miércoles, 14 de enero de 2009

La preferencia humana por el idealismo.

Cuando en "El nacimiento de la tragedia" Nietzsche rescataba la fábula del rey Midas y el sabio Sileno, no hacía sino exponer una de las tantas fábulas con las que el hombre puso de manifiesto desde los primeros tiempos su predisposición a comprender para combatir (¿o "superar"?) el absurdo en el que lo colocaba su conciencia. El mundo se le hacía presente al ser humano en un grado tal que ya no podía huir de él despavorido y esconderse o atacar imprudentemente, sin el menor aprecio por la vida, como se ven impulsados a hacer nuestros lejanos primos, los simios, y de ahí hacia abajo, a instancias de una conciencia cualitativamente más limitada. La conciencia humana, por el contrario, le permitía reconocer la absurdidad como un hecho problemático y no como un simple accidente. Como a los demás seres vivos, se le presentaba como un obstáculo, pero al mismo tiempo, como un obstáculo no eludible que se sentía obligado a superar. Precisamente, la angustia y su tragedia consistían en que a pesar de ello le resultara imposible eliminarla. Su huida, pues, no podía ser la simple de las fieras ante un imprevisto, a la que sin embargo no dejaba de sentirse impulsado. Y he ahí que, al mismo tiempo, la nueva cualidad le serviría para huir del absurdo y por tanto de la realidad. Así, automáticamente, el hombre descubrió que para huir de esos fantasmas que lo acosaban, monstruos imaginarios sin duda, nada mejor que un refugio idílico donde, por sobre todas las cosas, pudiera hallar la tranquilizadora invariabilidad: el mito.

Esta situación caracteriza, lisa y llanamente y por definición, a la Filosofía desde su fundación. La búsqueda de la verdad que la define (más deseo que amor puesto que en el sentido en que la busca es necesariamente inalcanzable) es encontrada una y otra vez como modelo racionalmente fundado (diferenciándose, dicho sea de paso, de los dogmas religiosos exclusivamente por la existencia de esa justificación.) Pero para ser fiel a esos principios fundacionales, la Filosofía debe ser taxativa, debe dar fe del sentimiento positivo del hombre acerca de su convencimiento y del hecho de que necesita evitar la pusilanimidad so pena de perecer. La Filosofía no puede resistirse ni poner trabas a la marcha que empuja al hombre a instancias de la vida que lo produjo. La conciencia debe estar a su servicio y por ello debe engañarse para actuar.

Por ello, a la Filosofía siempre se le impondrán las exigencias de la Política. Por ello, la Filosofía debe rendir tributo, en alguna medida, al idealismo.

El Rey Midas, como explicita Nietzsche, representa al hombre reflexivo y, por así decirlo, es el verdadero padre de los hombres reflexivos que llegaron hasta la filosofía y la ciencia (ambas al servicio de dar fundamento y justificación a los mitos en general y a la religión en particular, a la que acabaron convirtiendo en dogma... como se tiende a hacer con los resultados "positivos" de la ciencia una vez "reducidos" -como demostró en el extremo Comte), cargando inevitablemente a estas construcciones formales con el predicado idílico para extraer mitos cada vez más depurados y eficaces, menos contradictorios y creíbles, certeros en el corto plazo aunque... condenatorios para el porvenir.

Al pretender dar fiabilidad a la marcha entre tinieblas mediante una luz dogmática o mítica, el hombre se interna por un camino que no tiene nada de absoluto. Nada garantiza que ese camino no se dirija hacia un abismo del que ya tendrá tiempo de preocuparse cuando se halle lo suficientemente cerca para verlo. Nada hace que lo nuevo sea único ni inevitable. Etc.

Y, sin embargo, el hombre debe vivir sus pasos con seguridad, debe moverse hacia "adelante" como si realmente "avanzara" (linealmente, ascendentemente). Hasta las teorías más realistas han debido tributar a esa idealización.

La forma que han tomado las idealizaciones filosóficas racionalistas no ha podido ser pues sino un modelo, un modelo que ha tendido a fundamentarse en la suposición de un mundo previo en estado puro (La Caverna, el Edén, la Naturaleza...) que daría sentido no sólo a esa línea ascendente sino explicaría sus desviaciones.

Una y otra vez, el hombre se ha dado explicaciones de esa índole, ya fuese globalmente, ya fuese para el mundo y el tiempo presentes.

En esa tónica se debe asumir la idea de que es el propio hombre el culpable de esas desviaciones. Lo fue por caer en el Pecado Original. Lo es hoy ante "La Crisis" por seguir sin poder cuidarse de caer en los pecados.

De esas construcciones surgiría un lenguaje conceptual, formal, abstracto; el lenguaje de "la caverna", el de la perfección, el de los dioses... Un refugio que continúa siendo caro a aquellos intelectuales que permanecen alejados del poder y de toda posibilidad de influencia sobre el mismo.

Esto ha sido y sigue siendo así a pesar de los intentos (tal vez inconducentes) de Nietzsche mismo y otros intentos realistas más o menos consecuentes. Lo podemos ver en particular en el uso que se sigue haciendo de las viejas palabras, del lenguaje que se forjara en tiempos más sencillos, más prístinos, seguramente siguiendo la misma tónica. Viejas palabras y conceptos que se siguen alzando como espadas flamígeras contra el Leviatán.

El embate de la postmodernidad ha vaciado sin duda el lenguaje al reducir su utilidad al de la táctica engañosa y desconcertante de los políticos profesionales. Esto lo ha tornado cada vez más inoperante, lo ha denigrado, corrompido, torcido, tergiversado, fundido en el fuego de la ambición antisocial de los actuales gobernantes y de los actuales aspirantes a gobernar; ambición sin sentido, sí, porque tiende responder cada vez menos a las necesidades de los hombres que pululan bajo su cobijo; porque en última instancia es una ambición sin meta o liberada de toda meta que amenaza incluso con el caos. Algo más propio de una fiera desbocada e inconsciente (porque no alcanza a comprender que el mundo para llegar a ser de ellos... puede dejar de ser). Un Leviatán que pierde su vieja justificación racionalista para volver a un dogma aceptado ciegamente por sus fieles a cambio del futuro de todos. Y que no tiene enfrente otros contendientes que sus pares.

Sin dudas, esto hay que verlo con más detenimiento. Los hechos hacen doblemente difícil la acción. Parece que el mundo rueda como una pesada roca hacia el colapso y que sólo podrá detenerla el propio abismo. Creerse un Coloso o un grupo de colosos no sería más que una muestra de locura para la cual cabe la idealización de reducir en la mente esa roca a un tamaño manejable por hombres sencillos aunque decididos. Lo comprendo, aunque mi conciencia no lo admita: no es nada fácil cumplir con el imperativo genético cuando, como Hamlet (según decía Nietzsche), se siente "nausea de obrar".


miércoles, 7 de enero de 2009

Contramanifiesto inútil para seguir en solitario

Unos apuntes más a cuento de lo que pasa en el mundo y cada vez más cerca y sonoramente a la manera de un...


Contramanifiesto Antiburocrático No Convocante:

Lo que está detrás de la respuesta israelí en Gaza (pero no sólo ni de lejos) pone claramente de manifiesto que los ideales liberales y los democráticos han sosobrado en su propia ingenuidad e inoperancia, tanto con relación a sus fines declarados como a los implícitos que por vergüenza propia no pueden reconocer. Nada como el aprovechamiento llevado a cabo en estos últimos años y cada vez más reiterado y productivo (para sus decididos usuarios) de las vías de acceso democráticas al poder por facciones que en épocas lejanas, pero aún referenciales de un lenguaje hoy un tanto moribundo, habrían sido consideradas hasta por ellos mismos como lisa y llanamente facinerosas, criminales, deshonestas, etc.

Esos ideales, que cada vez más ostensiblemente van quedando al desnudo, escondían los deseos de libertad de una parte de la población del mundo y eran vistos por ella como la vía no violenta para su acceso al poder, sin duda socialmente más cómoda, económicamente más barata e intelectualmente más satisfactoria... de cualquier forma tan idílica como la del acceso por la vía de la violencia, al menos para ellos, occidentales de buena conciencia y tributarios del racionalismo y la greicidad infantil e ingenua en retirada. Todo lo cual está cada vez más sumido en el fracaso y la frustración, sosteniéndose sólo por inercia, inocencia o impotencia, incluso, si acaso, por pusilanimidad.

Desde hace tiempo ya, estos métodos han sido los más productivos para los grupos de profesionales de la política que pudieron y supieron organizarse en partidos a escala empresarial, aliados en mayor o menor medida y siempre de manera coyuntural a unos u otros grupos sociales y no dudando en corromper a cuantos otros o a cuantos individuos fuera necesario, todo con la única fidelidad a sus fines de poder (lo que Maquiavelo consideraba condenatorio).

Integrados todos esos "políticos" en una enorme red de redes piramidales dentro de las cuales la lucha puede llegar a ser feroz, descarnada y oportunista, en la que también como hacia "afuera" todo vale, especialmente la traición y la falta de principios estables de cualquier índole, acabaron por repartirse todo el territorio del mundo con el beneplácito de masas populares e intelectuales más o menos engañadas, corrompidas y domesticadas a los que se les promete uno u otro paraíso y se vuelve una y otra vez a engañar, en el extremo mediante simples sustituciones de personas y el remozamiento de organizaciones que cambian de nombres y de colores en cuanto se hace necesario; todo en nombre de la paz y la certeza, el miedo a lo desconocido y la comodidad inercial de la esperanza.

La historia humana ha conseguido producir ese fenómeno antes reservado a malhechores individuales llegando a producir esos grupos y hasta estas sociedades dedicadas a hacer daño en su propio beneficio.

No creo que exista ya alternativa para los hombres libres con cuyo perfil básico me identifico irremediablemente (aunque no haya nada que los avale fuera de sus propios valores) ya que no queda espacio ni recursos para revueltas que no acaben en manos similares (eso ya pasó tras la Revolución Francesa, ese fue el resultado directo de la toma del poder por bolcheviques y formaciones similares; lo que pone de manifiesto que lo idílico viene resistiendo desde los primeros tiempos de borrachera intelectual) ni, al menos por ahora, existan territorios donde podamos refugiarnos (en ciertos sitios permitiendo que sobreviva la ilusión de "actuar" y en otros restringiéndola explícitamente).

Nuestra única esperanza, una esperanza ciertamente pírrica, es que esos grupos de malhechores tropiecen unos con otros y con su propia inutilidad para gobernar bien hasta acabar colapsando. En cierto modo es la mía, aunque la perspectiva me asusta e institivamente la prefiero lejos.

¡Ay, sí...!; a fin de cuentas, nos vemos arrastrados, no niego que por melancolía, frustración e impotencia, a confundir nuestros deseos con los que en otros tiempos predicaban fantásticos apocalipsis depuradores de la raza. Aunque, en honor a la convicción que me asiste, he de aclarar que no creo que la raza deba o sea capaz de depurarse suficientemente... ya que entiendo que eso haría inviable la propia vida real, que por ser como es ha conseguido perdurar, hacerse cada vez más compleja y, hasta ahora, producirnos como somos; es decir, contradiría la vinculación indiscutible con lo que nos precedió y nos conformó; lo que podríamos llamar su naturaleza.

¡Ya le gustaría al hombre estar por encima de las servidumbres de la vida y superar a Sísifo! Pero eso... me parece imposible salvo en sueños y fantasías. Aunque tampoco tengo, no lo tiene ningún individuo de nuestra especie, atributos que le permitan o le den el derecho de garantizar futuros o negar posibilidades...

¡Y ya le gustaría ser capaz de heroismos sólo posibles perdiendo la razón, lo que de voluntario nada tiene!

En cualquier caso, estoy bastante seguro de que no llegaré a ver, en lo que me queda de vida, ni más ni menos que lo mismo, lo que, al menos, si las cosas no empeoran demasiado y dejando de lado enfermedades monstruosas y accidentes poco efectivos, podrá darme una vejez occidental y una muerte estilo siglo XXI, a diferencia de lo que les esperarán según me temo a una u otra de las generaciones venideras, y lo que muchas anteriores e inclusive actuales tengan o hayan tenido en muchos sitios.

Entretanto, sólo puedo vivir sin poder actuar ni por miedo ni por esperanza, preso de la inutilidad de huir por saber que no hay a dónde, condenado a no convocar ni a acudir a las convocatorias, condenado a la impotencia pero no a la resignación, condenado a la supervivencia pero no a la sumisión, condenado al egoísmo torturante hasta en la defensa de mí mismo.

lunes, 5 de enero de 2009

La guerra que está detrás y a distancia de la guerra en Palestina

Mientras el Estado de Israel busca acabar hasta donde le convenga y le sea posible con el control de un territorio limítrofe como es Gaza por parte de un partido terrorista gobernante (lo que define como se debe las cosas en todos los sentidos), una guerra paralela se libra en el resto del mundo. Por una parte, "la izquierda" (el término, en relación a su posicionamiento al respecto, como ante varias otras cosas, haría sonrojar a Marx si saliera de su tumba), se sitúa en una franja que abarca desde el apoyo incondicional al terrorismo jihaidista de Hamas hasta el rechazo de la "excesiva" respuesta israelí pasando por todo tipo de pacifismo más o menos radical.

La realidad, sin duda maquiavélica (es lo que existe de verdad), ha sido definida en términos "científicos" hace tiempo. En su "Tratado político", Spinoza, en un tiempo en que las guerras entre reinos de todo tipo era moneda corriente, lo dejó prístinamente claro y por ello transcribo integramente el párrafo que viene más directamente a cuento de los hechos:

"Todo estos se puede comprender con más claridad, si consideramos que dos sociedades son enemigas por naturaleza. Efectivamente, los hombres (...) en el estado natural son enemigos y, por lo mismo, quienes mantienen el derecho natural fuera de la sociedad son enemigos. Por tanto, si una sociedad quiere hacer la guerra a la otra y emplear los medios más drásticos para someterla a su dominio, tiene el derecho a intentarlo, ya que, para hacer la guerra, le basta tener la voluntad de hacerla. Sobre la paz, en cambio, nada puede decidir sin el asentimiento de la voluntad de la otra sociedad. De donde se sigue que el derecho de guerra es propio de cada una de las sociedades, mientras que el derecho de paz no es propio de una sola sociedad, sino de dos, al menos, que, precisamente, por eso, se llaman aliadas." (op. cit., Capítulo III, parágrafo 13)

Todas las objeciones que se puedan hacer a Israel sencillamente sobran (es decir, a los que en esto sin duda representan a la mayoría de sus habitantes aunque a la vez los traicionen y engañen), como también sobra vituperar en sí a los terroristas y a sus métodos (que hacen y harán lo mismo que los otros). Asimismo, tampoco es objetivo edulcorar a cada contendiente o reivindicarlos en nombre ya sea de su "democracia representativa" (es decir, burocrática) o de su sufrimiento diferencial, de su pobreza, etc. En todo caso, desde un punto de vista realmente objetivo, sólo cabe identificar las causas materiales de la belingerancia... de los que luchan allí pero también de los que libran su propia batalla a distancia, lejos, dicho sea de paso, del fragor de la verdadera lucha a muerte y de "los daños colaterales".

Los defensores de unos y otros responden a su propia guerra, pretenden, ellos también, conservar y extender su propio territorio, responden a sus esperanzas de beneficio y a sus miedos (como también dice Spinoza). Unos, en realidad pocos, sólo responden a sus sueños de un mundo ideal en donde una libertad imaginaria, más o menos resignada a contenerse gracias a vivir en Occidente, no llegará nunca a establecerse, ni por vía de la evolución ni por la de una imposible revolución jacobina (y restauradora a corto o medio palzo como la francesa). Otros, los que pertenecen en uno u otro grado (a veces con un pie en el territorio antes mencionado) a la burocracia mundial gobernante, ONU como tal incluida, tiende a alinearse cada vez más con soluciones de compromiso, hipócritas y desconcertantes, y esto incluye a los que gobiernan Israel, Siria, Irán... que usan a los grupos terroristas y al fanatismo religioso sobre el que se asientan para, simplemente, seguir gobernando. Los otros, "la izquierda", se siente reflejada en los pobres palestinos (a los que Hamas, dicho sea de paso, oprime, explota, utiliza hasta como carne de cañón y como escudo, y por cuyo pueblo no siente sino el mismo desprecio que todos los líderes mesiánicos han sentido siempre por sus pueblos, cosa que se aprecia por la manera en que se trata a los "traidores", a los que simplemente "tiran la toalla" y buscan evitar la muerte o no participan en las manifestaciones; en fin, esto es demasiado viejo y está demasiado documentado desde los comienzos mismos de la ideocracia, como lo atestigua el recuerdo de La Vendée o de Kronstad). Reflejada, sí, porque, como suponen que todos ellos quieren, aspiran a una "redistribución de las riquezas", al "paraíso terrenal". La Historia sigue sin enseñarles en apariencia nada, aunque en realidad ignoran lo que no sea "estratégicamente útil" y tergiversan lo que les pueda servir (o no se nota lo bastante cuando se compara lo que se dice y hace ante casos diferentes en el fondo de igual índole guerrera y conquistadora y aún más; lo que además, no ni mucho menos toda la manipulación que se hace).

Eso sí, las masas, por supuesto, no llegarán a otro "Paraíso" que al de la muerte (que es el que descaradamente promete el Islam como el más suculento y lo que sus seguidores más fanáticos quieren llevar a la práctica cuanto antes) en nombre de una conquista más de la que será beneficiaria una minoría formada entre los que ante todo sobrevivan; los que podrán gozar de al menos una parte de la tarta con forma de pirámide, que es el objetivo, gracias a estar vinculados a la estructura piramidal triunfante; esos "intérpretes" de las masas que una y otra vez han vivido a costa de una mayoría engañada mediante una solución violenta que algún día promete convertirse en "democrática", un método de conquista y de dominación como cualquier otro que también tiene muchos daños "colaterales".

Sí, sí... sería mucho más agradable ver a nuestro alrededor un mundo idílico. Somos sensibles, tenemos "buena conciencia", somos intelectuales. También tenemos derecho de soñar. Sólo deberíamos ser conscientes de que lo hacemos. Sólo deberíamos saber a quien les hacemos el juego en nombre de nuestros sueños, y en definitiva, lo que ello supondrá.



Nota sin importancia: Debo reconoceer que siento sumergir tan pronto los dos posts anteriores, pero es que me han tocado mucho las partes más delicadas de mi cuerpo: mis neuronas, por supuesto. Espero que hayan tenido tiempo de leerlos y no dejen de opinar. Nada hay más satisfactorio que la buena compañía.


Un adendum que debía incluir aquí: se trata de hechos crudos que no sé por que la mayoría de los defensores de la libertad terrorista no difunden e inclusive encubren siendo que es para lo que serviría esa libertad, y lo que sus defendidos por el
contrario no ocultan sino que agitan sin vergüenza alguna.

domingo, 4 de enero de 2009

Crisis en Occidente, Crisis de Occidente

Justificaciones previas:

En estos últimos tiempos, me he visto inmerso en una vorágine a la que me lleva empujando mi propio blog y la mayoría de sus entradas (cosa que estaba en el fondo de mis intenciones) y lo que iba a ser un post, de todos modos "de los míos", se está convirtiendo en un ensayo de vastas pretensiones. Día sí y otro también, no consigo convencerme de su sentido y de sus posibilidades. Lo cierto es que no puedo dejarlo y ello debe estar determinado por mi idiosincrasia, en el fondo, común en varios aspectos con la de tantos otros, tanto en lo bueno o rescatable como en lo malo o abominable. Lo que sigue vendría a ser lo que creo que quedará más o menos así como primer capítulo. Si ayuda a pensar, si me ayuda con vuestros comentarios, generales o puntuales, habrá sido al menos útil desde el punto de vista de la comunicación, que ya es algo que podrá servirnos de una u otra forma en el futuro. En cualquier caso, sirva esto para explicar mi silencio y mantener viva esta llama.










I - El mundo de “La Crisis” y “La Caverna” de las consideraciones.

“La Crisis”, aunque tenga un alcance global, es en muchos sentidos cosa de Occidente y en primer lugar del Primer Mundo. La situación, que los historiadores y periodistas equiparan con otras pasadas de las que la gente del presente no tenemos experiencia directa, como la “crisis de 29” o el “terremoto de Lisboa”, han puesto al Primer Mundo ante la orfandad y el desamparo, mostrando el carácter aparente, pretendidamente conceptual, de las sociedades de las que nos quejamos muchos aunque en última instancia nos amparen (y lo hacían, por lo que ahora lo añoremos y exijamos). Detrás de esto, no nos queda sino reconocer que el ser humano sigue perteneciendo a la misma dimensión o, si se prefiere en los términos del escalonado descrito por Maynard Smith, al mismo hito; el hito en el que lo situara Nietzsche más allá del cual el filósofo pretendía tender. Tal vez una “era” en un sentido antropológico que se iniciara con la entrada del homo sapiens en el sedentarismo, la agricultura y la escritura y donde, comenzara a edificar una cultura y se comenzara a desarrollar una “sociedad” digna de ese nombre, una civilización, o, en los términos usados como sinónimo por Spinoza, un Estado. Una “era” durante la cual la humanidad se ha agrupado en “sociedades jerárquicas” para encarar con más posibilidades de éxito su irresistible ambición dominadora, aceptando con tal fin la servidumbre del grupo como el “mal menor”, en la expresión también debida al filósofo judeo-holandés, algo que, al menos de hecho, todos hasta hoy seguimos y aún habremos de seguir haciendo.

En este cuadro amplio pero elucidatorio se inscribe a mi criterio la presente situación; en absoluto nueva salvo por las formas y las referencias que manejan sus actores. Y ello me hace preguntarme si alguna vez se verá “el hombre” libre de esa situación que precisamente llevó a Spinoza a afirmar que “el hombre se puede llamar esclavo más bien que libre” (“Tratado político”, Alianza Editorial, El libro de bolsillo, Madrid, 2004, pág.102). Y es desde este retorno a la base como creo que pueden comprenderse la situación actual del mundo y las conductas de todos sus actores.

Y es que, a pesar de que “como todos desean ser los primeros, llegan a enfrentarse y se esfuerzan cuanto pueden por oprimirse unos a otros” (Ibíd., pág. 86), es evidente que a los hombres “les resulta imposible vivir fuera de todo derecho común” (Ibíd., pág.84), y todo por una simple causa entera e inmediatamente comprensible: que “sin ayuda mutua, los hombres apenas si pueden sustentar su vida y cultivar su mente” (Ibíd., pág. 99). Aunque todo esto sea una primera aproximación al problema (¡notablemente, o quizás no tanto, debida al genio filosófico de Spinoza ya en el siglo XVII!), problema que “La Crisis” ha puesto desde mi punto de vista en primer plano.

Sin duda, estamos lejos ya de aquellas primitivas sociedades de recolectores y cazadores que se asentaron hace miles de años en un determinado territorio, e incluso de los inicios del comercio interterritorial que sin duda marcó pautas nuevas en base al gigantesco desarrollo social que permitió. Lo cierto es que, sin el más mínimo plan previo, legislando en la misma medida en que las circunstancias lo exigían y siempre respetando lo dado en la mayor medida de lo posible, el ser humano se vio inmerso en un proceso involuntario que se le impuso: una creciente e imparable complejización social.

No me atrevo a asegurar en este momento que el hombre pueda liberarse de esa esclavitud y ponerse alguna vez por delante del proceso, ni que ello coincida con la entrada en una nueva etapa, un nuevo hito, como el que Nietzsche auguró bajo la denominación de “superhombre”. Es probable que la sociedad actual alcance la frontera del caos y colapse, algo que se vislumbra, una y otra vez como si de una serie de ensayos parciales se tratara, en base a su propia dinámica interna más que al cumplimiento inexorable de una posible ley. No sé ni creo que se pueda predecir de un modo taxativo: más de una vez, las tendencias dominantes en unas circunstancias dadas han sido ellas mismas desplazadas o ahogadas por otras que apenas tenían significación. Es parte de las propiedades visibles de la realidad sobre las que nuestra intuición intenta penetrar la niebla que se le pone delante, desde la que se corresponde con la física hasta la que estudiamos como historia y sociología.

Nada en realidad, ni el alcance al que llegará “La Crisis” ni mucho menos el futuro de los sueños que nacen de nuestro descontento y de nuestra desesperación, resultan seriamente predecibles. En cualquier caso, me reconozco tentado y compelido a imitar a Spinoza y a aquellos otros que pensaron el mundo del hombre sin poderlo evitar, movidos por un irresistible deseo (o “afección” como él decía) que los llama a gozar “con su conocimiento verdadero lo mismo que lo hace con el conocimiento de aquellas que son gratas a los sentidos” (Ibíd., pág 85). Aunque lo de “verdadero” deba tomarse aquí como una manera de decir lo que sentimos cierto, sea porque conviene o porque convendría a nuestro ser, sea porque así nos lo parezca. Es decir, aunque lo “verdaderamente” verdadero sólo tenga una más o menos definida duración vinculada por otra parte a nosotros y a nuestra situación frente a un mundo dado.

Por eso se hace necesario, a mi criterio, situarnos tanto en relación a ese mundo como en relación a nuestros propios intereses en él, situando los dogmas, los mitos, las creencias, los diagnósticos… en su temporalidad precisa y en su historia (o genealogía), explicando su específico rol social, el carácter necesario que para sus defensores y agitadores tienen en cuanto instrumentos de supervivencia, conservación y conquista.

“La Crisis” presente, es en este sentido de lo más idónea para que las cosas que se vislumbraban puedan verse con más nitidez. Sin ninguna duda, no se ha tratado de ningún “trueno en cielo despejado” ni de una contingencia proveniente del “espacio exterior” (como fue en última instancia el “terremoto de Lisboa” o pudiera haber sido “la peste negra” medieval, ambos fenómenos originados fuera del ámbito histórico en el que sin duda incidieron). “La Crisis”, indiscutiblemente, se cocinó en el caldero previo de la “economía del bienestar” en el que Occidente retozaba, ciertamente preocupado y en algunos casos inducido a preocuparse por cosas que la mayoría de sus gentes no alcanzaban a explicarse seriamente -y menos como producto de su propia Historia- aunque confiando aún en “la seguridad” que le brindaba su mundo. Me refiero aquí y en general a la parte mayoritaria de la población occidental y occidentalizada del mundo que podríamos identificar como fundamentalmente receptora más que productora de información y en la cual entrarían por momentos y para ciertas áreas del conocimiento muchos de los que trabajan produciéndola en otras (algo que, permítaseme abundar en ello, debemos contemplar todo el tiempo bajo los actuales parámetros de extrema complejidad social y diversificada división del trabajo).

En realidad, los actores particulares no pueden sustraerse a los apetitos que los han definido como seres sociales específicos dentro del conjunto. Aquellos que gozan reflexionando también han tenido que subordinarse a las normas de la sociedad vigente para mantener hasta donde fuese posible (y a veces en el límite) su actividad más placentera. En esto, no se diferencian gran cosa de las demás gentes cuyo placer pudiera estar y generalmente y cada vez más está fuera de su trabajo habitual, sólo que en su caso el problema deviene mucho más amplio socialmente hablando dada la transmisión de conocimientos e información que producen. Los intelectuales, en cuanto pueden sustraerse de las imposturas que le impone su dependencia social, tienden a poner al descubierto los frutos de su mejor intuición, pero de lo que no pueden sustraerse es de su propia idiosincrasia.

El cuadro que la actual sociedad nos presenta desde cierta distancia, muestra a las masas (en el sentido amplio de receptoras mencionado) en un estado total de indefensión, orfandad y desamparo que las lleva por el momento a la esperanza en que todo vuelva a la “normalidad”. Las masas por lo general, llevan temblando ante la debilidad creciente que observan en sus “sociedades opulentas”. A los embates islamista y oriental basados en la presión ideológica y el desarrollo económico o al menos tecnológico de la periferia ve sumarse la debilidad que produce internamente “La Crisis” en sus países, lo que da lugar a la posibilidad de apropiación mediante los mecanismos tanto tiempo bendecidos y legitimados como beneficiosos y seguros; esos mecanismos, ahora, parecen de repente representar perspectivas contrarias a la deseada libertad. Ahora, además, a los traidores a la causa occidental por parte de los propios políticos, se empieza a ver (para quienes lo quieran ver), o lo empezarán a ver tarde o temprano, las conductas displicentes o irresponsables, si se quiere, de los mercaderes de todo grado y tipo, algunos negociando sin el menor reparo con los nuevos ricos del lejano oriente que acuden en masa a comprar propiedades en USA y pronto en Europa, otros, situados en el extremo de la pirámide financiera del mundo, llevando a cabo políticas de penetración respetuosas del entorno que llaman ni más ni menos y también sin el menor reparo “islamic banking”. Los traidores, pues, parecen multiplicarse a los ojos del común que cada vez entiende menos y pierde cada vez más toda esperanza y con ello toda su confianza. Y, en esta crisis, que está mostrando hasta un extremo considerable (y me atrevo a pronosticar que se acrecentará aún más) la predisposición al egoísmo que caracteriza a los responsables de la sociedad, tanto de la administración de los negocios públicos como de los privados, especialmente de los de mayor escala, el grado en que las masas pueden llegar a vivir su desapego y su orfandad podría llegar a abrir las puertas a revueltas populares tan desesperadas como inconducentes.

Como decía también Spinoza, una sociedad se justifica por la esperanza o el miedo y se soporta en tanto sea “el mal menor”, pero si esto se pierde, lo que él llama “el derecho natural” que algunos individuos e incluso la multitud le han cedido a esa sociedad tiende a ser recuperado y “muchos” acaban por “conspirar lo mismo” (Ibíd., pág. 113). Y eso ha sucedido muchas veces en la Historia, lo que pasa ahora es que ese “Leviatán” que se construyó para que nos protegiera y nos diera la fuerza de “una sola mente”, usando nuevamente las palabras de Spinoza, bestia que siempre ha estado creciendo por su propia cuenta como ya he señalado antes, cuyo engorde no ha seguido nunca el curso de plan previo alguno ni siquiera de quienes la montaban y creían haberla domesticado y controlado, ha llegado a tener una dimensión y una complejidad que la hace hoy por hoy difícil si no definitivamente reducible. Esto, también, se pone en evidencia ante “La Crisis”, mal que les pese a aquellos intelectuales que de una u otra forma declaren enfrentarse a ello: hay, la bestia ha domesticado a tal punto a sus pretendidos beneficiarios que nadie que pretenda domesticarla (que no vencerla o aniquilarla) será capaz de otra cosa que engordarla. Este es, precisamente, el dilema, el carácter intrínsecamente crítico, de todas las utopías. Lo fue siempre, pero hemos llegado (o mejor dicho, las circunstancias nos han llevado) demasiado lejos: la bestia sólo responde a su propio mecanismo, como un verdadero Golem. Sólo podrá morir si estalla con todas nuestras asentadas ambiciones. Y ni siquiera esto es tarea de quienes vivimos en su seno, en ese sentido como Jonás habitaba la monstruosa ballena. En ese sentido, muy posiblemente acabemos muriendo todos con la bestia (real o culturalmente, o sea, tal y como hoy somos) cuando ella colapse.

jueves, 1 de enero de 2009

Infinitas partidas de mus, fiestas de fin de año mediante

La pasada noche del 31, todos hemos estado jugando nuestra propia partida de mus.

Sabíamos que "fuera", en el mundo, los hombres se mataban, que los niños morían, que había cárceles y psiquiátricos llenos de disidentes, que incluso había territorios enteros convertidos en prisiones (casi todo el mundo si no todo, en realidad), que muchos, bastante más cerca de nosotros esperaban que el fin de "La Crisis" llegara antes que el vencimiento de su subvención por paro...

Nos ha preocupado indudablemente justamente "éso" : lo cerca que "la peste" pueda hallarse de nosotros... Y brindamos porque todo volviera lo antes posible a la detestable situación previa. Aunque habría seguramente copas que se alzaron por "revoluciones" imposibles y utópicas de esas que si fueran posibles acabarían produciendo nuevas situaciones detestables, al menos para muchos...

...pero brindamos y bailamos y jugamos nuestra partida más con alegría irresponsable que con contrición impotente: de momento al menos, no pertenecemos a los "infectados" y confiamos seguir sin pertenecer a tan rechazable grupo; unidos en nuestro grupo de hoy.

La foto sin duda nos retrata a todos sólo que en relación a diferentes situaciones. Y nunca será distinto.