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lunes, 17 de diciembre de 2012

De la lucha de clases al galimatías de Dolcino...

Por lo visto la definición de "clase social" debida a Marx ya no sirve más que como referencia hueca (pero tan útil como antes... cuando estaba llena de seudociencia). Ahora los "revolucionarios" (y sus acomodados "representantes profesionales") prefieren dirigirse al Estado "Democrático" del que viven en muchos aspectos (tanto su cuerpo como su "alma") para exigirle... que instituya "impuestos" en nombre de la "redistribución" (ellos dicen... "más justa"..., cosa que los ejemplos históricos desmienten... y la lógica nos dice que no será eso lo que haría ningún "Estado" como el que está en sus mentes). Las "clases", que Marx había creído definir con una lucidez insuperable ("científica") en base a la relación de sus miembros "tipo" con "los medios de producción", "tipo" también (donde lo de "su propiedad" era en realidad una superestructura legal visible que derivaba del "dominio"... de la posesión de las "veinticuatro patas" mencionadas por Goethe a las que Marx llega a referirse aunque... sin consiguir explicar gran cosa más allá de lo que cualquier artículo de fe pretendería) son ahora meras cáscaras vacías que se llenan con los contenidos simples de... Fra Dolcino, un... "hereje", y monje, de los incicios del cristianismo, es decir, del "amaros los unos a los otros"... siempre que seáis pobres. Fra Dolcino (cuyo espíritu asoma la cabeza en El nombre de la rosa de Eco) señalaba al "rico" como enemigo específico de "la pobreza" (material, claro), base sin embargo de la "riqueza espiritual" que llevaba "desinteresadamente" a los pobres a abrazar al cristianismo... Pero, soslayando la referencia, se trata de ironizar un poco acerca de la consigna "salvadora" que agita "la izquierda" occidental (la española... y la catalana... incluidas): ¡el impuesto a... "las grandes fortunas"! Y a mostrar que una buena parte de ellas... no tiene posesión alguna de medios de producción (ni hace trabajar en ellos a "proletario moderno" alguno de los que deberían provenir sus "plusvalías"...). Se trata de los artistas, deportistas, payasos, directores de orquesta, de cine, de circo, escritores de best sellers, y otros que se podrían enumerar con más tiempo (el otro componente de "los ricos"... serían ciertamente los banqueros, los gestores de empresas, etc., y también ciertos políticos, otros profesionales más "dignos" que ellos, etc., no todos "dueños de los medios de producción" en sentido estricto y menos clásico, y también a los productores de espectáculos, etc., pero todo esto merece un estudio más serio y aparte). Estamos ante el caso de Gerard Depardieu... que, en respuesta a tamaño embate "revolucionario"... ha decidido darse de baja de la nacionalidad que lo acunó y en base a la que, entreteniéndola, creció y prosperó. ¡Oh, sí, ha escapado a tiempo del País de las Maravillas y de la Reina Roja que amenazaba con cortarle la cabeza! Eso sí, al otro lado de la frontera, aunque ya no necesita de ningún país. Recordemos de paso que algo así ya había hecho Ingmar Bergman...

También resulta interesante observar que... la Reina Roja... sea Primer Ministro, y que haya similares en todas partes, incluso en España, tal vez en algunos casos con más demagogia vocinglera que con... demagogia práctica. Me refiero a eso de "publicar una lista"...

En fin... tal vez se trate de émulos de actores que sienten el mundo o el país como escenario donde demostrar sus dotes igualmente artísticas y deportivas...

C'est la vie... sin duda alguna.


martes, 11 de octubre de 2011

De los llamamientos al exterminio de las "cucarachas"... y otros equivalentes

Al individuo racional (o racionalizado) de nuestro mundo, homo occidentalis como cabría ser denominado, (1) le cuesta mucho comprender los fenómenos que derivaron en masacres genocidas o pogromos de todo tipo, habitualmente de dimensiones masivas y participación directa de media población, la "mitad" que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía a modo de liturgia. Ese fue el caso de la masacre ejecutada en Ruanda por los tutsis contra los hutus a instancias de las locuciones de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, pero también las incesantes parafernalias que incluyeron siempre unas u otras concienzudas y responsables dedicaciones (profesionales, en el mejor de los sentidos) de los guardianes de los campos de concentración y otros verdugos hasta sus jefes máximos e inspiradores, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. 


Estos hechos, apenas provocaron un ligero temblor de las estanterías del pensamiento ingenuo de la masa intelectual posmoderna, esas estanterías donde todavía se mira al lomo de unos manuales perimidos que siguen vistiendo al salvaje de bueno y de mejor, seguirlo llamando salvaje a pesar de la tecnología de la que disponen (además de los machetes) y reafirmar de ese modo estereotipado e hipócrita la superioridad occidental (que sería digna de desear y/o imitar por todos). 

Si algo sorprende y aterroriza a los ciudadanos del primer mundo ("donde eso no puede pasar", se dicen) es que aquellos pogromos alcanzaron dimensiones masivas con la participación directa de media población, la parte que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía. Hay muchos casos como los de Ruanda, pero hay muchos más que obedecen a la misma dinámica y alcanzan menos preocupación y más indiferencia (porque... "aquí no pude pasar") a las "buenas conciencias". Hablo de la creación (como necesidad social) de los oficios concienzudos y responsables de vigilantes, torturadores y verdugos, entre los que fulguran los contemporáneos guardianes de los campos de concentración, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos, pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. Es la participación activa de las masas (y debería serlo también la procedencia popular de los guardianes) en la ejecución de las masacres y las razzias lo que "no se comprende", lo que más sorprende a los occidentales de "buena conciencia"... que una y otra vez alientan, valoran positivamente y recuperan parcialmente de la Historia, tales "acontecimientos conmovedores" (esos que en más o menos "cinco días" han sido capaces de "conmover el mundo").  

Los datos que aportan los más radicales estudios de los largos años de caza de brujas que van desde el siglo XIV hasta el XVII más o menos (y que no fue una mera "continuación" de las luchas contra las herejías cristianas, que fue una lucha interna de legitimación, más allá de los aspectos comunes) evidencian significados que no dejan de repetirse, formando así parte del "patrimonio de la humanidad". (2)

Por mucho que hayan sido racionalizados desde que se implantó la escuela pública, los occidentales acaban apelando a la socorrida mística que al mismo tiempo denuestan como supuesto patrimonio de "La Iglesia", es decir, como oscurantismo escolástico. Ello a pesar de que esa Iglesia en especial heredara muy conscientemente la racionalización (bastaría leer a San Agustín y reconocer que La Lógica de Aristóteles está en la base de sus conjeturas y que la razón nunca estuvo reñida con la piedad sino todo lo contrario desde Sócrates) y apelara a ella hasta para las más inexplicables de sus campañas, como la de La Inquisición, en paralelo por cierto con la "caza de brujas" macartista o las llevadas a cabo por los bolcheviques y otros comunistas empezando por el Lenin y el Trotsky de Kronstad y pasando por la Revolución Cultural y la edificación de la Kampuchea Democrática de los jemeres rojos. En otras palabras, esos fenómenos inexplicables los llevan una y otra vez a apelar a la demoníaca maldad del imperfecto ser humano (donde la "perfección" no vendría definida en base a una realización más eficaz de su teleonomía sino por la del "deber ser" ideológico, sea el del ideal platónico o ateniense, el de la Revelación, el de la Ilustración o el del comunismo; es decir, sería una "imperfección superable" por alguna vía... vía siempre definida por el analista.) Todas las referencias a "la barbarie" (es decir, a "los otros"), a la "animalidad", a la "ausencia de moral", etc., que sirven fundamentalmente para fundar una identidad occidental cosmopolita, implican una reafirmación central: los bárbaros (o extranjeros; no suficientemente occidentalizados en el mejor de los casos) deben ser sometidos, culturalizados, etc. Los actos de guerra y de conquista occidentales, las represiones que se ponen en tela de juicio en mayor o menor énfasis según se practiquen entre "nacionales" o no, entre "occidentales" o no, en grados que van en paralelo con la "familiaridad" de los lazos entre los combatientes, siempre quedarán racionalmente justificados (con discursos democráticos, especialmente, como se viene haciendo desde el primero de ellos debido al bueno de Pericles).


Pero no se trata aquí de poner en la picota la hipocresía de "los pueblos" ni de sus "dirigentes" (algo que debe ser actualizado en tanto esos "dirigentes" conforman cada vez más nítidamente una especie de "raza" separada de "sus pueblos" a la que se enfrenta desde "una posición ventajosa", incluso militarmente hablando), aunque la equiparación de las conductas y valoraciones sirva para la comprensión de las dinámicas reales.

Cuando las primeras emisiones de la Radio Libre de las Mil Colinas comenzaron calificando de insectos (en concreto: "cucarachas"), a la manera de la "sociedad de Ender", a los enemigos de la humanidad (referida como siempre a la de la propia genética... y lealtad), podía buenamente pensarse que se trataba del acto de una pandilla de locos vociferantes de los muchos que de tanto en tanto acaban disparando a las masas en un día de rabia (como recientemente sucedió en Noruega), donde las consecuencias se consideran meros daños colaterales, es decir, donde las víctimas no pasan de... ¿doscientas, trescientas...? Luego se pudo pensar que esos "locos" expresaran uno u otro grado de convicción o, en otras palabras, más precisas, que respondieran en uno u otro grado a un "plan" inescrupuloso de índole inquisitorial. Desde el nacimiento de la racionalidad como marca identitaria (de Occidente), la invención de "herejías" puede considerarse un recurso al servicio de la persecución social, como señala de manera insuficiente y de hecho confusa, el historiador Trevor-Roper en su estudio de la "caza de brujas" de los siglos XVI y XVII. (3)

Ahora bien, en cuanto escarbamos bajo la superficie que las ideologías nos recomiendan e impulsan fabricar, podemos observar unos detalles mucho más significativos y concretos que, precisamente, soportan mi tesis capital, en concreto que esas campañas persecutorias buscaban en lo fundamental la consolidación del propio ejército, dándoles unas señas de identidad específicas de grupo (una tesis que enlaza con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas que ya he citado otras veces). Por una parte, alejándonos del mito de las revoluciones de masas, los ciclos históricos escalonados del progreso lineal (derivado del desarrollo del pensamiento o del de las fuerzas productivas). Por otro, aproximándonos a los elementos básicos, de raíz, que definen la idiosincrasia humana (o mejor dicho, la conformación de la misma en el tiempo) que suelen verse cada vez menos en tanto las capas de complejidad que se entretejen las sepultan.



La cuestión crucial nos la revela la dinámica concreta, al detalle, estrictamente fenoménica y ejemplar, que se pone en marcha, ex nihilo hasta donde puede decirse (o, sea, emergente, y que apunta a la mecánica de las genealogías), que lleva hasta la conformación de un movimiento que es visto simplemente como "de masas" o "espontáneo" (a la manera en que "una cerilla puede incendiar una pradera"). Esta visión simplista, que ofrece tantas esperanzas a todo movimiento en sus inicios (y ahí está el 15-M que cree marchar hacia una "revolución" o las ilusiones que despiertan "las crisis", en especial las "económicas" llamadas "del capitalismo" en la intelectualidad cada vez más proletarizada (y/o burocratizada) que desde Sainte-Beuve ve diluirse el sueño renovado, esto es, "renacido", de su "República de Sabios") (4), y que no ve las condiciones preexistentes que soportan los incendios genocidas mencionados, las que no se quieren ni ver ni quiere verse hacia qué o dónde tienden. Y que, cuando ya han llegado al climax... los hace decir... "no lo comprendo".) Sin embargo, como sucede en biología, son los aspectos iniciales en los que se pueden ver las perspectivas del camino que se recorrerá salvo... que no se pueda (algo que no depende de la dinámica del mismo modo que el nacimiento de un pollito a partir del huevo... que puede ser frustrado porque se lo coma una serpiente de su entrono o por el choque de algún meteorito "de fuera" cuya trayectoria, como es lógico, no lo tomara en cuenta). Señalo esos aspectos:

a) La prexistencia de facciones dirigentes en pugna por el Poder en condiciones de equilibrio altamente inestable (basta que sea percibido como tal, aunque ni la mala ni la buena percepción otorgan garantías de fracaso/éxito ya que todo depende del curso de la propia dinámica). Es el punto decisivo: las facciones, a veces una situada en la "oposición", a veces más de una, son las que "inventan" los discursos "reformadores" (o "revolucionarios") y los sintetizan en slogans efectivos (capaces de abrir un espacio potencial en el sentido apuntado en el punto c, más abajo). Las masas en este marco no pueden ser menos "patas" (...garras, dientes, alas, aletas, orugas...) al servicio de la lucha de los opresores potenciales que las de los caballos o las de los tanques, aviones y submarinos, en el sentido señalado por Goethe y lo que digo de la tecnología en las notas). La efervescencia de la lucha intestina entre las facciones que comparten en diversos grados el poder (incluso como oposición legal o consentida), la perdida del equilibrio o posibilidades de conseguir que se pierda que a veces es mera presunción y a veces ésta pude ser un primer paso... no es sino más de lo que se tiene al alcance de la mano para ser utilizado en las estrategias cuasi-instintivas de poder (que pasan por acciones grupalistas, a su vez de dominio en el grupo y de adopción de una identidad).

b) La necesidad de mantener y aumentar la cohesión en el ejército propio de cada facción contra la otra (una tesis que conecta con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas (Estilos de pensar, El Levítico como literatura) en lo referente a la mecánica de creación de las identidades de grupo). Y para consolidar las filas del propio ejército de militantes leales, para fidelizarlos, hay que darles un espacio para que se realicen como espejo de la cúspide. Esto muestra vínculos estrechos, de vasos comunicantes, con lo siguiente:

c) La predisposición de los pequeños líderes de alta idiosincrasia tiránica que por serlo están especialmente predispuestos a aprovechar el momento y la situación que se abre para reafirmar su rol y ocupar un puesto más relevante que el que tienen en la misma estructura o en una alternativa que se les promete o que se proyecta, y por las que se apuesta a la vez que se las tiende a conformar sobre la marcha (hasta hacerla muchas veces definitiva, esto es: a instituirla). Estos pequeños tiranos locales (los frailes y funcionarios laicos de la inquisición, los imanes de base, los comisarios bolcheviques de base...) tienen ciertamente una idiosincrasia común específica, donde el resentimiento hacia los poderosos los impulsa a un doble juego de servidumbre y de traición sistemática, a la búsqueda del jefe más dadivoso y sin escrúpulos, a la realización de todo pacto con el verdadero diablo que le permita una vida más cómoda, etc. Obsérvese, de paso, que con el tiempo, fue esa la subespecie de la que han brotado, gracias a la democratización burocrática de hoy en día, los mediocres y mezquinos gobernantes e intelectuales que rescataron las consignas de su homólogo Robespierre acerca del "cordón sanitario" y la "salud pública". Nada que no merezca el nombre de demonización con el objeto de "dividir el mundo entre la luz y la oscuridad" (ibíd., pág. 127) logrando crear el climax que permita a los mediocres, profesionalizados como políticos, chantajear y acorralar a todos los demás, desde un Papa del que se arranca una bula hasta una simple campesina a la que se le aplica el derecho de pernada.

d) La "mala conciencia" (o debilidad) en los idiosincrásicamente "neutrales", que permite la aplicación de un "chantaje a las masas" así como a "las minorías" militantes (pertenecientes a la competencia, esto es, al conjunto de los líderes potenciales y aliados), cuyo objeto es la neutralización y si es posible el reclutamiento. (Una cosa disponible y por ello aprovechable, claro.) Se realiza hasta el límite de la amenaza a los colaboracionistas (para lo que no hace falta sino la neutralidad crítica de tipo liberal, por ejemplo) a quienes se desprecia en primera instancia y se acusa de traición, o sea, de ser más peligrosos y despreciables que el propio enemigo declarado (llegan a constituirse en "el enemigo principal" en nombre de la lucha contra aquel, y en objetivo a aniquilar de no convertirse en buenos y leales militantes.) Trevor-Roper da cuenta, por ejemplo, de las arremetidas contra "todo aquel que no crea hasta el más mínimo detalle grotesco de la nueva demonología" (ibíd., pág. 132) o de las críticas que recibiera Erasmo por su "incredulidad" acerca del fenómeno de la brujería (ibíd., nota 64, pág. 139) y enumera casos posteriores notables de quienes corrieron "grandes peligros" (ibíd., pág.143 y desde la pág. 154 en adelante) (5)

e) Como bien señalara Trevor-Roper, "La mitología devino (y devendrá una y otra vez) en un folklore establecido que generaba (y la generará una y otra vez) su propia evidencia" (Trevor-Roper, op. cit., pág. 127), que "una vez lanzadas, adquirieron impulso propio" (ibíd.) Sin duda se trata de "fantasías recurrentes", pero "necesarias" a la fragmentación adoptada y cada vez recompuesta.


Esta visión sin duda excéntrica (a tenor de lo que se prefiere mantener) se apoya en el reconocimiento de una indiscutible herencia recibida de nuestros más primitivos ancestros, la de la grupalidad (para la claridad de este concepto y sus implicaciones, remito, de manera perentoria, a El mito de la educación de Judith Rich Harris así como a los textos citados de Mary Douglas), y en la evidencia de la fragmentación social que fuera instituida en un momento dado de la historia, como producto inseparable de la domesticación, vía regia no tecnológica (6) para incrementar el poder de los más predispuestos (y capaces, aunque no en el sentido moderno del término) para ejercerlo; esto es, "los más fuertes", los más "arriesgados", los más "astutos", los menos "escrupulosos", etc. Una vía o sendero que sin duda iría ahondando, con cada nuevo paso a través de la espesura y en concreto mediante la casi automática selección artificial impuesta por el propio curso de las cosas, el abismo que separaría a aquellos de los "débiles" y sometidos (y educados) con el recurso de la fuerza al menos al principio.

Si nos dejamos de introducir al "maligno", es obvio que allí donde estos aspectos se pongan de manifiesto, allí tenderán a producirse los fenómenos señalados. Y si no introducimos al "benigno"... será sólo uno u otro estado de las relaciones de fuerza decisivas el que determine hasta dónde se puede llegar.

Este enfoque parece el único capaz (yo, por el momento, no veo otro) de dejar atrás la sorpresa que acaba enmudeciendo así como el recurso a la metafísica que acaba en la reiteración del mito, la defensa del slogan y la complicidad hipócrita. Y así queda expuesto en apretada síntesis.

En todo caso, quede claro (y las referencias al presente inmediato están ahí demostrándolo) que entiendo la reflexividad en general y la mía en particular como una herramienta al servicio de la supervivencia, es decir, al cálculo que podría evitarnos una sorpresa más de aquellas, salida no se sabe de qué Radio o de qué televisión... de qué consignas...

Y eso, a fin de cuentas, pertenece a Lo Político.




Notas:

(1) Los grupos de homos occidentalis, en realidad como todos los grupos humanos de la Historia, se  ha situado en un supuesto plano superior signado declarativamente por "la no-violencia" como una de las principales opciones tácticas que reflejan su adscripción a la "racionalidad". Creo que la absurdidad del mundo y la sensación de indefensión y aleatoriedad en la que hoy vive la gente han desplazado a "La Razón" honesta (dentro de lo que cabía) como signo de los tiempos en favor de la seudorracionalidad variable del tacticismo que se practica desde los gobiernos de todas las instancias de poder, más o menos globales, más o menos continentales, más o menos nacionales, más o menos locales y... más o menos políticas (en referencia a que se manifiestan en todas partes, como las Universidades o las Grandes Empresas). Entre las opciones que se eligen según el momento, "la no violencia" está indudablemente de moda y es asociada con derechos, democracia y justicia como si de aquella se derivaran naturalmente estos.

(2)  Ciertamente, predominan los pruritos autorrepresores en amplios círculos de las poblaciones del Occidente, al punto que podríamos atribuir algo propio de una "zona de frontera" lo que sucedió en los Balcanes, y a la "locura" el reciente "acto individual" pro-nazi de Noruega este mismo año. Las poblaciones, eminentemente racionalizadas mediante la educación escolar y familiar bajo condiciones de "bienestar" y con iconos referenciales del tipo "no violencia" y "no crueldad" (que se aplican de manera relativa en cualquier caso), se sitúan sin embargo al borde de la violencia intergrupal (donde los grupos se definen progresivamente donde no los había exactamente). Todo comienza como un alud para luego ser imparable hasta que provoca un estado de colapso significativo o entran en juego elementos de fuera (convirtiéndose en factores interactuantes en el marco del entorno). Cosas como la propia "no violencia" cambian a violencia... en nombre de la consciente o inconscientemente provocada en el ejército contrario; por ejemplo, el de la policiía que ya está predispuesta de por sí a ejercerla (es su mandato), a la que se acusa de excesos que deben ser contestados. Se sabe de la participación usual en medio de las multitudes de agentes especiales capaces de iniciar el fuego o avivarlo (que no tienen por qué estar al servicio de un Estado, al menos oficialmente).

(3) "...vemos la persecución de la herejía como intolerancia social", sostiene Trevor-Roper (La crisis del siglo XVII, Katz Editores, Bs. As., 2009, pág. 118), lo que respondería al temor popular hacia lo extraño, lo diferente, lo insumiso, "la heterodoxia o disconformidad social" (ibíd., pág. 121) -que acabará reduciendo a meros transtornos patológicos- que se desatarían "en tiempos de introversión e intolerancia" (ibíd., pág. 119) Si se quiere, se puede tomar la acusación al propio pueblo (ibíd., pág. ) como un hallazgo o en todo caso como la reafirmación de algún otro descubierto anteriormente en el que se insistiría, pero lo que sostiene Trevor-Roper no explica lo fundamental (dando no obstante matices ciertos de la superficie y no de la raíz) sino más bien y en el mejor de los casos sugiere una tautología que sería históricamente innecesaria o superflua: los opresores, que son tomados de manera indiscriminada y vaga, ya aparecen como dueños de la situación, como "clase dominante", y las masas no amenazaban ni, como de costumbre, podían amenazar esa dominación ya que algo así nunca está en la perspectiva de las masas (y cada vez menos gracias a la complejización); en otras palabras, no tienen posibilidad alguna de plan alguno de conquista, siendo, además, meros instrumentos al alcance de unas u otras facciones en su lucha por el poder y en sus auténticos planes de conquista... contra las facciones enemigas de su misma especie (véase más abajo en el texto el punto a.)

Trevor-Roper acaricia uno de los puntos clave del problema aunque sin sacar las conclusiones que de ello se pueden derivar, al mencionar el rol decisivo de "los frailes", de los "inflexibles funcionarios" o de los "tribunos del pueblo" locales (ibíd., pág. 123) que presionaron a través de su pirámide jerárquica (creando evidencias de manera paulatina y chantajeando de hecho a sus superiores). En sus palabras: "cruzada evangélica emprendida por los frailes" -ibíd., pág. 119-; "presión (...) desde un nivel inferior, desde las órdenes misioneras" (ibíd., pág. 123); etc., que se desarrolló hasta conseguir que las bulas papales institucionalizarán sus prácticas, para lo cual tuvieron que desdecir una vez más el dogma fundacional del cristianismo en base a las cuales (y a la posesión de un espíritu ilustrado) "En general, la Iglesia establecida se oponía" -ibíd., pág. 123-). El punto c se relaciona con esto.

No es así del todo correcto, por más que suene a hallazgo y a pretensión de toma de conciencia ("una advertencia saludable para que nunca creamos" en la verosimilitud de "brujas" o "cucarachas", pretende Trevor-Roper -ibíd., pág.136-) que "los tribunos, a su vez, respondían a la presión popular" (ibíd., 123), sino que la agitaron aprovechando astutamente sus temores unos pocos salidos de las propias filas del pueblo, como no podía ser de otro modo, y como sigue sucediendo con los "pequeños líderes" presentes indispensablemente en todas las movilizaciones y movimientos de masas. Así, es cierta "la cooperación de la sociedad", pero no tal y como lo expone Trevor-Roper. Sin duda, de la masa del pueblo resentido y deseoso de protección, nacen los "tribunos" arribistas que enlazan con el fragmento social dominante, al que a la vez sirven, chantajean y si resulta aparentemente mejor, traicionan. Aquí la patología, si cabe considerarla como tal, no es la locura ni el miedo sino la debilidad y la cobardía genealógicamente reproducida con mutaciones e imperfecciones a lo largo de los tiempos, a la vez, útil y problemática para los estamentos dominantes y/o conquistadores en lucha fratricida.

Trevor-Roper, cuyo argumento "la razón verdadera subyace a la razón alegada" (ibíd., pág. 119) se vuelve en su contra poniendo en cuestión su propia explicación racionalista (apenas fundada en "otra" ciencia, la de la psicopatología -ibíd., pág. 133), arremete a la vez y muy verazmente contra la falsa contraposición entre racionalismo y escolástica ("El clero y los hombres de leyes del siglo XVI eran racionalistas. Creían en un un universo aristotélico y racional..." -ibíd., pág. 133-) como la que hoy se agita en España a la manera de una verdadera caza de brujas en germen puesta en marcha por los nuevos jóvenes y no tan jóvenes "tribunos" del presente, desplazados hoy a la frontera del fructífero bienestar social, donde la brujería sería ahora la doctrina visible o supuesta de los antiguos cazadores (las manifestaciones contra el Papa durante su visita llegaron ciertamente a la violencia sin contar con que ya se arremete con violencia verborrágica de por sí, aunque como exteriorización de lo que más ampliamente compondría "la derecha", aherrojada así al "clericalismo", al "machismo" y a la "defensa de la educación y sanidad privadas", de cuyo abrazo no logran zafarse... ni siquiera los liberales ateos, los capitalistas homosexuales o las mujeres ejecutivas). Poco y nada ha cambiado conceptualmente hablando, ya que la militancia anticlerical española tiene una obvia función en la compleja e irregular lucha interburocrática al lado de la "memoria histórica", "la alianza de civilizaciones", la educación pública contaminada ideológicamente por medio de la "educación para la ciudadanía", etc., todas piezas de la estrategia del zapaterismo para perpetuarse en el poder (hasta ahora y desde mañana...) mediante la estratagema de inducir una identidad negativa en el contrario.

(4) Recomiendo repasar las elucubraciones y declaraciones de Sainte-Beuve que tuvieron lugar a mediados del XIX acerca del proceso de proletarización y burocratización de los creadores de cultura  que él mismo experimentó en carne propia (véase W. Lepenies, ¿Qué es la intelectualidad europea?, undécima conferencia, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores)

(5) Trevor-Roper nos ilustra acerca de la para él secundaria consecuencia y para mí verdadero objetivo del proceso, señalando ejemplos más que numerosos y sobre todo significativos de presión, condena verbal y escrita, defenestración y hasta quema en la hoguera que afectó a las personalidades acusadas de "vacilantes", "blandas" y "cómplices criminales del diablo" (op.cit., pág. 156) que en realidad no  cuestionaban ni combatían la creencia en la brujería en sí, sino que atacaban a sus verdaderos enemigos a los que se resistían cuanto podían (a veces en secreto o en modo anónimo), la "clase" de los torturadores (ibíd., pág. 167). Entre esos casos hay jueces (ibíd., pág. 142) e incluso reyes (ibíd., nota 103, pág. 156) y obispos (íbid., nota 135, pág. 171). La propia aceptación por los críticos de la existencia de las brujas y  su objeción centrada en el uso de la tortura (que producía fabril y febrilmente brujos a mansalva) demuestra por otra parte entre quienes se establecía el auténtico conflicto por el Poder del que la caza de brujas y la demonología eran racionalizaciones al servicio de otra lucha. Y si el proceso se interrumpe... es porque sencillamente conducía a la inoperancia social, o sea, al colapso.

(6) Es innegable que la fragmentación y la domesticación de unos hombres por otros (para mí inevitable e idiosincrásica) haya sido indispensable para e inseparable del desarrollo de la Tecnología y de la Ciencia Contemporáneas y con ello del predominio occidental. Esa domesticación, que empieza siendo aplicado a las plantas, a los animales y hasta a las mujeres, dando lugar a las diversas sociedades fragmentarias primitivas, lo que fue trazado el camino y orientando en gran medida el rumbo futuro o posible. Y una vez instituidas, esa herencia ancestral ya no se podrá erradicar ni corregir, sino por el contrario se irá consolidando hasta  un punto en que, me atrevo a afirmarlo, ni aunque la tecnología alcanzase un grado teórico de desarrollo suficiente podría permitirlo (es más, no podría impedir el colapso que el proceso va perfilando; colapso que, si adoptamos un cierto sentido lógico, cabe pensar que haría posible "otra cosa" a posteriori del mismo.

De todos modos, basta considerar sólo lo evidente para deducir que esa herencia actuará como el mejor de filtros para que puedan alcanzarse fines hipotética y racionalmente emancipadores, es decir, idílicos y/o anclados a los residuos del presente paradigma. En otras palabras: que nunca se valorará tal herencia como... suficiente para permitir "el salto emancipador". Por el contrario, siempre llevará a justificar la estructura social que la sostiene, conserva y desarrolla; esto sucederá con tanto frenesí como el que asistiera a los cazadores de brujas en su tiempo a las más increíbles e irracionales campañas.  La fragmentación impone límites que no admitirá nunca franquear. Por eso necesita pedirle cada vez más a la tecnología o evitar que se direccione o se limite amenazando su permanencia.

Los famosos y tan admirados desarrollos tecnológicos de la antigüedad muestran que esto último siempre fue así: mayas, incas, egipcios, persas, babilonios... realizaron obras ciclópeas aplicando conocimientos dignos de un puesto en las mejores Academias Renacentistas, pero apenas si se consideraban a sí mismos como "genios" y daban a sus conocimientos y a su trabajo otra dimensión que escapara a la función de servir a su Rey y a los dioses que este representaba. Esa tecnología (¿"fuerzas productivas"?) no cuestionaron nunca las "relaciones de..." dominación e incluso no iban más allá de lo que estas requiriesen (incluídos el "derroche", la "destrucción", el "gasto", el "desaprovechamiento" de lo existente o dado, etc.). Hoy, sólo se han redefinido algunos términos y en una nueva "inversión" de las cosas se llama "productivo" a aquello que permita consolidar y reproducir las mencionadas relaciones de dominación.


Claro que el mecanismo en marcha no es "perfecto" ni mucho menos y una y otra vez pone en cuestión el estado de cosas. Son los momentos en que nos acercamos al colapso, que renace y se frena a raíz de la pripia dinámica.

viernes, 17 de abril de 2009

Una más de la difusa realidad objetiva y de la necesidad vital de formalizarla

Copio y pego sin más (bue... con una única corrección leve al objeto de conservar la intención) el comentario que dejé en el blog de Héctor no sin recomendar una previa lectura al post que lo originó y que no es sino parte del conjunto que últimamente nos lleva a la búsqueda misteriosa del "¿Qué será lo que defiende el otro?" Sería de agradecer toda observación, cuestionamiento total o parcial, puesta en duda total o parcial, etc. de todos quienes lean esto, sepa o no algo sobre Maturana (y si saben, mejor). Creo que la discusión acerca de si se puede o no decir algo de este mundo nuestro y en base a qué... es cuanto menos "importante". En fin...

Te garantizo que Maturana y Varela me interesaban desde hace tiempo. Ya seguí yo un blog chileno que defendía y continuaba la línea de sus maestros ("Núcleo Decenio", ¿lo conoces?; por si acaso: http://nucleodecenio.blogspot.com/).

La idea de "autopoiesis" me resulta atractiva, pero debo ahondar en ello y en cuanto acabe con algunas lecturas de otros campos (je... son evidentes) me meteré con ello.

No obstante rescato esto que has reproducido (¿"traído a la mano"?)...:

"Dicho de otra manera, el sistema nervioso no "capta información" del medio como a menudo se escucha, sino que al revés, trae un mundo a la mano al especificar qué configuraciones del medio son perturbaciones y qué cambios gatillan éstas en el organismo."

... que me sugiere que no se puede afirmar sobre la base de las evidencias (Maturana, como cualquiera, "trae a la mano" las evidencias y las "pone en común" al "traerlas", ¿o no?), repito, no se puede afirmar o deducir de la observación, selección e intento de explicación de su realidad (de las evidencias... y de lo que se intuye y no se evidencia), que el mundo real sea una "invención" humana o algo cercano a esto.

En el párrafo (el discurso humano de Maturana) se manifiesta el reconocimiento de que "las perturbaciones" (del mundo) son al menos recibidas por el hombre (por su cerebro, por su sistema reflexivo), "gatillan" (aquellas que le llegan sin duda) reacciones (qué si no) "en el organismo", entre las cuales estaría... LA FORMALIZACION, LAS TEORIAS EXPLICATIVAS, etc. (¡entre otras! y ¡qué si no!). Es ÉSE el "mundo" que se "trae de la mano", no el real: el mundo de la formalización, el mundo explicado o mejor aún: el mundo de lo explicado. Pero esto no da derecho, ni siquiera aprovechando mucho de lo que dice Maturana (quizás todo menos esa implicación de que las cosas son "al revés" -siendo bastante menos que ello aunque lo sea en relación a la visión kantiana precisamente de la captación, visión que Nietzsche rechaza, precisamente-), ni siquiera, repito, a entender que el mundo nace del "organismo" que es capaz de imaginar ni de ningún otro antes. El mundo, para mí NACE (es decir, se desarrolla) de la interacción, incluso afectado por nuevos productos emergentes entre los que sin duda, por qué no, las propias formalizaciones, míticas, filosóficas, ideológicas o científicas tienen TAMBIÉN un rol... ONTOLÓGICO: se suman, con mayor o menor capacidad de influencia, al maremagnum de las interacciones: EL MUNDO REAL:

Gracias por haberme permitido ser más claro que nunca hasta ahora (creo).

Un saludo.


Finale (añadido a posteriori de la publicación inicial):

Y para finalizar, copio al pie el último comentario que he dejado en respuesta a los contraataques y réplicas intermedias que vuelvo a insistir que lean por cuenta propia (además de por no reflejarlas aquí para que lo hagan y se armen de una posición propia):

La IDEA de un mundo que se "crea" por y desde el hombre, no la “invento” sino que la extrapolo y la equiparo a tu frase (que adjudicas a Maturana) de: “que el acto cognoscitivo (…) nos inmersiona en un mundo creado desde nuestra estructura neurobiológica que se acopla a la realidad de una forma estructural -como el submarino manejado por poleas que da a lugar a salvar escollos- no que interacciona con él mediante pasos de mensajes o intercambio de informaciones porque en nuestro cerebro no hay ninún burócrata o procesador que recoja o gestione nada.” ¡Si esto no es cuanto menos similar a “CREAR-el-mundo-desde-el-hombre”… pues será que no te explicas en absoluto!

“lo que hay que entender qué es una explicación que es nomás que una reformulación de una experiencia y cómo es indisociable nuestro experimentar el mundo de nuestra biología por lo que lo que pudiéramos creer como inherente a él bien pudiera ser nuestra forma nomás de esquematizarlo.” ¿Y yo no digo justamente que la experiencia y todo el hombre y sus productos son “indisociables” de su biología? En eso “coincidimos”, pero de ahí NO SE DEDUCE el adjudicar a los fenómenos la “naturaleza” positivista de ser “una serie de sensaciones” (humanas) como decía Mach desde el empirismo de Hume para acabar en el “no poder decir nada” del joven Wittgenstein. ¡Ni Mach, ni Wittgenstein, ni Malena han “demostrado” nada, es decir, NO HAN ENCONTRADO LA VERDAD ABSOLUTA, ni mediante la observación, ni mediante la intuición ni mediante la lógica…!

Yo NO considero la causalidad como ontológica, yo digo que en la realidad hay repeticiones y regularidades objetivas que se concatenan en las formalizaciones humanas como causalismo y determinación. ¡FOR MA LI ZA CIO NES! Ni sostengo (ni pretendo “demostrar”) que haya “avales” posibles para ninguna formalización, mito o teoría de “la escencia” de las cosas. Otra cuestión es que sea capaz de predecir en base al causalismo y el determinismo (relativo), es decir, en base a una narración coherente que concatene regularidades y repeticiones, que es lo que hace la ciencia y lo que permite, con aproximación suficiente, bastante más en muchos casos que probabilística, y salvo “sorpresas” (irrupciones de emergencias en el sistema desde “fuera”) ACTUAR (dentro de ciertos límites OBJETIVOS, REALES) con REALISMO (y no con total “libertad”). Todo lo formal, por supuesto, es “proviniente de nuestra biológica cognición” y por supuesto que “el mundo no sería apercibido de una forma limpia”; precisamente ésa es la tragedia de la conciencia: que “tiende” a buscar la “limpieza” total o profucnda, la VERDAD ABSOLUTA, la supuesta de los dioses, la que nos daría “La Respuesta”, y la que NO EXISTE. Pero NO por la obviedad (para muchos hoy en día) de lo que ya se ha dicho de sobra acerca de observador-observado, injerencias en la observación, desconocimiento del Todo, etc., sino porque... (esta es mi tesis) el mundo y todos sus seres reales tienen una historia que no cesa, que continúa, y que no fue prediseñada sino que avanza en un juego sin fin de adaptaciones internas y trabajos de adaptación sobre el entorno (posibles a gran escala en el caso del hombre gracias a su capacidad de formalizar, de establecer causalidades y determinaciones), y esto requiere una visión ontológica y no sólo epistemológica so pena de, repito, “callar” en algún punto (cesar los “juicios”) y caer en la confusión diaria…

¿”el mundo este nos gatilla, nos crea un mundo estructuralmente causado siendo este mundo, por razones obvias dada nuestra supervivencia, estructuralmente degenerado con el de afuera, con el objetivo, con el real.”? No dejas nada más claro con esta frase, lo siento. Pero sí deduzco (no “invento”) que reconoces al menos “cierta” realidad ontológica, aunque sea la de una “estructura degenerada”… ¿Por quién, quién puede afirmar que lo sea, es acaso algo que tú puedes probar, demostrar, cómo, de dónde, de que lo “sientes” así…? Creo que esto deberías elaborarlo un poco con vistas a eliminar las contradicciones aparentes… y definir claramente qué quieres decir con esa “metáfora” de las “estructuras diferentes (que) producen resultados parecidos”, ¿cuáles?, ¿parecidos a qué o entre qué? ¿Cuál es el ejemplo?

Las sectas de creyentes de objetivos inimaginables y muchas veces tan sólo psicológicos no tienen por qué ser teológicas. El positivismo fue un caso sonado (igual que el “cientificismo”). Pero no es esta la discusión sino la de contestar ¿“para qué” o “por qué” defiendes -incluso públicamente- tus ideas, para qué “textualizas” a Maturana y lo reinterpretas, etc.? ¿Para realizar un programa inevitable que se te impone, para encontrar una explicación al sentido de tu vida? No me salgas con eufemismos y contesta con precisión o dí que no lo sabes, que te divierte o lo que sea… todo es posible como respuesta para mí, lo que me hará inferir (no “inventar”) mis propias conclusiones.

“Es que pareces no entender Carlos lo que aquí se propone. Cuando hablo de páramos fantasios me refiero a que cualquier otro tipo de definición de la cognición hace uso necesariamente de nociones trascendentales de imposible verificación experimental. Por lo demás era una licencia poética”. Pues lo “parecerá”, pero en todo caso: (a) ¿cuál sería la “verificación experimental” de tus afirmaciones?, no las veo, lo siento, sólo leo “ejemplos” fantasiosos de submarinos y pilotos de submarinos “modélicos” que no se pueden reproducir en ningún experimento sino sólo “imaginar”, y eso porque en La Realidad, en El Mundo, no existe ni puede existir nada como eso. Lo que se podría hacer sería simularlo en un ordenador, poniéndo un piloto sin oído medio que actue siguiendo el programa que interesa que siga para que la “demostración” sea “positiva”… algo que ya ha hecho no sé si el de Maturana pero sí al menos tu cerebro.

Rematas: “Tú teoría por lo pronto es insuficiente. Presupone un mundo objetivo con al que empapelar un ontología, sin explicar una epistemología y sin explicar, sobre todo, qué es la consciencia. Sin esto último no hay posibilidad de una epistemología, sin una epistemología todo lo que se diga es sospechoso, no hay posibilidad de filosofías metafísicas.” Y yo acepto casi todo sin ruborizarme: parto de la base de que toda teoría es INTRÍNSECAMENTE incapaz (más que “insuficiente”) de dar cuenta de la “esencia” del mundo, incluyendo la de la conciencia, en el sentido en que al hombre le gustaría y le satisfaría (gusto y satisfacción que yo sostengo es concomitante con las características de la conciencia, del cerebro en la que esta como fenómeno tiene lugar… objetivamente hablando), pero sí que puede (como casi todas las teorías coherentes y falsables que se ha dado el hombre desde un principio y ha continuado haciendo –lo explico en mis últimos posts que decías leerías detenidamente-, entre otras cosas con la intención de reducir al mínimo las incoherencias y contradicciones y a favorecer una mayor capacidad de previsión del comportamiento real de sí mismo y del mundo, cosa que le importa muchísmo… para poder cumplir con su imperativo evolutivo, sobrevivir. Si no hay ontología (formal) no puede haber epistemología (formal) alguna, y una y otra tienen los mismos problemas y limitaciones y sirven a la misma “voluntad vital compulsiva”. La búsqueda de la “verdad absoluta”, sostengo, es un componente intrínseco del fenómeno reflexivo que de hecho “empuja” a la conciencia a formalizar, a indagar, a intuir, a concatenar, a causar, a determinar, a predecir… ¡Esto es una teoría del conocimiento (o epistemología) basada en hechos evidentes que se repiten, en regularidades objetivas que se localizan en el mundo una y otra vez, que explican por qué pensamos y por qué pensamos en determinadas direcciones (siempre que sumemos a ello una sociología y tengamos presente la Historia, el Tiempo, lo ya-hecho, lo ya-producido, como base limitadora y restrictiva para la acción humana, etc.

No creas pues ni que yo ni que nadie (yo al menos no lo hago) “tenga acceso al mundo” en su “inmensidad”.

El “ejemplo” (pueril) de Newton y Einstein no tiene nada que ver con la existencia de lo real al margen del hombre, que era el tema de discusión y en lo demás ya te he contestado acerca de lo que pienso a lo que se tiene “acceso” y a lo que no.
Repito, creo que TODA formalización es “degenerada con la real”, pero que esta EXISTE de por sí y que nuestra tendencia obligada, imperativa, que ninguna teoría ni “epistemología”, ni pensador, ni nada podrá DESVIAR de su curso, al imponerse nos lleva al determinismo (relativo –que creo acertado- o absoluto –que los hechos desdicen-) y al causalismo. SE IMPONE salvo en “pilotos de submarinos” previamente “castrados” para que hagan bien su rol deostrativo de algo fantasioso y confuso. Por cierto, el espacio tetradimensional, hoy sustituido por el de 11 dimensiones y mañana vaya a saberse por qué nueva “formalización”, NO ES REAL, es FORMAL, pero sirvió y todos se originan de la “sed de sabiduría” a la que me he referido antes que nos obliga a beber “de más” (cosas de la imperfección por falta de diseño previo) antes que quedarnos sin líquido suficiente para sobrevivir. ¿Te parece poco claro? Creo que sí puesto que acto seguido dices: “Lo que se deduce del maturanismo es que toda formalización, incluidas las tuyas, son como las de Newton estructuralmente diferentes de lo real, esto es irreales si lo quieres ver así, aunque eficaces por su similar panoplia de resultados.” Supongo que a esto te referías más arriba, pero no tan claramente; esto es que tú “deduces” (para lo cual necesitas dar por ontológicas ciertas cosas) y optas por unas formalizaciones antes que por otras. ¿Por qué sino (a) por “economía de pensamiento” (Mach también tras Ockham) y (b) por imposición a fin de cuentas muy complejizada, incluso socialmente, de la necesidad de sobrevivir, de mantenerse incluso tal cual se es?

Insisto por ello: “dar vuelta las cosas y llamar irreal a lo real no cambia el problema, ni nuestras necesidades ni la causa que están detrás de ellas y que deducimos (si queremos entender y predecir algo de nuestro propio comportamiento y obras, cosa que necesitamos imperativamente hacer) por haber devenido capaces de hacerlo GRACIAS a que somos REALES (sea eso lo que sea metafísicamente e imaginariamente hablando) y a que POR SERLO tenemos una historia que se basa (para no enloquecer y divagar sin más) en que el mundo YA ERA REAL ANTES QUE NOSOTROS. Etcétera.” y cre no sólo que no niegas “que lo real no exista cuando tu consciencia se acabe” sino que ya estaba antes de que existiera élla y que gracias a su EXISTENCIA REAL ella también llegó a EXISTIR… la podamos o no explicar mejor o peor, más o menos insatisfactoriamente, más o menos incompletamente, más o menos fantásticamente, más o menos idealistamente o materialistamente, etc., que eso en cierto modo ya lo creo que da “resultados parecidos” (¡mis muchos posts de 2007 ya reivindicaban a Feyerabend al respecto y no me desdigo de ello!): pero, insisto, LO REAL NO PUEDE PERDER ENTIDAD POR CULPA DE LA LIMITACION HUMANA: ¡sigue allí afuera, y ahí dentro, alrededor y tan lejos que casi no nos afecta!

“yo que soy racional”, no, eres “racionalista”, un tanto “positivista” y “antropocéntrico” (es decir… kantiano), que no creo que son atributos peyorativos pero que no creo que ayuden a orientarse en algunos terrenos, aunque “sirven” al igual que una rama sirve de bastón pero mejor es una silla de ruedas motorizada. Y ese racionalismo te lleva inevitablemente a “introducir” como “reales” las leyes que te parecen “más reales” (las que metes en el submarino por ejemplo).

“De hecho, todo el mundo cree algo, aunque sea que su pareja le es fiel; la cuestión es qué valor epistemológico adjudicamos a esa creencia y qué eventos habilitamos para que esa creencia sea refutada.” Lo de “habilitamos” me chirrea… ¿Se trata de los “constructos” o “modelos” que sirvan para demostrar una tesis?

“Yo respecto al Maturanismo y su objetividad entre paréntesis estaría encantado, por ejemplo, de que se me explicase cómo el ser humano percibe y es consciente con independencia de su estructura neurobiológica. Toda crítica que no incida en esto, tenderé a leerla con el rabillo del ojo”: he hecho ya varios apuntes en esa dirección, incluida mi novela, que muestra un escenario realista y coherente donde, con otros parámetros de entorno y una conciencia cuasi humana se reproducen los mismos problemas: es toda una simulación. Nuevamente, para hablar de fantasía he debido presuponer lo real.

Y con esto FIN.

miércoles, 15 de abril de 2009

Más "precisiones" o de la difusa realidad objetiva y de la necesidad vital de formalizarla

El "problema de la verdad", nacido, cómo no, de la necesidad humana de certeza (creo que luego quedará a la vez explicada esta tesis), debió ser una preocupación constante del hombre desde muy temprano, se formulase o no. Podemos dar fe de que lo fue (lo que aceptaremos como general o prototípico en este punto) al menos desde que comenzara a exponerlo con vistas a la posteridad mediante la la escritura (o sea, constituyendo "documentos" fehacientes y sintomáticos), aunque esto nos induce a suponer que ya lo hacía a su manera durante el período previo de transmisión oral y a la subordinación prioritaria a la tradición y a las enseñanzas de los ancestros (culto mediante). Y sin duda sensata alguna, lo sigue siendo.

Obviamente, hoy no es para nada fabuloso imaginar una máquina cargada con el programa adecuado que fuese capaz de decidir en base a datos que por ahora también deberían suministrarle sus creadores y utilizadores. En realidad, una máquina de tal tipo existe desde las primeras computadoras, aunque sea para operar y realizar esa misión en campos delimitados. Esta máquina no es, de todos modos, capaz de adaptarse ni de ejercer acción adaptadora alguna sobre el medio. Si le fuese hostil, simplemente estaría expuesta, no podría cambiar ni modificar el entorno y, en un extremo, sucumbiría. No está viva. Además, su "mente" está "perfectamente" delimitada y orientada. No tiene conciencia ni es autónoma.

Una máquina como esa, no tiene por lo tanto "un problema existencial" ni se puede preguntar por su existencia o el sentido de lo que está haciendo. "Simplemente", lo hace. Si su programa tuviese por objeto conservarla en buen estado de funcionamiento, el resultado (tratándose de una máquina como la entendemos) sería exactamente el mismo. Eso sí, al no ser capaz de adaptarse ni de adaptar el mundo (ni siquiera en términos elementales) también dependería de una estabilidad extrema, en todo caso de la que le suministrarían sus creadores y utilizadores, es decir, del Edén en el que sus dioses de hecho la habrían instalado.

El hombre, en cambio (y de modo rudimentario y limitado los animales que se sitúan en los escalones "inferiores" en términos de complejidad operativa), inferimos que emergió en un momento del proceso evolutivo. Su cerebro fue obviamente un resultado de la interacción entre un individuo portador de un cerebro más primitivo que a su vez encuentra sus orígenes más remotos en las primeras formas capaces de obtener información del medio por sí mismos, es decir, de la evolución sucesiva de organismos vivos, capaces de adaptarse y de adaptar su entorno hasta uno u otro punto. El enfoque adoptado inicialmente por Darwin y las sucesivas evidencias observables (que podrían en teoría ser explicadas de muchas maneras al margen del grado en que sean asumidas y por qué) nos indican que el cerebro humano es una consecuencia de la voluntad de permanencia de lo vivo que, alcanzada una conformación dada, tiende a buscar la manera de conseguirlo mediante una serie de soluciones, en principio experimentales, que dan lugar a seres nuevos y más complejos. La interacción de los individuos entre sí y con el medio, sumados a los cambios que el propio medio experimenta como producto de su propia idiosincrasia así como de las interferencias "aleatorias" (lo son en todo caso desde el punto de vista del propio sistema en consideración) dan lugar a novedades o emergencias que se resisten de inmediato a abandonar el mundo. Algunas encajan y otras las consideramos "errores", aunque simplemente "no habrían podido ser".

El hombre, pues, ya en sus versiones más primitivas, debió sentir desde un principio que "algo bullía o zumbaba en su cabeza" y no es extraño que su propia conciencia le atribuyera a ese "ente" una existencia autónoma, indomable incluso por momentos, extraña y peligrosa, diabólica. En esos tiempos, no había aún filósofos ni científicos que lo tranquilizaran, ni médicos que supieran atender y tratar su dolencia, ni... bueno... ¡drogas si que había... naturales y... alucinógenas... y seguramente muy útiles para escapar de la angustia y acercarse a los dioses en busca de refugio! En fin, sin duda esto nos ha llevado hasta el tema de los dioses y de las creencias adoptadas inevitablemente por el hombre... pero lo soslayaré en cierto modo para mantenerme aquí lo más vinculado al objetivo. En todo caso, me atrevo a extrapolar a la luz de mi propia experiencia y de la observación de los resultados históricos, la facultad de reflexionar del ser humano se habría hecho consciente como algo superior en el sentido de aparecérsele como capaz de llevarlo hasta VERDAD intrigante que realmente le preocupaba y le preocupa: la del sentido, tanto del estar en sí como de su evidente carácter transitorio... La vida y la muerte. El mundo y la nada. La aparente y agobiante absurdidad.

Es normal que algo como la conciencia fuese vista como bastante más que como una simple arma de supervivencia resultante del proceso evolutivo, incluso desvinculada de una tal banalidad. En este sentido, el antropocentrismo naturalista o materialista me parece el punto de llegada de la misma búsqueda de refugio antes mencionada una vez que se pierde la fe en los dioses... Todo con tal de preservar la distancia de los hombres reflexivos respecto no sólo de los animales irracionales sino de las masas exentas de sabiduría (y desinteresadas por ella).

Lo cierto es que había que adaptarse y aplicarse en hacer el entorno apto para la supervivencia; vamos, que había, simplemente o en una palabra, que sobrevivir, cumplir con ese imperativo vital siendo simplemente como se ha llegado a ser. ¡Algo cuya especificidad debe ser establecida para los específicos hombres reflexivos, hoy intelectuales modernos, antes sabios o filósofos (en el lenguaje de los clásicos) diferenciables de la masa! Lo que dejo aquí nuevamente apuntado ya que lo he tratado en otras partes.

Lo cierto es que donde pongo la vista, las cosas se ordenan reportándome la sensación de certeza que me permite actuar sobre ellas, aunque sea para seguir su propio movimiento y poco más (según quién sea en según qué época y lugar). Esa misma visión me dice que La Realidad ES de una determinada manera, y esa manera es concretamente COMPLEJA y permanece en estado de interacción constante en todos y cada uno de sus planos. Compleja, eso sí, desde un punto de vista global y en un entorno cuyo radio crece para mí, por lo que supongo (es inevitable extrapolar: no hay multas previstas para ello o nos importa poco -algo que por cierto, merece ser seriamente considerado, aunque no menoscabado sino comprendido!-). Esa idea, esa certeza, me lleva por el mismo camino que a cualquier "máquina de reflexionar" -como Diderot dio en llamar a Leibniz- y como llevó a todos los hombres (especialmente a los más reflexivos) y por ello (siendo un descendiente de los supervivientes) no me queda sino utilizarla para explicarlo todo, particularmente, la historia social y los tiempos que corren, particularmente a predecir los que vendrán en el corto plazo, los que podrían llegar... Todo a la luz de las interacciones en un cierto grado y en un cierto entorno, las internas, las existentes dentro de los componentes, las que se producen entre los diversos estamentos o rangos de conjuntos entre sí, la que se establece entre conjuntos similares y diversos en un mismo plano, las que se producen a partir de una contingencia aparente (considerada desde el punto de vista del sistema afectado), etc.

No se me ocurre otro discurso coherente (tal vez por lo mismo que ese discurso me permite afirmar) que el que muestra al hombre avanzar (es decir, moverse, cumplir con su imperativo vital) a través del tiempo dando a luz a unas y otras opciones experimentales pero, no obstante, favoreciendo con su conducta (¿más eficaz?, sí, si persistimos en enjuiciar valorativamente a las meras consecuencias objetivas) una determinadas especificidades y características.

Entre ellas, y a esto quería llegar (a esta encerrona quería conducirlos), la de ser capaz de detectar las regularidades de la realidad, las repeticiones, las reproducciones. Estos seres, débiles físicamente a la vez que difícilmente aptos para garantizar la reproducción de la especie mediante el número o la rapidez reproductora (su cerebro era el principal impedimento), se vieron forzados por así decirlo a entrar por ese camino y a seguir avanzando por él, un camino que se va trazando en la medida en que en su avance se topa, por insistir de manera harto sintética, con obstáculos (lo que es sistemático en uno u otro sentido) y por el que al mismo tiempo (la otra cara de la moneda) acabaría reforzándose la necesidad de una conciencia y de una capacidad deductiva. De esta forma, ese método se convirtió en garantía para la supervivencia.

Esta característica que podemos observar en todos los organismos vivos y que permite sólidamente explicar la evolución (los hechos incontrovertibles descubiertos mediante la observación y la indagación), e incluso en el comportamiento de la materia inorgánica, sirve también para explicar la evolución del discurso y su razón de ser. Negarlo es ir en contra de la corriente que ha garantizado nuestra supervivencia dando lugar a la filosofía y a la ciencia... lo que no podemos evitar so pena de aislarnos o automarginarnos y hasta de ser rechazados socialmente.

Y ese método es el que, de vez en cuando, hay hombres que pretenden abandonarlo. ¿Cómo es posible? ¿Hasta qué punto? ¿Por qué? Desde mi punto de vista la respuesta última está en el instinto de supervivencia, pero para decir algo de lo que poder extraer conclusiones dignas y útiles (políticas incluso) entiendo que se hace necesario abordar las particularidades y mediaciones que se han ido estratificando desde la célula eucariota, es decir, para el caso del hombre, hace falta abordarlo desde la sociología entendiéndolo todo del modo en que lo he dicho en apretada síntesis.

Pues en parte porque la experimentación continúa siendo la manera en que se despliega el proceso, ya que la imperfección parece una característica inseparable del mismo. Pero, sin despreciar esta base, creo que se puede ir más allá.

Lo que parece fácilmente observable es que en la práctica el ser humano no sigue en absoluto las líneas que se desprenden de ciertas elucubraciones y especulaciones que pretenderían más que ser operativas alcanzar una explicación capaz de acallar esa cualidad perturbadora de la conciencia. El grado de insatisfacción sería tan grande o tan insufrible que se apelaría al mito, pero cada mito conduce al siguiente, cada mito resulta también insatisfactorio.

Mucho antes que mediante la literatura fantástica (y me refiero a muchísimo antes) el ser humano puso en práctica sus dotes (y necesidades, repito) imaginarias y cuentísticas, su capacidad para la elaboración de mitos (valga la redundancia: explicativos; lo que vale la pena añadir de todos modos para remarcar su rol o más bien su razón de ser necesaria). Maynard-Smith por cierto considera esa facultad un instinto. El hecho, en cualquier caso, no puede ser negado... aunque se puedan admitir múltiples interpretaciones cuyas propias razones de ser en todo caso deben ser puestas de manifiesto (como ya dije en mi post anterior y puse en práctica al tratar el liberalismo como una de esas interpretaciones aplicada a un cierto ámbito particular, y en otros análisis críticos) en el campo de la sociología y de la historia. Luego se podrá ver qué tipo sociológico es el que sostiene una u otra y por qué... y hasta apreciar si precisamente por pertenecer a ese tipo... y en un mundo concreto dado... su interpretación es más o menos operativa y en qué sentido, con cuántos triunfos cuenta y por tanto hasta qué punto resultará más verosimil, más acorde con la realidad a la que se enfrenta. Esto, seguramente chocante, sólo se puede comprender a la luz de la Historia y no a la que rodea al propio ombligo.

De cualquier forma, sigamos unas o sigamos otras, la observación (o el estudio minucioso) de esos mitos ,y de los demás discursos del hombre a lo largo de la Historia, nos indica que "algo" hay en ellos que se repite, que "algo" encierran que los caracteriza como formas de lo mismo y como pretensiones de igual signo. Porque no todo en ellos obedece a la necesidad de hallar la Verdad Absoluta, la Respuesta... sino que también, y en la medida en que abren paso a la ciencia justamente... la producción de mitos pone en evidencia nuestra capacidad (y necesidad) para detectar las regularidades observables, regularidades que nos vemos inclinados a considerar componentes de La Realidad, es decir, del mundo que nos rodea, regularidades que interactúan con nosotros. Necesitamos (y podemos) hacerlo para favorecer nuestras perspectivas de supervivencia y esto es también algo que por vía de la repetición (la experiencia) se consolida o se refuerza. Nuestra mente se orienta casi instintivamente a buscar las regularidades y a establecer correspondencias causales, y yo creo que esto no puede atribuirse a la casualidad sino a ser un resultado más de la selección natural en sentido amplio. No hay derecho a afirmar que se haya seguido la mejor de las conductas (¡eso es algo para lo cual no existe un juez capaz de dar ese juicio superior; o al menos ni a mí ni a la mayoría le habla!), pero sí que ello respondiera, en base a los recursos existentes, a la "voluntad" (preconsciente) de la vida por permanecer; en una especie de inercia del movimiento que en cada escollo tiende a imponerse adaptando en todo lo que pueda y adaptándose cuando no queda más remedio. Sin duda, han sobrevivido los que asumieron una visión analítica y determinista de la realidad hasta en los viejos mitos, los que propagaron las enseñanzas de sus ancestros y las consolidaron en una Tradición. Y esa línea se vio reforzada sistemáticamente hasta hoy, a través de los sucesivos descendientes de esos primeros hombres. Tendemos incluso a considerarlo propio de una supuesta mayor eficacia, pero creo que, a la luz de los tropiezos históricos y personales y de aquellas cosas que por inercia ideológica (entre otras limitaciones propias de la capacidad de observación y predicción, tal vez insuperables pero que no pueden trasladarse al modo subjetivista a la naturaleza de La Realidad... porque entre otras cosas tampoco habría capacidad de juicio para conseguirlo o garantizar su verosimilitud) acaban pareciéndonos y apareciéndonos como imprevisibles "cisnes negros", esto debería hacerse sólo en cierto sentido y no en términos absolutos ya que no podemos extraer del presente un aval para el camino seguido.

En otras palabras: creo que no es lícito deducir de las dificultades de la mente humana para tener un cuadro total de la realidad (o para alcanzar verdades absolutas y respuestas deseables) -lo que se hace equivalente a poderes adivinatorios o absolutamente predictivos- que la realidad nazca del sujeto como si este fuese una especie de intermediario entre el Dios y el Mundo. Incluso que sólo se pueda dar un pronóstico probabilístico no significaría que la existencia se pueda tratar al margen de una ontología. La realidad es lo que hay y ella ha dado de sí la conciencia que por fin podemos incluir entre las demás cosas reales o existentes que interactúan entre sí en el mundo, ampliando así nuestra capacidad de deducción (¡gracias a este enfoque podemos afirmar que la burocratización, La Crisis, etc., tienen orígenes históricos transparentes y no que es una "peste" que haya sobrevenido sobre "nos, pecadores"!). La realidad, indudablemente, presenta regularidades que han logrado permanecer en el tiempo... por un tiempo, e irregularidades que se presentan ocasionalmente, respuestas sui generis a necesidades que escapan tal vez al marco de lo necesario provocando otros efectos "innecesarios" (como el probable meteorito que acabó con el Jurásico, o lo que fuera que viniera de fuera del sistema; pero que no son productos del azar en el propio donde se originaron -o al menos eso nos sirve para pensar, por ejemplo, en cómo evitar otra catástrofe similar en el futuro-).

Cada nuevo fenómeno, en todo caso, se suma al conjunto (en cualquier caso, nuestro entorno o mundo) aumentando la complejidad global en ese entorno dado (hasta que éste establezca, de uno u otro modo, contacto con otro creándose uno mayor que los abarque... algo, por cierto, a lo que contribuye el hombre con su tecnología, aunque por ahora sea poco menos que observacional. Y... aunque las cosas se interrumpan, corrompan, colapsen o sufran un cambio de orientación crucial, que es una cuestión aparte.)

Con el modo de pensar científico, yo creo que no podemos sino orientarnos hacia la puesta en orden formal de las evidencias en tanto que regularidades. Decir que lo hacemos por imperativos ignotos e inescrutables o por una concatenación de múltiples necesidades y superfluocidades (si se me permite la licencia) no es una discusión que conduzca a nada, y por ello acaba siendo poco más que retórica y especulativa. Somos como somos para seguir siendo como somos y hacer lo que venimos haciendo. Suponernos "distintos" o "posibles" no produce ni siquiera satisfacción sino autoconstricción... huida hacia la fe... oscurantismo... o simplemente silencio positivista.

La predilección por la retórica o la especulación inconduscente se puede a su vez explicar sobre varias bases y desde varias ópticas realistas (no necesariamente más provechosas todas), igual que los demás fenómenos naturales. En particular, se puede explicar con los mismos métodos científicos de búsqueda de las regularidades y mediante su inclusión en una narración coherente y concatenada, lo que constituye un discurso racional (aunque no por ello racionalista).

Sinceramente, creo que mi punto de vista me permite superar ciertos escollos y que de paso permite inmunizar toda investigación que parte de ese enfoque tanto contra el antropocentrismo como contra el animismo. Y que ello se basa en la consideración del proceso de complejización como intrínseco a la naturaleza, a la materia inanimada y a la animada (¿por qué no seguirlas distinguiendo todavía, aunque sea en nombre de la vieja aunque vigente poesía?) e incluso a sus resultados más sofiticados de orden, las sociedades humanas y con ellas todas las demás obras de la imaginación (esa prolongación o resultado colateral de la autoconciencia) que procrea adicionalmente nuestra especie para perpetuarse a la manera de los dioses.