lunes, 8 de febrero de 2016

Dulces milicias del horror



¿Sorprende? ¿A quiénes? ¿No será a los idílicos que todavía creen que se podrá contener la deriva que reduce a la nada su idílica pertenencia al pasado racionalista y humanista "auténtico", a los que todavía creen que no serán traicionados? ¿A los que persisten en mantenerse niños... o prefieren "jugar" a serlo (en el sentido de "representar", de "falsear") con embozada y taimada avidez? 

Por mi parte, sostengo que es perfectamente comprensible la fascinación que re-une a los potenciales y esperanzados okupantes de dachas (ocupantes muchos de apartamentos más que privilegiados) y los ávidos de una política de redistribución basada en el lema "a cada amigo según su capacidad de lamer", es decir, de subvenciones que recompensen la simpleza y el arte "de consignas" (digamos: "a lo Gorki"), a quienes ni por asomo se preocupan por lo que pueda suceder "realmente" y que "el espanto se convierta en la orden del día" (Saint Just) con tal de que ellos puedan vivir sus festecitas de "la alegría", su idílica felicidad de carnaval, compartir el optimismo con los que tengan que guardar silencio so pena de ser recluidos, que viven en la banalidad y harán oídos sordos a los que se quejarán y serán ciegos a los perseguidos y muertos "contrarevolucionarios", y justificarán los pogromos en nombre de la Patria, re-descubriendo las frases de los sanscoulots o de los kampucheano-democráticos, qué más da, etc., etc., etc. (¡esos etcéteras sugerentes a la manera de los de La Boètie!).

Basta estudiar sus perfiles para comprender qué han votado y qué vitorean cada dos por tres... No se trata de algo nuevo sino de otra repetición, tal vez más mediocre y teatrera que la previa. Como dijera Quignard (¡ah, qué gozada leerlo!): lo cíclico lo signa todo; no habrá "superhombre" que tuerza o "rectifique" el "eterno retorno"... Porque, recordando a Freud, los hombres no querrán nunca dejar de ser "una banda de asesinos que mienten". ¡Es la precondición del poder que se desea!


martes, 13 de enero de 2015

Ni ofensiva ni humorística, simplemente... mentirosa.

Si la última portada de Charlie Hebdo (la inmediatamente posterior al atentado en el que dos yihadistas asesinaron a diez de sus trabajadores gráficos y tres policías, uno musulmán, y otros dos asesinaban a cuatro personas de religión judía) pretendía representar y reafirmar la conciencia de Occidente, Europea y francesa "de todos los tiempos"... tengo que decir que desde mi punto de vista lo ha conseguido más allá de lo que se puede ver, e incluso como el propio grupo productor pretende, superficial y simplemente... salvo, hay que precisar, en cuanto a esa pretensión de expresar ese absoluto atemporal, al menos en cierta medida, ya que, si representa a Occidente, a Europa y a Francia es en realidad a esos entes instituidos tal y como hoy, y no siempre; hoy y cada vez más, se están manifiestando.

Lo que se vislumbra (o al menos yo vislumbro) es la característica decisiva del  Occidente actual que se ha convertido en prototípica a gran escala, que va tomando forma con la descolonización del mundo (¡y su reflujo contaminante!), con la cual la inmensa mayoría del mundo (contaminación mencionada mediante) actual se identifica, comparte y se impregna cada vez que puede de ella como si de una moda que haya que exhibir, es decir, salir a escena cada día, se tratara; ya sea para sostener alguna idea o consigna como para sostener una contraria. Y en uno u otro caso, como doble apropiación identitaria (*).

Algo que se prefiere practicar... sin ver y sin pensar. A golpe de consigna.

Esa característica expresa la convicción o la asunción de que todo es espectáculo, todo es táctico, todo es mentira (esto dicho por abreviar: ocultamiento de las evidencias en nombre de unos "principios" o "conveniencias" pragmáticas). Conforma, en fin, la manera de vivir que se ha instituido de arriba a abajo, nunca mejor dicho; lo que Mary Douglas ha denominado "estilo de pensar" imperante. Podríamos decir: "el actual paradigma de estos tiempos". Lo que inviste de esa  identidad a la que se le aplica el nombre de "occidental" ahora "libre de materia grasa, de gluten, de azúcares", de todo lo perturbador y patológico que llevamos dentro.

Lo que yo al menos vislumbro en el trasfondo, en el "a través" de los velos, es la función relativamente deliberada y relativamente ciega (acorde con los tiempos, para abreviar de manera un tanto imprecisa pero muy alegórica) que se asigna a todas las actuales manifestaciones que se emiten desde o a través de las estructuras establecidas (Estado –con sus tres poderes o en realidad uno o dos menos en algunos territorios demarcados del mundo–, Prensa, Universidades, Organizaciones Profesionales –otras–, Culturales, etc.); la función de ocultar los hechos aún si son flagrantes con el fin de reescribir la Historia (a la manera en que lo hacía el Ministerio de La Verdad del 1984 orwelliano), todo ello realizado con..., diría yo para resumir, una particular intencionalidad ejemplarizante, educativa, inculcadora, y así paralizante, que perseguiría hacerse con una dignidad (occidental)... nuevamente superior. Una dignidad que reemplazaría la denostada y, como vulgarmente se dice, "políticamente incorrecta", mentalidad dominadora anterior, la que llevó a Europa a la conquista del resto del mundo, considerado por ella salvaje o bárbaro en la tradición que compartieron griegos y romanos y sin duda judíos y musulmanes, babilonios, asirios, sumerios y egipcios...: la tradición humana que considera humanos a nosotros y no a los otros. La que, por dar sólo un par de ejemplos venidos a cuento, llevó a los franceses a incluir en su himno nacional: "Qu'un sang impur abreuve nos sillons/ (...)/ Amour sacré de la Patrie/ Conduis, soutiens nos bras vengeurs!", etc., o en la canción del partisano (Le Chant des partisans) creada, cantada y radiodifundida por doquier para animar de la resistencia contra el nazismo: "Sortez de la paille les fusils, la mitraille, les grenades./ Ohé, les tueurs à la balle et au couteau, tuez vite!/ Ohé, saboteur, attention à ton fardeau : dynamite..".

Superioridad de reemplazo ya no tanto en tecnología (que también... sobre todo de la buena: curativa, reconfortante o... "disuasiva"...) sino en inteligencia, en sutileza, en astucia, en tolerancia, en democratismo, en laicismo, etc. Superioridad... pero con "mala conciencia".

En última instancia, no es esto muy diferente de lo que Occidente manifestara antes con la cruz, la espada y la pluma con la intención de escamotear el horror y la crueldad inseparables de la conquista, la colonización y la explotación sin escrúpulos que necesitaba para expandir su civilización. Pero... como ahora se representa a los arrepentidos..., e incluso... a los que perdonan...

¡Superioridad del y de los justificadores!

¿Y quién y quiénes justifican?

¿Y qué es justificar?

Es evidente que del otro lado, se opera más o menos lo mismo (y en el fondo, a mi modo de ver: lo mismo), sólo que el velo encubridor escogido es la santidad, la vieja (en apariencia) santidad, aunque, en realidad, detrás ya no haya un pueblo armado de dios (esta vez "de Alá") sino una camarilla de magnates mafiosos del petróleo y unos estados teo-burocráticos que no pueden funcionar en el mundo de hoy como si nada hubiera cambiado (ni tecnológica ni institucionalmente) y que deben seguir las pautas propias de una burocracia totalitaria, es decir, sin contrapoderes en todo lo posible, que es hacia donde van tanto los de un lado (Occidente) como los de los demás (Rusia, China, sociedades de África y de Medio Oriente, en fin... todo el mundo).

Charlie miente pues en todo. Menos, en todo caso, en su deseo de conservar su mundo y continuar en él. Algo que compartimos todos cada uno a su modo y que en el límite defenderemos como tantas veces... con lápices pero también, "Ohé!", con "dynamite!"...

Al presentar a Mahoma reescrito (por redibujado) como un occidental que llora junto a las víctimas, ¡que se identifica con ellas y con la revista por la que perdieron la vida!,  y así condenaría (indirectamente..., claro..., es erróneo exagerar cuando se pretende ser convincente) a los terroristas...

¡Miente, miente y miente... porque Mahoma, en el cielo (o en el infierno según quién lo sitúe) sólo puede... condecorar con la media luna al mérito a sus valientes combatientes!

¿Es que Charlie necesitaba esa cobertura para crear (más allá de cualquier otra división de otro tipo que sin duda existe en el campo musulmán –volveré sobre ello–) la ilusión de que del otro lado son unos pocos y una mayoría de musulmanes integra ya occidente por el sólo hecho de que no se alza en armas contra la Republique?, ¿porque vota socialiste o lo que sea..., mientras sigue sin renunciar, ¡sin repudiar!, ¡sin siquiera ignorar!, las numerosísimas invitaciones a alzarse "contra el infiel" y a aplicarle las leyes tal y como se detallan en las sharías, etc., es decir: el degüello o el tributo; mientras ¡también miente! (esa mayoría) cuando  se manifiesta diciendo "Je suis Ahmed" –el policía musulmán asesinado... por servir al infiel, por traidor, qué si no, por sobre todas las cosas–; y ¡también miente! (esa mayoría) al decir que "el Islam pregona la paz" respondiendo a unos religiosos (imanes) que están doblemente instalados en Occidente, en Francia, o donde sea, como religiosos privilegiados que viven bien gracias a ello a la vez que sin dejar de llamar a los demás infieles: porque una y otra cosa redunda en beneficio propio..., guiados por ese otro objetivo, de otro tipo, como dije antes, que de santo no tiene indudablemente nada, que sirve a los intereses socio-profesionales de esos religiosos que llevan la batuta mientras son condenados por vacilantes o hasta por traidores a la causa por los más "radicales", y que juegan de ese modo entre dos fuegos, entre dos aguas, que como tantos de este mundo "flotan y no se hunden" en palabras de Jacques Prévert...?

Necesidad o "estilo de pensar" asumido es para el caso lo mismo. Con esa conducta, con esas acciones se miente y se desconcierta tanto como en 1984, la Unión Soviética, la Alemania de Hitler y la Italia de Musolini, la China de Mao, la Campoya de los jemeres rojos o la Ruanda de los hutus, por nombrar algunos de los casos más sonados, repugnantes para nsotros, ¡cómo no!, despiadados o crueles o... Pero la lista es interminable y cubre también donde imperan las farsas democráticas más evidentes, como en Venezuela y casi todos los países latinoamericanos, Rusia, China, e incluso allí donde se guarden las formas, como en Europa o Norteamérica, con todos los intermedios que cualquiera debería poder imaginar; todo tan sólo por una cuestión de equilibrios o desequilibrios y no por la adscripción o el abandono de una supuesta "moral". Lo que no significa que no se prefiera la farsa equilibrada (bajo la cual es el equilibrio de fuerzas el que da la paz..., la quietud como diría Tucídides) en lugar de la farsa nacida de algún desequilibrio... (por preferir las primeras..., hasta lo hacen muchos musulmanes y muchos comunistas..., empezando por los embajadores y sus cortes burocráticas que bien las aprovechan).

La "verdad" (volviendo al tema particular que nos ocupa) es otra: el Islam que se respete a sí mismo, el Islam consecuente, es sin duda el que sigue los preceptos de Mahoma y está decidido a degollar o a exigir tributo, a recuperar las tierras que "le pertenecieron", un poco violentamente y liquidando a los traidores que obstaculizan la marcha de la reconquista y otro haciéndolo a la  manera sigilosa en la que cada vez más camarillas pretenden hacerse con el poder burocrático: a través de los vericuetos democráticos vigentes, de las grietas que deja en pie "la mala conciencia" poscolonial, a través de alianzas tácticas que en cuanto se pueda serán traicionadas... Todos los grupos que aspiran a tener poder en uno u otro ámbito: la empresa, el edificio, el barrio, la región, el país, el mundo, han aprendido de la táctica de caza de las leonas, que sigilosamente se acercan a la presa hasta que sea demasiado tarde.

La "verdad", en todo caso, consistiría en exigirles a los musulmanes que renuncien a la mitad del Corán y lo reescriban, por ejemplo, mediante un Gran Concilio a la manera cristiana. Es decir, invitándolos a repudiar la otra mitad desde la óptica de un ingenuo humanismo ya perimido y hoy puramente teatral (como el de Charlie Hebdo o el de los gobiernos del mundo, insisto de paso). O, consistiría, si acaso, en reconocer que el combate sólo podrá ser sangriento... aunque, quizás,  ¿por qué no?, hasta que se establezcan unas alianzas diferentes con un nuevo reparto redistribuidor... La "verdad" está precisamente ahí, en la imparable capacidad imaginativa del hombre para conseguir la comodidad deseada, se simbolice esta mediante un harem de vírgenes o mediante el establecimiento de una colonia en la Luna y otra en Marte. En otras palabras: ¡en la posibilidad!

No sé si queda todo zanjado... De hecho queda claro a qué me refería con esa mención a esos "objetivos y divisiones, de otro tipo" que aparecen teñidos con colores diversos, ya de democracia o comunismo, ya de santidad o de moral, ya de libertad, de seguridad o de cultura, ya de sionismo o antisemitismo, islamofobia o racismo en general, etc., etc. ¡Da igual, no se confunda nadie, no sea nadie (¡menuda ilusión melancólica de mi parte, claro!) presa del desconcierto de unos y de otros, de todos los actores y de todas sus máscaras...! Las camarillas, en el marco de unas u otras alianzas tácticas y variables (¿Irán aliado de USA...; por qué no cualquier día de estos? ¿España tragándose o atragantándose con unos u otros atentados, proclamas formativas y acciones clandestinas de reclutamiento, aliada de Arabia Saudí... ¡y hasta de Hamas!..., por qué no...?

Se trata de las camarillas que pueden permitírselo todo porque han conquistado el poder de una u otra forma y ocupan los sillones; porque... representan a "sus pueblos" por haberlos bien interpretado, por ser su conciencia o por sostener sus tradiciones y costumbres ancestarles o conquistadas...; ¡da lo mismo!

Sí, lamentablemente (dice mi melancolía que tanto cuesta abandonar), ¡da lo mismo!

Entretanto, el mensaje es claro: sigamos básicamente como hasta ahora, tolerando e integrando. Sigamos básicamente como hasta ahora: confiando en nuestros representantes. Sigamos básicamente como hasta ahora: dejemos en sus manos la seguridad de todos... Ya no hay dios que provea, pero sí la autoridad. Sigamos básicamente como hasta ahora: dejando que diriman sus asuntos como bien puedan mientras nos usan, unos u otros, como carne de cañón... y nos den ciertas migajas de la tarta empezando por los más amigos y/o más fieles. ¡Sigamos básicamente como hasta ahora... porque sólo así será posible seguir... tal vez hasta el borde del abismo!

En cualquier caso, o nos sumamos a la marcha de unos o de otros, o estaremos condenados... por todos. En un mundo en donde cada vez más, a cuento de unos vasos comunicantes cada vez más desbordados, ya no sólo estaremos "todos en libertad condicional", como denunciaba en su día una película italiana muy aguda, sino... en el mismísimo corredor de la muerte que, como un ilimitado laberinto borgiano, se copia sobre el mapa de las calles y carreteras de la Tierra.



(*) Claro que hay "identidades" e "identidades", y medios para asumirlas ante el propio grupo y ante los que se intenta arrastrar. Está en un extremo el nazismo con la erección de su industria furibunda de muerte y está el judaísmo, que impone una Ley rígida a su propio pueblo de diferenciación con respecto a y de negación de los pueblos idólatras que los rodeaban y sacrificaban niños a Baal. Están con los primeros todos los que antes o después proponen un exterminio del "bárbaro" y los que se contentan con esclavizarlos. Están los que necesitan beber sangre y los que dejan a los demás que sufran sed en el desierto, los que se salen al campo a combatir y arrasar y los que se rodean de murallas... ¡Ya me conformaría yo conque esto último hicieran los creyentes islámicos!


martes, 14 de octubre de 2014

De la indenfesión a la que nos vamos empujado todos



 "... en primer lugar, señalo como inclinación general de la humanidad entera, un deseo perpetuo e inquieto de poder y más poder, que cesa solamente con la muerte" (Hobbes, Leviatán).
"Hay algo, no sé qué, en la censura de la multitud, más terrible que cualquier juicio individual..." Hobbes, Obras Inglesas)
"El hombre teme a la muerte con una necesidad ineludible" (Hobbes, Del ciudadano)

Seguramente no he podido escuchar todas las (innumerables) "opiniones" (¡ni todas las mentiras tácticas circulantes!) sobre lo que muchísimos (con el periodismo actual) gustan llamar "crisis del ébola" (o "del Ébola"), que imagino en su casi totalidad ecos los unos de los otros..., pero me atrevería a afirmar que entre ellas no hay una que señale el papel clave que ha tenido en todo el "proceso" el "estilo de pensar y de conducta" vigente en las sociedades del presente (y muy en especial en la española). Un "estilo" que a mi criterio explicaría tanto la indolencia de los "representantes electos" y de todos los funcionarios "políticos" y "administrativos" desde el más alto al más periférico, con su predisposición visceral a actuar SÓLO en beneficio de sus carreras "políticas" y en muchos casos, cada vez más en número y profundidad, "a cualquier precio" (aunque lo hagan tan mediocremente -algo igualmente creciente y sintomático- que consiguen que se les de vuelta la tortilla cada dos por tres, como es el caso), así como el grado en que esta mentalidad ha calado en la propia población, por todas partes, produciendo "profesionales" que por encima de todo se cuidan de no afear su "prestigio" aún a costa de desparramar una enfermedad que nos descubre vulnerables e indefensos (creo que este es justamente el caso de Teresa al margen del "accidente" originario, es decir, en relación a la relativa ocultación de su posible displicencia, ocultación debida tal vez a "la vergüenza" que se evita reconocer a cualquier precio; una hipótesis básicamente psicológica que remite en cualquier caso al mismo origen: lo que podría llamar "una excesiva preocupación por lo aparente" paralela al "sálvese el que pueda" a "cualquier precio". Algo que cada vez se ve más en niños y adolecentes... a imagen de sus padres, amigos, amigos de los padres y maestros).

Precisamente, ese "estilo" imperante en el mundo (y muy acentuado en España) se corresponde a esa "excesiva preocupación por lo aparente" en detrimento de  "la responsabilidad personal". Practicarlo parece la única manera de cubrirse las espaldas para continuar haciendo carrera (zancadillas y puñaladas traperas mediante, comme il faut); la manera en que hoy se puede hacer sin abandonar la mediocridad. Esto es, escurriendo el bulto, es decir: a la manera o estilo burocrático. Un estilo basado en el aparente cumplimiento de los reglamentos y en el barrido de la mugre debajo de la alfombra. Y que se inculca en la casa y en la escuela.

De ahí que estemos todos en la indefensión tanto desde arriba como desde alrededor, a cuenta del obrar negligente y egoísta de nuestros propios iguales, lo que nos persigue a cada paso de manera creciente, a la vuelta de todas las equinas, en todas las actividades, en la rutina y la paz aparentes tanto como en la guerra o las catástrofes, mientras unos y otros gozan respectivamente del ejercicio teatral de gobernarnos o de la rebelión infantil que "exige" un paternalismo eficaz, imposible, idílico y esperanzado como todas las cosas que, contrariamente a lo que nos impone la enfermedad... que vino del Tercer Mundo, demuestra hasta qué punto domina a occidente las diversas formas y vías de su "tercermundización" o "asiatización", es decir, la burocratizacion más salvaje y más cínica que en el límite marchan imponiendo obediencia y lealtad "absolutas" bajo las banderas de alguna Verdadera y Salvadora Moral (siempre del Estado, sea un califato, un reich o un engendro "en un solo país").

Pero de eso, que implicaría un profundo "autoexamen" generalizado, y con ello una crítica radical a lo que sustenta el sustento de la mayoría... ¡y a lo que justamente nos va llevando paso a paso y sin remedio al colapso!, de eso... NO SE HABLA; hacia ahí NO SE MIRA.


viernes, 5 de septiembre de 2014

¿"Democracia" es lo que quiere "el pueblo"?


En 1852, Tocqueville sostuvo con la intensión de quedara claro para siempre que "la Revolución no se hizo para conquistar la libertad" (El Antiguo Régimen y la Revolución). Sirvió de poco, quizá como siempre servirá de poco dejar un des-cubrimiento a la posteridad… Hoy su figura y su nombre se han sacralizado y selectas frases de su pluma se esgrimen para fines con los que probablemente no se habría sentido muy cómodo sino aún algo peor. Y pese a todo, cuando se "describe" un hecho formalmente "revolucionario" (con interesada grandilocuencia sin duda) se desliza sin tapujos la idea de que tal movimiento lo que pretende es conquistar "La Libertad".

Yo en cambio sostengo, con Tocqueville, que lo que se pretende siempre, ¡en todos los casos!, por parte de los "pueblos" (como se llama a la mayoría de un país o del mundo cuando se aglomeran en torno a "reivindicaciones políticas y sociales" plasmadas en unas u otras consignas neoizquierdistamente bendecidas es… el reparto o redistribución a su favor del botín que resulte del reemplazo. Y si antes, para la vieja izquierda, se requería un cierto rigor en las consignas… hoy se entiende que eso "es lo de menos"… ¡Y vaya si tienen razón los que actúan según este criterio, porque el botín será repartido y redistribuido de cualquiera de las formas después de la batalla… en concreto entre los participantes de arriba hacia abajo y hasta donde queden al final migajas!

De ahí que todos, ¡todos!, los partidos que se forman para convocar al "pueblo" a secundarlos… no tengan necesidad alguna de comportarse "democráticamente" ni de ofrecer "más democracia" salvo como recurso retórico, rindiendo tributo a "los maestros" (a ser posible a sus últimos discípulos), como pura rémora legitimadora, en todo caso, porque así lo dictan los "buenos modales", pero nada más (aunque incluso esto está cambiando en ese "renovarse o morir" de la camarilla ilustrada del momento, como se puede ver hoy en día bajo la batuta del chavismo y aún más de Maduro en Venezuela, cuando organiza esos nuevos rituales en los que se mezclan formas litúrgicas y pajaritos portadores del alma y/o el mensaje del Gran Timonel).

De ahí que el juego de la representatividad se lleve a cabo entre camarillas que se parecen cada vez más en las conductas. Y de allí que las masas comiencen a pensar en un posible "buen hombre" que piense más en ellos ("el pueblo") que en sus bolsillos, los de sus familiares y más dilectas amistades… Un "hombre bueno", un "santo", que ponga en primer plano "Una Moral" de hierro, profundamente "religiosa"… Esto está dando por ahora pantomimas penosas, como la protagonizada por Maduro y sus se-cuates (que son muchos, cuidado), pero también puede adquirir formas más "serias" y más "trágicas"… Y puede que entre ellos acabe el mundo adecuadamente repartido… ¡y con "los pueblos" convertidos en ganado!

Próximo a su muerte, con todo el bagaje que acopia un auténtico escritor a lo largo de su vida de visualización radical, como en cierto modo ya he denominado a esta conformación del escritor auténtico en mi artículo sobre Kafka, Flaubert puso en boca de sus personajes póstumos lo siguiente, que es sin duda una buenísima aproximación a la raíz de las cosas (a mi modo de ver):

"… el Pueblo acepta a cualquier tirano con tal de que le deje meter el hocico en la olla…" (Gustave Flaubert, Bouvard y Pecuchet, final del capítulo VI).

Sin duda: dan ganas de "irnos al fin del mundo" (íbid.) ; aunque allí las cosas, como ya hemos descubierto, son iguales.



martes, 2 de septiembre de 2014

De la "firma de la paz", el beneplácito de las "almas bellas" y la retirada táctica del "partidos de los desamparados de la tierra"





¡Hay sin duda mucho espacio aparente en el que escoger un deseo esperanzador antes que "querer la nada" imposibilitados por naturaleza a "no querer"!  (1)
Bien fácil resulta de repente, ¡después de sentirse decisivos para frenar la guerra mediante sus "oraciones" militantes, es decir, de haber respondido "activamente" al "deber ser humanista"!, pasar a estados emocionales propios, sin embargo, de la misma idiosincrasia mesiánica, la que precisamente tiene al mismo tiempo la certeza de haber sido elegido por la Historia y se postra ante lo que "inesperadamente" parece como caído del cielo…, y que a veces ven "bien" (cuando da paso a la calma, la inmovilidad, la rutina, la comodidad de mantenerse dentro de lo conocido y la certeza de que se prolongará y/o de que se han despejado las incertidumbres) y otras "mal" (cuando se "desata" el movimiento…, por ejemplo, la guerra- -2-).
De repente, cada vez que la última batalla deja paso a un "alto el fuego permanente", la práctica totalidad de la nueva intelectualidad democrático-posmoderna, que aún busca refugio bajo los disfraces de la vieja modernidad hegeliana, kantiana, cartesiana, residualmente "renacentista", como su ya distante copia mediocre, pasa del estado militante y romántico de los lamentos (coro de suplicantes y oradores) al estado, igualmente romántico en el que combina dosis diversas de "tranquilidad" y esperanza (ambas notablemente histriónicas, importadas, retóricas, grandilocuentes… con pretensiones de conjuro), y de las oraciones que antes reclamaban "sensatez" pasan a las que solicitan o exigen (¡a los mismos poderes contra los que alzaban sus débiles banderas!) que haga algo para "consolidar el estado de cosas alcanzado" (¿cuál?, el imaginario, claro), y "asuma" la inmovilidad de manera permanente..., eso sí, mediante concesiones de arriba hacia abajo, del padre al huérfano, por no decir… "lo que haga falta". ¿El objetivo idílico, pero también mezquino?: conservar la comodidad que les permite seguir siendo... lo que han llegado a ser, ¡qué si no!
¡Y con el esfuerzo mínimo e inocuo de las declamaciones públicas, los artículos de prensa o los panfletos y, si acaso, alguna que otra manifestación "multitudinaria" y a veces estentórea!
En lo más hondo: no admitirán jamás que "el movimiento" (guerra mediante) pueda pasarles por encima, ¡muy probablemente con machete en mano! Ni admitirán jamás que no pueda estar en sus manos hacer algo para evitarlo o detenerlo, ¡especialmente de aquel modo, con aquel "civilizado método"! (es decir, sin "negarse", sin sumarse al "movimiento" -la guerra, en la que no se permiten ver involucrados ni siquiera "en su contra"-). 
Nunca, nada en la era de los seres humanos, se realizó a cuento de conjuros de ese estilo. Siempre, las voces y las simplificaciones simbólicas o abstractas que lograron incidir en la marcha hasta provocar relativas bifurcaciones y la implantación de instituciones novedosas, fueron las que invitaron a la guerra sin paliativos contra lo que esas voces conseguían convertir en símbolos de la penuria general
El destierro en Egipto o Babilonia (que no la esclavitud que pertenecía al orden de las cosas) sólo se superó mediante la "reconquista" guerrera de la "tierra prometida". ¡Y, por cierto, que conste que sin esto... no habría podido haber ni cristianismo ni civilización occidental ni, por ende, tanta mala conciencia como la que hoy ha encarnado en la "nueva izquierda" (en el sentido explícito que le dí en mi post anterior y sobre lo que de todos modos volveré). La voz de Moisés se realizó en la inflexible voluntad de Josué de hacer caer todas las murallas de los ocupantes/heréticos. Y la esclavitud sólo cambiaría de beneficiarios, ya que las siete plagas demostraron por fin quienes serían los miembros de la "verdadera humanidad".
La sujeción de Alemania a los dictados "desconsiderados" de la Entente vencedora (que no la "explotación del hombre por el hombre", que pertenecía al orden de las cosas hasta el punto de que la primera etapa del comunismo exigiría su conservación... etapa en la que se consolidaría precisamente y no para "evolucionar" hacia el Paraíso en cierto grado soñado) sólo se "superó" mediante la revancha, que por sobre todas las cosas se estructuró en torno al símbolo del judío-perverso de cuyo exterminio saldría un depurado Paraíso para la "verdadera humanidad", esta vez, la "nueva humanidad mediocre de los resentidos de la tierra", que ya serían una y otra vez llamados a "seguir al líder" (de la camarilla) bajo banderas del mismo estilo por diferentes que puedan parecerlo (y me refiero a las diversas expresiones militantes de los innumerables "movimientos de masa" que van desde la Revolución Francesa hasta la "marea tutsi" de Ruanda y las "conversiones forzosas" del "Estado Islámico" en Siria, pasando sin duda por la industrialización de la muerte conducida por el fascismo, el bolchevismo, el nazismo, el estalinismo, el maoísmo, los jemeres rojos, el yihaidismo…, y los cada vez más grupos que en base a una u otra tecnología toman como misión fundamental el exterminio "racional" y masivo de "los otros". Algo que, por otra parte, debería ser muestra suficiente de la vieja tesis original de Tocqueville que apuntó tempranamente al hecho mil veces negado de que a "los pueblos" no es "la democracia" lo que les importa… (pero esto merece ser tratado aparte).
Estos son "los hechos", como diría Tusídides, intencionalmente ajeno a dar "explicaciones" o "razones" que sólo llevan a atribuirlos a una inextirpable naturaleza humana (no es mi caso, y volveré sobre ello, aunque comprendo que esa sea una más de las "salidas" rápidas que sirven para "dejar de lado" lo que origina los "problemas"...).
Y ante estos hechos, ¡"erre que erre"!, hay una subespecie (Paul Valery dixit) que no ceja (heredera de todos modos por usurpación y cultivo selectivo de una vieja y dignificada estirpe que hoy yace sacralizada y momificada en sus pirámides devastadas -3-). ¿Por qué? ¡Esa es la cuestión que me ocupa! Y respondo: Muy sencillamente, amigos míos, porque en ello, una y otra vez aún (es decir, por el momento), les va la vida en ello.
Así lo veo más allá de los aspectos "secundarios" o que percibo como colaterales (tal como se me aparecen o me son presentados, haciendo que sienta/note/crea que toman esa "secundariedad", y no porque yo los valore como "secundarios" sino todo lo contrario -¡por eso es que me provocan dolor: porque aparecen sólo en un segundo plano y quisiera que no fuera así, quizá para que pudieran ser combatidos y todo fuera "más fácil", o sea, "más divino"!-), obligado por "mi conciencia" (la narración que me justifica) a poner lo que otra cosa, "más radical", en primer lugar, pese a que no puedo dejar de ver el lugar que ocupan, y al verlos, sentir cierto "desgaste", cierta "frustración", cierta "desasosiego"... que roza, cómo no, el "nihilismo", volviendo a poner en camino a su fantasma. ¡Aspectos "secundarios" que son ciertamente "políticos", tal y como se hacen precisamente... manejables en apariencia y en alguna medida por los hombres: como "objetos" siendo sólo "símbolos" en una suerte de "fetichización" a la inversa que acaba dandose de nuevo vuelta hasta alcanzar una "fetichización" auténtica!
Me refiero, por una parte, a lo que sentimos respectivamente respecto del mundo dado (historia, sociedad, sucesos, protagonistas del presente, nombres y significados, valores, etc.): lo que sentimos más que lo que pensamos, porque lo que pensamos busca ser coherente con lo que sentimos en tanto se trate de un sentir que nos otorgue una dignidad, un espacio, un sentido, y no que nos angustie, algo ante lo cual el pesamiento, precisamente, se repliega, se retuerce, y consigue dar de sí una "salida" que parezca llevar a alguna parte. Y así, que se represente un sentir como pensamiento y mediante un pensamiento que se toma el deber de ocultar lo que nos dejaría, fundamentalmente, solos: ¡he ahí el origen de la angustia: el de verse ante la soledad que se pretende negar o se ignoraba del mismo modo que Edipo ignoraba que su relación era tabú! (4) Un sentir que, aunque de todos modos no se declare por motivos utilitarios, tácticos, cínicos, o se mantenga reprimido, al final se filtre por los flancos, los poros o las grietas, y se ponga al servicio de lo que  sin que por ello deje de constituir el leit motiv de la marcha. ¡Y, al fin, que Edipo se vea obligado a ver... para acto seguido condenarse… ¿para no volver de nuevo…?; no, sino más bien para verlo siempre y nunca más ver nada más, evitando que pueda borrarse la última imagen retenida en la retina para su condenación eterna!
Esto no es teoría sino experiencia, hechos a los que estoy abierto y que se me presentan (obligado por mi propia idiosincrasia) como parte del mecanismo en el que parece imponerse la hipocresía humana. El sentimiento debe a mi juicio ser liberado, no "declarado", es decir, debe expresarse en actos, para lo cual ante todo debe ser aceptado. Se puede ver en esto una nueva intencionalidad de trasmitir (al otro) "ideas", cuando lo que me veo impulsado a intentar es a hacer pensar... de modo que pueda conseguir, yo mismo, cierto grado de poder (sobre el otro). Es, en definitiva, una expresión más de amor..., que no tiene, como bien supo ver Nietzsche y que sólo puede tener por objeto el objetivo egoísta que Legendre a expresado tan bien de la siguiente manera sintética: "le grand œuvre du Pouvoir consiste à se faire aimer" (5)
Porque a fin de cuentas, el mundo próximo te propone, con un peso difícil de eludir, ¡y una amenazas terribles!, que "comulgues" con la manera de pensar y los deberes prácticos que lo definen (sus símbolos, sus mitos, su "estilo", su "magma"...) o, de lo contrario, que te exilies o permitas ser exiliado. Y encontrar el punto de equilibrio que permita a uno no claudicar ni ser amordazado (por un cerco de silencio) y, a la vez, poder seguir viviendo "con" ese mundo y no sólo "en" él, ¡incluso "de él"!, es ciertamente muy difícil, muy de equilibrista de probada "inteligencia" (por astucia, por esa vieja "astucia de la razón" de la que hablara Hegel).
Sócrates se sintió defraudado un día y prefirió no ir en busca de "otros parajes" (huyendo de la condena) para encontrarse con un mundo similar al ateniense o peor en donde tuviera que empezar de nuevo, y por eso, convencido de que el el Hades a donde iría seguro, encontraría interlocutores a su altura (los dioses) optó por la cicuta.
La conciencia intelectual de hoy se haya despojada de creencias tan ingenuas: sabe que en el Hades que crearon otros no hay nada, y que él no podría hacer nada por descubrir otro que no fuera una nueva copia, una nueva imitación... Pan ha muerto, Pan ha muerto..., nos llega desde la isla de los tiempos. ¡Ha sido vetado (por los despojadores) su uso referencial! ¡El inconsciente, que antes tenía la forma de un demon, y que sigue actuando como tal, ha sido despojado de todo misterio nominal... aunque siga teniéndolo..., y no lo pueda perder nunca! Lo que nos han prohibido es referirlo al más allá: ahora hay que contentarse, hay que arreglárselas, con "saber" (creer) que es un componente de nuestra propia carne..., en todo caso... una bacteria de las muchas que nos habitan y nos hacen y permiten que seamos.
Así, que el Hades sea una ilusión "por decreto" (insisto: tan bien asumida como tal como antiguamente lo fuera considerarla "real" o "evidente"), no evita (el mito vigente tiene sus fisuras, aún no bien prohibidas, guardadas o taponadas) que pueda orientar mi búsqueda hacia "la tierra firme" en busca de su "efectivización", en todo caso... para la "siguiente ocasión", en el/la "siguiente amigo/amiga"..., en la "futura sociedad paradisíaca" de la que "deberíamos ocuparnos" según los esperanzados . ¡Incluso a sabiendas, parcialmente, claro, que se trate de una ilusión "que no esté a mi alcance"... pero sí al de la humanidad!
Mi conciencia me dice que si quiero dirigirme hacia esos "parajes posibles" (o dejar que ellos lleguen hasta mí, que me "envuelvan") y que se conviertan en mi "mundo próximo y cálido" hasta un cierto punto, a ser posible idílico, debo continuar hablando, escribiendo, comunicándome, aullando para que se presenten. Si callara del todo, me dicta mi conciencia, es obvio que mataría por anticipado toda alternativa con mi propia mano: en tal caso me iría no al Hades sino al olvido y la nada.
Y así, el mundo vuelve a dar un rodeo y a golpearte con su contundencia: en una u otra medida, hay que claudicar.
Pero sentir, es algo ambivalente, como bien dice la teoría (menos mal que esta vez a mi favor, a favor de "mi conciencia" que es en parte a la que se ha llegado aunque para ser acallada con maneras "nuevas"). Sentir y reconocer lo que siente el hombre es despojarse de tabúes y reconocer en uno mismo el odio (no para justificarlo, sólo para describirlo: odio sólo porque se siente, porque no el tercer mundo sino la demora en la recepción de la teta o del biberón produce resentimientos, perturbaciones, incomprensiones, ansias de "justicia universal"), odio, malicia, deseo de dominio, ansias tiránicas, etc., etc. (Por cierto, quien más lejos llegó en esa conciencia o lucidez fue Nietzsche, con diferencia; el del "sí a la vida", sí pasional, que tiene en contra las murallas ideológicas y las justificaciones antes mencionadas, que encorcetan, que imponen el silencio, que condenan, que realizan "El proceso" -por Kafka-, que marginan si uno no se "suma" a la multitud, aunque sea una multitud aparentemente "menor" y "opositora"). Porque si, y perdona la digresión que de todos modos continúa el hilo a mi criterio, hay hoy en la sociedad UN pensamiento dominante, ese es el de los miembros del club de "la buena conciencia", fundado sobre todo después de la segunda guerra y en el primer mundo. Una pensamiento que se apropió de lo superficial de Marx, pulido por sus sucesores y reducido a consignas hasta extremos (los pensamientos de Mao, por ejemplo), convirtiendo a la intelectualidad en "socialdemócrata". Y tú me dirás, alzándote indignada: "¿hablas de mí? Pero si yo..., pero si mi grupo..., si mi situación..., si mi mundo..., mi tercer mundo..., si mis acciones..."
Puedo demostrar que lo que afirmo se corresponde con la mecánica de la mansa marcha presente hacia uno u otro totalitarismo moral, que las "buenas (o bellas, como dijera Goethe) conciencias" favorecen y favorecerán irremediablemente, como dicta la propia marcha de la que su deseo de seguir "estando tal cual" forma parte tanto para empujarla como para obstaculizarla, porque la marcha humana es a trompicones, con pequeñas avalanchas, con caídos que son pisoteados, etc., como toda desplazamiento de una multitud que huye de la hecatombe, el incendio, la estampida, el terremoto, la erupción o el tsunami... Queda para un artículo aparte, o para insistir siquiera en otros posteriores, como dije antes, pero si hasta lo reconocen (¡enmascarándolo! y ¡sin desvelar el engaño y la ingenuidad a partes iguales que con ello encierran!) los propios filosofastros de la posmodernidad, como Bauman, al decir que "hoy no es la libertad lo que buscan las masas sino la seguridad" (cito de memoria, que es más que suficiente para tamaña mezquindad intelectual presente tanto en la primera parte como en la segunda de la frase e igualmente en su proyección…).
Pero volviendo al tema, está a la vista cómo los "partidarios de los desamparados de la tierra" alzan puños y manos blanqueadas (desde lejos, desde sus calles y en todo caso ante la policía de su propio país… que está para evitar "accidentes") ante el avance de los tanques del "más fuerte", mientras no dejan de explicar a todo el mundo hasta qué punto "comprenden" la "inevitable" reacción "armada" de los "desamparados", es decir, su "lógica" (¡la lógica de los desamparados, de los que necesitan teta!)… hasta el extremo de "exigirle" al "Estado agresor y explotador", al propio, que ponga sus recursos al servicio del bienestar e incluso de la reeducación masiva de los desamparados mediante las correspondientes subvenciones, es decir, que los integre en su sistema de comodidad... ¡que para esos desamparados en particular es… "un sistema de pecado"! ¡Y que de ese modo les ofrece... una forma de esclavitud que les resulta repugnante…: la de trabajar por un salario, lo cual, más allá de los análisis teóricos y las simplificaciones abstractas de corte occidental… implicaría para ellos una renuncia a la comodidad tradicional a la que están acostumbradas esas "almas bellas"..., ¡los utópicos tiranos de la civilización occidental!, ¡los que siempre han pretendido dominar a los demás… de "buenas maneras" (como por la vía de la "educación") y la "diabólica" compra de "conciencias".

Las "almas bellas" que optan por "el compromiso" con "los desamparados" creen así que los dirigirán al Paraíso al que los "agresores imperialistas" no les permitirían llegar. Pero esos "desamparados" les responden: "¡Déjennos ser como somos!" y también "¡Déjenos acabar (incluso) con vosotros los herejes en el caso de que no se dispongan a abrazar la verdadera fe!"¡Es decir: "¡Dejarnos realizar todas nuestras crueldades contra nosotros mismos, nuestras mujeres, nuestros niños, incluso contra los vuestros; y súmense a nosotros para realizarlas!".

Y es que ellos "saben muy bien" que pretendéis engañarlos con cantos de sirena blasfemos e hipócritas, que el mundo occidental es corrupción y lujuria, que la comodidad tecnológica es una trampa (aunque buena para hacer la guerra al infiel), y que el verdadero Paraíso es el que ofrece Alá a quienes le obedezcan..., o sea, a quienes obedezcan a las voces que han sabido reflejar sus ansias de poder ilusorio, de comodidad y certeza propias...
Y, en fin, esas "bellas almas", que caerán en tierra de nadie o acabarán en el autoexilio de la frustración, no habrán hecho sino contribuir a incubar al "desamparado huevo de serpiente", lo que, convertido en prioridad ideológica, en "razón del Estado del Futuro" o "Soñado", no admitirá discusión alguna... en el propio territorio occidental, es decir, el que precisamente se ha definido como el de la discusión y la duda permanente. ¡Y vaya "desproporción" la de "los imperialistas" que aceptan jugar al gato y al ratón mientras el huevo es incubado!
Pero yo, por lo que sea, no puedo ignorar los paisajes que se sucedieron y constituyen una cadena innegable de hechos crueles e inevitables, y no puedo ser hipócrita ni iluso. Las sucesivas monstruosidades que ha que ha dado a luz el mundo, con sus centenares o miles de millones de muertos: en los campos nazis, en los campos bolcheviques, en los campos de arroz, en los campos de batalla, , en nombre de la patria, en nombre de la ciencia, de la civilización, de la Razón, de la Fe..., son testimonios que deberían ser innegables. ¡No 2000 una vez; decenas de millones cada vez! Y eran los débiles de los que descendemos, los que murieron sin poder defenderse, acorazados, amordazados, empujados a la muerte por el "deber ser" de "La Razón" (nacional, estatal, "popular", "obrera"...). Porque nosotros descendemos de los otros igualmente débiles que sobrevivieron, tanto por casualidad como por coyuntura, ¡pero también... por cobardía o colaboración!

¡Y tampoco puedo dejar de denunciar las esperanzas y el beneplácito que corean esas otras "almas" igualmente "bellas" ante unos compromisos que se establecen en principio para que todo vuelva a la lenta y sosegada "incubación"! ¡Un proceso que acabará posiblemente en una nueva Yalta, con la consiguiente condena de millones de verdaderos inocentes, débiles y desamparados a manos de los unos y los otros!  (6)
He luchado hasta quedarme solo contra eso, profundamente rasgado por el dolor del mundo, yo, a quien se considera a la vez peligroso y reaccionario con ese difuso pero cierto "odio de clase" subterráneo que uno nunca sabe hasta dónde puede llegar, el pequeño burgués, el intelectual, el traidor a "la (difusa, deformada) clase" que "nos traerá el futuro" (pero que, vaya: en Francia vota a Le Pen, en Palestina vitorea a Hamás, en España ve con buenos ojos a Podemos), alguien que ha cometido el sacrilegio de actuar exactamente al revés de lo que propuso Marx en su XII tesis sobre Feüerbach, sí, ¡todo un sacrilegio optar por la inmovilidad de quien ha descubierto no ser omnipotente ni estar justificado para exigirle nada al padre o a la madre, de quien ha descubierto que "mejorar el mundo" encierra pretensiones totalitarias y egoístas y espera realizarlas mediante un milagro que les evite mancharse las manos con sangre ajena y verter la propia. Y a quien se retira porque reconoce no poder asumir la mentira que moviliza por igual a quienes sí son capaces de manchárselas. Al menos hasta que uno deje de encontrarse lo suficientemente "lejos", y pueda aún sostener una "postura teórica". Y consciente de que, si los hechos se precipitaran y me alcanzaran, y no pudiera huir más allá de las alambradas, tendría que ir a parar a una de las trincheras y convertirse en miserable carne de cañón de la siguiente fuerza dominadora; eligiendo la que crea menos dañina para mí y para "mi gente"; por lo que "nos" pueda garantizar, "egoístamente" come il faut, la posibilidad de respirar, de conservar manos, cuello, clítoris, etc., al menos... Y si, después de todo, me atrapan, optaré por las únicas dos opciones que tan bien reconocería Primo Levi que pueden existir en esas circunstancias, donde sólo se puede ser débil dentro del grupo de los débiles: ser de los que medran o ser de los que sucumben. Los que quieran en ese momento (y antes, aprovechando su propia distancia y seguridad) hacer de santos, de Ghandi, de Cristo... que caigan entre los dos fuegos o sean olvidados y tergiversados luego por la historia, unos convertidos en hijos de dios, otros en héroes de la patria... Su memoria será aprovechada por el presente que salga del presente, no cabe duda alguna. Para eso habrán servido. Quizá para eso sirvamos todos de cualquier modo.
Entretanto, a seguir en mi trinchera personal; mi atalaya inmaculada pero sufridora o sufriente, desde la que lloraré, con cobardía e impotencia, por todos los que cayeron y caen que no se lo hayan buscado de manera explícita y que en este acto no hayan arrastrado al dolor a nadie... ¡Y sólo porque la conciencia no ha llegado a ahogar el sentimiento y la compasión que rechazo pero al mismo tiempo acepto consciente también de mi minusculocidad!
Por esto dedico este artículo a todos los que hemos sufrido hasta la sangría al ver como caían nuestros ídolos y se volvían a alzar, convertidos en seres del infierno. Sé que con ello contribuyo (aunque igual caigo con esto en la misma ingenuidad y pretensión de los demás omnipotentes) al despojamiento de todo refugio para los humanos. En tal caso, es que respondo a la crueldad que nos caracteriza.

* * *
Notas:
(1) Referencia a la frase con la que Nietzsche cierra su ensayo Genealogía de la moral.
(2) Véase Tusídides en el análisis que hace Leo Strauss en su La ciudad y el hombre.
(3) Digo esto en referencia a la "decadencia" que la intelectualidad comienza a registrar desde mediados del XIX, sobre todo a partir del fracaso de la revoluciones de 1830 (aunque ya se puede ver aparecer como "problema" en pensadores anteriores, como La Boétie, y antes aún en Machiavelo, Spinoza, Hobbes e inclusive en el Dante, aunque, por supuesto sin la misma elaboración). Lo que Bauer describirá como "pauperismo" cultural (citado por Karl Löwith, De Hegel a Nietzsche) y sufrirá en Francia en carne propia Saint Beuve también por esos años (ver Lepenies, ¿Qué es el intelectual europeo?). Lo que Kierkegard y Nietzsche condenarán como "igualación" y este último asociará a la proliferación de los "obreros de la filosofía". El proceso que, en cualquier caso, ha continuado, de manera virulenta, casi salvaje, a caballo de la complejización social, hasta asentarse, permitiendo que "los especialistas" y "los equipos" representaran aún para Heidegger (Caminos de bosque) y para Veblen (Teoría de la clase ociosa) ciertas oscuras esperanzas, y que acabaran por producir y consolidar una "clase" o más precisamente un "estilo de pensar" burocrático (así llamado ya por Weber, luego por Lefort y Castoridis, también porC. Wright Millls…, y que Legendre denomina felizmente "management", entre los que los "obreros de la filosofía" habrían devenido "executives of the mind", etc.). Un "estilo de pensar" cada vez menos contestado "desde fuera", es decir, desde una esfera crítica realmente radical separada del conjunto de los intereses sociales y la identificación con perfiles socioprofesionales de aquella índole; es decir, que sólo es cada vez más "criticada moralmente" desde los mismos presupuestos instituidos…, los de la "eficacia", lo "racional", lo "profesional"… que sólo ayudan a reforzar la idea de que podría haber una burocracia potable y salvadora… ¡y un Paraíso de su mano al final del túnel! Es decir, visto y "sufrido" por todos los miembros residuales de la subespecie de mil diversas maneras pero todas histriónicas y conscientemente idílicas, es decir, cínicamente. El fenómeno explica lo que no quieren explicar sus usufructuarios más o menos cómodamente instalados en el "modo de vivir" vigente: desde "la traición" del bolchevismo al marxismo hasta (en la España de nuestros días) el "inexplicable" voto de estamentos de la ciencia, la tecnología y el ámbito académico de hoy ("ingenieros" y "profesores universitarios", etc., formados en "la democracia") a un partido sui generis como Podemos… Y, más en el núcleo de las cosas, pone de relieve la similitud de conducta existente entre los miembros de las diversas instituciones claves del presente: Estado, industria, finanzas, ejércitos, universidades, fundaciones…, los cuales las habitan como la carcoma a la madera: sin que la suerte de sus expresiones coyunturales (tal empresa, tal gobierno, tal banco, tal ejército, tal facultad…) les importe nada gracias a que el trasvase (se habla hoy de "puertas giratorias") les parecerá siempre garantizado dado lo "preparados" que están para ocupar cualquier "puesto de mando" aún sin saber nada (para eso están los "ayudantes" o la "maquinaria"). 
(4) Lacan, Seminario X, La angustia.
(5) Legendre, L'amour du censeur (El amor del censor).
(6) Debo insistir, en orden a no dar lugar en lo posible a manifestaciones capciosas, malentendidos o "sospechas", que estoy hablando de un presente y para un presente (mi presente) más allá del hecho de que en él se encierre el consabido "eterno retorno". Es decir, de un presente que se puede "desviar" de la marcha que lleva y que creo describir de todos modos apropiadamente. En particular, creo que la propia dinámica que mueve el proceso de conquista islámica también empuja, al menos de momento, a su "movimiento" (sus organizaciones dirigentes) a sufrir cambios que tendrán bastante dosis de contagio "occidentalizador", aunque no en el sentido de la "modernidad" perdida sino de la posmodernidad burocrática tacticista. Sería una suerte de "tercermundización" en el sentido "occidental" del término que también los afectaría. La propia complejización de sus sociedades los lleva a formas teocrático-burocráticas en torno al cuerpo militarizado, haciéndose en este sentido cada vez más similares a sociedades como la rusa, la venezolana o la china, con quienes precisamente mejores relaciones tienen y, también, y no creo que sea banal, son sacralizadas por la "nueva izquierda". Estas sociedades (países o áreas controladas por ese tipo de burocracias) son por otra parte las más propensas a permitir que en cada territorio los lobos puedan vivir "a su manera" en base a compromisos mutuos de no injerencia (hasta donde ello se haga imposible alguna vez, ya sea o no regionalmente). Un poco a la manera de las mafias que reconocen la territorialidad de los demás capos.