miércoles, 28 de mayo de 2014

Los Ministerios (ambulantes) de la Verdad o el Global Circo de Oklahoma



Nunca como en nuestro tiempo "de penuria" se había asumido tan "conscientemente" la comedia humana como forma de vida y referencia moral, tomándosela por ello tan en serio para la vida cotidiana. Nunca el "circo de Oklahoma" de la América de Kafka había ocupado a tal extremo el mundo entero y ocupado ya a la práctica totalidad de los habitantes de la tierra hacia los que en tiempos del mencionado escritor ya se dirigía perentoriamente a ellos invitándolos a ocupar un puesto entre sus filas en lugar de contentarse con ocupar las butacas de los espectadores. "Corran, corran…", vendría a decir su anuncio, "que se cierran las listas, que hoy mismo dejaremos de admitir solicitudes y los que no corran se quedarán afuera".

¡Qué ironía, y cuánta falsedad propia de los anuncios siempre en boga que amenazan con perder "la oportunidad" si uno no se da prisa!

En realidad, el circo de Oklahoma…, a la par que los guetos y los campos de concentración, a la par que el lenguaje tacticista de la burocracia dominante, se ha extendido sin pausa hasta cubrir el mundo, o hasta penetrarlo.

Con la llegada de la burocracia al poder, se completó la institución del paradigma socio-histórico de la mentira que sin duda siempre le fuera caro al hombre para sobrevivir a la orfandad que lo angustiaba. La comedia barata y el tacticismo de la justificación rápida y sin compromisos (podría decirse, "sin principios") llegó a demostrar una extraordinaria eficacia social y política que cada vez fue dejando el espacio del triunfo, del éxito, del poder a los mediocres altamente astutos a los que Adorno llamara "tontos pero listos".

Y la apelación al absoluto, a las certezas, a la "experiencia" hegeliana y por fin marxista (e inicialmente cartesiana) que intentó sustituir la "experiencia religiosa" de revelaciones y dogmas… a fin de cuenta redefiniéndolas mediante una sacralización de la teología, volvió sobre sus pasos hacia el positivismo (hacia Kant) adoptando una conducta "pragmática", la de "lo más a mano", no tanto para justificar en sentido estricto (aunque aparentando hacerlo) sino, simplemente, porque así lo requería la retórica: la inevitable dependencia del discurso; inevitable para "comunicar" y hacer proselitismo, inevitable para cubrir una referencia legitimadora. El hombre está ya al borde de la mudez y de la sordera… pero dudo que pueda prescindir totalmente de la palabra. Eso sí: unos cuantos, no demasiado pocos por cierto, no una camarilla aislada sino un conglomerado amalgamado en una extensa red a la cual una mayoría se aferra para sobrevivir y en la que sólo se ahogan los excéntricos "incompresibles"…, "la sociedad" a fin de cuentas, en su marcha triunfal compulsiva, impone el silencio generalizado a todos, aunque un silencio sobre el que impera el ruido de motores, el bramido del oleaje vociferante de las repeticiones, los slogans y las consignas "bien admitidas" para "el corto plazo". La palabra, en fin, al servicio del silencio, del ahogo de lo que bulle dentro resignado a no volver a salir.

Y es que, simplemente, a dios no se lo ha matado sino que se lo conserva amordazado y hasta cierto punto en coma (vida vegetativa, como se dice). Un vegetal lleno de tubos que ocupa el centro de la escena: ex machina por los siglos de los siglos...

Así, hoy nos encontramos con grandilocuencias aparentemente heroicas y hasta "filosóficas" propias de "ayaxes" dignos de risa... o más bien, de miedo (nuevos episodios que llegaron a los imperios de las fábricas de muerte del siglo XX y XXI, desde Stalin e Hitler hasta los jemeres rojos, los maoistas, los norcoreanos, los ayatolas, los servios, la Radio de las Mil Colinas y mil más que se pod´rían enumerar).

Pero veamos las semillas que brotan en lo cotidiano.

Un ejemplo entre millones se pone de manifiesto en la siguiente frase rescatada a vuelo de "navegación electrónica":

"Si a alguien le indigna más ver un contenedor ardiendo que una persona comiendo de él, claramente tiene que revisar su escala de valores"

Todo un ensayo podría escribir a partir de ella, en realidad como cualquiera de las acciones y palabras del cada vez menos diferenciable prototipo de los "opinantes" del presente, que indudablemente son "legión" y se reproducen como auténticos conejos, tanto por la velocidad con la que se multiplican y pueblan la tierra como por la "profundidad" de su "inteligencia".  En todo caso, me contentaré con apuntar algunos aspectos sobresalientes que se desprenden de una lectura "radical" de la frasesita que pretendía sin duda ser de mucha "enjundia":

a) La frase se dirige de manera explícita "al otro", a quien "es capaz" de defender una "escala de valores" que no es la de supuesta "mayoría" supuestamente "representada" y sobre todo "interpretada fielmente" por el autor de la frase, que debe "revisarla" y "necesariamente" cambiarla por la que de manera implícita se le propone como... "verdaderamente sana", como "La Sana". 

b) De hecho, se da a entender, manidamente por cierto, que el que prende fuego al contenedor de referencia es, si no el mismo quien urga en su interior por necesidad, al menos lo representa, lo interpreta, pertenece a la misma estirpe, al mismo grupo, tiene los mismos intereses, incluso actúa de ese único modo sacro santo, puro, elevado, por esos intereses.

c) Se dictamina, desde una "altura" propia de la divinidad, la posesión de la Razón Absoluta o La Conciencia del Mundo, que no valorar la quema de contenedores equivale a estar a favor de la pobreza o, al menos, de no hacer nada para barrerla del mundo. Y al mismo tiempo, dan a entender que urgar en los contenedores es una conducta primitiva que debería pasar a un escalón superior en tanto hubiera conciencia por parte de quienes la practican, escalón superior que sería alcanzado si en lugar de urgar se dedicasen a quemar esos mismos contenedores.

d) Desde esa indiscutible "altura", el autor de la frase (y quienes la aplauden), todos ellos ajenos por completo a la , juzgan de hecho "insanos" a quienes no valoren la significación justiciera de la quema de contenedores. Una "insanía" que se pondría en evidencia por el mero hecho de "indignarse más" ante la quema que ante la conducta "primitiva" pero "comprensible" de los pobres.

Pero, ¿es eso lo que pasa, es siquiera posible? Una verdad de perogrullo nos diría que nadie quemaría el sitio del que extrae su comida..., al menos con ella dentro. Y otra, que quien quema los contenedores eliminando esa miserable fuente de suministro para los desposeídos de la tierra, no piensa, ni antes, ni durante, ni después, seriamente en ellos, ni lo hace por ellos, ni le importan: es evidente que esos desposeídos, en nombre de los que (en parte, volveré sobre esto) lo hacen, son considerados igualmente merecedores de reconvención por los "manifestantes" (denominación que se usa vox populi aunque ellos prefieran nombres aún más ampulosos y eufemísticos, volveré también...), aunque no "todos" seguramente la mayoría de ellos, por ejemplo, los que más que se indignan se "cabrean" simplemente al ver que esa noche los "mejores" contenedores, los más "provistos" han sido quemados y todo está por el suelo, destrozado, en lugar de seguir tan bien envasado como lo tiraron dentro (y, sin duda, son los más "provistos" dado que son los que están en las calles más representativas del "bienestar"... ciertamente perdido para muchos, pero no para todos, como se ve mirando lo que dejan en sus platos muchos en los restaurantes... ¡Je!, inclusive muchos de los quemadores cuando se van a zampar una hamburguesa, aunque dejen apenas un cachito; y no por culpa de ellos, sino porque tal vez, como se estila, les han servido demasiado (por las dudas o por hábito o porque las reglas de la felicidad lo exigen).

Insisto: los "representados" (falsamente) por los "representantes" quemadores (y en la misma línea están los no quemadores, sólo que la frase no habla de eso, y a ella me debo ceñir) son "mayoritariamenet" considerados por estos últimos como... "borregos", en todo caso, como "alienados" por el sistema, al menos en tanto no les parezca bien "un contenedor ardiendo". Más aún, en la línea habitual de los que de hecho o de derecho consideren, como consideraba Rousseau (que no pasaba hambre pero se ponía siempre muy enrabietado e intolerante en todos los planos de la vida): "si no quieren ser libres los obligaremos". Esto está en el eje de todas las "vanguardias" que se hayan propuesto alguna vez liderar a las masas, y el tema merece un aparte más. De todos modos, asistimos a un fenómeno un tanto diferente, quizás en todo caso combinado con el mencionado que creo que en realidad está en fase terminal a tenor de las circunstancias y la marcha hasta nuestros tiempos de los anteriores. El fenómeno "específico" ya que no del todo "nuevo", pero ciertamente agudizado in crecendo, consiste en que la mayoría de los "quemadores" (no de los que aplauden la quemazón, desde las proximidades o desde sus casas y pantallas) no se preocupa tan siquiera por "educar al soberano" o, como se decía en mis tiempos, por "concienciarlo". ¡Oh, no, de lo que se trata (esta es la línea que en realidad han seguido las vangiardias, al menos desde que se separaron bocheviques y mencheviques), es de "crear las condiciones" para que esas "masas desposeídas" (que ojalá sean multitud) se "alejen" de hecho o como sea de la "manada borreguil" y... Bueno... ¿habrá quienes crean que para secundarlos? Pues no, salvo que gracias a no quedarles otra fuente de suministro... "se atrevan" (se vean forzados por el hambre) al pillaje y acaso al asesinato, en todo caso a la destrucción y el caos. Algo que a esas "vanguardias" les parece el escenario más propicio para "la insurrección" (toma del poder por sus líderes o quienes sepan montarse en la ola como "salvadores"): se trata de llegar a ese punto que se denominó "vacío de poder" y que no es sino un estado de equilibrio de fuerzas y de las fuerzas de los más ineptos e indecisos un tanto paralizante.
Pero volvamos al hilo de la frase...

c) Lo de "invitar" a todos los que no aplaudan la quema de contenedores (porque es esto lo que se hace pasar por "indignación" más allá de que haya quienes "sólo" se "indignan" desde un..., ay, "desprecible" enfoque "burgués" -o "borreguil", como ya he señalado-) a "revisar" su escala de valores" esconde una amenaza claramente totalitaria, da igual que se la equipare con la rousseauniana, la leninista, la musoliniana, la stalinista, la hitleriana, la maoista o la de los jemeres rojos. Si se parte de que la "justa" y "divina" escala de valores es una, es obvio que la otra será... la del diablo. Y al diablo... a la hoguera, con brujos, protestantes, revisionistas y díscolos. No obstante, hay más: la dicotomía falsa (ya vimos hasta qué punto desde el ángulo de los necesitados de comida, ¡de la que sea!), de tinte claramente "poético" y aún más "romántico", también muy propio de la "heroicidad" a lo wagneriano, entre "indignarse" por la quema e "indignarse" por la "recogida", mete en el mismo saco a los defensores del status quo, los "reaccionarios", los "defesores del régimen" o "del sistema" (capitalista, claro; pero en realidad "capitalista privado", y no el "estatal") con cualquier otro que critique las "quemas", sea por no aceptar "el método" por "violento" en sí o sólo por "ineficaz" o "inconduscente", es decir, los que hoy "opinan" igualmente y "no" estarían haciendo "nada" pero que mañana, como mencheviques, eseristas y anarquistas bajo el comunismo, irán a parar al Gulag por "dicidentes", es decir, por no haber "revisado su escala de valores". En síntesis: un totalitarismo en ciernes con su inseparable práctica de la "mentira desconcertante" (en palabras de uno de aquellos dicidentes que pasaron por las cárceles de Stalin... después de haberse afiliado al Partido. Su nombre, para más señas: Ciliga), de la práctica que un día se institucionalizará a gran escala como "Ministerio de la Verdad" ("1984") o una nueva y poderosa Radio de las Mil Colinas (Ruanda, para más señas, aunque no hace falta ya que este artículo no llega a los incultos supinos y voluntarios que filosofan por ahí con frases como la que estoy deshilachando).

d) Otro aspecto quizás se pueda ver más notablemente en la frase hermana que sobre el mismo tema fue hace unos días expuesta por un "líder estudiantil" (ejemplo de la educación universitaria que ha recibido y que indudablemente no le interesa contrastar buscando otra por cuenta propia):
"Quemar contenedores no es nada malo a cuenta de que no sufren, son cosas, mientras que los que sufren son los que no pueden pagarse los estudios."
(Si extraigo esta perla es sólo porque me he topado con ella y no porque las busque... ¡Me provocarían una enfermedad monstruosa!).

¿Vale la pena desmenuzar también esta variante de la estupidez y, más exactamente, de la mentalidad imperante?

¿Qué podemos suponer que buscan quienes actúan contra "cosas que no sienten" como si ello respondiera a una estrategia? ¿La hay?

e) Pues lo que se busca es sin duda la imposición del silencio del que hablaba al principio. Se trata de una táctica burda de chantaje apelando a la compasión más ramplona, menos reflexiva, más llena de incongruencias a ignorar… porque las incongruencias, como hemos señalado ya, no son "importantes" del mismo modo que ya ningún contenido es importante. La eficacia, en la que por cierto "hay que creer", lo es todo. Y especialmente, se trata de ser eficaz en la y tarea de hacer callar a todos… positivamente; de que se asuma el "imperativo categórico" que "debemos" representar… "todos" (los que no lo entiendan: al paredón, a las mazmorras, al incinerador…). De lo que se trata es de que ocupemos "todos" el escenario desempeñando un único papel (si es posible… sin dedicarnos a otra cosa, es decir, bien subvencionados de algún modo…). De ahí que el discurso de la "rebelión compasiva" haya dejado de proponer "el fin de las relaciones de producción" como antaño para proponer, de hecho, quedamente, "el control de esas relaciones" por parte de "los inspectores" (Kafka los llamaba: "ayudantes", porque ya los veía avanzar, ya los veía ocupándolo todo, ya los veía como los nuevos hombres: homo ayudantis, homo funcionaris…). Y eso lo dejan a la mayoría silenciosa y trabajadora… que seguirá produciendo queda y resignadamente en nombre de "la revolución" tanto beneficios como impuestos, tanto riqueza depredadora como tributo subvencionador… Yo me decía: ocultan por razones estratégicas la obviedad de que sus sociedades ideales sólo pueden instaurarse mediante golpes de estado, putchs, asaltos de una "vanguardia" bien pertrechada que aprovecha un "vacío" de poder creado por sus competidores e iguales (aunque alcen banderas diferentes), pero no, ya no apelan ni a la superioridad de la consciencia ("revolucionaria") apoyada en la "certeza" hegeliana de la mecánica histórica y/o "económica", ni apelan al asalto final… Han descubierto… el uso de "todas" las vías, de "todas" las tácticas, de "lo más a mano en cada ocasión". Y preparan a los demás para la continuación de la explotación, la opresión, la resignación y el silencio (al respecto: estúdiese el "programa" de "Podemos", que sin duda es un "podemos obtener cinco escaños en Europa".

En fin, lo dejo aquí dejando constancia de que no creo que esto vaya a parte alguna… ni siquiera a la sociedad de los Morloks.



lunes, 1 de abril de 2013

En contra del "mal"... inventado.

En alguna parte (tal vez en ocasión a sus críticas al "relativismo" y al justificar, tempranamente, su toma de partido por "el liberarismo"), Leo Strauss señalaba a sus contendientes ocasionales que no se podía negar que el mal existiese (en cierto modo, como señala Dickens en su Historia de dos ciudades: porque antes hubo un mal que pasó).

Esta "certeza" conduce a Strauss asumir el mencionado "compromiso" so pena, como dirá en otra parte, de renunciar al "propio yo". (1) El mal, contra el que Strauss lo asume abarca para él mucho más que las formas totalitarias que es establecieron en el mundo en el marco de la segunda guerra hasta llevarlo al borde de la guerra atómica, aunque sin duda ese marco lo ha marcado notablemente como a toda su generación, lo que sin duda es parte del asunto. Sobre todo, alcanza o pretende alcanzar las raíces de todo, y por ende a exceder los límites del momento, del "presente". Esta extensión lo conduce, en las condiciones de su presente, a pensar que la situación muestra signos opuestos a su superación (una especie de decadencia crónica, al menos prolongada sine die) que, a pesar de ser inevitable y "obligatoriamente" combatible (so pena de perder el "yo") resultaría dificilmete "reversible", lo que sólo ofrecería una perspectiva de batalla perdida a cuya participación inútil estaríamos poco menos que condenados.

Esta perspectiva pesimista e insensata (sin duda del estilo de la condena que Sísifo cumple sin rebelarse y que Aristóteles habría considerado una conducta "vacuna") se expresa de muchas maneras, incluso ambivalentes e inseguras, y empujarán a Strauss a sugerir un "retorno" a la Ley a partir de un "arrepentimiento" y a mirar de ese modo (hubo y hay otros más o menos infelices) hacia oriente, a dar la espalda a las histriónicas formas del progresismo perimido (las del relativismo, las de un hegeliano como Kojeve, etc.), a comulgar con Nietzsche y con Tucídides, con Maquiavelo y con Heidegger, a proponer una "vida buena" por momentos filosófica por momentos no filosófica, etc., y, al final, a no ver en ninguna de esas "vías" una "salida" a la penuria. Algo así como a pregonar las bondades de la "obediencia" por quien no puede actuar de otro modo que "rompiéndola". Así, a la luz de la historia de occidente, cuyos inicios podemos situar en la emergencia de la greicidad clásica, podemos observar que Strauss no reacciona en todo de una manera muy diferente (y podríamos decir, de manera no esencial) a como lo hicieron todos (¿o casi todos?) los intelectuales que lo precedieron... a menos que incluyamos entre ellos a la parodia de "opinantes" que los han ido marginando y han conseguido usurpar su espacio abriendo paso a la posmodernidad. En última instancia, ni siquiera es algo que se escape de lo que le resulta irremediable al ser humano "prototípico" con cuya figura muchos han logrado "dignificarse" y hoy han hallado ello mucho más sencillo de hacer... de manera puramente histriónica, paródica, teatral... En cualquier caso, no es el primero que ante los "tiempos de penuria" acaba "desolado" (como Platón reconoce en su prostero Las leyes) o "frustrado".

El asunto tiene dos facetas: la idiosincrasia que el intelectual siente necesidad de preservar (la referencia socialmente "reconocida" de su "yo") y la constante "invasión" de las "urgencias mundanas", que responden a la marcha ciega "general" que, así como provocó el nacimiento de la filosofía, la ha conducido a su actual agonía (gráficamente: a dejar de ser un "negocio de filósofos"). Lo primero tiende a mantenerse a pesar de la marcha, esta le resta espacio y la fuerza a remodelarse.

No por nada, tanto las "posturas" y "posicionamientos", los "compromisos" si se prefiere, que Strauss adopta "contra el mal" tienen el mismo aspecto, se justifican del mismo modo, y son atacados por "otros" con igual vehemencia, que las adoptadas por aquellas que representaron a ese "mal".


Hoy son muchos los que han sabido ver desde diversos enfoques y marcos "disciplinares" (en especial gracias al nacimiento y desarrollo académico de las "ciencias sociales", lo que de todos modos tiene sólo una relación formal y no genealógica con "la verdad") que las certezas irrenunciables acerca del "mal a combatir" (siempre más firmes que las que asisten a los medios y los fines "positivos", al menos en la medida en que se los intente circunscribir con precisión, y este es el problema de los "filósofos", que creen su deber alcanzar las últimas causas y creen marchar en su nombre). La disolución occidental del concepto de "verdadera humanidad" propia de todos los grupos humanos, apenas embozada en occidente bajo una histriónica e ideológica "buena conciencia" y los intereses académicos o socio-profesionales que obligan a conservar el objeto de estudio (las demás "culturas", relativamente "válidas" pero..., oh, desfasadas, superadas, residuales, o... peligrosas...), han acabado por imponer ese aspecto del "estilo de pensar" imperante (Mary Douglas) que permite concluir que no es que haya "muchas humanidades válidas" sino algo más "terrible" para la "buena conciencia": que no existe "humanidad" y que cada grupo, inevitablemenete, defenderá la propia como única. Y con razón, al menos con la misma que nos asiste a todos, es decir, con la razón que miente y se miente a sí misma para salir del paso.

"El mal", elevado a un plano lo más "universal" o "absoluto" posible, siempre acaba asociado a una u otra perspectiva apocalíptica a la vez que a un origen fundacional. De ese modo se pretendería unificar a toda la raza humana en contra, por ejemplo, de las guerras y en particular de la atómica, que más que las anteriores parece encerrar esa amenaza de destrucción del mundo. O la "depredación ecológica", que acabaría con las condiciones de vida a las que estamos acondicionados. Strauss mismo responde al cosmopolitismo residual que esto encierra (donde el "mal"... se definiría de manera "absoluta" en tanto "atenta contra la especie...") y que al mismo tiempo niega, tanto vía su adhesión a Tucídides como a la Torah, exponentes ambos de una identidad grupal particularmente rígida (o "excluyente") que se construye sobre la base de unos u otros "bárbaros" y nunca en atención a la composición genética.

Por otra parte, "el mal" sería el pasado del que se ha conseguido desprenderse para abrir el camino del grupo fundador y referencial. Encontramos esto en las mitologías fundadoras de los pueblos, normalmente como expresión de una ruptura que se hace coincidir con una previa "animalidad". El mito que menciona Platón en Las leyes y aparece también en la tragedia Prometeo encadenado de Esquilo, tiene ese componente "separador" o "demarcatorio" que se abría cruzado hacia la "civilización", y se lo puede encontrar, por ejemplo, en mitos tan imposibles de haberse contaminado uno de otro como el de la fundación de Bali en el 1300 a instancias de una invasión proveniente de fuera que derroca a un cerdo autóctono con resultados igualmente civilizatorios, y de cuyos actores los balineses se sienten originarios.

En nombre de la mecánica a la que responden, la antropología y la psicología evolutiva, han concluido que el rechazo de lo que no se acepta ser, la estigmatización de lo que se rechaza, es la base primordial sobre la que se puede (únicamente) conformar una identidad de grupo propia. En otras palabras, que es propio del ser humano construir esa identidad (consecuentemente la suya, pero mediante la del grupo) en base a lo que se rechaza, esto es, de "mal". (2) Algo que se produce debido a que es un ser cuya vida es inseparable de lo simbólico, un bagaje que fabrica sin cesar y a lo que recurre como medio para resolverlo todo, y sin lograrlo (lo que lleva precisamente a que sea "trágico", a que "prefiera querer la nada a no querer", pero, sobre todo, a ser consciente de ello, para su dolor pero también para su supervivencia).

La orfandad que nos caracteriza, justamente, es la que nos llevará a asimilar más o menos a regañadientes lo que el mundo nos ofrece (en cada ápoca y lugar dado) y a asumir de manera autoengañosa, tergiversada a nuestro favor (según nos lo parezca) los compromisos y las limitaciones... Es en estos términos como se definen (se pueden definir) los marcos histórico-sociales que imponen límites a la imaginación, simbolización y construcción formal, que ponen ciertos instrumentos a la mano ("antes" o "fuera" de la locura) y que fuerza conductas más o menos excéntricas o más o menos conservadoras. Es decir, el mundo (siempre el "próximo") en el que se forman sus adhesiones y sus rechazos, sus criterios de lo malo, primero, y de lo bueno, luego. De modo que, cuando acusa a aquellos que propondrían negarse a adoptar unos u otros valores, dirigiéndose fundamentalmente a los intelectuales como él (todo discurso intelectual es esotérico para las masas y aprovechable para la extracción de slogans para los propietarios últimos del poder), en realidad no hace sino exigirles que opten por sus propios valores (por eso arremete a la vez o exige "probidad intelectual"). En este mismo sentido, el "relativismo" que combate sin duda tiene su propia visión del "mal", que serían el "dogmatismo", el "antropocentrismo", el tomar valores propios y condicionados, contextuales, como absolutos, etc. Y Strauss, a fin de cuentas, les dice que... se equivocan, y que así no van a ningún lado... (señala que "el hombre contemporáneo marcha ciego").

Es innegable según este enfoque ver que las tomas de posición humanas necesitan de "un mal" con vistas a levantar "un bien", es decir, para construir y/o defender de la identidad propia. En otras palabras, que "el mal" es inventado sobre la base de una realidad visible y mundana para que sostenga la invención del "bien" que se desea hacer realidad y en realidad se hace símbolo.

Como lo que pretendo es hacer una "descripción etológica" para entender algo (comprender el mecanismo, su génesis y su marcha productivas) y no quedarnos, simplemente en otra invención identitaria, la nuestra, y dando mi propio rechazo por los absolutos, los universales o... lo "auténticamente humano", es la formación de los mencionados "rechazos" lo que señalo como el quid de la cuestión, donde la inevitabilidad del juicio respondería a una voluntad ineludible de búsqueda o defensa de la identidad grupal propia. Y este enfoque no puede ser por tanto sino "perspectivista" y "contextual". (3)

Más allá de que "el mal para otros" y "bien para los propios" no tenga freno e incluso pueda conducir (como a los individuos aislados) a manifestar conductas grupales indiscutiblemente esquizoides y autodestructivas (en todos los tiempos, como es el claro caso de la "civilización" de Caralt en Perú o las tribus neoguineanas de las tierras altas, ejemplo por antonomasia de la antropología (puede consultarse el popular Armas, gérmenes y acero de Jared Diamond), así como los casos más contemporáneos que han alcanzado extremos similares bajo el stalinismo, el maoísmo y su "revolución cultural", los jemeres rojos, los tutsis y su limpieza étnica, la limpieza étnica nazi, el cordón sanitario jacobino..., y muchos más en gérmen o embozados cuyo "progreso" no cesa), lo que es indudable es que sólo el equilibrio en la relación de fuerzas impide el dominio y exterminios absolutos del "mal" por parte del "propio bien" así como el impulso que lleva a este a imponerse a toda costa en cuanto se ve, primero amenazado y después capaz de revertir ese equiñlibrio en su favor. En el estado de equilibrio, lo que se establece por lo general es un cierto respeto entre las partes (con o sin reparto de áreas de impunidad)... con granndes dosis de falsedad histriónica. Al margen de que haya "razones" que hagan a las partes decisivas a "verse" como iguales (las diferencias ya "nacerán" y se agitarán cuando se den las circunstancias).

Hoy hay casos que aparecen como especialmente "críticos" y "amenazadores"... pero no por ello se toman medidas idílicas... Por el contrario, sirven para acelerar las escaladas... tal vez mediante tanteos basante teatrales, pero que embozan el avance soterrado (casos notables: Corea del Norte o Irán, ya tal vez un día de estos Venezuela como ya lo fue Cuba). El uso de la fuerza nuclear en cadena afectaría al planeta... pero la perspectiva entra en el juego de la lucha política, y en el más amplio de los sentidos. Así, me atrevo a pensar que esa amenaza sirva para muchas cosas antes de que realmente sea efectiva..., lo que sólo sería viable, masivamente al menos, cuando haya colonias fuera de la Tierra y luchen entre sí, desde la seguridad de su propio planeta. O, claro que también, en situación de gran desequilibrio.

Por todo esto, antes preferiremos que desaparezca el mundo a que continúe gracias a cualquiera de las formas que consideramos "bárbaras" y que no deseamos en absoluto para nuestos hijos y nietos... (aunque sí podamos aceptar, como sucedió siempre, que vayan a combatir en el frente por nuestras banderas). Sin duda, todos pensamos que el futuro debe ser el nuestro y que si no mejor es que no haya ninguno. "No nos sigamos engañando" cabría decir sin esperanzas de que lo dejemos de hacer aún cuando no queden a la mano ropajes que permitan cubrir la actual desnudez (el "rey" se atreverá siempre a pasearse desnudo y a negarlo). Por eso, mal que nos pese a los que nos especializamos o al menos nos complacemos en pensar... se acabará (atendiendo a las propias urgencias) luchando a muerte... para poco más que para intentar mantener incólume el propio yo que se ve y cada vez más se verá perseguido, maltrado, marginado, forzado a claudicar en lo posible, y que sentimos agonizar o al menos asfixiarse empujado a una reencarnación o más bien una metamorfosis socialmente potable que no siempre se prefiere a la muerte "auténtica", aunque esto no sea sino otro acto de nuestra mentira y nuestro autosalvataje, otra declaración heroica y plena de riesgo, en fin, "poética". Luchando y de ese modo muriendo, porque la lucha real, efectiva, no tiene nada de pura ni de fidedigna.



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 Notas:

(1) Strauss nos dice que establecer "compromisos" está asociado a la inevitable necesidad humana de emitir de juicios de valor (cuyo carácter de "presentes" y por tanto "relativos", creo que no subraya suficientemente a pesar de su "historicismo" existancialista y su "perspectivismo" nietzscheno). En primer lugar, la mencionada "negación del yo" que significaría no hacerlo es un asunto espinoso y sustancial que requiere un tratamiento amplio y separado del que diré sólo que es consustancial al carácter individual del ser en un mundo "limitado" y a las interacciones (complejizadoras, por otra parte) que se establecen entre unos y otros individuos en ese marco. Una cuestión que una y otra vez lleva a Strauss a la "solución" existencial (y "psicológica"). Pero aún así, sigue habiendo detrás una mayor o menor intención por conservar la "dignidad humana" y en su nombre negar la intrínseca debilidad del yo que lleva y llevará siempre a compromisos interesados e inmediatos (cuando no "mezquinos"), un compnente inseparable de la "urgencia (política)". Así, Sartre, por ejemplo, sostenía lo mismo al optar por el marxismo, elección que, de realizarse, según Strauss (pero también a la luz de los hechos parece demostrable), amenzaría la individualidad..., o sea "el yo" (lo que, sucedería, afectándole a él en este caso, bajo las reglas de juego que impone la militancia política aunque esta sea "liberal", al menos de practicarla de manera consecuente, lo que Strauss nunca hizo... ganándose así muchas enemistades y una vida un tanto conflictiva... y bastante "filosólfica"). Queda claro que "el compromiso" tiene que ver en todo caso con "el yo" simbólicamente instituido y con la sensación de vivir unas "urgencias" amenazadoras para su conservación.

(2) Al respecto vuelvo aquí también a recomendar las anotaciones antropológicas de Mary Douglas en Símbolos naturales y El levítico como literatura así como El mito de la educación de Judith Rich Harris donde el enfoque es más próximo al de la psicología evolutiva.

Para hablar un poco más en concreto y con la malicia que corresponde a mi parecer (tan atractiva como la ironía), "el mal" en la figura de sus más vigentes paradigmas (como los fascismos, los comunismos, los fundamentalismos, los anticolonialismos, etc., según las tomas de partido que se hayan efectivizado...), erigió, en todas sus formas y variantes, "su identidad"... en oposición a un "otro mal" (como, paralelamente a los mencionados, "el judío" -"comunista" y "masón"- o el "mestizaje", "la reacción" -o "la derecha"-, "la brujería" o "la herejía", "la cultura occidental" o "el hombre blanco", etc.). Sin ello, no habrían nacido las diversas formas identitarias que dan cuerpo a la grupalidad. Esta postura permitiría oir lo que realmente se pretendió decir (algo que Strauss propone como una "buena lectura")... 

(3) Se trata de una propuesta un tanto idílica que permitiría una imposible o contradictoria visión lúcida a la vez que animal, ya que ver los problemas y los obstáculos del mundo por parte de cada individuo de un modo "etológico" es ciertamente imposible en el límite (y en ese sentido es cierto en cierto modo lo que nos dijera Strauss acerca de la inevitabilidad del "compromiso", aunque, como señalé, no tenga por qué "intentar", ya que no lograr, establecerse de manera estable y/o firme..., es decir, haciendo posible la imposibilidad intrínseca de "conservar el yo"). De todos modos, cabe aproximarse a un enfoque como ese (etológico) si se acepta la posibilidad de "preferir la nada" o cuando esta preferencia sirve a la supervivencia gracias a su agitación bastante inconsecuente (la profesión o la vida en la que se refugiaría uno para autodignificarse, por ejemplo; o la sistemática tentativa de declarar de manera hipócrita o inconsecuente, confusa, vacilante, "demasiado humana", pero no llevar ni poder llevar a cabo su "praxis"). Ahora bien, en la medida en que nuestra mirada sobre la realidad humana (y mundana) sea más ajustada y radical, esto es, más desenraizada de nuestra ideología e intereses individuales (con la disposición a reirse de uno mismo de la que hablara Nietzsche en sus momentos de mayor lucidez y, no por nada, de su mayor horfandad -La gaya ciencia, Libro I, Ap. 1-), podemos llegar de nuevo (volver, retornar) a asumir la indagación y la elucidaciçon como un tema obligado, capital y último, y de este modo "dignificador". Lo que nos llevará a girar en círculos y a dar tumbos, entre la idiosincrasia reflexiva sin posibilidad de respuesta y la "obediencia", como giraban, por ejemplo, Tolstoy según testimonia en su Confesión o Kierkegard en su Temor y temblor. La propuesta es una de las más fecundas "alternativas" imaginarias propias del género humano (originadas en la mecánica intrínseca o característica de la producción humana de artificialidad y/o simbolización), al punto de que las podemos encontrar lejos de los marcos de la intelectualidad moderna, por ejemplo, en los rituales de un lejano y exhótico lugar como Java, donde prevalece -quizá cada vez más contaminada- desde su emergencia en condiciones pre-filosóficas, incluso pre-religiosas y por tanto pre-racionalistas, donde la bruja del mal (Ranga) es combatida por el bufón heroico (Barong) (sobre el tema véase Clifford Geertz, La interpretación de las culturas, 7/La religión tradicional de Bali). Los balineses sin duda hacen en él una catarsis, pero, acabado el ritual esta se disuelve (con el estado de trance -embiaguez- en el que caen) en la vida cotidiana a la que no les queda otra alternativa que volver, y atender a las urgencias, sufrir las trampas y tenderlas con el simple fin de sobrevivir tras realizar, por unas horas, lo que todo ritual (grupal o individual) permite al individuo (solo en en el seno de la masa), resarcirse de la impotencia de manera simbólica. La vida, de este modo, vuelve a ser tomada "en serio" con el recurso de la simbolización que ha llegado al grado de institucionalización), donde... nunca dejaron de estar entrampados. En ella, la risa (en sí misma) tiene muy poco que hacer como instrumento efectivo, e incluso es dolorosa, y allí sólo se puede escapar fugazmente de los embates de la bruja. Esa es nuestra condena, penosa en su conjunto, hermosa en su inventiva, en sus recursos imaginarios, donde nos la risa puede ganar la batalla, donde los sueños y la transformación imposible toman cuerpo.

Este desembarco (final) en la cuestión tiene raíces aún más profundas que en un análisis (etológico) de la vida y del ser humano, resulta lisa y llanamente ineludible. Es más, los enfoques que priman la especie sobre lo individual, como el marxismo y los parientes mediocres derivados del mismo, o los cientificismos que hacen pie en uno u otro grado en Kant hasta el extremo de los positivismos más abyectos, no hacen, como se ha comprobado en los hechos, más que ofrecer la vergonzosa ocultación del predominio de unos pocos sobre muchos convertidos o al menos tratados como una colmena (la igualdad nunca significó otra cosa que grados de igualdad del infinito al cero...). En realidad, asumir tal enfoque, aparte de ser posible sólo para ciertos intelectuales en estado de profunda excentricidad y desapego, sólo puede ubsistir en condiciones que lo permitan, como las de la democrática Atenas o las del "bienestar occidental" en el "primer mundo" y en ciertas ciudadelas del academicismo... (las más permisivas con la "probidad intelectual" en el sentido que da Strauss al término). Y cualquier cambio que cree exigencias diferentes las hará imposibles o, en todo caso, propias de un delirium tremens. A fin de cuentas, ella no es sino una muestra más del juego de contrucción simbólica que pretende dar y/o dejar testimonio, uno más entre tantos... Y cuyo alcance no pasará nunca del presente, "leído" de una u otra manera ("buena" o "mala") en cada una de sus etapas (porque... si los griegos todavía están entre nosotros es porque siguen formando parte de nuestro presente, un presente que en la medida que siga cambiando -entrando en las tinieblas o penumbras de la "segunda caverna" de la que nos habla Strauss-, lo seguirá reduciendo, tergiversando, adaptando, utilizando, o sirviendo cada vez más residual e histriónicamente para justificar roles socio-profesionales tal vez ya sólo entretenidos o periodísticos si no hasta perder todo sentido socio-histórico).

jueves, 28 de marzo de 2013

Minas sembradas y petardos sueltos (a propósito de los "clamores populares")


En las guerras se "estila" sembrar el campo enemigo de minas, en particular se hace en la zona que se va a dejar atrás a causa de la obligatoria retirada. Indudablemente, se responde al deseo (¡terrible deseo! para nuestra sensibilidad, que está "lejos" o "de espaldas" al "fragor de la batalla", a ser "presas" de tales deseos...), de que el mundo sea "nuestro" al punto de que, de no ser eso posible, sea "de nadie", en particular del "enemigo".

Y la política es una guerra (la guerra); una guerra signada por las escaramuzas, las "retiradas estratégicas" y  "no deseadas", las "persecuciones" y... donde se siembran minas.

Lo primero le ha pasado al PSOE, cuya voluntad de "poder perpetuo" supera la posible o teórica "compartición partidocrática", acordada formalmente en su día ("transición" y "constitución" mediante). Esa "voluntad" se manifestó sistemáticamente y ella dio lugar a diversas "tácticas" y "formas" que hasta ahora han fracasado (pocas veces tanto como el 20-11 pasado y aún más luego... con la amenaza de "desintegración" y obligada "reencarnación" que se ha abierto para el partido a raíz de la mediocridad de su "aventura" zapatera y aún más de su continuidad inercial actual...): asfixia a UCD, socavamiento de las reglas montesquievianas, jugada "pacifista" y plan "onceme", guerracivilismo zapatero, jugadas al "quinceme", etc., y ahora y de nuevo política de la vociferación (que "todos" comprenden...) Pero también, siembra de minas, las más significativas: desbordes presupuestarios encubiertos y cubiertos, pacto zapateri-bellotari, clientelismo bien cebado...

Lo que es indiscutible es que las minas están ahí, estallando o listas para estallar al paso del enemigo que amenaza "avanzar" a favor de los posibles nuevos vientos (¡que, ojo, no pueden ser otros que los keynesianos con variaciones... pero... tal vez suficientes como para que se pueda ganar la próxima elección...!). Lo que se pone en evidencia es que el "plan Z del espacio exterior" (2007 dixit) continúa por senderos apenas remozados...

Por otra parte, en el uso y abuso (abuso en cuanto a lo burda que llega a ser la hipocresía y la inescrupulosidad empleadas), se está avivando por parte de la actual dirección del PSOE y la actual dirección de IU, a la que se suman otros grupúsculos menores, todos evidenciando una asimilación profunda de la "táctica" antedicha, se está avivando y justificando conductas golpistas de estilo jacobino (o fascista, que es aún el término más actualizado; incluso inquisitoriales si retrocedemos un poco) que en realidad no tienen nada de nuevo y que sólo "escandalizan" a las "buenas conciencias"... (1)

Acciones como las de la PAH de estos días, de puro, simple e indiscutible "amedrentramiento" y "agitación de desgaste" (ni siquiera buscan la coacción y sólo relativamente son propagandísticas, ni, por supuesto; encierran lo que sería una absurda ilusión por parte de los actuantes de "convencer" a nadie del "voto por el SÍ") no son en nada diferentes a las concentraciones "pacíficas" y "oncémicas" antes mencionadas (en 2007, en el marco de las elecciones de aún dudoso resultado, ya se le dieron palos, y de madera, a simpatizantes o militantes del PP -véase foto y hemeroteca-). (2)

La creación de un polo activo de "poder en calles" y "eco adecuado" en los medios en oposición al masivo silencio "borreguil" y la inoperancia del Estado, crea una suerte de escenografía similar a la del "doble poder" del que hablaba Lenin en su tiempo. Al menos, como puesta en escena.

¡Ah, y no siquiera me tomo la molestia de hacer referencia a las "aspiraciones de justicia del pueblo", y no lo hago, sencillamente, porque, a pesar de contener "penuria humana" en algún grado (pero también el inevitable "resentimiento" de los débiles y su inevitable pretensión de "redistribucionismo paternalista"... por lo general mentiroso y desconcertante), todas asumen (no pueden dejar de asumir) y se hacen "efectivas" pura y simplemente (complejamente en el fondo) como... batallas interburocráticas orientadas al ahondamiento y aprovechamiento de los desequilibrios para, quien (en nombre de sus vocaciones "salvadoras") tenga los recursos, pueda dar el golpe!

¡Y que no cuenten conmigo para hacerles el juego, que ya he visto demasiado "eterno retorno" como para pillarme los dedos...!


* * *


Notas:

(1) Sólo a título de referencia, cabe mencionar la Historia de dos ciudades debida al "reaccionario" Dickens que no duda en describir del siguiente modo un juicio sumarísimo sujeto a los "intereses cruciales de la revolución" (comillas mías): 
«El populacho más ordinario, cruel y degradado de toda la ciudad, a quien no le faltaba bajeza, bestialidad y maldad, era quien dirigía la escena; hacía ruidosos comentarios, aplaudía, criticaba, se adelantaba a los acontecimientos y precipitaba los resultados sin que nadie lo impidiera.»
En las "plazas públicas" de hoy ("redes sociales") se alzan voces altisonantes de manera sistemática; rugen resentimientos histriónicos (que, a su vez, necesita dar la espalda a la explotación y opresión que gracias a haberse extendido por el resto del mundo los ha hecho vivir en un relativo "paraíso tecnológico" y cuya "evolución" -que originó el fenómeno "emergente"- es uno de los determinantes de la decadencia propia, otra cosa que se prefiere soslayar), y en una gran mayoría de las grandilocuencias puede apreciarse, muchas veces de manera explícita, el deseo de que lo  sucedido entonces se reponga en escena entre nosotros para que se vea cómo...:
«Mientras las sombrías ruedas de los carros continúan girando, parecen arar un profundo surco entre el populacho que está en las calles. Como si fueran tierra, las personas son arrojadas a un lado y a otro, mientras los arados siguen adelante, sin detenerse.»

(2) Enumerando ejemplos: 
(a) juego hipócrita (considerado hoy paradigmático de "la política") de la contemplación benevolente y el dejar hacer "sin dirección" (la "de verdad" ya se pondrá en su momento a cuenta de que será inevitable a raíz de la complejidad de la que "todos" son cómplices;
(b) teoría de los "salvadores" populistas que acabarán proponiendo su gobierno "contra el caos";
(c) creación directa de situaciones de caos que "deben" ser contenidas (como lo de las bombas "anarquistas" en el Bundestag).
(d) etc.

Debo puntualizar, por otra parte, que por este tipo de vías transcurren los "cambios": como derivados de batallas, de la guerra, de la violencia, y nunca de la "persuación". Esto se sabe a pesar de las buenas conciencias desde hace muchísimo tiempo (en nuestra "cultura occidental", desde Tucídides, por ejemplo y más significativamente). Eso, en fin, es lo que hay... aunque tanto unos como otros guarden las apariencias de manera hipócrita y vergonzosa; lo que sucede a raíz de la autoconciencia de la debilidad (hoy adquirida intuitivamente al menos), de la autoconciencia de que se quieren privilegios, una parte del botín, etc., y nada más.


lunes, 17 de diciembre de 2012

De la lucha de clases al galimatías de Dolcino...

Por lo visto la definición de "clase social" debida a Marx ya no sirve más que como referencia hueca (pero tan útil como antes... cuando estaba llena de seudociencia). Ahora los "revolucionarios" (y sus acomodados "representantes profesionales") prefieren dirigirse al Estado "Democrático" del que viven en muchos aspectos (tanto su cuerpo como su "alma") para exigirle... que instituya "impuestos" en nombre de la "redistribución" (ellos dicen... "más justa"..., cosa que los ejemplos históricos desmienten... y la lógica nos dice que no será eso lo que haría ningún "Estado" como el que está en sus mentes). Las "clases", que Marx había creído definir con una lucidez insuperable ("científica") en base a la relación de sus miembros "tipo" con "los medios de producción", "tipo" también (donde lo de "su propiedad" era en realidad una superestructura legal visible que derivaba del "dominio"... de la posesión de las "veinticuatro patas" mencionadas por Goethe a las que Marx llega a referirse aunque... sin consiguir explicar gran cosa más allá de lo que cualquier artículo de fe pretendería) son ahora meras cáscaras vacías que se llenan con los contenidos simples de... Fra Dolcino, un... "hereje", y monje, de los incicios del cristianismo, es decir, del "amaros los unos a los otros"... siempre que seáis pobres. Fra Dolcino (cuyo espíritu asoma la cabeza en El nombre de la rosa de Eco) señalaba al "rico" como enemigo específico de "la pobreza" (material, claro), base sin embargo de la "riqueza espiritual" que llevaba "desinteresadamente" a los pobres a abrazar al cristianismo... Pero, soslayando la referencia, se trata de ironizar un poco acerca de la consigna "salvadora" que agita "la izquierda" occidental (la española... y la catalana... incluidas): ¡el impuesto a... "las grandes fortunas"! Y a mostrar que una buena parte de ellas... no tiene posesión alguna de medios de producción (ni hace trabajar en ellos a "proletario moderno" alguno de los que deberían provenir sus "plusvalías"...). Se trata de los artistas, deportistas, payasos, directores de orquesta, de cine, de circo, escritores de best sellers, y otros que se podrían enumerar con más tiempo (el otro componente de "los ricos"... serían ciertamente los banqueros, los gestores de empresas, etc., y también ciertos políticos, otros profesionales más "dignos" que ellos, etc., no todos "dueños de los medios de producción" en sentido estricto y menos clásico, y también a los productores de espectáculos, etc., pero todo esto merece un estudio más serio y aparte). Estamos ante el caso de Gerard Depardieu... que, en respuesta a tamaño embate "revolucionario"... ha decidido darse de baja de la nacionalidad que lo acunó y en base a la que, entreteniéndola, creció y prosperó. ¡Oh, sí, ha escapado a tiempo del País de las Maravillas y de la Reina Roja que amenazaba con cortarle la cabeza! Eso sí, al otro lado de la frontera, aunque ya no necesita de ningún país. Recordemos de paso que algo así ya había hecho Ingmar Bergman...

También resulta interesante observar que... la Reina Roja... sea Primer Ministro, y que haya similares en todas partes, incluso en España, tal vez en algunos casos con más demagogia vocinglera que con... demagogia práctica. Me refiero a eso de "publicar una lista"...

En fin... tal vez se trate de émulos de actores que sienten el mundo o el país como escenario donde demostrar sus dotes igualmente artísticas y deportivas...

C'est la vie... sin duda alguna.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Coreografías vociferantes sobre tierras deslavadas (casos de "clamor popular")

En 1984, Orwell señala el origen burocrático de la neolengua, asociándolo empero a una cierta voluntad racional que la burocracia encargaría a una intelectualidad "comprometida" con el "régimen" y que a su vez asume la misión con fervor militante (el personaje que la representa es Syme; quien, por fin, será "vaporizado", como vislumbra Winston, en aras de una contradicción intrínseca que Orwell nos deja ver sutilmente: la que, en el marco de un sistema de poder burocratizado, empuja a la reducción sistematica de los que piensan "demasiado" incluso cuando lo hacen por razones profundamente patrióticas y de lealtad hacia el Partido, reducción a mínimos en favor de la repetición de lo vigente, de lo que dicta la táctica en nombre del poder por el poder).

Así, llevando a mínimos la existencia residual de intelectuales al servicio de la burocracia, lo que ésta ha conseguido es armarse de sus propios "técnicos en pensamiento elemental", en otra palabras, de profesionales de la retórica vacía, de la publicidad y el marketing, de lo que en las agencias se denomina "creativos". El intelectual propiamente dicho es cada vez más innecesario para que la sociedad siga marchando por donde lo está haciendo. Y allí donde perviva o se recree será rápidamente marginado y combatido, como sucede hoy, por ejemplo, en el terreno literario, a instancias de una creciente "petición" y con ello de consolidación de la más conveniente y "pura" función evasiva que se le adjudica al libro, de "puro entretenimiento", de ausencia en fin de los contenidos que dan y han dado sentido precisamente a la literatura. Por otra parte, la neolengua y la retórica vacua y cada vez más grandilocuente y vocinglera, necesita cada vez menos de más escuela que la de la calle, desde donde se propaga y contagia a todo el mundo sin necesidad de mayores esfuerzos ni costes adicionales (que se hacen igualmente pero por motivo de la propia burocratización en sí), en buena medida por un proceso imitativo multiplicador que se realimenta. La neolengua, a fin de cuentas como cualquier otro lenguaje, incluso como cualquier otro compuesto cultural humano, no nace de "planes" racionales de ningún tipo sino de la propia marcha de las cosas. Y como tal se impone, se está incluso naciendo y creciendo constantemente en él.

Hoy en día se puede ver en mil sitios al mismo tiempo la manera en que se alzan "incontinencias grandilocuentes". Las vemos alzar la voz en las calles y en los slogans redactados en pancartas tanto como las vemos en los discursos que se emiten en todo tipo de ámbitos institucionales y sin duda, por excelencia, en los anuncios publicitarios comerciales (y políticos en tanto no median productos de consumo sino "otras cosas", distintas pero parecidas o equivalentes) y en la prensa que cada vez toma formatos más reducidos, llegando a la transmisión mediante ráfagas de 140 caracteres o palabras... que gracias a su incontenible y superacelerada multiplicación así como a su imprecisión congénita no requieren destrucciones/sustituciones del estilo de las que realizan los empleados del Ministerio de la Verdad orwelliano (expertos en la pura técnica del lenguaje, a partir de la que, de todos modos, tienden a ir más allá, como le pasa a Winston al hacerse con un cuadernillo) y basta que se entierren por sí mismas las unas a las otras (cosa que sucede también en otros medios, como el radiofónico o el televisivo). Cabe aquí señalar para completar el cuadro sin por ello pretender ser exhaustivo, que todo el proceso va acompañado o entrelazado con la divulgación sin parangón de los "digestos científicos", "filosóficos", "médicos", etc., en una sociedad cuyos miembros todos actúan como si supieran de todo, al menos de todo lo que hace falta saber por encima de lo puramente tecnológico y práctico, lo propio digamos de "la fontanería" y la mecánica, de los ajustadores especializados a los que se llama para las emergencias en el momento extremo de las averías.

Esas "incontinencias grandilocuntes" son indudablemente vox populis; lo que significa que ya componen de manera inseparable unas maneras de ser y de pensar generalizadas. Todo discurre por fin como en un espectáculo enorme, ilimitado, que ocupa el mundo entero (avalando así entre otros, calificativos como el que Debord le diera a "la sociedad"). Ese escenario-mundo, es por demás cada vez más esperpéntico y melodramático en la misma proporción en que se vive como expresión de lo real, que en el fondo acaba siendo, en todo caso a instancias de un sistemático reemplazo y corrupción, de una auténtica e imparable metamorfosis.

Un índice del mencionado divorcio entre realidad y representación (más allá de todo límite preexistente, o sea, a gran escala), divorcio que no se toma para nada en cuenta o cada vez más como de algo "natural" y "necesario", es el hecho de que los exabruptos tengan una duración cada vez más limitada y que sean acompañados cada vez más por "salvedades" y "aclaraciones" que conjuntamente con ellos ofrecen un alcance nunca antes logrado para el desconcierto y el engaño. Los slogans que formalizan esos "discursos" parecen por fin, de esa menera o por esa añadidura, meras entradas de solistas en el fondo del coro de la ópera al puro servicio formal de una música efectista que no se sabe muy bien a qué realmente apunta. Esas "salvedades" e "interpretaciones tranquilizantes" suelen ser sostenidas y adicionadas por quienes se incorporan a la escena en calidad de abogados defensores y médicos especializados en cuidados paliativos, pero incluso son aportados por los propios ejecutantes principales, es decir, los que marchan a la cabeza de las manifestaciones o pregonan de viva voz los discursos; y así aparecen reduciendo en apariencia el fervor guerrero que manifiestan en las formas a una búsqueda de la sumisión del contrario a través de la aceptación por este de sus criterios de paz y de concordia, de un forzado entendimiento entre las partes que se alcanzaría sin mediación de diálogo real aunque sí, en todo caso, simulado; como si se pretendiera un triunfo basado en la superioridad moral y la vergüenza y culpabilidad ajenas y por ellos provocadas.

Ello parece necesario en la medida en que se da por descontado que con esas incontinencias verbales convertidas en slogans lo que se "pretendería" sería decir en el fondo "cosas diferentes". La maraña que el fenómeno presenta a simple vista hace trastabillar los análisis inmediatos... aunque, sin embargo, una vez aclaradas las cosas, es decir, entendido lo que se desenvuelve como parte de una puesta en escena, y situados los actores y discursos en sus justos términos, podemos comprender incluso que esos tropiezos se inscriben igualmente en el mismo escenario y obedecen al peso de las mismas condiciones que empujan a la conservación y reproducción multiplicadora del fenómeno. Sin duda, aquí se presta decir con Castoriadis: "El cisne puede a veces ser confundido con un pato, pero son evidentemente huevos de cisne los que empolla" (la cita figura en "Epilegómenos a una teoría...", incluido en El psicoanálisis, proyecto y elucidación, Ediciones Nueva Visión, Bs. As., 1998,  pág.105; que reproduzco dejando conscientemente fuera de discusión qué es lo que me permite a mí, o más bien qué me lleva a, afirmar que lo que no es un pato sea un cisne; algo sin duda, quiero señalar, no es lo mismo que el derecho a hacerlo se adjudicaba Castoriadis... que sin duda enmascara).

Un ejemplo de lo dicho, a la mano por estar hoy mismo en la calle y en las páginas de la prensa (mundial), lo representa la serie de manifestaciones que se están produciendo (desde el 25-S, como ya se lo ha conveniente y modalmente etiquetado) que tienen lugar ni más ni menos que bajo la grandilocuente consigna de "Tomar el congreso", una frase que literalmente sería lo que hasta hace no mucho se habría denominado "revolucionaria". Pero, ¿es acaso eso, eso que nos dice la historia y el diccionario, lo que, no digamos "de verdad" por muchas razones y convicciones sino... honestamente pretenden expresar... los que lo hayan escogido y convertido en lema, y, sobre todo, lo que asumen los manifestantes con más o menos lucidez al respecto, es decir, pensándolo con más o menos seriedad, pensándolo en algún mínimo sentido (a lo que habría necesariamente que añadir: con qué, con la historia incorporada del lenguaje histórico y el diccionario...?

Sin duda el asunto presenta un sin fin de aristas de no sencillo asidero.

Los abogados y especialistas en paliar los daños que pudiera provocar el lema en los oídos de sus cofrades dicen que no tiene sentido tomarlo al pie de la letra. Y sin embargo, el intento de asalto incluye sin alternativa la posibilidad de que se realice en toda su expresión, sea o no algo que estuviese realmente contemplado por los productores del lema, sea o no la verdadera intención... ¿Qué hace que se trate de un lema no "realista", que sea como dicen esos abogados "simbólico" (¡y que se acabe ciertamente viviendo de ese modo!)? ¿La policía tal vez, la garantía que la propia represión da a los incontinentes para serlo del mismo modo que el "macho" hace el paripé de abalanzarse sobre otro mientras grita a sus "amigos": "¡Contenedme, contenedme que lo mato!"?

En este caso, ¿por qué no buscar un lema que diga lo que realmente se persigue, un lema digamos "claro" y sustancial, un lema que todos puedan entender sin confundirse? Por ejemplo, dándole el significado que los mismos abogados han atribuido al lema mencionado: "¡Volvamos a la anterior situación de "bienestar"!",una síntesis en toda regla (por poco sonora que parezca) de las cosas que unen realmente a la mayoría de los manifestantes: (a) que se acaben y retrotraigan los recortes, (b) que la política vuelva a ser de reparto relativo y no de restricción masiva, (c) que vuelva la izquierda a gobernar... (lo único realmente posible en el marco del presente...y que hace inocuo y por ello utilizable en tanto que "una crítica" para la "autocrítica" que se los involucre dentro de los políticos que "no nos representan"... ¡qué más da mientras la realidad siga yendo por donde va ahora! -y eso es básico del tacticismo y lo que lo hace eficaz... generalmente; volveré sobre ello-), (d) etcétera...

¿O no se trata de eso, de que se restaure una política promisoria de redistribución a base de un endeudamiento sin límites (¿de qué otro modo si no?) que permita que haya un buen nivel de consumo, una aceptable comodidad al alcance de las masas, un esfuerzo mínimo para la consecución de los honores y privilegios, un remanente suficiente para el robo, la corrupción, las prebendas, el clientelismo, etc.?

Es evidente que los abogados traductores no lo dicen así sino que apelan a la "indignación justificada" del pueblo que sufre los recortes, al empobrecimiento injusto al que se ven empujados, etc., ocultando otras muchas cosas que configuran esa indignación popular. En esto coinciden y hacen peña con sus oponentes del gobierno, que tampoco pueden sacar todos los trapos sucios al sol puesto que deberían hacerse el araquiri. La traducción sesgada tiene claramente el objetivo de tranquilizar a los que, basándose en la literalidad del lema, bregan por "combatirlo" mediante una justificada represión, eventualmente inteligente o simplemente brutal) y de ese modo... hacer que se avergüencen de todo (de "no escuchar a la calle", de "reprimir el derecho de expresión", etc.) y por ese medio paralizarlos, amordazarlos, secuestrarlos, y conservar así el instrumento bajo su aparente control como arma de su lucha intestina.

Ahora bien, es obvio que no existe la intención de realizar un asalto hasta las últimas consecuencias. No sólo es imposible sino que sería inconsecuente y los creadores del lema lo saben (o, lo que es lo mismo, les da igual, es decir, no está de uno u otro modo en sus "planes"). Cabría decir incluso que la consigna tiene algo de aquel valor reivindicado por el Mayo del 68 que proponía darle todo el poder a la imaginación (de la que los dirigentes inventores serían la expresión por excelencia... y tal vez entonces y en París quienes la podrían convertir en realidad, cosa que aquí y ahora en el fondo ni siquiera se pretende), y que precisamente se alza en tanto es precisamente un imposible, es decir, en tanto "se evite" come il faut:  por vía represiva (algo que por cierto, es un incentivo inmejorable para ciertos grupos que viven para la violencia últimamente, sea por razones políticas como deportivas o musicales..., es decir, rituales). La pretensión sería pues meramente histriónica y se elige "en lugar de" lo que en realidad pretenderían "querer decir" y "conseguir".

Cabría pensar también que "lo que se quiere decir" el lema sería, in extremis, "Abajo el sistema político representativo actual", lo que no tiene por qué ser muy "revolucionario" (se habla de "bajarles el sueldo", "quitarles prorrogativas", "modificar el mecanismo electoral" en diversos aspectos...) sólo que mediante... un modo "publicitario", "artístico", a la vez que sin caer en las viejas y perimidas ("mal vistas") opciones "utopistas" o "revolucionarias" que pregonaban una absoluto "Abajo el sistema" (precisamente, lo que quieren interpretar los que saben que es un peligro para ellos por otros motivos, mucho más reales y cercanos, y "acusan" con igual grandilocuencia, justificando a la vez la represión, esto es, la necesidad de eliminar un arma en manos de su auténtico enemigo "intestino").

Por otro lado hay contradicciones lógicas en el slogan enarbolado que saltan a la vista y a nadie parecen importar (la parodia es compartida indudablemente por todos los actores y nadie se sale del guión… o es devuelto rápidamente al rol adecuado):

a) Al llamamiento al "asalto" acude una minoría ridícula y heterogénea que pone los verdaderos objetivos en cuestión y los literarios en contradicción extrema a la vez que en el umbral mismo del caos interno. Se trata de una confluencia que debe ser explicada a partir de sus constituyentes. Donde una parte no sabe ni le interesa saber a dónde va o dónde ir en términos positivos, que se niega a tener planes (ya en nombre de la antiutopía, ya en nombre de un cosmopolitismo contestatario que no debe ser fracturado con profundizaciones...), que parece buscar meramente el caos en sí, al menos el puro enfrentamiento, la conquista de honores en la batalla incluso hasta el límite de la muerte o en todo caso la prisión, una nueva dosis de adrenalina en todo caso, sin que les importe la situación que se pueda derivar, incluyendo el diluirse en la nada "hasta la próxima". Se trataría pues de una minoría sin conciencia, emocional si se prefiere, que sin embargo actuaría disfrazada de "vanguardia emancipadora". A esa minoría se han sumado sin duda, en un porcentaje de al menos la mitad, muchos de los que pensaron a tono con sus penalidades y resentimientos que la algarada sería bastante más que eso, es decir, que vieron en la movilización una vía abierta a la obtención de resultados (la decepción de verse en extrema minoría explica su ausencia al día siguiente, donde los presentes en la consecución del acto se reducen en más de la mitad, confirmando mi cálculo del día previo). Por fin, están los militantes de base que responden a consignas y que en algunos casos pueden ser simultáneamente ávidos de adrenalina... incluso convertidos en militantes por ello).

b) Suponiendo que pretenda expulsar o derrocar a una minoría encaramada al poder y usurpadora de la representatividad popular, o al menos de los que no toman el cargo en calidad de servidores del pueblo sino de sus tiranos (es decir, de "los amorales"), una "anomalía" tal y como no les queda sino considerar a quienes defienden el sistema parlamentario actual y le adjudican un carácter "escencialmente"  representativo (a pesar de ser igualmente histriónico) en base a que han ejercido el derecho al voto cuatrienal o periódico, para quienes reciben y aceptan lo que les ofrecen unas organizaciones cada vez más separadas de las masas -de las que extraen no sólo a soldados y policías sino también a militantes y asalariados-servidores diversos-, compuestos a su vez por profesionales expertos en la mentira que, además, los defraudan de inmediato sobre la base de que no les queda otra alternativa... según al menos su propia certeza, y la base de que no querrán el caos...).

c) Pero, "curiosamente", su voluntad y su certeza son en todo caso las de "otra" minoría (una secta incluso) que no sólo no puede demostrar que representa al pueblo en su conjunto ni a las masas en las que se supone que nada (y que sin embargo no consiguen arrastrar) sino que se proponen algo que no permitiría nunca salir de dudas... y que en todo caso sólo puede asimilarse a otros sucesos históricos que en nada fueron representativos y que ciertamente fueron dictatoriales aunque ni del proletariado ni del pueblo sino en su contra y de la manera más abyecta y hasta genocida. La idea inmediata de un "asalto al congreso", sede sin duda del poder burocrático-político aunque no en exclusiva, o sea, sede simbólica de ese poder, supone el asalto de una minoría con el fin de expulsar a la previa... Algo que además no pasaría de ser un mero y simple recambio de personas... para no poder hacer nada que ya no hicieran los otros, es decir, engañar a las masas para conservar el poder (y apelar en última instancia a la represión contra los "díscolos" y los "alienados" que se dejan llevar por los que se convertirían en "contrarevolucionarios": un acto que dudo revista la más mínima novedad).

d) Ahora bien, supongo que habrá entre los dirigentes "independientes" de la algarada ("independientes" en el sentido de ser "líderes potenciales", sea a través de una carrera en uno de los partidos o sectas en los que seguramente militan, sea con pretensiones de partido propio en uno u otro momento de la evolución de su omnipotencia narcisista) quienes se crean capaces o en vías de "dirigir" el país (lo que siempre se puede hacer contratando "buenos asesores afines"), pero por lo general, y dejando de lado a los que acuden en busca de adrenalina, no buscan el poder para sí mismos, como también nos dicen sus abogados. Se trataría sólo de realizar una presión que consiga modificar el rumbo de los mismos políticos, del propio

e) Lo que en realidad se pretendería a fin de cuentas es imponer una moral al sistema. Pero, ¿de dónde o con qué se construye, a qué herencia tributa, qué tiene de novedosa y de liberadora, cómo evitaría ser tan sólo desconcertante y mentirosa como la moral comunista y otras ya conocidas que exigen una conducta tiránica... contra la maldad intrínseca y centrípeta del hombre, contra sus defectos de fábrica, contra sus maldades y debilidades egoístas, antisolidarias, excéntricas, que vuelven a justificar al Leviatán...? ¿Puede negarse que en esto también se esté imitando y por tanto actuando igual que aquellos a los que se dice combatir o querer educar o secuestrar...?

f) Pero, volviendo al medio, a la grandilocuencia ilógica del lema y el inevitablemente utópico contenido aún bajo una supuesta antiutopía disfrazada, lo que los emparenta con aquellos a los que alegóricamente combate así como con los que eventualmente coinciden para ayudarlos de hecho a recuperar los mandos del poder, es la propia conformación del lema, su construcción neolinguística, la que sin duda es imitativa de la de aquellos, poniendo en evidencia la persistencia del paradigma histórico y su trampa: se piensa y se actúa como la propia burocracia.

g) ¿O es casual que se parezca tanto este resultado de aplicar el criterio grandilocuente sin contenido ni preocupación alguna por lo que ello pueda implicar al ese otro resultado igualmente agigantado e igualmente suavizado por los abogados que entran en juego que es la "amenaza secesionista" de Mas, recientemente elevada al rango de lo perentorio y programático por el partido catalanista CIU, en principio, sólo para conseguir "un pacto"? Lo significativo es que exactamente lo mismo que hemos estudiado hace un momento, esta vez en su verdadero espacio de sentido, es decir, donde tiene si cabe más "razón de ser" en tanto que promete una utilidad y responde a una necesidad consustanciales con la figura del político profesional y de sus metas. Aquí encontramos exactamente la misma grandilocuencia, la misma suposición por los abogados de que sólo se trataría de un simbolismo, la misma perspectiva de que ello desemboque en un desbordamiento incontrolado (pero útil a la lucha por el incremento de poder entre facciones burocráticas) de un estilo que nada debería hacerle creer a nadie que no pueda alcanzar el simbolismo de los llamamientos al exterminio de los hutus por los tutsis... que evidentemente no llegó a la total aniquilación... (y este sólo es un ejemplo de la grandilocuencia simbólico y del alud o desbordamiento que es capaz de aperturar).

h) He dejado para la extrapolación el hecho de que el acto es usado por los verdaderos actores  de la guerra abierta en la cúspide, esto es, en el seno de la burocracia que rige en realidad la sociedad desde uno u otro puesto en una u otra de las pirámides entrecruzadas y con todo hermanadas. Pero este no era el tema central de este análisis, y es un tema que he tratado muchas veces en este blog, incluso en relación al primer hecho de esta temporada de igual naturaleza y por ello similarmente denominado, el que pretende ser fundacional bajo la nomenclatura de 15-M y cuyas "luces" titilan en las frases simples y engañosas de, por ejemplo, un Sampedro. Lo que interesa subrayar aquí es que se trata de padres y de hijos de las mismas criaturas y que por eso el que sirvan a unos u otros es mera consecuencia de algo más sustancial. Debo de todos modos señalar que esto incluye elementos que ayudan a la confusión, por lo que deben ser entendidos y sólo pueden serlo de una manera: observando la idiosincrasia de los actores más activos, tanto los jóvenes nacidos en estos años de "bienestar" como los "asalariados" que se han quedado en mayor o menor medida sin capacidad de consumir y de vivir como antes (incluso de no vivir en absoluto). La masa está atrapada y entrampada en su debilidad bajo el peso de la complejidad que caracteriza el mundo, a la que lo ha llevado inevitablemente su marcha ciega y lo seguirá llevando "hasta el límite del caos" (como dice la Teoría de la Complejidad). El maridaje entre esa debilidad adocenada y los inescrupulosos que alzan o acabarán alzando las banderas terribles de la más férrea moralidad se hace paulatinamente inevitable, la confluencia es absoluta. Y no es una cuestión de siglas escritas en las camisetas, como algún día, "sorprendentemente" para muchos, y en alguna medida, se verá.


Concluyendo:

Como he dicho, estamos ante una simbiosis natural que se reproduce a partir del mismo caldo de cultivo social en el que ha sido inicialmente cultivada; donde la verborrea es la idónea para constituir la idiosincrasia que nació, vive y sólo en ese charco puede conservarse, que incluso a aprendido a producir en él lo que necesita para mantenerse del mismo modo que cualquier otra criatura que acaba adaptando el medio mientras a su vez se adapta a él en un único proceso.

La burocracia es sin duda la madre de la neolengua... que no necesita imponer (aunque, exagerando, redunda haciéndolo) sino que la contagia y la propaga. Y que por fin pretende aprovechar, a veces consiguiéndolo, a veces con resultados imprevisibles y daños colaterales en los que ni siquiera piensa, porque ni siquiera le preocupan salvo en el grado en que no sea capaz de evitar que los aproveche otro en su contra (en lo que a veces piensa tardíamente y otras sale con suerte y mejores dotes de astucia), a veces replegándose en espera de nuevas condiciones favorables (las que pongan al adversario de su propia estirpe en situación inestable).

Que esto traiga dolor y sangre... incluso algunos muertos...parece más que probable: las cosas agitadas tienden a desbordar siempre (lo hace todo, empezando por la vida, la facultad de pensar, la conciencia...). En cualquier caso, el tiempo hará de tales sucesos terribles un recuerdo borroso para la Historia tanto como otros viejos y olvidados casos que no pudieron igualmente frenarse sin que nadie en realidad lo frene sino las propias circunstancias enrevesadas.