martes, 5 de mayo de 2020

De la pedagogía de los subterfugios totalitarios



Las palabras de los que han querido y durante un tiempo han conseguido establecer una tiranía siempre han servido para una de dos cosas: mentir , ocultar, enmascarar sus acciones de captura y opresión, o introducir publicitariamente una idea que las anticipa con fines inculcadores o, si se prefiere, pedagócicos; es decir, para dulcificar sus pretensiones y promover en ellas adhesiones inconscientes, ignorantes, que enlacen con las esperanzas idílicas de los sufridos gobernados, ya cautivos de por sí.

En esta línea, acumulándose a los muchos, reiterados y siempre disponibles diccionarios de neolengua, nacen eufemismos recientes de manera sistemática, como "comites de defensa de la República" (que sólo puede significar: "de imposición" ya que, aún al menos, no existe) o como el que hace unos días inventó y consiguió rápida propagación (con un "ro" superior al del corinavirus) el gobierno actual (que lo es según se mire, es decir, por lo que hace por debajo de la mesa o en la sombra... que no se diga), y me refiero a lo de la "Nueva Normalidad" que debemos esparar, que de su mano va a venir (algo que de seguridad sólo tiene la del delirio típico de los tiranos, ya en potencia, ya en activo, ya a mitad de camino).

Ahora bien, ¿qué está detrás de la palabra “nueva” añadida a la “normalidad”? ¿Es que se quiere dar la “anterior interrumpida” por muerta y por no resucitable? ¿Qué de ella y hasta qué extremo será “otra”... o lo deba ser?

Trato de imaginarlo, haciendo inevitablemente una proyección en línea recta o tirando una línea hacia el futuro en la dirección actual manifesta, bajo la actual “anormalidad sorpresiva”, y me viene a la mente lo leído hace tiempo donde se describía el funcionamiento en los feudos del fragmentario régimen feudal, donde imperaba la voluntad incontestable (aunque derrocable por conquista extranjera o por “traición” interna) de un Señor y su séquito de leales, donde se estilaba consultar en asamblea a los siervos campesinos de la demarcación, consultas que no solo no cuestionaran el sistema de poder y de gobierno sino que lo reforzaban gracias a las observaciones de sus sostenedores de abajo, que los consultados reconocían como omnímodo con su propia conducta formalmente  voluntaria... aplicándose sólo aquellas “sugerencias” que el Señor juzgara “apropiadas” y “correctas” de manera incontestable. Se trataba de una forma “democrática” que sin duda sería “nueva” respecto de la vieja que se practicará en Atenas, por ejemplo, así como de las viejas tiranías descarnadas (o “no encubiertas”, como sería el caso de “la nueva”).

Qué parece esto? Acaso pues una “nueva Edad Media”? O algo que remite y no solo formalmente a la “Nueva Alemania” donde se usaba el “lenguaje del Tercer Rich” ( léase la obra de Klemperer) y se pretendía la destrucción del mundo?

Ahora bien, voy a añadir una conclusión desesperanzadora que desmantela las idílicas y simplificadoras teorías y propuestas de “combate” (donde predomina la idea de la eficacia de las caceroladas y demás “salidas populares” que ya nadie llama por estar agotadas -como así se reconoce- toda “revolución”), a saber: que no hay nada que ”los pueblos” puedan hacer; que todo está en las manos de los que nos dominan y en las de los que aprovechando sus errores reconfiguren en su favor las alianzas potenciales según vayan las cosas. Solo nos irán “salvando”, sin que nada cambie, las luchas intestinas... ni más ni menos que lo sucedido miles de veces antes. Toda acción (incluso una simple cacerolada de justa indignación) favorecerá que unas fuerzas de reemplazo “cambien algo para que nada cambie”... o... peor aún, para que desaten otras un periodo de miseria, penuria, dolor y caos.

martes, 7 de abril de 2020

El día después... ¿o, más bien: "el día que hace tiempo ha asomado y cuya temperatura va en aumento"?

Hace bastante ya que (desde la óptica del capitalismo standard, a fin de cuentas, la del mercantilismo que define su ser más íntimo)  se han ido viendo y "apreciando" las “ventajas productivas” (de beneficios mediante la de las mercancías "más demandas" y/o más llamativas gracias a la publicidad y su creación de "objetos sustitutivos de lo fantasmáticamemte deseado") de las "economías centralizadas" o "controladas", o sin más de los "capitalismos de Estado" instituidos al cabo de una "larga marcha". Estas sociedades políticamente regimentadas y limitadas, han demostrado a los managers de la economía o de las empresas hegemónicas, dos ventajas para su desarrollo (el de los beneficios): los bajos salarios conseguidos mediante un absoluto o casi absoluto control del mercado de trabajo, y las posibilidades amplias de aplicar el monopolio de la información y de su adaptación a los planes de crecimiento (obviamente a favor de "los amigos" y en contra de "los enemigos"). Ambas maravillas resultan todo un paraíso prometedor que ha llevado a fortalecer la amistad entre las burocracias empresariales y las políticas más estables dictarorialmente hablando; lo cual se manifiesta a través de alianzas y cuasi-fusiones (las fusiones... ya llegarán, y de esto hablo a continuación) mediante al emprendimiento de aventuras comerciales conjuntas, el establecimiento de plantas de producción dentro de la órbita de los territorios regimentados y la aceptación por el management de las reglas de juego, etc.
El proceso, imparable en atención a la misma mecánica comercial que lleva los negocios hacia las ventajas de máxima explotación, ha ido reduciendo el rol decisivo de las economías productivas más obligadas a respetar el grado del consumo interior (sostenedor De la Fuente del poder de la burocracia política: los votos... justamente lo que el poder dictatorial no necesita ni resulta condicionada... aunque ambos dependen de las demás camarillas de maneras específicas). La tendencia lleva al predominio de las actividades no productivas o terciarias sobre las productivas o industriales en los ámbitos nacionales de los países "más desarrollados" hasta ahora (y todavía). Crecen en ellos las empresas dedicadas a la logística, el intercambio internacional y en especial la importación desde las sedes ubicadas en el "extranjero", el transporte y en todo caso las industrias que abastecen al mismo... (dicho sea de paso: esto, a fin de cuentas, es lo que sueña o era lo que soñaba revertir Trump y cía., y es lo que tiene a Europa sumida en la alternativa proteccionismo/libre cambio... con cada vez más burócratas políticos pasándose al bando de la misma idílica "salvadora protección de lo nacional"). Dejando por ahora de lado la cuestión de esta tendencia nacionalista que cunde y resulta reforzada ahora por el "virus"... que no va simplemente "rodando", ya que a esta marcha se sobrepone una mecánica de "lucha intestina" en todos los planos a la vez... habrá que hablar bastante más de este aspecto que, dicho también de paso, para mí es el más relevante y el que más me parece que prefigura el futuro "geopolítico"; aspecto que brevemente saldrá a la luz más abajo inevitablemente.) 
Esto se podría asimilar al proceso que llamé "tercermundización generalizada" y que podría no ser sino una fase más de la vieja "orientalización" de occidente ya iniciada hacía tiempo (Michelet ya la analizaba a mediados del XIX, e incluso Marx advertía de ella desde su propio punto de vista!). El aspecto más visible de este proceso lo conforma el carácter cada vez más mediocre de los especialistas en política y el mencionado atractivo por los métodos y conductas propias del viejo Oriente, algo adoptado por las burocracias primitivas europeas ya bajo la forma de las cortes ilustradas y la producción de marginados de su seno que acabaron encontrando un espacio propio teniendo que conducir provechosamente a las masas desahuciadas bajo los regímenes tardofeudales y aristocráticos "nacionales". Ahora bien, la larvada o soterrada contienda interna deja pocas salidas a los sectores burocráticos en su lucha por el predominio. Se trata de un proceso abierto que pasa y pasará por cortos momentos de estabilidad (y cada vez más cortos) que llegan y llegarán por el camino de la creciente falta de escrúpulos: algo similar aunque a escala planetaria a lo que sucedía en tiempos de Maquavelo, donde nada quedaba descartado, desde los venenos a los puñales por la espalda. En el contexto actual, se usan medios inclusive idénticos (ahí quedó el caso del opositor ruso "afectado" por polonio). Todo está y estará tal como estuvo disponible para la lucha por el poder. En esto... no hay "progreso", o, mejor dicho, hay a lo sumo un "progreso tecnológico".

Sin duda, el crecimiento de las exigencias sociales en los países de control centralizado casi absoluto (nunca lo es del todo, y por eso aparecen "los corruptos" y "traidores", a la vez que otros grupos esperan la oportunidad para golpear... oportunidad que a veces esperan y otros, en lo que pueden, provocan: algo que ya se vio cómo acabó con la URSS). Estas exigencias crecientes (a veces alentadas desde los opositores ocultos y el enemigo exterior incluso) se suman a la ineficacia del salvajismo capitalista que florece bajo la sombrilla del poder "casi absoluto". Esto lleva a la camarilla dominante a buscar salidas típicamente imperialistas: salidas expoliadoras y control de recursos "extranjeros" para mejorar las retribuciones internas so pena de tambalear... y correr riesgos de ser defenestrados por sus opositores internos. Es decir: los planes, aunque empiecen a ir bastante bien, pueden tropezar y caerse como un castillo de naipes (no sería la primera vez, y ahí está "el muro de Berlín").
En este contexto, especialmente frágil es Europa, claro, y dentro de Europa lo que queda fuera de Alemania y hasta fuera de ciertas regiones alemanas. Y la trampa en marcha (provocada, casual, involuntaria y/o reforzada a posteriori -¿quizás: a saber algún día?- del «mecanismo orgánico» destructor (de vidas físicas presentes, pero también de vidas futuras -por hambre o balas de la vigilancia conservadora: que está es “la cuestión”, o de las balas de la criminalidad alternativa desatada)... tiende a crear las condiciones para la reducción de la capacidad industrial de primer orden (alta tecnología y control de los recursos) por el management occidental, que como he dicho antes, lleva asociándose desde hace tiempo al “capitalismo rojo” en su día emergente y más prometedor de beneficios que el preexistente, sobre todo en Europa, que será convertida en campo abierto para los planes de desarrollo centralizados de... je...¿quienes?... pues allí donde se ha establecido un poder político con todo el poder en sus manos y un súper ejército (población incluida) súper disciplinado...
Las restantes camarillas con poder regional se verán tentadas a aliarse a los más fuertes o si tienen fuerza suficiente a proponerse como encabezadas de formas alternativas (aunque me temo que la competencia se entablará en torno a hacer lo similar: lo que se ha llamado "refundación del capitalismo", que significa, centralización/control de la economía y de la población, incluyendo reducción de los costes sociales... salvo los de la burocracia política). A su vez, las camarillas opositores a soñar con otras alianzas hoy por hoy menos prometedoras a las que apuestan según su subjetividad ideológica en buena medida, que con todo, también pesa, porque es algo que se arrastra, que resulta fuente extra de dependencia.


YO ACUSO...




     El mundo más desarrollado está abocado a combatir un enemigo microscópico de origen oscuro que lo amenaza física y sobre todo socialmente, y en particular a través de la propia constitución de las defensas contra los efectos de la molécula, al tener que semiparalizar el funcionamiento normal de sus conductas y actividades (económico-fabriles-mercantiles) y del autoaislaniento vigilado.
La sociedad occidental del management se pone a a si misma (inevitablemente) en cuestión. Claro que con esa defensa en manos de las burocracias que hasta ahora lograban ejercer sus funciones con relativa tranquilidad aunque la ineficiencia de costumbre que ahora muestra su notable incapacidad para detener no solo la infección con rapidez y eficacia sino el propio hundimiento social general de su constitución y permanencia. Las medidas tardías y displicentes están llevando las cosas a extremos imprevisibles (pero imaginables) en la base misma del funcionamiento social, político, geopolítico, psicológico, de convivencia, de supervivencia misma aunque a causa de las medidas defensivas tomadas y que ya no saben hasta que extremo llevar (se propone la muerte o casi de la actividad económica acostumbrada o establecida de la que viven mucha gente, algo que se trata de resolver mediante la manera típica de siempre por parte de nuestras sociedades occidentales y occidental izadas bajo el “management” o burocrática ion y especialización: “la subvención”, el sostenimiento paternalista y piadoso de los debilitados por esas mismas medidas defensivas, etc.)
   El problema con el que se enfrentan parece insoluble: las medidas sin “de contención” pero imposibles de mantener demasiado tiempo. Hasta la eventual psicosis (preexistente de por sí aunque oculta de manera general) amenaza a medio plazo las cosas. El tiempo se espera que pueda permitir actuar antes de que la multiplicación (a velocidad crucero) de la molécula y antes de que la “indisciplina” social pueda crecer ante la fuerza de las cosas. Pero ese tiempo podría no responder a las declaradas esperanzas. Entretanto, los millares de grupos burocráticos bullen en su interior a instancias de su naturaleza o mecánica imparable, en la cual prima la lucha por el poder aprovechando todo lo que se tenga a mano para ganar posiciones en la sociedad y en cada uno de sus propios marcos, grupos y subgrupos, etc. El tiempo y las medidas que descansan en la frágil coerción social (en la unión de individuos formados durante su existencia y desde sus abuelos en el egoísmo y el criterio básico del sálvese el que pueda... y hágalo a costa del prójimo), el tiempo, digo, juega en contra de la mecánica a la que no se admite (ni se podría admitir) a renunciar (algo en lo que utópicamente confían varios grupos que creen que el paraíso sucederá al colapso absoluto de “lo económico privado”; para ellos “El Obstáculo”!). La resistencia a todo cambio lleva, en breve, a la caída. Es una tendencia, pero una tendencia real.
Sin duda, no podemos evitar desear y esperar que todo vuelva a la calma más o menos chicha en la que navegábamos sin creer que a la calma pudiera seguir una tormenta. Es inevitable. Todos queremos la duración de la utópica paz, de la comodidad, de la rutina. Todos lo hacemos sin querer mirar a los caídos constantemente todos los días. No nos queda otra: marchar como los percherones enganchados a los carros, con los laterales tapados para no desviarnos. De lo contrario... cómo seguir multiplicándonos? Igual que la molécula que nos ataca, respondemos a las leyes ciegas de la vida. Una vida que nos da satisfacciones a Costa de no sacrificarnos por los demás. No demasiado al menos. Limitadamente. Sin poner en riesgo lo que nos ha dado lo que tenemos (sea lo poco o lo mucho que sea) y que pretenderemos siempre e inevitablemente conservar.
Sin duda, parte (muy probablemente mayoritaria) sobrevivirá. Ya veremos bajo que condiciones, aunque, muy posiblemente, al menos de esta amenaza (que nunca podrá ser la última), para seguir obligados a ceder la gestión de la marcha del mundo a los especialistas en gestión que se seguirán aprovechando en grupo y dentro del grupo.
Nada más grave de lo que ya era.
   Entretanto: entretenimiento televisivo y propuestas para seguir dentro del circo haciendo en el de payasos ad hoc. “El circo de Oklahoma” como lo llamará Kafka.
   Entretanto(por ejemplo!), sufrimiento en masa y exterminio progresivo en Siria o en el Congo... donde lo de menos es morir a causa de la infección... Incluso donde lo de menos es morir... aunque asimismo se trate de evitar a cualquier precio (y sobre todo al de la libertad).

   Por ejemplo, aquí... Sepámoslo nosotros los cómodamente confinados en nombre de la patria.


lunes, 21 de agosto de 2017

Del uso espúreo de la considerada "islamofobia generalizada" o Entre el cuchillo y el victimismo.


En cierto modo y en buena parte, esta entrada vuelve sobre el tema que traté hace un tiempo en relación con otra acción terrorista, la de París, realizada en el marco de la Yihad contemporánea, y la portada que tras aquellos masivos asesinatos de guerra sucia publicó Charlie Hebdo, a saber:  "Ni ofensiva ni humorística... simplemente mentirosa".

Tan mentirosa, o más exactamente, engañosa como las manifestaciones de decenas de musulmanes en Barcelona haciendo incapie no en la condena radical sino, fundamentalmente... a negar su  complicidad con los asesinos y a negarles a estos que los representen, (algo que los propios terroristas y su movimiento ya se encargan muy bien de señalar al considerarlos inconsecuentes), y en todo caso al método utilizado para doblegarnos: el terror. Más precisamente: a exigir, junto a y respaldados por sus compañeros de ruta de la izquierda, que no se los... "discrimine", lo que no es sino la cobertura de algo más que intentaré desenmascarar para beneficio de las "almas bellas" que un día pudieran verse sorprendidas por la realidad que toda la representación oculta.

Y esta es la primera mentira que en realidad oculta la verdad: la mayoría de los musulmanes que habitan Europa y practican su culto... no está en contra de la islamización del mundo (yihad) sino del método utilizado por los grupos llamados "radicales".

Por otra parte, de este modo, el "asunto" pasaría de repente a ser el "problema de los pobres musulmanes" en lugar del "ataque del terrorismo yihadista". ¡Abracadabra!

La doble mentira pretende así ser defensiva a priori y junto a sus sub-cómplices de la buena izquierda evitar la crítica a las raíces semiocultas del problema, enceguecernos para que nadie las vea y las exponga. Porque esto es lo que pretenden y declaran abiertamente: "No pongan en cuestión nuestras tradiciones y creencias, ni nuestras "restantes" prácticas religiosas"... (¡Hoy, en la benemérita "Sexta", una figura de la comunidad musulmana señaló el "error" de llamar al terrorismo en cuestión "yihadista"... y ni uno sólo de los contertulios le hizo la menor observación o pregunta, en concreto y simplemente, obligándolo a que explicara que significa la Yihad!) Intentando dar vuelta la tortilla con la ayuda de una notable mayoría de comentaristas/periodistas y comentaristas/políticos de la extendida y mediocre izquierda de nuestros tiempos (la "izquierda de los desamparados", como la he llamado una vez), que con intención o inercia llevan al desplazamiento del tema principal, el ataque, al de una supuesta "necesidad" de "no caer en la islamofobia" y, de esta forma, ayudarlos a conservar y seguir así extendiendo sus conquistas "pacíficas", o, en otras palabras más ajustadas: a ir islamizando el mundo en nombre de los "pobres árabes", símbolo actual de "los desamparados del mundo" (ver más). (Esto, dicho sea de paso, es lo que hace de la religión islámica la religión de los pobres por antonomasia, con lo que va ganando prestigio y justificación a la manera en que un siglo y medio antes consiguió ganarla el marxismo... de ahí la adopción de esta como símbolo de la izquierda. ¡Y de ahí una causa más del encadilamiento que produce en la juventud necesitada de referencias! ¡Lo que contribuye a que haya hijos de occidente que vayan a luchar ya no a Bolivia con el Che sino a Irak y Siria con los nuevos califas sacerdotales).

¿Pero... qué son esas "prácticas" y qué esa "lucha" profética llamada por un nombre que nadie parece querer decifrar y muchos intentan dulcificar: "Yihad"?

a) Sumisión de la mujer y de las niñas (castigos corporales y condena a abrazarse bajo un burka incluidos), ablación del clítoris para empezar, represión y condena a muerte (lapidación y ahorcamiento público incluidos) por "desviaciones" sexuales (homosexualidad, relaciones extramatrimoniales por parte de la mujer, infidelidad), etc., todo lo cual viola las leyes europeas y escandaliza –cuando se atiende a ello– a todas nuestras "bellas almas"... aunque no tanto como, por ejemplo, la construcción de un muro en la frontera de Israel por "los sionistas" o sus acciones militares defensivas pero en los marcos de la guerra y represión convencionales.

b) Yihad: "guerra santa", ¿por quienes y contra quienes?: de los fieles contra los infieles... ¡hasta su exterminio!

¿No se sabía esto? Vamos con una cita particularmente a propósito del Corán (que todos los musulmanes están obligados a seguir): 

"Combatidles hasta que cese la oposición y la adoración debida sea solo por Alá." (Versículo 2, "Al Bacra", capítulo 193) (*)
 
Así y con ese objetivo principal, las decenas de musulmanes que se manifiestan estos días en Barcelona, es como mienten porque no rechazan los objetivos de los terroristas (la Yihad) sino sus métodos "inconducentes" (uno de los manifestantes dijo: "No lo lograrán", y me cabe pensar que le faltó añadir: "... de esta manera"); y mienten de nuevo al tener por objeto defender sus actuales conquistas en territorio occidental, todas las cuales violan las leyes del Estado y de la Comunidad Europea como ya he dicho, y que incluyen en primer lugar su libertad de propaganda (¡de la yihad y de la práctica de sus "tradiciones culturales"!) y la reclamación de los bienes que entienden que aún les pertenecen (la Mezquita de Córdoba, hoy Catedral, por ejemplo... en su camino a la restauración del Califato de Al-Andalus), algo con lo cual estoy casi seguro que todo musulmán también comparte, incluidos los manifestantes.

Por otra parte, ¿cuántos y de qué virulencia son esos "ataques islamófobos" que se denuncian con muchísimo más ruido que la represión y ataques a cristianos o judíos en el mundo, o al uso que hacen en calidad de escudos de inocentes de todo tipo entre otras muchas "salvajadas"?; ¿por qué los grupos que realizan estos últimos son considerados por "la opinión pública" como excrecencias minoritarias y los que hacen cuatro o cinco pintadas sin ir más allá como los otros son anatemizados casi orquestalmente?; ¿por qué se justifica fácilmente por parte de demasiados las reacciones de los "rebeldes" y ni un poco a gente que reacciona ante la indenfensión que les prometen burócratas, diplomáticos, progresistas y demás "almas bellas"; ante el miedo a ser golpeados de no saben dónde?... ¿No es para entender que si el hambre lleva a la violencia también, sin duda, lo hace el miedo y uno de sus dos resultados: la rabia, la indignación; justmente lo que en otros casos sirve de justificativo para auténticas acciones vandálicas y hasta para masacres "contra los ricos" o "los imperialistas"?...

¡Sin duda se podría decir: "nolite judicare", y el que esté libre de pecado que siga tirando la primera piedra! O tan sólo hacer un desinterasado y desprejuiciado desenmascaramiento de lo humano por la crítica. Y la crítica, la vivisección de la crítica, no propone nada de nada porque sabe que la marcha humana no será jamás paradisíaca por mucho que la angustia nos lleve a soñar que lo pudiera ser.




(*) Y las hay aún mucho más taxativas e impías hacia los infieles, aunque no vienen aquí a cuento y suelen ser consideradas propias de "otros tiempos" y por tanto "mal interpretadas" por "los radicales". Algo, sin duda, que caracterizó (y casi se autoreprimió por completo) a todas las religiones, a toda idea de Dios (que como bien dijera Durkheim equivale a pueblo: pueblo contra los demás pueblos cuyo sometimiento daría más "confort" al propio...) Pero esto, que también se utiliza para correr un tupido velo sobre las intenciones combativas de los musulmanes, no es la cuestión. Dicho sea de paso al respecto: esto sólo pone sobre el tapete la única diyuntiva posible: o unos imponen a los otros sus leyes y convicciones o se soportan tras una autorepresión concertada que exigiría la renuncia de y el combate explícito de los propios musulmanes contra las prácticas más recalcitrantes de su religión.


lunes, 8 de febrero de 2016

Dulces milicias del horror



¿Sorprende? ¿A quiénes? ¿No será a los idílicos que todavía creen que se podrá contener la deriva que reduce a la nada su idílica pertenencia al pasado racionalista y humanista "auténtico", a los que todavía creen que no serán traicionados? ¿A los que persisten en mantenerse niños... o prefieren "jugar" a serlo (en el sentido de "representar", de "falsear") con embozada y taimada avidez? 

Por mi parte, sostengo que es perfectamente comprensible la fascinación que re-une a los potenciales y esperanzados okupantes de dachas (ocupantes muchos de apartamentos más que privilegiados) y los ávidos de una política de redistribución basada en el lema "a cada amigo según su capacidad de lamer", es decir, de subvenciones que recompensen la simpleza y el arte "de consignas" (digamos: "a lo Gorki"), a quienes ni por asomo se preocupan por lo que pueda suceder "realmente" y que "el espanto se convierta en la orden del día" (Saint Just) con tal de que ellos puedan vivir sus festecitas de "la alegría", su idílica felicidad de carnaval, compartir el optimismo con los que tengan que guardar silencio so pena de ser recluidos, que viven en la banalidad y harán oídos sordos a los que se quejarán y serán ciegos a los perseguidos y muertos "contrarevolucionarios", y justificarán los pogromos en nombre de la Patria, re-descubriendo las frases de los sanscoulots o de los kampucheano-democráticos, qué más da, etc., etc., etc. (¡esos etcéteras sugerentes a la manera de los de La Boètie!).

Basta estudiar sus perfiles para comprender qué han votado y qué vitorean cada dos por tres... No se trata de algo nuevo sino de otra repetición, tal vez más mediocre y teatrera que la previa. Como dijera Quignard (¡ah, qué gozada leerlo!): lo cíclico lo signa todo; no habrá "superhombre" que tuerza o "rectifique" el "eterno retorno"... Porque, recordando a Freud, los hombres no querrán nunca dejar de ser "una banda de asesinos que mienten". ¡Es la precondición del poder que se desea!