obligations by the government. Under duress, generosity toward old friends takes many innovative forms. Meanwhile, needing to squeeze someone, most emerging-market governments look first to ordinary working folk—at least until the riots grow too large.
(...)
Eventually, as the oligarchs in Putin’s Russia now realize, some within the elite have to lose out before recovery can begin. It’s a game of musical chairs: there just aren’t enough currency reserves to take care of everyone, and the government cannot afford to take over private-sector debt completely."
La idea es bastante acertada a mi criterio en tanto que alegoría de primera instancia, y por ello no puede sino ser un tanto simplificadora y, de no ir más allá, favorecer a la confusión, especialmente en relación al alcance del fenómeno y a las soluciones... Un alcance restringido por Mr. Johnson y unas soluciones endulzadas y " factibles"... que no tienen más alcance que la propaganda y el desconcierto, o sea, el engaño y la trampa.

En cualquier caso, el cuadro tiene indudables similitudes con un juego o... con un espectáculo, y por ende, en cualquiera de los dos casos, con una actividad lúdica e irresponsable... Sin embargo, la locura generalizada o el infantilismo universal no puede ser una página que espere ser simplemente pasada... ni puede servir para comprender un comportamiento tan complejo y esforzado como el que involucra a toda la humanidad... por más artificial que ello pueda considerarse. La locura, el infantilismo, la artificialidad, cuando es lo único que existe (lo único que se puede decir de ella), sea o no la inducida por la naturaleza, por el diablo o residente en el propio dios-diseñador/creador, resulta reducible a la propia realidad interdeterminada, causal, narrable... Llamarla artificialidad sólo sirve para resaltar su dinámica y no para que supongamos que pueda existir "otra cosa", algo que nunca podrá ser algo más que racional o ideal, o sea, algo que acabará inscrito por un tiempo en el imaginario o en el mito de unos u otros grupos.

Ampliemos un poco la figura y supongamos que el juego se lleva a cabo sobre un escenario a la vista de un público (y no del observador intelectual tan sólo, el que mira por la cerradura) que denominaremos popular. Y supongamos que en lugar de haber una sola silla de menos hay unas cuantas de menos, o sea, que la proporción de perdedores potenciales en cada fase, empezando por la primera, es especialmente notable sobre el total de participantes. Y supongamos, además, que algunas de las sillas situadas sobre el escenario sean meros hologramas que se proyectan entre las demás como si fueran materiales; algo que habría hecho alguna mano ciertamente diabólica, tal vez esa famosa "mano invisible" que podría tomar también la forma ex machina del "mercado".

¿Qué sucedería ahora, en este juego de las sillas ampliado y, sin duda, mucho más representativo del juego real?
Pues, como confío en la imaginación de los lectores de este modo incentivada aunque haya resistencias a verlo y la preferencia a simplificar y a endulzarse las amarguras y tragedias a la vista, no pienso dar ni una sola descripción de detalle según veo las cosas yo. Y si alguien halla algo más que encomendarse a la providencia y quedarse en la expresión de los buenos deseos de que esto se arregle de manera concertada o amistosa y, sobretodo, beneficiosa para "el género humano" (en general, comme il faut)... que opine si se atreve o calle melindrosamente.

Pero, además, cabe una segunda gran pregunta:

¿Quién o quiénes serán los más beneficiados por ser los que más posibilidades tengan de controlar el conjunto de las sillas?

En otras palabras:

¿Quién o quienes podrían, y podrán seguramente, sacar más partido del intenso, dramático, desesperado intento de tantos participantes por ocupar una silla y no quedarse fuera; dramático en particular para nosotros, los espectadores?

Las miradas de todos los desesperados participantes y del público que se siente cada vez más un convidado de piedra impotente y hasta maniatado se dirigen a los ricos y a los famosos (y fantasmales) dueños de los medios de producción (y hasta de los que producen "inventos artificiales" como las hipotecas, los préstamos y el "dinero de plástico" que no es ni más ni menos que medios de pago a futuros... o sea, más deuda). Pero estos también son hologramas situados entre los participantes en el juego, proyectados por esa misma "mano invisible" que proyecta las mencionadas falsas sillas. Los autores de los "productos financieros" son meros empleados de alto standing, expertos y tecnócratas de lo intangible, que esa "mano" y su "mente invisible" han situado en los puestos clave de unas megaempresas (aunque esto se use incluso en muchas mucho menores) con la misión de llevar al máximo los beneficios de las mismas... aunque sobretodo terminen juegando para conservar e incrementar sólo los propios... no sólo con el riesgo de que a raiz de ello pueda acabarse el mundo sino... en primer lugar, la propia empresa en la que trabajan... Total, otra habrá que sepa apreciar sus... ¿servicios?, oh. no, más bien sus contactos, sus relaciones...

¿Quién o quienes aprovecharan o quienes aprovecharán y para qué la rabia de los impotentes, esa rabia que llevara a muchos a orinar sobre las fotos de unos individuos que seguramente ya estarán a punto de descansar, si es que no llevan ya algún tiempo descansando, a bordo de sus yates y/o en los hoteles más lujosos y paradisíacos del mundo...? ¿Quién o quiénes las múltiples y muy diversas manifestaciones a favor de uno u otro cambio idílico? ¿Quién o quiénes sino... -y esto sí lo diré para acabar- los jefes de las diversas organizaciones políticas -miembros de partidos, gobiernos y demás instituciones y organizaciones nacidas para conquistar y conservar el poder- aliados transversalmente con ciertos jefes de esas grandes empresas globales con quienes se han establecido unos lazos que pueden llamarse de amistad... aunque no sea de los que duren eternamente ni muchísimo menos? ¿Quién o quiénes de esas alianzas, en fin, conseguirá sentarse en las sillas reales? No lo podemos saber porque esas cosas simplemente ocurren como si se tratara del resultado de una tirada de dados, pero lo que puedo asegurar es que dará casi casi lo mismo que sea una u otra, y... que el juego, al estrecharse, seguirá tendiendo al caos mientras asistimos, entre el público al que pertenecemos, a nuestra propia impotencia.

Queda dicho aunque sólo sirva como desahogo...

viernes, 29 de octubre de 2010

Un par de aperitivos frescos a cuento de La Democracia

Quién sea Luis no es lo más importante para quienes lean los textos que reproduzco más abajo tal como se los dediqué en la correspondencia que mantengo con él, y menos en este sitio,. Aunque él mismo puede, si lo desea, manifestarse aquí libremente tanto para presentarse a sí mismo como para contestarme, corregirme o debatir... Lo importante son los conceptos que he vertido en dos respuestas a la pregunta que me hizo en relación a mi crítica a "La Democracia" (como fuente productora de su propia decadencia y corrupción), ese "invento", como lo llamara bastante bien Claude Lefort, origen de estos intercambios entre Luis y yo y uno de los primeros que extendieron el concepto weberiano de burocracia a la esfera del poder efectivo, cosa que le debemos los que coincidimos con él en combatirla -en mi caso, más allá de lo que él lo hizo- y prefieren sepultar bajo la alfombra quienes defienden en uno u otro grado la "necesidad" e "inevitabilidad" de esa burocracia dominante, extrayendo de hecho o de derecho de esa conclusión que haya que... aceptarla o se la pueda reformar...

Sirvan, por otra parte, estas respuestas como anticipo de un texto que sigue en preparación por mi parte, en donde la "critica a La Democracia" quedará más clara, detallada y fundamentada; texto con el que pensaba reabrir, para un pequeño círculo de "amigos" el funcionamiento efectivo de este blog eminentemente político en sentido estricto como lo que había ya llegado a ser.


Lo último que me escribió Luis:

Parece, Carlos, que no sabemos de qué peste de trata y los terapeutas están "curando" otra cosa, supongo que a la misma burocracia que vos ves como un complejo uno- conjunto de todos los conjuntos- fuera de la cual ¿no hay nada? La ciudad puede prescindir de los terapeutas, necesita algunos burócratas- es mejor que no sean depredadores, quiero decir, se les exige una mínima transparencia que están lejos de ofrecer- pero no puede no tener artistas, poetas, novelistas, iba a escribir pensadores pero mi mano se detiene. Para mí, aquí y ahora, se trata de la diferencia entre una política de masas y un estado de derecho que por definición limita las voluntades colectivas. El pensamiento de vanguardia las confunde y cree " progresar" con eso. No hay Acibíades que represente la solución para la democracia. Es el único modo que veo para hacer del fascismo una tormenta pasajera. ¿Leíste el ultranihilista, ensayo de Murena? Hay muchas cosas en común con lo que planteás, la seguimos, abrazo, Luis.


Primera respuesta/explicación mía:
Hola, Luis,
El problema tiene a mi criterio una cara (por respuesta de la realidad política) inmediata y otra digamos "tendencial". La primera dice (o se lee) como: más vale la sartén que el fuego, lo que no se puede negar. La segunda se lee: esto se agrava sin remedio, aunque sea a través de altibajos, como una glaciación o un "calentamiento global" (por decir lo opuesto y de manera sólo alegórica, sin connotaciones con nada). La primera hace que hasta el gobierno de Cristinita que teneis o el de nuestro ZcuasiP (+Rubi ahora) sean mejores que lo que se podría avecinar... Pero eso que se podría avecinar.... se avecina, avanza a pasos ciertos, a veces dando dos para atrás, a veces uno y dos para adelante (Lenin dixit). Esto hace que algunos (nosotros) muchas veces combatan o despotriquen contra "lo que hay" (lo "menos malo que lo más malo") mientras que otros, en base a lo mismo, llamen a la calma y al silencio... en función de que es menos malo que lo muy malo, y, mientras, den aire a lo más malo para que avance más holgadamente. Y te digo, en el límite, me uniré a los menos malos para evitar el asalto de los más malos, como haría cualquiera con dos dedos de frente (muchos pensadores no tienen ni uno, y hasta lo tienen metido en el culo para pensar un poco).
Lo "tendencial", que es de lo que hablo sin espíritu militante alguno, sino sólo analítico en mis escritos, blog, emails contigo, no va sino en una dirección: burocratización creciente, marcha hacia el límite del caos, o al colapso por disfuncionamiento a cuento de... Y ahí, debemos ver en cuántos aspectos la democracia parlamentaria o representativa es un real caldo de cultivo de ello, un caldo productor, realimentador... No para decantarse por la tiranía sabia o buena que es un autoengaño, sino sólo, sólo, sólo para comprender.
Y si la conciencia hace daño o paraliza... qué remedio. El autoengaño y la edulcoración no harán algo mejor. Al final, la conciencia se impone (o la frustración) o.... se claudica y se marcha por la senda de la corrupción, el silencio, la muerte.
Ni siquiera se puede esperar que arribe el Superhombre (llegue o no algo así alguna vez).

Te dejo que lo rumies, para mí está tan claro que deberás hacer un esfuerzo que no me molestará que hagas para disuadirme.
Lo dejo en tus manos y en tu cabeza.
Un abrazo.


Ampliación mía posterior con referencias a unos hechos "luctuosos" que acaban de acaecer en el país de Luis:

Hola,
Me ha escandalizado a pesar de mi conciencia sobre el tema (por lo que no me ha sorprendido) la parafernalia "mediática" e histriónico-posmodernista que se ha montado por un "héroe de cama" y de "bandidaje de cuello blanco" como el primer ministro ese en la sombra que iba a volver a presentarse para seguir en el gobierno dos períodos más, hasta conseguir, supongo, alcanzar la eternidad digna de un Empédocles caricaturesco.
Las cosas me han escandalizado por muchas manifestaciones, las de la prensa mundial y en especial la latinoamericana (imagino que también la iraní, por ejemplo; que ya investigaré por curiosidad) así como la de millones de argentinos doloridos y llorosos que han manifestado "sufrir la pérdida" como si ello los devolviese a los tiempos en que morían los héroes griegos en batallas gloriosas, cuando eran considerados semidivinos.
¡Es lisa y llanamente un escándalo!
Pero, además, nos ofrece el dato reiterado de quienes son hoy los "reyes" merecedores de "discursos fúnebres"... de comedia ahora, donde Pericles es otro "igual" como entonces el griego era de los que habían muerto, y Tucídides es sustituido por infames y mediocres periodistas a sueldo directo, y del círculo de relaciones burocráticas.
Por eso no pude sino poner un "obituario" en mi "muro de Facebook" por... los millares de hombres simples y a lo sumo llorados en entornos familiares o tribales que mueren cada día y en concreto a lo largo de los días de luto ostentoso dedicado al "héroe argentino de hoy".
Este hecho, además, pone de manifiesto la existencia, estructura ontogénica o idiosincrásica y la dinámica de las redes burocráticas, tanto si son las que sostienen el "culto" (mera propaganda y hasta agit-prop) como los que urden las conspiraciones (y agit-prop contrarias) para aprovechar la situación que estaban esperando y propender al reemplazo. E incluso la dinámica de mantenimeinto y propagación que crea y sostiene a la masa de incondicionales, llorosos, gente "en marcha" o que "desfila" alzando puños, pañuelos blancos, vírgenes o el icono que corresponda y se haya instituido, etc.

Me preguntabas en cierto modo: ¿sólo hay burocracia, un único "conjunto de conjuntos", y nada más?. No, claro que no, están las masas desconcertadas, los intelectuales de mayor o menor enjundia que no viven de las migajas del botín, los oprimidos sin alternativa... Y además, hay burocracias alternativas, porque la burocracia no es un bloque sino en cuanto a sus comportamientos principales, a sus maneras de pensar... pero está vertical y horizontalmente fragmentada y en lucha, como puede verse en cada ocasión... Precisamente, lo que los hechos ponen también de manifiesto es el grado en que hoy, tal vez sólo más que nunca, nada cambiará si no es mediante un recambio burocrático, un mero reemplazo de personas y grupos, que poco y nada en el fondo será un cambio, por más aparente y revestido de "revolución" (verde, naranja, rosa...) que se revista, muy al uso posmoderno y de comedia que se estila... Eso o... un colapso que cada vez debe ser mayor para que de lugar a un cambio notable.... tal vez incluso revertible en lo mismo, en un tal vez real eterno retorno obligado por la marcha propia de la humanidad domesticadora...
No "uno" en el sentido de no distinguir nada, aunque sí es cierto que se gira en torno al "conjunto dominante" como una galaxia formada por estrellas, planetas, polvo estelar, energía diversa, etc., gira en torno a un agujero negro.

Bueno, no sé si estás consternado, ocupadísimo o pensativo... pero sigo esperando una respuesta constructiva (¿no es esto lo que nos podría quedar: construir un pensamiento lúcido?) al último email que te mandé en contestación a tu pregunta ("peste", "complejo uno- conjunto de todos los conjuntos"...).

Por el momento, fiel a mi placer por lo que yo mismo escribo, publicaré esto en tu blog y en el mío.
Un abrazo y buen fin de semana luctuoso.
Carlos.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Nueva etapa in progress

Como adelanté al anunciar el carpetazo inevitable al que, por decirlo de algún modo, me llevaban las cosas, este blog pasa a ser "privado", lo que quiere decir apenas que será accesible a quienes manifiesten interés en ello de manera explícita.

No obstante, el cambio no se reduce a eso. Sin eliminar todas las entradas en su formato original, muchos de los artículos serán agrupados en orden en forma de páginas, las cuales aparecerán listadas en la solapa justo debajo de la cabecera. En breve estas páginas podrán descargarse en formato PDF para su reproducción con vistas a una lectura más cómoda.

Una de las ideas que están detrás de esto es la que señalaba en el mencionado post: sólo seremos oídos por quienes quieran oír... y yo nunca conseguiré que me oiga casi nadie... Mis propias tesis se autoconfirman en esta conclusión y debo ser coherente. Y es que no sólo no pretendo sino que rechazo la idea del reclutamiento de amigos, amores, compañeros doctos, compañeros de ruta, compañeros de complot y, por fin, de seguidores necesariamente ilusionados y engañados... Es más, no puedo evitar dejar caer sobre ello una mirada inevitablemente irónica, llena de pena por la resistencia humana hacia la autoconciencia de su propia futilidad cualquiera sea la cosa que el individuo reflexivo intente.

Por otra parte, los cambios coinciden con algunos proyectos que he comenzado a poner en marcha, entre ellos la publicación de una colección de cuentos (la mayoría dados ya a conocer aunque revisados para esta edición) y mi novela, igualmente revisada, y que fue la determinante en muchos aspectos de que construyera este blog.

En todo caso, mantendré abierto de manera pública mi otro blog Una botella llena de luciérnagas como complemento al desarrollo de mi narrativa discursiva y de ficción, en las que me seguiré desgastando al menos por ahora, tal vez inercialmente, tal vez por un extraño instinto que reconozco en mí y que no es capaz de desperdiciar lo que produce, lo que obtiene o lo que colecciona...

¡Nada, pues, de lo que no se deba hacer mucho más que reír!

martes, 6 de julio de 2010

La insoportable idea de "artificialidad" (10) y su relación con un inevitable "carpetazo"

Era de esperar que antes o después yo comenzase a plantearme DAR CARPETAZO A ESTE BLOG y creo que esta entrada sería una cierre inmejorable por contener en síntesis lo que lo explicaría todo al desarrollar la reflexión que precisamente conduce hasta esa decisión. (cosa que, como se verá enseguida, no tiene sino una significación histriónica). ¡Ja, carpetazo!; aunque es muy probable que intercale un par de entradas previstas que quiero dedicar a algunos de los compañeros de ruta con los que en esta experiencia me he cruzado: lo merecen... je... esas exposiciones... Pero la cuestión no deja de ser la misma y eso no cambiará las cosas.

En su día, yo comparé esta tribuna con un escenario abierto a un espacio de butacas vacías que tal vez se habrían de ocupar sin duda parcial y discontinuamente de manera ocasional o asidua, desde el cual yo cumpliría fundamentalmente el papel de un personaje histriónico. Lo sabía desde hacía mucho tiempo aunque tal vez no con la claridad y rigor que ha alcanzado a lo largo de estos tres años de ejercicio del discurso, lecturas serias y reflexiones desprejuiciadas y libres de apriorismos y de dogmas, de herencias asumidas sin reconsideración y, sobre todo, de objetivos beneficiosos para mi persona (en gran medida, eso es justamente lo opuesto).

Estaba, como se suele decir, cantado que llegaría a esto. La consecuencia (esto es, el rigor) acaba imponiéndose en la medida en que se hace difícil e imposible el autoengaño... y yo no logro hallar un esfuerzo intelectual que me conduzca al éxito mediante la mentira y el engaño... como en cambio, siento reconocerlo y echarlo en cara a mis lectores, nos pasa a todos en algún otro campo (que no me afecte a mí en el terreno intelectual sólo es debido a que mi supervivencia no depende de los frutos que cultivo en él; que les afecte a muchos, a quienes en principio me he estado dirigiendo y con quienes, en principio, he estado polemizando, es precisamente la otra cara de la moneda). Al respecto, confieso que en mi vida diaria me veo obligado a mentir y a autoengañarme, y que incluso me resulta provechoso. No así en el desempeño de esta ocupación sin beneficio pecuniario ni honorífico alguno y que sin embargo me ha ido aportando, inevitablemente quizás, a lo largo de mis años, una sólida narrativa capaz de dar cuenta de la dinámica de las sociedades humanas habidas y vigentes.

El objetivo declarado y tal vez idílico que perseguía exponiendo mis ideas por esta vía, en buena medida no obstaculizada institucionalmente (y todos sabemos que en cualquier momento, en tanto nos volvamos demasiado-molestos y las cosas -a mi modo de ver- sigan su curso o al menos -al modo de ver de la mayoría de los pensadores de hoy en día- se tuerzan seriamente, estamos sujetos a una u otra obstaculización en uno u otro grado), era el de conseguir la confrontación de mis ideas con una buena parte de todas las demás. Ahora sé que ello sólo es posible en un marco muy estrecho, allí donde sólo hay diferencia de matices, donde los que debaten se parecen socialmente tanto que son capaces de reproducir una y otra vez las mismas ideas, la misma visión del mundo, tener los mismos enemigos y necesitar diferenciarse de ellos mediante los mismos signos... y para ello, tenerse solamente a sí mismos.

De ahí que, tal vez, convierta este blog en una suerte de bitácora privada, en todo caso abierta a mis propios congéneres y si no al servicio de un diálogo ficticio, un soliloquio a fin de cuentas como el que ya practico cuando me interrogo, dudo, me cuestiono, pongo al rojo vivo cada sentida conquista de la lucidez... para que, simplemente, me motive a continuar desarrollando mis tesis (en cualquier caso, seguiría obteniendo poco menos que el pobre feedback que he obtenido hasta ahora de un público del que en su amplia mayoría ahora estoy por rechazar) y a darles una forma lo mejor acabada posible en términos lingüísticos y literarios, en cierto sentido, artísticos, como habría dicho Leo Strauss (sin duda uno de mis admirados, aunque no por ello exento de inconsecuencias a mi juicio). Y tal vez lo conserve sólo como plataforma de denuncia política, claro que, como hasta ahora, sin poder evitar vincularla al trasfondo del que soy consciente o en todo caso creo serlo. Más aún: sin poder evitar que enfoque aquellos hechos que aparezcan como más relevantes para fundamentar mi tesis y que como tal los ponga en evidencia.

Mi visión de la humanidad y de su facultad reflexiva me ha llevado a ver que el debate no es en el fondo ni siquiera posible salvo, como todo lo realmente efectivo (las alianzas, las adopciones, la dominación, la sumisión en uno u otro grado de la individualidad...), en el seno del propio grupo. Fuera, en el espacio abierto en donde todos ellos compiten entre sí -indudablemente por el dominio general-, sólo hay guerra y en todo caso escaramuzas preparatorias, aunque duren hasta el límite de la existencia. Esto, como ya he señalado tantas y tantas veces, ya lo supo ver en cierta medida Strauss: lo encontró indudablemente en Nietzsche y en Tucídides en primer lugar.

Quizás no porque sí, esto reaparece en Sartre, para mi gusto de manera un tanto oportunista e intencionalmente ideológica, cuando le señala a Camus que "La amistad llega a veces a ser totalitaria, se hace necesario el acuerdo en todo o las rencillas, y hasta las mismas indeterminaciones se hacen militantes de partidos contrarios" (cito de memoria una carta que formó en su día parte del intercambio epistolar entre estos dos intelectuales franceses que... nunca se pusieron de acuerdo. Una sentencia que se grabó, tampoco porque sí supongo, en mi memoria en aquellos tiempos en que se completó mi yo, la adolescencia). Sólo a los mentecatos (perdón si esto produce escamas porque no lo digo con la intención de herir a nadie ni de agredir para tomar distancias... sino porque no puedo ocultarlo, es decir, porque me duele y me da lástima), a los pusilánimes, o sea los que temen el desamparo al que tal toma de conciencia amenazaría aherrojarlos, les puede producir rechazo un pensamiento como este, rechazo al no poder soportarlo como propio, al verse tentados levemente aunque sea a vivirlo imaginariamente, al acariciarlo, refugiándose en la convicción de que pensar así es propio de un ser odioso que se gana a pulso la soledad y el aislamiento... algo sin duda muy lamentable, muy doloroso, muy penoso... que no se quiere para uno mismo, claro, y bien hondamente se teme. Que se evita a cualquier precio... aunque no se lo reconozca, es decir, al precio de la claudicación, al precio de la autorrepresión, al precio de negarse a ir más allá de lo admisible por los que nos rodean, mejor dicho, por lo que nos rodea.

Sin duda, no se puede convencer a nadie mediante argumentos. Hasta aquellos que ponen a priori La Democracia -la democracia representativa (por nuestro-occidental-modo-de-vida)- lo reconocen señalando, todavía con Kant, que será el modo de vida el que una vez impuesto (a saber cómo) permita que ello se extienda y por fin se generalice. Como Rorty, por tomar al primero que me viene a la cabeza.

Yo sostenía, desde que descubrí en el marxismo el monstruo redisfrazado de bondad justiciera (¡justicia para todos los hombres... negada institucionalmente por Dios al expulsarnos, a todos, del Paraíso; qué otra cosa!), que todo intento de convencer ocultaba un intento de sojuzgamiento; intento y puesta en marcha de los mecanismos pertinentes para alcanzar ese fin.

En nombre de ese auténtico motivo intrínseco e idiosincrásico me parecía que todo ser humano había hecho de La Razón, y de todos los demás componentes complementarios o secundarios del discurso, sólo subordinados a ella desde el punto de vista de la supuesta tabla de valores que todos parecíamos aceptar, su bandera. Sin embargo no es así: esa bandera y esos valores son sólo los de una parte de la población humana, los intelectuales, aquellos individuos que han podido optar por hacer uso de sus facultades reflexivas para sobrevivir y han elegido luego construir sobre esa base su particular práctica social hegemónica en la forma en que esta fuera cada vez posible (como sacerdotes, como cortesanos ad hoc, beneficiarios -del mecenazgo- o favoritos, como asalariados, como subvencionados, como burócratas...) Fueron ellos los que elevaron y consiguieron situar como valor supremo a La Razón aunque más no fuera como icono, aunque no fuera realmente de manera efectiva... lo que sin duda no era su principal interés, aunque no fuera lo que se permitían sostener, claro. En parte, era su valor particular supremo, aquella facultad de les permitiría agrupar a todos a su alrededor en nombre de una sustancial distinción identificativa, opuesta a la animalidad tanto o más que la ausencia de pelo, tanto o más que el sentimiento y la práctica de la piedad o sea el reconocimiento de un Creador Supremo o al menos de una pléyade de dioses a los que el ser humano (el hombre-macho en especial) debía intentar asemejarse... elevándose. Era sin duda una creativa fórmula de chantaje. Lo que no impidió que siempre prevalecieran otras facultades, a pesar de todo: la fuerza bruta extendida tecnológicamente hasta el límite de la autodestrucción, la astucia callejera hábil con la práctica del engaño y la traición, la prevalencia de los acuerdos posibilistas sobre la verdad... en fin, el individuo en toda su dimensión humana. Y en ese mismo marco, y con esa misma argamasa, es donde y con la que se ha llegado a convertir, por fin, despojada cada vez más de sus adornos grandilocuentes, La Razón en un mero icono referencial, en que se la vuelto a situar como el gran Carnero de Oro en el sitial de los ídolos, esta vez incluso de oro falso, recubierto apenas ,por una película dorada, en el mejor estilo del que se puede ver en Las Vegas, esa Meca que es mucho más que la del Juego y el Dinero sino la de la Artificialidad Instituida. Deux ex machina -no olvidemos que "la palabra máquina que en griego significa estratagema, trampa, (sirve) para comprender que toda máquina es fundamentalmente una máquina militar" (tomado de Libros Peligrosos salvo el paréntesis mío añadido para adaptar la gramática a mi texto)- pasó cada vez más ostensiblemente a ser Ratio ex machina, algo, por cierto, que nunca dejó de ser una cuestión de cálculo.

Aristóteles, lo he señalado en otras ocasiones, se engañaba convenientemente -o, si se prefiere con más contundencia, sostenía ese engaño por intereses propios- cuando decía que "el hombre, en general, quiere saber". Es más, creo estar en lo cierto diciendo que el hombre que se preocupa seriamente por hallar las causas de los hechos -de todos los que puede- no lo hace porque quiera realmente dar con lo que explica los sucesos sino porque quiere asentarse en el grupo en el que de ese modo lo pueden admitir. La Ciencia, que se las ingenió eficazmente para legitimarse (en la figura de sus promotores y luego de sus herederos socioprofesionales) en base al objetivo de "llegar a la verdad" o a "la sabiduría" o "al conocimiento", no puede comprenderse de manera coherente y sin contradecir sus propios principios si se intenta explicar su práctica sobre esa base eufemística y encubridora.

En este sentido nada ha cambiado ni con la entrada del ser humano en la Historia hará unos 10.000 años ni con la entrada en la Democracia Moderna hará unos centenares. En todo caso, la entrada en la posmodernidad, asociada de manera significativa al espectacular desarrollo tecnológico y al grado de sofisticación y rigurosidad formal (matemática) de las ciencias naturales alcanzados, lo que está poniendo al desnudo, para desesperación y desamparo de los cientifistas, positivistas y racionalistas, es el hecho de que todas las construcciones de la ciencia responden a las mismas causas que las demás realizaciones humanas, desde las valoradas como "buenas" a las denigradas, desde las que reflejarían "lo mejor del ser humano" hasta "lo más animal".

Es duro enfrentarse a una conclusión tan poco esperanzadora o tan poco... ¿idealista? Y cuánta significación emerge del estudio de las "diversas" posturas que despierta esa conclusión, variaciones todas para un mismo tema.

En primer lugar, en contra de la tesis expuesta tenemos a un auténtico ejército de trabajadores intelectuales de primera y de segunda filas y de enseñantes de diversa valoración jerárquica anclados a una estructura social establecida de la que viven y tienen que vivir. Ellos son los que más alto vociferan en defensa de La Razón como de algo Sacrosanto o Sublime (por más laicismo que se le quiera ahora conferir a este adjetivo.) Los he citado mediante uno u otro ejemplo a lo largo de mi ensayito sobre el tema Una lanza rota... (en este blog de todos modos por si a alguno le interesa), y sin duda son los más numerosos en este mundo periodístico-virtual que se ha dado en llamar blogsfera.

Es casi seguro que más de uno se anime a achacarme el deseo de que las cosas sean así... pero eso es que ellos necesitan creer que son todo lo contrario. Es casi seguro que muchos dirán que no se debe caer en tamaño pesimismo: nada que no critiquen en sus principales oponentes, los religiosos, a quienes acusan sin pensarlo dos veces de metafísicos... como si ellos no lo fueran. Todos se refugiarán, en definitiva, en frases del estilo: yo creo que las cosas son así o asá... porque no tienen argumentos, porque todo lo que hoy se nos presenta pone en tela de juicio los viejos sueños. Y porque sin duda Nietzsche no se equivocaba en lo más minimo cuando sentenció: "el hombre prefiere querer la nada a no querer".

Lo cierto, en todo caso, es que tengo que actuar en consonancia con la conclusión de que la humanidad en su conjunto nunca se ha preocupado por aprehender las causas de lo que sucede. Que ni siquiera la intelectualidad lo quiere de verdad... salvo que se ponga cerco a esa verdad y al objeto de la investigación, y se deje fuera la propia idiosincrasia humana. Tal vez esa sea en el fondo la causa por la que se establece el cerco, por la que se llama a callar acerca de lo que no se podría decir nada, por la que se invita a la disciplina del método y al acatamiento de las leyes de la lógica... Sí, me refiero al miedo a mirarse al espejo mágico, de rayos super X, capaz de enseñarnos las vísceras y la mismísima digestión en pleno proceso, las imágenes corporizadas de todas nuestras ensoñaciones, deseos y fantasías, incluidas las más perversas, las más... "inhumanas", y de hacerlo delante de todos, de manera pública, esa única manera de sentir hondamente la vergüenza... Tal vez sea a eso a lo que se le tiene más miedo que a nada, lo que por encima de cualquier cosa nos resulta insoportable y repugnante, y por lo que estamos dispuestos a camuflarlo mediante una piel libre de pelo (o un cabello esmeradamente cuidado) y una estética y una conducta (sí, sin duda maravillosamente humanas, y muchas veces pavorosas) expresadas y/o complementadas con unas construcciones henchidas, sí, sin duda, de imaginación y creatividad, hechas de piedra, acero, sangre y narrativa.

Pues eso, mal que nos pese: artificiales.