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miércoles, 29 de agosto de 2007

Noticias del Universo primitivo


¡Vaya si es notable! Me refiero al agujero (así lo han llamado, vamos) de más 500 millones de años luz de diámetro que se ha descubierto hace unos días y donde al parecer hay... "nada" o, yo diría, un número ridículo o próximo a cero, de bariones, es decir, de partículas elementales.

Una cosa está clara: se trata de la información más antigua del Universo recogida hasta hoy por el ojo del hombre; es decir, algo que nos llega desde donde las cosas apenas si empezaban a interactuar: aproximadamente hace entre 6 y 10.000 millones de años; o, como dicen los autores de la noticia (desde donde se puede acceder al informe y a otros detalles): "unos cientos de miles de años antes del Big Bang"; suposición que yo me permito tomar con pinzas o como una forma de decir las cosas.

No hay hipótesis sostenibles por ahora que yo sepa (sobre todo porque los "vacíos" de esta naturaleza capturados hasta esta vez eran mucho menores en tamaño y quizá se los consideraba simples áreas intermedias distribuidas en los límites de la materia, en una suerte de valles más allá de los cuales la materia se volvía a concentrar poco a poco. Quizá por eso lo de llamarlo agujero.) Pero lo evidente es que el Universo físico, como cualquier otro producto de la Historia, siguió un proceso de complejización básicamente aleatorio de cuyos orígenes da cuenta la imagen perdida (¿cómo será ahora esa región, será ya, después de casi 10.000 millones de años como la nuestra, habrá sido la nuestra como aquella, venimos tal vez de allí desde entonces, a través de incontables interacciones, choques y emergencias sucesivas?)

Debo suponer que así fue al principio de la fase en la que nos hallamos (y no sé si fue la primera ni qué pudo haber antes, si es que hubo un antes. Por aceptar una hipótesis, que sea el Big Bang, o el cambio de fase del tiempo debida a la imaginación de Prigogine.) Lo cierto es que debo suponer con bastante convicción que se trata de una noticia de nuestros orígenes puesto que los hechos me demuestran que la materia de hoy tiene una historia y cumple unas leyes, historia que apunta hacia la creciente complejidad y leyes que ponen esa tendencia en la flecha del tiempo. Y así como "hacia adelante" (en realidad hacia la complejización que nosotros experimentamos como avance) el número de interacciones crece dando lugar a conjuntos mayores y más estratificados, debo suponer que si marcho (analíticamente) hacia atrás me encontraré con elementos muy simples y de baja interacción. Y esa es la noticia confirmatoria de que así fue, así es y así será.

Áreas donde las sucesivas interacciones entre sus componentes dieron lugar a formas más complejas, base de otras aún más complejas aún y así sucesivamente, mientras en otras (espacios encerrados "dentro" de esos otros) todavía casi no han comenzado.

Allí, los bariones se habrían movido sin encontrar fácil oponente, las trayectorias no habrían intersectado de continuo sino más bien de una manera singular, algunas partículas se habrán enlazado, otras se habrán fusionado formando algo nuevo, otras habrán chocado para seguir rumbos nuevos, muchas habrán dividido a otras previamente constituidas... ¡Vaya uno a saber! Tendrán (han tenido) miles de millones de años para, poco a poco, generar las cosas que han sucedido hasta ahora, inclusive a nosotros.

Y si, en todo caso, hubiese estado allí entonces sólo que ya entre islas de materia de cierta densidad (como un inmenso mar separando escasos y distantes terrritorios), ¿acaso no apuntaría su existencia que fue el vacío (la reducida densidad, me refiero, y no "la nada") quien precedió a esas concentraciones cada vez más productivas de materia que acabaron por crecer en tamaño, formar galaxias, estrellas y planetas y sucesivamente lo demás?

Tal vez en el comienzo no hubiera una explosión...

En fin, ¿"...unos cientos de miles de años antes del Big Bang"? Parece poco para tan prolífica partida de billar.


Nota en referencia a la foto: los créditos son de Bill Saxton, NRAO/AUI/NSF, NASA

sábado, 5 de mayo de 2007

¿Complejidad evolutiva o superioridad humana?

Esta entrada se la debía a mi hermano, que ya habrá clonado de tanto esperar mi respuesta en relación al asunto sobre el cual una vez discutimos (tanto que ya no sé cuál era el detalle de la polémica y por ende la respuesta: ¡lo mismo le doy la que era suya y yo estaba antes equivocado!) De todos modos, me arriesgaré: creo que se trataba de cómo entendíamos que debe ser considerado el ser humano, esto es, de cómo creemos que él mismo debería autoconsiderarse en nombre de la lucidez y del rigor o, dicho de otro modo, con un enfoque científico, con fidelidad al postulado de objetividad.

Sin embargo, el cumplimiento por el ser humano de este postulado es limitado (aunque real dentro de esa limitación... y especialmente útil.) En el lenguaje cotidiano, en el que se ha introducido de uno u otro modo ese lenguaje científico, se suele caer en referencias más simbólicas que objetivas (objetivas en el sentido que le da la ciencia positiva al concepto) y ello no puede seguir viéndose como algo simplemente superable mediante el rigor. En el discurso más propiamente científico, riguroso y objetivo, hay deslizamientos de similares características y, sin duda, de idénticas causas y connotaciones.

La conceptualización (mediante el lenguaje) sirve al hombre para situarse en el mundo y operar en él, lo que se ve y se verá siempre limitado u obstaculizado por los mecanismos conservacionistas que precisamente necesitan de esos instrumentos. Una paradoja más de las varias que caracterizan a la vida y aún más a la vida inteligente, es decir, la que es capaz de una acción cognitiva y de conceptualizar sus manifestaciones imaginarias. Esos obstáculos incluyen las resistencias psicológicas particulares y también las sociales que van en paralelo con la etapa histórica en su conjunto y en las que se inscriben (remito a mi entrada "Los sentimientos...") Marx. por ejemplo, lo reconocía cuando sostenía que el hombre no se puede paltear sino aquello que pertenezca a su horizonte histórico ("...la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar...", Karl Marx, Prólogo a Contribución a la crítica de la economía política), aunque, como ya he denunciado en otra parte, no supo autocalificar el carácter ideológico, e idílico, instrumentalizado e instrumentalizante de su propia teoría: cierto que lo que veía estaba más acá del horizonte, pero no era lo que él y sus compañeros de ruta describieron y prometieron, autoengañándose y engañando a todos -y todos son los unos y los otros-, al llamar obrera a la revolución burocrática. Por otra parte, no hay sino que analizar hasta dónde son realmente capaces de anticiparse, en lo social o en lo tecnológico, los escritores de ciencia ficción.

Esas limitaciones y obstáculos son pues la otra cara de su aspecto positivo pero también se trata de algo útil ya que sirve, por las dudas, para que no pisemos terreno desconocido, teóricamente peligroso por definición. Aquí acabamos muy cerca de los conceptos psicoanalíticos, último refugio de algunos intelectuales como Castoriadis, aunque creo que se trata sólo de un acercamiento inevitable más propio de la psicología evolutiva cultivada al calor de los descubrimientos de la biología molecular y la genética. Creo, incluso, que esa paradoja alcanza el rojo vivo en la misma medida en que la lucidez avanza.

El paradigma es realmente complejo de dilucidar e incluso los mejores intentos de alcanzar esa lucidez podrían explicarse apuntando a la ceguera o compulsión que nos guía o nos empuja hacia la supuesta certeza absoluta, la convicción, la seguridad en nuestra intelección, etc., todos estos valores necesarios para la autoestima y el alcance inmediato o a corto plazo de la felicidad. Por sobre todas las cosas... debemos estar seguros de lo que afirmamos, debemos defenderlo, debemos manejarnos con juicios de valor y debemos formular leyes, predicciones, hacer planes, salvar vidas, educar, etc. y... sentirnos de ese modo satisfechos. Como el estómago animal, la mente animal necesita su alimento.

No por nada, Monod y Maynard Smith acaban sus ensayos sugiriendo una nueva moral ("El azar y la necesidad...", Jacques Monod, Tusquets Editores, pags. finales) o la creación de un nuevo mito ("Ocho hitos de la evolución...", John Maynard Smith y Eörs Szathmáry, Tusquets Editores, pags. 224-229)

Y estas cosas sólo pueden explicarse en base al reconocimiento de que son indispensables en aras de la preservación y de la continuidad de la especie, una especie cuyos individuos son cada uno un todo integrado de sensibilidad, inteligibilidad e imaginación.

Lo que podría intentarse (no pretendo que me haga caso nadie ni creo que sea posible como algo generalizado ni siquiera creo que yo mismo me pueda mantener siempre fiel a ello) sería aceptar que toda propuesta será siempre meramente circunstancial: históricamente, psicológicamente, socialmente... y en la base, genéticamente con y mediante todas sus múltiples mediaciones. En este sentido, creo que es más que válido extrapolar, adecuadamente claro, el aserto del psicoanálisis acerca de la negatividad de los traumas instalados en el inconsciente para protegernos pero que acaban frustrando nuestra aproximación a la felicidad. Lo que sirve se convierte en rémora. Pasa incluso con el ejercicio físico, que a veces lesiona. ¡Ah si fuéramos capaces de superar la inercia (algo que también funciona en el campo de la biología y de la psicología) a la primera...! ¡Ah si pudiéramos cambiar más fácilmente de rumbo cuando vamos en una dirección!

Así y todo, se puede y se debe (¡qué remedio!) ser riguroso y objetivo (o ser creyente, o dogmático, o escéptico, etc., y acabar sufriéndolo... ¡y esto último quiero señalarlo como un hallazgo revelador sobre lo que volveré!), esto es, evitar los preconceptos, la ideología preexistente con la que operamos, los prejuicios de índole psicológica, las convicciones que nos atan en relación a las necesidades sociales vigentes, las certezas más o menos científicas que nos embargan pero que comienzan a chirriar (a requerir cada vez más excepciones a la regla, como las visiones animistas primero y más recientemente las antropocentristas entre otras) hasta que son falsadas y sustituidas mediante los experimentos o las observaciones adecuadas que volverán a dar la razón y volverán a permitir nuevos avances a la técnica, y también los cantos de sirena de las utopías y de los sueños que abrigamos y que con tanta facilidad suelen conducir al autoengaño y a sus muchas veces terribles consecuencias, etc., etc., etc. ¡La Historia del Hombre!
* * *
Y, ahora, por fin, al grano. Es decir, a intentar ser objetivo en relación con el tema indicado en el título, esto es, intentando contestar a la pregunta expuesta, más desde mi pensamiento filosófico-científico, más desde una óptica metodológica y epistemológica, que desde un saber disciplinado y sistemático que nunca realicé, en particular en este campo.

¿Es el hombre un hito superior en la evolución (como se la ha llamado desde un punto de vista sin duda antropocentrista) o simplemente es la expresión más compleja alcanzada hasta ahora en el planeta Tierra, y qué es lo que eso significa?

El proceso de la vida (o, si se prefiere, evolutivo) es la concatenación de unos hechos experimentales ciegos cuyos resultados fueron sin embargo capaces de asentarse sucesivamente en el mundo de manera tenaz (tomo esto y lo que sigue en buena medida de Monod.) Sucesivamente, en el tiempo, remontándolo, como Monod dice, en el sentido de intentar vencer al tiempo.

Se trata pues de un proceso básicamente imprevisible en tanto y en cuanto da lugar a fenómenos cuya aparición es aleatoria (aunque, añado yo, apoyados siempre en lo inmediatamente preexistente, limitándose de ese modo y en última instancia el grado de aleatoriedad en un grado menor de infinito.) En cualquier caso, la paradoja, es que esos fenómenos que tanto ha costado explicar al hombre desde que los comenzó a observar como más o menos objetivos (a extrañarse, como diría Monod) y que incluso todavía no nos explicamos del todo (o no tanto como desearíamos), lo que aún hoy nos extraña, incluye, una y otra vez, desde un principio, un mecanismo de invarianza (altamente conservador) que propenderá compulsivamente a reproducirse con el menor número posible de errores (mutaciones), errores que, a su turno y de hallarse con terreno fértil para la nueva combinación que representan, se asentarán y comenzarán a reproducirse como una forma más, una nueva forma debida por ello al azar pero de pleno derecho.

Esto es objetivo (yendo incluso contra todos nuestros íntimos deseos ya que nos reducen a un resultado sin meta ni plan previo, a un accidente, y a la aceptación de sus atributos se nos impondrán por encima de nuestra intelección, curiosamente guiándola hacia lo operativo y contra todo obstáculo) y todo indica que así será, en tendencia, per secula seculorum: produciéndose, por obra del azar y más precisamente por obra de la experimentación aleatoria, cada tanto, una forma novedosa y tan tenaz como las precedentes. Una nueva forma resistente so pena de desaparecer. (¡Ya veis, por el camino de la aceptación de la realidad se orienta uno, uno solito, hacia las hazañas más heroicas y esperanzadoras, intente o no llevarlas a cabo, se presenten o no contratendencias u obstáculos para que eso suceda! ¡Repito: sin remedio!)

Veamos ahora por qué podemos afirmar que se hacen o son cada vez más complejas que sus predecesoras.

Monod señala simplemente un aspecto relevante que se sitúa en el centro de la definición de complejidad: se tratara del volumen de la información trasmitida, lo que, curiosamente, se vincula con el número y la calidad de las potencias que desarrolla el nuevo individuo, la nueva forma. ¡Ay!, dicho sea de paso, ¿cómo no ver la mano de un dios... cómo no extrañarse, maravillarse y pensar que tanta simetría no debería ser casual, ser un producto natural, alcanzado a lo largo del tiempo sobre la base del carácter agregatorio e interactivo de la materia... cómo aceptarlo a pesar de lo que la ciencia demuestra, de la necesidad nuestra de ver y descubrir para beneficio de la propia especie e incluso del individuo?

Todo al parecer apunta a que esa complejidad sea inevitable, ya que la determina la preexistencia misma de organismos menos complejos de los que el proceso se nutre, dando lugar a un crecimiento ya sea en base a "alianzas" simbióticas ya a través de la subordinación de los elementos anteriores a los de reciente aparición. Algo esto último que, en la medida en que el organismo es más complejo, puede acontecer dentro del mismo organismo, entre unas u otras de sus partes, forzando incluso un encadenamiento de cambios ante los cuales otras secciones, aparatos, sistemas, subsistemas se imponen o se asocian para soportar las modificaciones ocurridas en algún otro lugar del individuo. Esto creo que explicaría muchas "adaptaciones" que tal vez fueron colaterales (patas, alas, posición vertebral, forma, tamaño y/o posición de la cavidad craneal, inteligencia, lenguaje, incremento de la capacidad grupal, incremento de las habilidades, diferenciación de las manos respecto de los pies, etc.)

Desde el punto de vista expuesto, el concepto de "superioridad" se queda aquí sin sitio.

El hombre no ha alcanzado una capacidad mayor que otras especies para sobrevivir en el planeta, ya que cada especie lo hace tan bien como las otras e incluso algunas viven más tiempo, lo cual es en sí misma una relativa superioridad. Eso sí, en la línea de las relatividades, habría que apuntar que (en cuanto a las especies existentes aquí y ahora) sólo la tecnología creable por el hombre tiene posibilidades de llevarlo hasta donde las demás especias de la Tierra no llegarán nunca por sus propios medios, y adonde esa tecnología sin duda lo ayudar a sobrevivir sin necesidad de adaptación alguna. Y esa posibilidad, las demás especies conocidas no la tienen... salvo, en todo caso, mutando.

Lo justo. pues, es reconocer que desde el ángulo de la supervivencia no hay superioridad alguna.

Pero es que la propia consideración de la supervivencia como leit motiv privilegiado que resumiría el proceso, es de por sí erróneo, que sólo por simplificación se mantiene asociado al concepto de evolución. Porque, como bien afirma Monod, no es sino una simplificación el reducir el tema a una "lucha por la vida" (Spencer y no Darwin.) Lo que hay es azar y posterior invarianza, posterior retorno a la invarianza en cuanto ésta se hace mínimamente posible, es decir, a garantizar la replicación o la reproducción. La interacción física y química da lugar, sin otro recurso que la preexistencia y el azar, a las moléculas orgánicas, una realidad que tiene la extraordinaria propiedad de conservarse mediante la replicación. De ahí que todo esté al servicio de la reproducción: grupos, lenguaje, cráneo, columna, alas, pies, manos... De ahí que no se luche por seguir vivo sino por volver a ser lo mismo una y otra vez. Ese es el proyecto teleonómico de la vida, sin superioridad alguna, sino simplemente, con más información que trasmitir, información hallada y reunida, de entre lo existente, por azar y por necesidad.

Por eso... tendré que volver sobre todos estos asuntos. Haya o no respondido. Sea o no la respuesta.

viernes, 9 de febrero de 2007

Interpretar y dominar el Universo

Mi hijo Gabi me facilitó este acceso y que recomiendo. La lectura de la noticia que aparece en ese sitio me inspiraron las reflexiones que siguen. Juzgad vosotros mismos...

¿Qué es el frío? Entiendo que la disminución de temperatura equivale a la reducción del movimiento molecular y probablemente o al parecer del atómico… Si todo se mueve menos es que se mueve más lentamente, o sea, es que el tiempo va más despacio, que los ritmos temporales están más distanciados o son más largos. Esto nos lleva a las Teorías de Einstein en cuanto que la luz (y en ese sentido la materia del universo) define el tiempo y viceversa, que ambos fenómenos son inseparables. El experimento sugiere una interpretación revolucionaria (nueva, distinta) que hace avanzar la ciencia y promete novedades tecnológicas, pero ¿en qué medida podría acercarnos a los deseados y soñados viajes en el tiempo? El experimento, por empezar no sería experimentable a nuestra escala, ahí donde la vida existe y la escala del tiempo es otra. Sin duda, si ultracongeláramos nuestros átomos perderíamos toda capacidad de percibir ese fenómeno de ralentización que sin duda parece producirse en la escala del átomo, más precisamente en en interior de la nube atómica ultracongelada. El problema sería obviamente que, en ese estado, la visión y la vida que la hace posible dejarían de ser. No obstante, eso no significa que antes o después no podamos aprovechar (tecnológicamente) lo que suceda en esos submundos en los que nunca podremos entrar/estar/salir… sin atomizarnos, o sea, sin pasar a un estado de la materia más primitivo o menos complejo en la que no podríamos pensarlos ni utilizarlos, o sea, desde fuera del fenómeno y de su percepción, desde el estado de la materia al que pertenecemos. En fin, una nueva paradoja de difícil asimilación que se nos impone como tantas otras y mal que nos pese.

Tras recibir mis reflexiones, mi hijo me contestó aprobatoriamente y a su respuesta incorporó la siguiente noticia vinculada:

Las investigaciones de Mallett, en tanto, tienen como referencia un experimento de la profesora Lene Hau -del Instituto Rowland de Ciencia- quien logró reducir la velocidad de la luz a sólo 62 kilómetros por hora. Utilizando estos resultados y sus propias ecuaciones, el físico ha determinado que un rayo láser de alto poder proyectado en un área circular puede crear un poderoso movimiento en espiral, lo que hace que el espacio atrapado en esa zona gire como si fuera un tornado. Mallet dedujo que al añadir un segundo haz láser en dirección contraria al primero es posible detener el presente, creando una especie de circuito cerrado en el tiempo. Un equipo liderado por él realizará próximamente pruebas con partículas atómicas, pero el físico advierte que "retroceder el tiempo es aún una lejana posibilidad".


Por fin, él concluyó opinando que el viaje en el tiempo podría no ser físico sino sólo perceptivo, al sugerir que quizá un día pudiéramos trasmitir y recibir información de sucesos ocurridos antes de la invención del documento o posteriores al momento concurrente... El está, como casi todo el mundo, marcado por el deseo de viajar en el tiempo sea como sea. No puedo afirmar que nunca será posible a saber de qué manera, aunque no consigo aceptar que de poder ser consigamos trasladarnos físicamente, por emeplo mediante una ultracongelación que no soportaría el cuerpo humano de no tratarse de una criogenización o hibernación al uso de los posibles viajeros astronáuticos, útil para hacerlos llegar lejos, puedan o no volver luego al ponto de partida (se les pagaría muy bien para que volvieran, supongo, como debe ser, a modo de reclamo.)

De cualquier modo, yo sólo apuntaba al aspecto que vuelve a sorprenderme de la condición humana que nos hace capaces de incorporar a la ciencia nuevas interpretaciones imaginarias que independientemente de lo acertadas o no que puedan ser acaban siendo muy útiles, o sea técnicamente fructíferas, permitiendo así que sigamos desplegándonos por el mundo y por una parte cada vez mayor del Universo.

Aprovecho, también, para invitaros a pensar qué distancia será a partir de ahora un año-luz... Tal vez las estrellas no estén tan lejos de nosotros como podía parecernos bajo el supuesto de que el Universo se mantiene por igual a una temperatura agradable para la luz. Qué distancia y si seguimos en condiciones de afirmar que siempre es la misma o es variable no sólo por efecto de la curvatura del Universo sino de sus temperaturas, que quizá estén estrechamente vinculadas.