jueves, 2 de agosto de 2007

Ser o no ser... un animal

Como sugiere colateralmente Rich Harris en "Parental Selection: A Third Selection Process in the Evolution of Human Hairlessness and Skin Color", el ser humano ha renegado desde un comienzo de las características y las conductas típicas que había heredado de los animales, y esto fue muchísimo antes de que lo plasmara en los preceptos morales religiosos y en las éticas que luego se separaron de la religión.

Yo situaría las capacidades de reflexión y de comunicación del ser humano (de innegable origen evolutivo) en la base de esa respuesta testaruda e incluso utópica que tanta hipocresía, autorepresión y crueldad han originado hasta hoy. Ese impulso que sin duda se puede calificar de racista, debió operar en la conciencia humana desde los principios, sintiendo el reconocimiento inmediato de las diferencias y predisponiendo a los individuos a rechazar la animalidad que se manifestaba en ellos, al margen de que al mismo tiempo, inconscientemente, podríamos decir pecaminosamente incluso, la deseara como expresión de libertad: liberación de la responsabilidad, de la culpa, del miedo al futuro y en especial a la muerte, el futuro más seguro y más rechazado de todos los posibles.

Ahí está "El extraño caso de Dr, Jequyll y Mr. Hyde" para ilustrarnos. Y por supuesto la propia Rich Harris, que en en el artículo mencionado defiende una hipótesis que, dicho sea de paso, yo habría vinculado más estrechamente vinculada con la selección natural y que ella, entiendo yo, cuanto menos desdibuja (pienso que Rich ha estado aquí insuficientemente rigurosa tanto en lo científico como, por lo que he leído, en lo histórico), a saber:

Que la emergencia de la piel blanca y la ausencia de pelambre en los noreuropeos primitivos aconteció como resultado de una opción estética, voluntariamente elegida por las madres ("selección parental", como la llama), opción que yo no consideraría causa determinante del posible viraje que nos distanció algo más de los primates, pero que, sin embargo y sin duda alguna, estuvo y está presente. Ah, y que sin duda es muy significativa en el sentido que vengo defendiendo ya que describe en gran medida toda la conducta humana sucesiva y la totalidad de su cultura: mitos, religiones, filosofías.

Creo pues que existe esa tendencia real en el ser humano de querer distanciarse, escapar, evadirse, negar y renegar, de las conductas heredadas de sus primos; rasgos y conductas que persisten en sobrevivir y replicarse en él y gracias a él a pesar de los tiempos. Y creo que lo procuran, sí, voluntaria... pero compulsivamente, sin lograrlo nunca por completo.

Es suficiente, aunque no fácil, y eso creo y eso hago, imaginarse en la piel de un indefenso cromagnon (culturalmente indefenso, por supuesto.)

Verse a sí mismo cazando y matando como los lobos no le podía decir (aún) al hombre que su especie le debía mucho de su código genético pero sí, por ejemplo, que el espíritu animal, salvaje, instintivo, lo había penetrado de algún modo y que de tanto en tanto lo dominaba. ¡El hombre no podía sino ser consciente de ello y ser objeto de la extrañeza que ello le debía provocar!

¿Cómo no reconocer que su sensibilidad se veía afectada si esto nos sigue condicionando hasta hoy en día? ¿Acaso vamos a seguir invirtiendo los términos y explicando el fenómeno como una imposición de la cultura, de la religión y la moral más precisamente? ¿No será que haya que explicar más bien qué fue lo que llevó ese problema existencial hasta aquellos elevados rangos?

Pero, a fuerza de reflexionar, estamos más centrados en la solución del dilema. El psicoanálisis, la biología evolutiva, la ciencia en general, nos han traicionado dando vuelta el espejo en el que nos mirábamos y ahora sólo hay que ir otro poco más allá.

El rechazo a un origen que no nos explicaba nada, es más, que lo hacía todo incluso más oscuro, explica mucho mejor que ningún otro apunte teórico, la caída en la sistemática lucha contra los instintos y la paralela repugnancia hacia sus manifestaciones (¿merece la pena que ponga aquí un ejemplo como el de Pío Moa?) Explica los mitos animistas y las mecánicas mágicas más primitivas, el culto a animales superiores que habrían podido dejar atrás sus peores mañas y se habrían elevado hasta el reino de los cielos (es decir, sublimando lo bueno de la animalidad, lo más humano de ella), los dioses humanizados por fin que vinieron luego. Y lógicamente la moral religiosa y la ética que acabó descansando en la razón. Y la ciencia que se resiste a abandonar los lastres del animismo y del antropocentrismo, de la ceonceptualización vacía, etc., despreocupada de la economía de pensamiento que se gana ampliamante al vincularnos evolutivamente con ese origen inmediatamente anterior, incapaz de un destete que no parece resultarle satisfactorio, feliz (por no angustiosa), soportable existencialmente. Y, en breve, explica la supervivencia de esos lastres a través de toda la filosofía, de toda la reflexión humana dedicada estoicamente a salvarlos de la quema. ¡Esa es hoy por hoy el grueso de nuestra pesada cultura!

Sí, simplemente, se trata de la reacción contra los instintos y que se extiende hasta la totalidad de las conductas heredadas que los mismos imponen hasta llegar a dominar al hombre en contra de una voluntad (conciencia, individualidad sin duda que se manifiesta como tal por intermedio de aquella.) Especialmente cuando descubre (con o sin psicoanálisis) que su presencia reiterada es causa de problemas y se tergiversa el rol por el cual en un principio se ha heredado ese tal o cual rasgo perturbador.

¡Sea como sea, está visto que siempre fuimos conscientes de un modo conflictivo!

Que la necesidad de mitigar la angustia y la extrañeza (que asimismo nos impulsa a la búsqueda del saber) nos empuja a la construcción de mitos, al autoengaño y al disfraz. Todo para explicarnos nuestro lugar en el mundo y decirnos una y otra vez cosas del estilo de "yo no puedo ser un animal" o también "soy un político que quiere el bienestar de mi pueblo". O sea, para permanecer en la mentira más o menos a medias.

En mi caso, un ejemplo como cualquier otro, hay ciertas taras que afloran a mi conducta y que me recuerdan a mi padre (que no era un animal, evidentemente, pero que controlaba mucho menos que yo sus impulsos, y en particular los que recuerdo haber sufrido en carne propia, o mejor dicho y sobretodo en mente propia), taras que debí comprobar que no eran eficaces para mi supervivencia o que se contraponían a mis demás genes, afectados también y quizá tanto como los de mi propia madre. Pues bien, cuando ellos afloran, automáticamente tiendo a rechazarme, a enfurecerme contra mí mismo, a sentirme molesto o, en otras palabras, a ver reducida mi autoestima, la cual, precisamente, para recuperarla no tengo nada mejor que demostrar que logro reprimirlas o controlarlas mediante mecanismos básicamente psicoanalítiticos (aunque supongo que podría haber algunos otros.) Sin duda, yo mismo quiero ser "otra cosa", sin duda yo quiero ser "mejor" que mi padre. ¡Pues imaginaos ahora al pobrecito homo sapiens, o a cualquier otro antecesor o sucesor que se os ocurra, tras observar el comportamiento de una manada de monos o de lobos o de una bandada de buitres!

¡Imaginaos lo que se puede hacer con esos sentimientos por parte de hábiles manipuladores!

¡Imaginaos lo que una naturaleza menos propensa a ser mejor es capaz de hacer peor!

Bueno, ya basta; punto y aparte, por ahora... con sólo unos pequeños incisos publicitarios:

1) Deduzco que los que leen mis entradas no se animan a disentir o están de acuerdo en todo (lo digo a modo de provocación...)

2) Si lo primero, señalen, por favor, dónde y en qué me consideran equivocado o qué no he desarrollado adecuadamente para que pueda reflexionar sobre ello y mejorarlo.

3) Por cierto, he revisado por mi cuenta y riego mi entrada "Los sentimientos, la razón y lo imaginario" para que fuese algo más digerible (os recomiendo su lectura o su relectura y aprovecho para solicitar comentarios en su contra.)

4) Por último, además de la novela de Stevenson, me permitiré recomendar (je, je...) otra historia de un desdoblamiento de mi propia cosecha: "Comer con el pico y batir las alas hasta que haya máquinas en el cielo" que figura en la lista adjunta de los cuentos que me publicaron en la Red. A ver qué os parece.

martes, 31 de julio de 2007

La "Alianza de civilizaciones" y la guerra real a la que sirve

Antes, algunas precisiones señaladas en capítulos anteriores:

La humanidad no ha sido nunca UNA. Lo único que es UNO es...
el grupo al-que-uno-pertenece.
Sartre decía que "...hasta las mismas indeterminaciones se hacen militantes de partidos contrarios." (Carta a Camus.)

Y es que cada grupo se considera "el pueblo elegido" cuando no simplemente... La Humanidad.

Razas, clases sociales, naciones (o nacionalidades), civilizaciones... sexos... fueron y son antagónicos per se. En realidad: porque se ven y sienten diferentes, se extrañan y luego vienen los manipuladores para exacerbarlas y sacarles partido. Ahora bien, esas sensaciones son REALES y NO desaparecen ni con el tiempo ni con la cultura, sino que a lo sumo se reprimen en nombre de la RAZÓN, es decir, de algo muy endeble. Eso es así porque...

... el grupismo (o grupalismo) está en los genes.

En todo caso, el único mito que podría hacer de la humanidad un grupo único sería un "encuentro en la tercera fase". Y no por mucho tiempo ni consiguiendo la desaparición de todos los grupos menores muchos de los cuales le sabrían sacar partido incluso a esos "encuentros".

Sí se puede destacar una actualización (además de la vergüenza y la represión mencionadas que, mirad por dónde, son un signo de... civilización occidental): hoy en día, predomina el factor ideológico, y esto hace que los grupos se redefinen en función NO de pertenencia social propiamente dicha sino de alineación o adhesión. Me refiero a que se acepte en el grupo a quien se declare partidario aunque la realidad no lo acompañe.

Así, cuando se trata del grupo de los feministas... pueden haber no sólo hombres sino incluso un gobernante ista... ista... realmente machista. Si se trata de los ecologistas, entre ellos puede haber un Gore dueño de una mansión repleta de bombillas (¡uy, con lo feas que son las de bajo consumo!), ah... e incluso un presidente que se sumó a la protesta haciendo apagar (al parecer) 5 minutos las luces de la Moncloa (y si no fue así, qué más da: eso se dijo.) Cuando se trató y se trata de partidos obreros, con su típica modernidad, por supuesto que caben los burgueses (más o menos ex) y por descontado los burócratas corruptos, cuyas propiedades están siempre a nombre de interpósitas personas o directamente del Estado, para su uso y abuso personal. Y en cuanto a los partidos comunistas, ahí está el chino, que abre sus puertas a los capitalistas siempre que sean "rojos", mientras en otros lugares del mundo, sólo se puede ser del grupo de los banqueros y capitalistas si y sólo si se profesa el islamismo, mientras que en otras éso es necesario hasta para ejercer de simple ciudadano. Por último, para no abundar, hay donde se pertenece al grupo revolucionario con sólo gritar con los demás "Patria o muerte, venceremos", etc.

Desde que la complejidad social desplazara el poder por la fuerza directa por el poder político, cada vez se toma menos en cuenta la conducta o el ser social como no sea para justificar un mito simplificado y simplificador.

Hoy, por ese camino, hemos llegado al punto en que lo único que se considera significativo es la adhesión formal a una mentira alambicada de la que en muchos sitios se acaba en la traición, luego en la cárcel o el exilio, en la huida o la muerte.

Eso sí, hay un premio a la amoralidad: si el grupo triunfa, ya habrá para todos sus leales una parte del botín... lo que a fin de cuentas les poseedores de una configuración social específica basada en privilegios y buenas relaciones. Una parte del botín... aunque, a veces, sólo las gracias por los servicios prestados; pero ésta es otra historia.

Por eso, la famosa "alianza de civilizaciones" (por fin vamos a ello) contiene, como toda definición grupal contemporánea, un buen número de falacias bastante mal anudadas (porque como ya dije: es típico pero también conveniente.) Vemos esto más de cerca.

ZP, Kofi y el Gobierno turco han urdido sin pensárselo dos veces (al menos en lo conceptual y no en lo táctico) "una alianza" aunque, dado lo dudosamente "bien" que en general se expresan, nos hacen pensar (y creer) que debieron llamarlo más correctamente "pacto", incluso "pacto de no agresión".

Porque lo cierto es que las civilizaciones a las que alude la propuesta están realmente enfrentadas, como mínimo en la polémica, como poco en torno del petróleo, y como debe ser, en torno a las costumbres, precisamentente antediluvianas, discriminatorias y crueles (como poco) las que una de las dos asume como rasgos culturales que se deben respetar (sin contrapartida, claro) y que incluyen prácticas de las más repugnantes para los buenos sentimientos de todo ser humano... al menos cuando se refieren al dolor del propio grupo (lo siento pero aquí debo dar un ejemplo claro: estoy seguro que un espécimen de macho fundamentalista se alzaría contra la injusticia de rebanarle el pene a un hombre por pegar a su mujer. Por ejemplo. Lo que demuestra que un sentimiento de esa naturaleza es general y propio de la raza humana. Fin de la digresión.)

Sin embargo, "una alianza" sería la que se establecería entre unas... contra otras... Y esto no nos queda nada claro a partir de los propios discursos aliancistas: ¡entre cuáles, contra cuáles! Esto debería hacernos reflexionar y luego concluir conque tal vez no todo sea tan confuso como capcioso, es decir, políticamente ambiguo con intencionalidad, y tan sólo con una sutil redefinición de las "civilizaciones" involucradas . Algo, nuevamente, típico de las definiciones contemporáneas que se atribuyen los grupos a sí mismos y a los otros.

Por de pronto, es inmediato observar la existencia en España de un gran bloque "cromagnon" enfrentado a muerte con el que recibe la acusación de "neandertal" (¿o era "gótico", "cavernario", etc.?) para conseguir merendárselo como sea: el bloque anti PP en el que los propios mentores e inventores del mismo incluyen a la llamada "insurgencia irakí" (como si hubiera una sola) y hasta a los sospechosos (todos los sospechosos) de perpetrar el asesinato en masa del 11 de marzo (porque, desde el punto de vista de la alianza, estos sólo serían tan radicales como los de la banda opuesta con un criterio claramente bonapartista -Eisenstein, "Octubre 1917" y Lenin en varias obras- que los preside, y, como ellos, también podrían ser rescatados para la causa de la Paz y de la Convivencia. Basta una firma de adhesión o algo equivalente.)

Ese bloque enemigo, es identificable con la "alianza enemiga" a la que se pretende combatir mediante la "alianza de civilizaciones", ya que tiene también, ¡cómo no!, al imperialismo yanki dirigido por Bush, ¡por suerte un auténtico imperialista yanki y no como esos demócratas que ya veremos cómo se los podrá acusar de lo mismo si ganan las próximas elecciones si es que no se "alían" del todo! ¡Es la "alianza de las Azores" a la que los "más radicales", al parecer y comprensiblemente, castigaron el 11-M!

Es obvio, pues, que no se trata de "un pacto" entre civilizaciones, de "un pacto" de tolerancia mutua (bajo cuyo supuesto opera según sus verdaderos objetivos), sino de un llamamiento a una "alianza" real de una parte del mundo contra la otra parte.

Una "alianza" de un conjunto de grupos burocráticos pertenecientes parcialmente a la civilización occidental y al tercer mundo contra otros que no sólo pertenecen también a la primera sino que son su expresión más avanzada en el presente y según los principales parámetros objetivos por los que sin duda ha alcanzado un puesto dominante, hegemónico y "opresor (económico en todo caso) de los pueblos".

Ahora bien, si hiciéramos una lista de elementos comunes y no comunes y buscáramos entre los primeros su mayor exponente (una operación matemática sui generis) hallaríamos que la ideología es la candidata principal al puesto de lo que los une o identifica como miembros de esa "alianza". Una ideología que precisamente gusta de confundir economía y política y habla de "explotación del hombre por el hombre" como de algo superable mediante un golpe de estado y una burocratización extrema de la sociedad, algo que muy pocos ya se creen pero que muchos son empujados poco a poco a admitir. Una ideología que ha crecido y se ha ido reconfigurando a partir de eso que D. H. Lawrence consideraba propio de la mentalidad de las masas necesitadas (y esto en el año 1925 más o menos, "cuando la revolución de Lenin era una noticia reciente" según apunta Leavis), algo que lo llevaba a preguntarse:
"... ¿Cómo es posible separar la pasión por la igualdad de la pasión por la codicia, que comienza con la lucha por la igualdad de posesiones?" (citado por F. R. Leavis en "D. H. Lawrence, novelista", Barral editores, Barcelona, 1974, pag. 126)
... y sobre esa base a escribir "una de las obras más sorprendentes de originalidad creadora que existan en el campo de la novela", como Leavis (ibíd., pág. 205) caracteriza a "Women in love" de Lawrence en donde un aparente ZP llamado Thomas Crich es desmontado al menos por inoperante, ya que, como remata Leavis:
"La falacia, el idealismo, no es solamente una excusa sentimental para con uno mismo y una evasión de la responsabilidad. Lawrence nos hace ver el fenómeno como nocivo para la vida, la cual, víctima de la maligna e inevitable lógica, sufre una tremenda derrota en la persona de Christiana Crich." (ibíd., pag. 226)
Pero no estamos en 1925, y Mr. Rodríguez Zapatero no es un "idealista" que pretenda "negar la verdad esencial" y sea por ello "traidor a la vida" (íbíd, pag. 231.) No, no exactamente: la burocratización ha ido más lejos (retomando eso sí viejas prácticas y remozándolas) y aquí no hay idealismo ingenuo sino manipulación maquiavélica revestida de idealismo trasnochado y falsa ingenuidad. A ZP, en un grado digno de figurar en el libro de los records, pero a todos los burócratas que llevan la batuta en mayor o menor medida, les da igual decir hoy una cosa y mañana lo contrario, mentir y desconcertar, destapar una tras otra las planeadas cortinas de humo del Plan Z (como la del espía y tantas anteriores), prometer e incumplir (ya se hallarán explicaciones cuando llegue el momento: algún traidor, alguna zacadilla de la oposición, algún obstáculo propio del sistema democrático...)

Pero, más allá de los detalles, lo cierto es que las ideologías de ZP o la del venezolano Chávez son las mascaradas que vienen de ese fondo de los tiempos, de ese idealismo de Rousseau y de Marx que debieron adaptarse para triunfar en sus objetivos de llevar al mundo al Paraíso con el que soñaron, reencarnándose en Robespierre, en Lenin, en Stalin, en Hitler, en Musolini, en Pohl Poth... siempre soportados por las masas.

Marx llegó a llamar a ese conjunto social "lumpenproletariado", que no es para nada una "clase social" definida según los cánones marxistas (¡tuvo que verlo en acción apoyando a Bonaparte, es decir, tras una solución burocrática... que prometía un suculento botín!) Lo hizo, por cierto, haciendo gala de un elitismo culto y defensivo y desplazándose bastante de sus propias teorías economisistas. Hoy es una expresión que "la izquierda" se cuida mucho de utilizar por esa mala conciencia de los elitistas mediocres de hoy en día, pero mucho más porque ese conjunto representa una clientela que no quiere despreciar sino y que, por el contrario, mima (hasta el punto de denominar "asociaciones culturales" a las bandas delictivas de adolescentes inmigrantes, como la de los latin kings, o de alentar a los okupas y a los cultores de los botellones!)

Esa ideología tiene hoy el regusto por las formas y las ventajas de la corrupción desvergonzada, por la mentira burda, por los métodos gansteriles, por el terror sin reservas, desvergonzado, etc., etc., que prevalecen en los países del Tercer Mundo a los que por ello se denomina "bananeros".

Pero lo principal es centrar el problema o ser devorados hasta el alma. Ya sé que no hay nada que pueda llamarse así salvo mi propio prurito por la honestidad y la independencia de pensamiento. Sé que el cuerpo será capturado y cocido a fuego lento en la hoguera de alguna de las tribus en pugna y que con ella se perderá esa supuesta alma. A ver si resulta cierto eso de los memes y al menos puedan permenecer por ahí, en algunas partes, en algunas otras mentes. De todos modos, eso no es decisivo: el mundo real seguirá variando y en nuevos contextos, quizá más propicios, quizá fantacientíficos, el hombre libre volverá a pensar una y otra vez lo mismo que pensaron otros, como, por ejemplo, D. H. Lawrence (que no me inoculó por cierto ningún meme sino que, simplemente, dijo cosas con las que me identifico, y las dijo muy bien.)

viernes, 27 de julio de 2007

Grupismo y complejidad (4): el Fénix animista.

Los humanos tienen tanto o más capacidad de imitación que cualquiera de los animales que se constituyeron antes en la historia, pero no se debería abusar de esa habilidad para explicar la conducta humana ni tampoco para invitar al hombre a superar sus limitaciones posibles mediante esa técnica.

Pues esto es precisamente lo que se hace con relación al grupismo.

De una parte, se lo define como una respuesta mimética de la especie humana en relación con las "asociaciones" animales con las que se topara en los inicios. Por otra, se sugiere que la sociedad humana compleja debería buscar, "para salir de su atolladero", nuevos modelos, ¡como, inclusive, el de las hormigas!

Hablar de imitación con relación a los comportamientos animales (estos sí: instintivos) permitiría inferir que los famosos "memes" pasaron de los animales "inferiores" a nosotros. Esto permitiría hablar de "cultura animal"con igual licencia, siendo la nuestra, simplemente, más compleja.

¡Lo explicita el propio inventor del término, Dawkins! Y aunque el texto da para muchas más observaciones, sólo me limitaré a transcribir lo que aquí resulta relevante:
"El mejor ejemplo, no humano, que conozco ha sido (...) el canto de un pájaro del orden de los paseriformes (...)

El canto de ese paseriforme evoluciona ciertamente por medios no genéticos. Existen otros ejemplos de evolución cultural en pájaros y monos, pero sólo se trata de curiosas rarezas." Etc. ("El gen egoísta", Salvat Editores, Barcelona, pag.248. La cursiva es mía, C.S.)

¿No es increíble que haya algo diferente y a la vez idéntico?

En fin, tal vez, al ser humano le resulte más fácil renunciar a la diferencia entre el hombre y los demás animales por la vía de humanizarlos (como en los dibujos animados) que por la vía de animalizar al hombre reconociendo que "la cultura humana" y sus atributos, sean sencillamente instintivos, innatos, como el lenguaje; independientemente de su mayor complejidad y de su especificidad, de su propia dinámica y de su autonomía respecto de los demás en particular de aquellos que les sirvieron de base y sobre los que indudablemente se construyeron adquiriendo un grado superior de complejidad. ¡Independientemente incluso de que sus componentes sigan reglas más o menos idénticas o nuevas respecto de las que imperan en los estratos predecesores cuyas rarezas muestran ni más ni menos que su primitiva presencia!

Un ejemplo muy descriptivo nos lo ofrece, por ejemplo, Elías Canetti, quien habla de una suerte de imitación por el ser humano de los "grupos" de animales preexistentes, o sea, de aquellos con los que se encontró: las manadas de lobos... y hasta los bosques, las montañas, las estrellas, las olas... (Elías Canetti, "Masa y Poder".) Grupos, todos, potencialmente más poderosos a los que se debían enfrentar y en uno u otro sentido vencer. Grupos que se atribuyen a los dioses en la mayor parte de las culturas hasta que fueron "superados" por un único dios "presente en todas las cosas", sustancia que las unificaba a todas en su seno y en su individualidad (¿acaso lo que hace precisamente la conciencia individual humana?), siendo una y otra casos "opuestos" animismo y antropocentrismo; mitos, en fin, con los que mitigar la extrañeza ante lo que se experimenta dentro, en cuanto YO.

En su trabajo sobre "las masas" (término que yo reservaría para fenómenos más específicos donde se aprecie la imposición automática de la ideología o la estrategia declarada de unos jefes) afirma con indiscutible sugestión poética:

"La (...) muta (...) antigua y más limitada forma de masa (...) debe su aparición entre los hombres a un modelo animal: a la manada de animales que cazan juntos. Los lobos, que el hombre conocía bien y que en el transcurso de los milenios educó para perros, le causaron impresión ya desde fecha muy temprana. Su presencia como animal mítico entre tantos pueblos, las representaciones del hombre-lobo, las historias de hombres que, disfrazados de lobo, asaltan a otros y les roban, aquellas leyendas acerca del origen de los niños que son criados por lobos, todo esto demuestra qué cercano estuvo el lobo del hombre." (Elías Canetti, "Masa y poder", Muchnik Editores, Barcelona, 1977, pág. 92. La negrita es mía, C.S.)

Lo que yo pienso, resistiéndome a los obvios encantos de la metáfora, es que Canetti no hace sino confirmar lo arraigada que está en la mente humana o lo inseparable que resulta de ella el animismo (algo que incluso llega a observarse en Rich Harris o en Maynard Smith.)

Prigogine, por su parte, pone como ejemplo, obviamente a emular, a las hormigas, cuyas sociedades serían para él: ¡"las sociedades ecológicas más exitosas que conozco", como afirmó una vez!

Dawkins desbarra de su declarado darwinismo "entusista" cuando separa la cultura con mecánica evolucionista del resto del proceso del que ella emergió, dándole así una diferenciación que no conduce sino a nuevos mitos.

Al respecto, me pregunto qué se gana constatando que las leyes de la selección natural bajo las que se trasmitieron y se trasmiten los genes, se cumplen a rajatabla (lo que no es real) en un campo que por el contrario se caracteriza porque: (a) su génesis puede ser explicada genéticamente, es decir, como producto de la evolución, como producto de la historia natural, y (b) tiene su propia dinámica y especificidad una vez constituido.

¿Por qué no esto, en lugar de tener que forzar la máquina y mostrar analogías propias de una pirueta o, quizá mejor dicho, de una... memez? Memez que, desde mi punto de vista, no sería sino una forma encubierta de animismo que insiste en rescatar el alma hasta considerarla parte cosntitutiva de los animales menos primitivos, aquellos que deberíamos considerar que también ellos tienen "una cultura" y yo qué sé qué más; criaturas que, por cierto, nunca han llegado, como nosotros, a creer en Dios ni, por cierto, en dioses (¡lo que para Dawkins sabemos que es fundamental, tal vez por su necesidad de marcar su diferencia humana, mientras que para mí en absoluto!), que, en síntesis, no fabrican como nosotros los humanos (y como Dawkins o Prigogine, Canetti y muchos más) un mito tras otro como parte del proceso de la evolución.

Poco hemos ganado con los memes humanos como no fuese proveernos de un estatus "superior" por una vía rebuscada (¡recortando adecuadamente a Dawkins, muchos seres humanos se sentirán mejor gracias a ese concepto!), lo que se diluye si aceptamos la existencia de memes en los animales del mismo modo que reconocemos la evidencia de las sociedades animales, todas ellas, eso sí, compulsivas, explicables históricamente e ideológicamente justificables a posteriori. Exactamente como las humanas (algo sobre lo que volveré aunque sea en mi próxima novela.)

Lo siento, pero no veo necesidad alguna de renunciar a la evidencia en beneficio de ese mito. ¿Y si los miembros más convencidos de las manadas fueron precisamente los que sobrevivieron sobre los lobos solitarios debido a que éstos hubiesen sido exterminados por díscolos o expulsados por individualistas (permítaseme utilizar estos guiños antropocentristas y animistas)? ¿Por quiénes? Pues por los líderes de las manadas que así se habrían afirmando como tales al eliminar a los competidores que quizá también deseaban serlo o que se marginaban... Es decir, por unos líderes... igualmente individualistas e incluso dictatoriales, demasiado fácilmente equiparables como para resistirme a hacerlo, al prototipo humano que Sartre desarrollara en su drama "El Diablo y (el buen) Dios", me refiero al personaje que acaba descubriendo que sólo puede permanecer con los demás situándose a su cabeza (¡y poniendo a los otros a sus pies!)

En fin, no es muy difícil contar una historia de dibujos animados y hacer didáctica ideológica. No soy sino un ser humano.

Ahora bien, la realidad nos muestra que en el hombre se integran tendencias (instintivas) tanto en el sentido de la colaboración como en el del sometimiento, del grupismo y del uso del grupo para fines individuales. Y no porque imite a los animales ni a los conjuntos de cosas con las que se encuentra sino, más bien, porque las heredado de esos animales a través del largo camino de la evolución.

En todo caso, si se resiste a aceptarlo quizá sea porque sufre al descubrirlas en sí mismo, al descubrirse, precisamente, que es bastante más animal de lo que le gustaría.

martes, 24 de julio de 2007

Prisioneros con dilemas

Tendremos que aceptarlo, mal que le pese a nuestro pasado antiautoritarista: aunque las masas llegaran a tener la fe de las vanguardias (ellas la llaman su conciencia), no podrían gobernarse sin la mediación de especialistas que como grupo autónomo invierten los acuerdos (o sin una red mundial de ordenadores y robots asimovianos y no como la de "El día del juicio"); aunque las masas conservaran las armas de las viejas revoluciones, no podrían hacer ninguna clase de guerra, ni defensiva ni agresiva (ésta sería lo de menos); aunque las masas supieran artes marciales con la destreza de Kill Bill, lo que les permitiría defenderse y protegerse de los criminales, no podrían sustituir al aparato policial en toda su extensión (investigación, persecución, captura, encierro, administración del encierro, vinculación con la justicia...) salvo mediante un retroceso histórico (quizá incluso muy ecológico.)

El mundo complejo de hoy no permite evitar la burocracia política, los ejércitos ni las policías como cuerpos autónomos dependientes en general del grupo político hegemónico.

No puedo sumarme ni me sumaré al sostenimiento de esta sociedad inevitablemente mentirosa y trataré de vivir al margen de ella en la mayor medida de lo posible, pero sé positivamente que cada vez que lo necesite apelaré a la policía y a los jueces, pediré a los ejércitos que hagan lo necesario para mantener al enemigo que nos quiere sojuzgar más allá de lo admisible y hacernos retroceder bastante más de un paso, lo más lejos posible de nuestras denostadas fronteras (y vencerlo incluso, preventivamente), aceptaré que los burócratas se esmeren por hacer que la administración funcione (aunque lo consigan poco y no sea ése su principal objetivo) para seguir teniendo, al coste asumido (impuestos, restricciones de uno u otro tipo, libertad vigilada...) la energía y la información máximas, tiempo para el placer, el deleite y la diversión, la posibilidad constante de encontrar cualquier libro, en cualquier lengua, la de expresarme asimismo en la que me apetezca, la de usarla para denunciarlo todo con altura intelectual (o sea, no vociferante), la de reír y hacer reír con todas la ocurrencias imaginables, la de viajar y conocer, estudiar y enseñar, vivir y morir, etc., etc., etc.

No existe otra realidad, no seáis ingenuos (salvo que sea más fácil y soportable ignorar que defendiendo lo contrario ayudáis precisamente a los más dañinos. O... ¡salvo que seáis sus cómplices!)

Así es, no seáis ingenuos: en el extremo, somos prisioneros de la realidad social con planes de evasión en la cabeza... o carceleros.


lunes, 23 de julio de 2007

La conducta y la conciencia

Hay sentimientos que no parecen estar en el ser humano para llevarlo a ningún tipo de éxito individual ni a favorecer el del grupo o el de la especie; que no están ni para protegerlo o para sacarlo de apuros sino todo lo contrario: que están para hacerlo caer en trampas de difícil salida o de caída recurrente, para caer enfermo mediante el desgaste que nos acerca a la muerte... y, por fin, para reproducir lo negativo en la figura de hijos, nietos, etc. empezando por la elección de la pareja más idónea para conseguirlo.

La psicología, en particular las escuelas que practican el psicoanálisis como terapia, apuntan, fieles a su maestro Freud, que la conducta tiene su origen en el entorno donde se formaría la trilogía yo, super-yo, ello. O sea, creen resolver el problema con conceptos kantianos despreocupándose así de las raíces genéticas que lo explicarían (algo que sigue siendo habitual.)

La biología molecular y la psicología evolutiva entretanto, proponen por ahora líneas más metodológicas y gnoseológicas que demostrativas.

Ante esto, nos es de extrañar que nos sintamos inclinados a abandonar el intento de explicarlo mediante la selección natural, tentados a considerar que será cosa del horóscopo, por ejemplo, y resignarnos luego hasta que los astros se reacomoden y las cosas cambien. Pero insisto en que se trata de un instinto contra el que contraponer la razón no conduce a solucionar gran cosa. Un instinto que como todos ellos tiene un origen innato y cuya conciencia, al mismo tiempo, nos devuelve una imagen poco agradable de nosotros mismos. ¡Y no me refiero a la humanidad en su conjunto, sino a cada uno en particular! ¡En cuanto lo reconocemos!

¿Por qué sufro por causas invariables, por asuntos que no podré modificar, se trate del dolor del otro contra el cual se resiste a hacer algo o de la injusticia del mundo tal y como me afecta a mí? ¿Acaso sólo porque los que empezaron siendo como yo hace millares de años sobrevivieron casualmente? ¿Porque ello los ayudó a sobrevivir? ¿Cómo, por qué, en qué ayuda algo tan inconsecuente? ¿Es que es la base material o el caldo de cultivo en el que se desarrolla el buen actor, el buen comediante, el buen manipulador, el buen tramposo, el buen descubridor de tramposos, el buen payaso, el buen "lo que sea" a quien el grupo protege a pesar de su debilidad o quizá gracias a ella?

Tal vez... por qué no... es ciertamente posible que yo sea uno de los descendientes de esos inútiles que entretenían a los cazadores y guerreros, a las mujeres aburridas que los esperaban y a los niños, a los enfermos y a los tristes, a los locos incluso, salvándose así ellos de muchísimos peligros mientras los otros arriesgaban la vida y la perdían ya fuese cazando o luchando, pariendo o siendo presas de un peligro inconsciente, de las enfermedades, la depresión o la locura.

Parece mentira, lo superfluo y lo gratuito se reprodujeron tan sencillamente como la inteligencia reflexiva y demás atributos. Tal vez por eso tengamos poesía, literatura, teatro, música, pintura... Y por eso sigamos almacenando sentimientos inútiles y autodestructivos.

En fin... lo dejo aquí a modo de bosquejo. Y sigamos adelante (es decir, hacia ninguna parte.)