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domingo, 1 de noviembre de 2009

El "delito político" de "los molestos"

La Historia nos enseña que lo "políticamente molesto" (se lo califique así o mediante algún otro eufemismo) no tiene por qué tener, ni mucho menos, una significación heroica o un sentido esencial y ni siquiera tiene que entrar dentro de lo que se considera racional.

Obviamente, lo "políticamente molesto" se debería aplicar, según las costumbres racionalistas y la etimología, sólo a aquello que resulte perturbador para "La Ciudad" ("La Polis", para decirlo en ese griego que usamos hoy para conceptualizar... esto es, para emparentarnos con quienes en realidad se distanciaban de la Ciudad real mediante ese lenguaje, una ciudad que para el grueso de sus integrantes debía ser tan poco pura y virtuosa como las nuestras para nuestro tiempo y nuestros pueblos -fe de ello da la literatura y particularmente el teatro-).

Debería en consecuencia designar las invasiones, las revoluciones, las conjuras... pero también los magnicidios y las manifestaciones violentas de descontento popular, y, en el fondo, todas esas que valoramos tanto (y en tanto no nos afecten demasiado) de nuestras democracias occidentales modernas y contemporáneas, manifestaciones estas que se permiten y hasta se fomentan formalmente, como las que se amparan en las declaradas y, valga la redundancia, legisladas libertades constitucionales.

Sin embargo, el Estado va más allá de sus aparentes, conceptuales, declaradas y aprendidas atribuciones represivas y, aún más, llega a mostrarse molesto más allá de lo que podría esperarse y por unas causas que no se corresponden con su esencia (lo que demuestra que es idílica y no real y que lo que la gente espera es también idílico y frustrante).

Precisamente, en concreto y no en los términos formales o conceptuales ofrecidos por las teorías -y los mitos- justificatorios, lo que perturba a la Ciudad abarca necesariamente lo que perturba a todo lo instituido, a todo lo que en realidad se acepta como tal en nombre de lo esencial o sea de lo idílico, lo que conseguido inscribirse en el firmamento dominante de valores. Ese "todo" instituido es mucho más, como he señalado, que lo que se define como esencial o racional, y es todo lo que una y otra vez percibe la intuición, sobretodo la de los afectados (pero también, en el fondo, hasta la de los propagandistas).

Asimismo, que lo real se extralimite, no sólo explica la factibilidad de todo tipo de protestas y acciones contra lo instituido, es decir, la activación de una imaginación contestataria, alternativa (autoengañosa o no, pragmática o utópica, aventurada o sensata, maximalista o reformista...), sino que nos ofrece las suficientes evidencias de su auténtica idiosincrasia como para comprenderlo de una buena vez, es decir, dejar de contribuir a su enmascaramiento interesado que tanto comparten las "buenas conciencias" que sueñan con ocupar ese espacio con sus propios planes totalitarios.

En primer lugar, debemos comprender que lo instuido no es una cáscara abstracta (tal como la describiera Hobbes, por dar uno de los nombres más sonoros en relación al tema de entre los exponentes del racionalismo moderno). Debemos ver, en fin, que lo instituido está ocupado, de hecho y de derecho, por un soberano muy concreto y que lo que perturba o molesta políticamente a la sociedad es lo que molesta o perturba al soberano que la representa, imperfectamente como es inevitable, pero de manera efectiva (1).

venezuela en Blogs de YAAQUI

Obviamente, también sucede que el soberano sea quien moleste a unos u otros de sus súbditos, y hasta perturbe seriamente la propia marcha establecida de los cosas. El soberano puede conseguir en esa práctica un grado tan considerable y ostensible de excelencia como para lograr que... "ni los tranvías puedan funcionar" (2). No olvidemos que ese colectivo que constituye el soberano tiene por objetivo conservar el poder por encima de todo, y que ello debe realizarse manteniéndose sólido a pesar de estar compuesto por un atajo de falsarios, todos buscando maximizar su cuota personal de poder a base de zancadillas y traiciones cuando las condiciones lo permitan (pienso en Oogi Boogie, el cruel personaje de "Pesadilla antes de Navidad", cuyo cuerpo de arpillera estaba lleno de gusanos -y por qué no víboras- para una más que aceptable caricatura del Poder; en la que incluso encaja su personalidad ludópata). Eso, se producía de manera ocasional en los tiempos más remotos, pero en la medida en que se encontró la panacea (o se topó con ella) de la división entre opresores y oprimidos, esa dinámica se ha ido volviendo cada vez más sistemática. Ese colectivo se haya en constante lucha intestina, en constante procura de una justificación para tumbar al que ocupa la cabeza, inclusive a costa de que el mundo deje completamente de ser, como le pudo pasar a Roma gracias a Nerón y le pasó luego gracias a los últimos Césares a manos de los vándalos; porque, como puse en boca del jefe del Partido Único en mi cuento "Para que se cumpla el Plan": "El mundo será nuestro o no será nada". Se trata de la otra cara de ese "fenómeno sociológicamente fundamental del universo burocrático", como lo calificara Castoriadis (3). Algo que sin duda estamos viendo con nuestros propios ojos y sintiendo "en el alma" como pocas veces... aunque ("¡ojalá!") no lleguemos ni tan siquiera al incendio... deseo, claro, en que se apoya, dicho sea de paso, el chantage del sociedad a sus intelectuales (y lo aclaro aquí mismo: porque desear la paz y que no llegue el caos son deseos intrínsecamente contrapuestos a todo sueño intelectual de cambio radical).

Pero aquí y ahora quiero referirme sólo a la presencia en la sociedad de aquellas situaciones periféricas producidas por los individuos que de diversas maneras y por diversas causas acaban perturbando al soberano en la persona de sus fieles aunque circunstanciales servidores, y que, en nombre del sistema establecido (y que aparece como dado), acabarán o tenderán a acabar con sus huesos en las mazmorras, en el exilio o en una fosa común o anónima. Y quiero en particular llamar la atención sobre cómo unas situaciones u otras afectan a individuos de las diversas extracciones sociales por igual causa, aunque sólo sean algunos los que parezcan perseguidos o castigados por el poder.

Y es que otra de las cosas que se ponen en evidencia es que las perturbaciones no siempre llegan hasta el propio soberano, ni siquiera hasta su círculo más próximo, y que ello puede suceder inclusive sin su conocimiento, del mismo modo que ciertas afecciones internas del cuerpo no llegan al cerebro mientras no alcancen un grado de virulencia considerable. En definitiva, podemos y debemos aceptar que el espacio de lo instituido es incluso más amplio que su propia sombra y que su sensibilidad se haya más lejos que el largo de su brazo, bastante más que el que se le asigna al alcance de su Ley.

Y que, incluso, lo más sensible es justamente lo que está más lejos... Como dicta la experiencia, es posible molestar, dale que te pego (por ejemplo con posts y artículos de denuncia, silbidos durante los desfiles, etc.), al Gran Hermano y allegados, sin consecuencia alguna... siempre que evitemos indisponer al perro guardián de turno o aparezcamos ante él como excusa excelente para que ponga en práctica su selectivo sentido deber con más papismo que el del propio Papa. Y ello además de que tuviéramos algo que él podría obtener mediante nuestra destrucción o simplemente algo que lo indispusiera en contra nuestra.

La Historia, por otra parte, nos enseña también que las justificaciones teóricas (o causales, y míticas en tanto que interpretaciones) de todas las conductas se han generalizado en estos tiempos en paralelo con su complejización. Esa generalización se ha ido subdividiendo cada vez más en atención a la proliferación de disciplinas y especializaciones intelectuales (cada vez más técnicas y rodeadas de un discurso propio y esotérico que las aisla y legitima). Así, en principio siguiendo una aparente precisión, acabaron asignándose en primer término cualidades políticas sólo a ciertas cosas y psicológicas a otras, siendo que muchas no lo pueden ser aisladamente sino en simultáneo. Por fin, la marcha de los hechos han creando un sinnúmero de nichos incoherentes entre sí y llenos de silencios internos que han facilitado la proliferación de términos vacíos de contenido conceptual, y hasta ideológico: me refiero a su reducción a la expresión mínima, casi gestual, del marcaje, de la señalización, de... la acusación (4).

Es innegable, pues, el carácter político que hay que atribuirle a todas las denuncias que hacen los servidores fieles de un régimen contra un vecino odiado o al que envidia personalmente o del que pretende aprovecharse, denuncias que suelen conducir al segundo a la desgracia e incluso a la desaparición prolongada o definitiva. Lo que nuestras sociedades han conseguido con su complejidad es que las pirámides de todos los tamaños y ubicaciones estén todas relacionadas... democráticamente, y que hasta los servidores situados en el escalafón más bajo puedan contar con los instrumentos represores del Estado para realizar sus más íntimos y escabrosos deseos. Esto, hoy, está al alcance de cualquiera, sin proceso de selección ni embudo previos. Y esto es lo que explica la dificultad para erradicar, por ejemplo, las conductas tiránicas de los alumnos hacia sus profesores e incluso las de los hijos hacia sus padres: está en el ambiente desde hace tiempo, se ha extendido por el aire y ha acabado por ser del dominio público... Esto es precisamente... lo que se ha democratizado.

Sin duda, historias con esas características vienen sucediéndose en el tiempo desde que se constituyera la primera forma explícita de autoridad grupal, y creo que leídas como políticas en lugar de como psicológicas o morales arrojan luz sobre la verdadera trama en la que se apoya el poder que vemos efectivamente sentado en el trono o sillón concreto. Puesto que lo que inserta el hecho en el plano político es precisamente la apelación y el concurso de lo político, del uso de aunque más no sea partes constitutivas de lo instituido, pocas mezquindades quedan ya fuera de ese plano. En concreto nuevamente: a pesar de que la desaparición de un individuo que no molestaba en lo más mínimo al poder ni a primera vista a lo instituido se realice por razones en primera instancia particulares y mezquinas, si aquella se ha ejecutado mediante los recursos del Estado acaba haciéndose, por o con ello, política (incluso las ejecuciones mafiosas o de bandas, incluidas entre estas las acciones terroristas, se inscriben cada vez en mayor medida en la órbita de uno u otro satélite del Poder, y sirviendo a las estrategias de unos u otros de los escasos contendientes con posibilidades).

Antiguamente, muy antiguamente, no se hacía necesario explicar por qué uno mataba a otro, lo que se hacía sin remordimiento alguno dado que el remordimiento cuando mira lo hace desde el firmamento dominante y en ese tiempo aquello... no estaba mal visto (5). Tal vez lo empezara a estar en cuanto se realizaba entre individuos de estatus diferentes o atentando contra una propiedad como la del esclavo propio.

El mismísimo y famoso caso Sócrates, revestido histriónicamente por Platón en su Apología y de nuevo en su diálogo Fedón, revistió a Sócrates del halo de heroísmo, pero, si se mira bien, esa heroicidad fue construida por la víctima y por su discípulo a posteriori, habiendo sido aquello producto más que claro de la cobardía de un general (Anito) al que Sócrates habría "molestado", a la pusilanimidad y probable mala conciencia de un adolescente (Meleto) suceptible de ser empujado por el primero para llevar la voz cantante y un tercero, Licón, del sé aún menos que de los otros y que sería un amigo fiel de los anteriores... (sin que sirva de prueba, merece la pena mencionar que Platón, en su diálogo Eutifrón, pone en boca de Sócrates la posibilidad -aunque también como recurso exculpatorio- de la envidia). En todo caso, nunca una auténtica e imposible reacción en bloque de la Ciudad o de las masas (lo que tiene según veo en la medida en que atiendo a los detalles, un mito claramente platónico del que habrá que desconfiar... o enraizarse en la ficción de las simbologías interesadas), masas que sin duda albergan fácilmente sentimientos individuales de la mezquina naturaleza mencionada, pero cuyas conductas colectivas complejas deben ser consideradas con detenimiento y rigor y no ser simplemente despachadas con... el despecho intelectual típico (que el Sócrates de Platón por lo visto exhibía).

En todo caso, es interesante observar cómo en aquel proceso se usufructúan los mecanismos represores del Estado, instituidos supuestamente por la sociedad para autoprotegerse, por parte de unos simples ciudadanos contra otro que en los hechos no podía representar peligro alguno para ella ni para el Poder y que sólo era odiado, estrictamente, por un puñado escaso. Es interesante ver cómo cala la denuncia ante el tribunal de Atenas y con qué habilidad son utilizados sus mecanismos para un fin particular, mezquino e improductivo como el indicado. Es interesante observar hasta qué punto ciertos individuos no pueden permitir a otros que vivan en paz y hasta qué punto esto deviene de la sensación de peligro que experimentan en sus propias carnes.

Pero Sócrates no era un disidente político ni se levantó contra el poder ni más ni menos indirectamente. En realidad fue víctima del poder sin haber alcanzado a molestar más que a unos pocos. Los disidentes, por lo general, suelen agruparse en función de su meta: desplazar del poder al colectivo particular que lo detenta para ocuparlo ellos mismos con su propia pirámide (pirámide que comienza a construirse desde un principio como secta, movimiento o Partido, organizaciones que constituyen tanto para su defensa como para el ataque).

Pero, insisto, lo más notable de la situación que relato no está en esos casos obvios sino en la mecánica del poder que lleva a convertir en víctimas a cualquiera.

Cuando yo entré a trabajar en 1977 en Philips España, tuve una experiencia directa del mismo estilo que la que debió llevar a Kafka a escribir "El Proceso". Llevaba algo más de cuatro meses en mis funciones de analista de sistemas (un puesto que me exigiría diseñar los sistemas de gestión informatizados de la empresa) cuando me asignaron a dos programadores para un pequeño proyecto. Estos chicos no habían tenido una verdadera escuela de programación y se venían repitiendo como suelen hacer los indolentes y los mediocres. Tras definirles una de las actividades y uno de ellos escribir la rutina (lista de instrucciones que componen parte de un programa) observé que era demasiado enrevesada y le hice al autor una sugerencia. De inmediato, en lugar de pensárselo dos veces y menos estudiar para aprender algo en todo caso nuevo, me espetó: "Así lo hacemos aquí; así lo venimos haciendo desde siempre...", o algo parecido. Nada fue peor para mi futuro que responderle que "La programación no es magia", con lo que quería remarcar, simplemente, que era una cuestión de Lógica. Ni más ni menos.

Hoy no sé dónde estarán esos sujetos, y entonces no estaba informado (cuatro meses es poco tal vez para un ingenuo como para descubrir los entresijos de un aparato monstruoso e ineficiente; un aparato que sólo pretende sobrevivir en contra de los cambios, aunque el barco se hunda con los supervivientes descerebrados dentro: algo como eso de los monos que son cazados aprovechando su avidez sin límites -otro día os lo cuento-). Lo cierto es que esos dos chicos eran miembros de Fuerza Nueva y, por si fuera poco, colegas de movimiento e ideología de nuestro común jefe.

No quiero ni imaginar, por cierto, lo que habría sido de mí si el poder del ese jefe hubiera llegado más allá de los ámbitos de la empresa, quizás como lo estuviese antes de la muerte de Franco... En todo caso, es una mera asociación fantástica sin el menor fundamento. O si yo hubiera sido aún más vehemente, claro, de lo que fui al contestar cuándo me interrogó acerca del "suceso criminal" que había cometido: "¡¿Ud le dijo "eso"?!, para por fin hacerme firmar sin que todo cupiese en mis cabales una hoja de "finiquito" donde se decía en letra diminuta "de baja por voluntad propia", lo que me dejó sin trabajo, sin indemnización y sin subsidio... al inicio del verano, recién establecido y con una familia a cuestas a la que se sumaría un niño en cuestión de un par de meses. Y prácticamente sin relaciones próximas capaces de ayudarme incondicionalmente, como habría hecho digamos un padre o "viejos amigos del alma" (y debo aquí hacer un reconocimiento explícito de la ayuda que recibí en forma de colecta de mis compañeros de tan sólo cinco meses de trabajo en común, colecta que uno a uno pude devolver un año y pico después, apenas superé el bache...).

Ejemplos como este señalan hasta qué punto hoy en día no hace falta tomarse la justicia por la propia mano, o simplemente vengarse, satisfacer la propia rabia ante lo que para uno mismo es una afrenta aunque para sus verdugos sea un acto de justicia (lo fue para los nazis enviar a los perturbadores por excelencia del mundo a las cámaras de gas) ni siquiera hace falta mancharse las manos de sangre como hacían los neoguineanos para resolver sus conflictos personales (remito nuevamente a la nota 5). Nuestra sociedad se ha sofisticado en todo y también en esos asuntos de la desaparición del "molesto" de turno; ahora nos hemos civilizado del todo... y los recursos para eliminar a los molestos se han multiplicado: basta saber mentir y acudir al Estado en una u otra forma, que los tiene casi todos y más al servicio de sus fieles servidores.

Esto, insisto, es lo se ha democratizado.

Y no lo que se agita como tal, edulcorando la realidad en nombre de la esperanza vana. No el concepto teórico de democracia que nunca ha bajado de su cielo abstracto para realizarse en tierra firme sino como "libertad generalizada" para apelar a los recursos del Estado con vistas a mejorar el propio estatus... eso sí, siguiendo las vías instituidas y legitimadas que la burocracia política ha convertido en conducta ejemplar, por la vía de la señalada fidelidad tramposa y sobretodo no molestándolo en ninguna de sus expresiones por mezquinas o ridículas que sean. No, en fin, extendiendo las libertades formales (cada vez más reducidas a servir de tapadera) sino las de reprimir para conservar y hacer más sólido e inamovible lo dado y más usufructuable desde el punto de vista más primitiva y básicamente humano: el del depredador y el carroñero.

Lo que pone de manifiesto esto es el grado de solidez que lo instituido tiene hoy en día; el grado que ha alcanzado de inamovilidad. Y el grado en que estamos todos rodeados de poder en la persona de unos guardianes ciertamente peligrosos.

Grados de "molestia política" -en el sentido antes indicado- pueden merecer ser considerados "mínimos", aunque resultan en ocasiones inusitadamente "insoportables" para el Poder debido precisamente a que ese Poder descansa cada vez más en los pequeños ámbitos y se ha extendido y penetrado hasta las formas más periféricas de la sociedad, produciendo efectos equivalentes a los que producirían si fueran cruciales, y provocando las mismas consecuencias sobre la víctima (el individuo) y desde las mismas instancias ultrapesadas de la institución (la policía, la justicia, la prensa, el ejército...)

Una y otra vez podemos encontrarnos con situaciones que exentas en una primera instancia de peligrosidad política circunstancial pueden llegar a conmover los cimientos del Poder o repercutir seriamente en él aunque de un modo que desconcierta y que puede parecer ilógico. El sentimiento que provoca en el poderoso cualquier molestia que en principio sólo afectaría a sus protegidos o servidores (esos que se encuentran en los escalones inferiores de la pirámide y hasta en la misma base) si estos no tuviesen el recurso y la potestad, la licencia y la conciencia, de que pueden recurrir como si fuera de su propiedad o pertenencia la totalidad del Estado, todas las instituciones que lo integran o que dependen de él.

En un régimen despótico o tiránico, donde se percibe más inmediatamente este tipo de situaciones que sin embargo hoy se han extendido, como he dicho, democráticamente, un simple agente de la represión, incluso un simple conserje actuando como vigilante espontáneo puede tomar represalias nacidas de su propia visión visceral del momento las que serían a su vez casi seguramente respaldadas por la estructura en la que está inserto y silenciadas o edulcoradas luego... Bastará que se lleve bien y/o le sea útil al jefecillo inmediatamente superior o la la célula institucional (de hecho o de derecho) que esté a su vez engarzada en la cadena. El jefecillo ya moverá los hilos, ya usará sus influencias o simplemente actuará dentro de la autonomía con la que cuenta y la protección de última instancia de su superior inmediato y sucesivos. Se puede ver en esos casos extremos a la simple luz del sol, pero se trata de mecanismos que pululan entre las volutas de la bruma, en "el corazón de las tinieblas", y que sólo a veces emergen desprendidos del fondo putrefacto, provocando en la mayoría una vuelta la cabeza. Y es que "forzarle a acusarse a sí mismo de sustentar determinadas opiniones, cuando sus actos no están prohibidos por la ley, es cosa que va contra la ley de la naturaleza" (por decirlo en las palabras poco rigurosas pero llenas de contenido de Hobbes -6-).

Lo reflejan muchas obras de ficción desde la literatura al cine, como es el caso del libro y la recientemente estrenada película argentina "La mirada de sus ojos", en donde un asesinato sin vinculaciones políticas queda "sobreseido" en primera instancia gracias al vínculo existente entre el asesino y el poder a través de una serie compleja de mediaciones y estratificaciones que en cualquier caso están ahí para servir a la estrategia política del poder pero también para servir a las necesidades personales de sus servidores (y que dicho sea de paso, acaba poniendo el acento en la obsesión propia del amor y sus diversas reacciones viscerales y sus posteriores tomas de conciencia). La tesis de Hobbes de que el soberano es intocable per se por la Ley... se extiende a todos sus tentáculos (7).


El encierro de la protagonista en un psiquiátrico por perturbar la comodidad y amenazar (de acuerdo con su propia visión estrecha) la carrera de un policía local en el Los Ángeles de los años 20, como cuenta la película "El intercambio" de Clint Eastwood, es otro caso que asombra y hasta parece "más extraña que la ficción", para decirlo con las palabras del propio Eastwood (pero que acaba desviando la atención de este aspecto perturbador para enfocar la irreductibilidad heroica de la madre en la búsqueda del hijo). Y que, aunque indigne al espectador medio, no lo lleva en general a vincular fácilmente los hechos con su idea de la Polis, o su esencia, la cual habría sido, simplemente, afectada por un virus circunstancial e imprevisible. Aunque en realidad, evidentemente, sea algo propio de la Ciudad Concreta, idiosincrático para quien lo acepte ver, para quien pueda desembarazarse del apego a la falsa existencia de lo inmaculado, lo puro, lo teórico... que tiende a prevalecer so pena de una frustración irremediable.

En esas películas, el asesino y el policía, respectivamente, son miembros integrantes del Estado, son el soberano que, repito volviendo a citar a Hobbes: "no está sujeto a las leyes formuladas por él mismo". Los vemos hoy por todas partes, manifestando la democracia burocrática en la que vivimos en todos sus aspectos: ¡esos estudiantes!, ¡esos dependientes!, ¡esos funcionarios!, ¡esos enfermeros!... que tan cruelmente nos tratan (8).

Pero todo ello es algo cotidiano en mayor o menor medida en nuestro mundo, y cada vez más y más y por todas partes. Aunque para quien no lo haya vivido de cerca, ni siquiera por la vía de "escuchar a los muertos con los ojos" (9), nunca sea sino cosa de ficción o de los mundos de pesadilla de esos de los que se cuentan historias "de no creer" (como las de la URSS bolchevique, las de los jemeres rojos, las comandadas por el Gran Timonel Mao, las del Irán de los ayatolas, los de los países bolivarianos o indigenistas (que por suerte, al menos por ahora, no derivan en una renmozada Kampuchea Democrática o en una remozada Revolución Cultural), etc., etc., etc. O como las historias de los tiempos de la Inquisición y la caza de brujas -sobre los cuales da cuenta una muy buena película de Wajda sobre sucesos ambientados en su país, Polonia, o en alguno de los colinadantes, película que vi hace realmente mucho, allá a los veintipocos años, y cuyo contenido aún recuerdo como para poder asociar a lo que ahora estoy sosteniendo con un bagaje y una seguridad más amplios respecto de lo entonces intuí, creo que acertadamente.

Sin duda, cuando algo o alguien molesta al que está o a lo que está más alto, el resultado es contundente, pero a veces basta que moleste mucho más abajo y a mucha mayor distancia -al punto que el poder ni siquiera se entera salvo que las consecuencias de la represión lleguen sin querer muy lejos (a veces es oncluso la propia medida adoptada por el eslabón inferior la que llega a molestar arriba del todo, en cuyo caso siempre existirá en recurso de atribuir, sin paliativos y revistiéndose de pureza y carácter absoluto -apelando al concepto que represnetaría- la causa al perturbador primario, al elemento molesto por obra y gracia de su propia existencia.

La víctima inmediata, sin embargo, seguirá siendo considerada un delincuente o a lo sumo un daño colateral o un accidente lamentable, pero nunca se admitirá su denuncia contra el poder. En última instancia, siempre habrá cometido el delito que, con Calderón de la Barca, no es sino "...el delito de nacer", delito que, siglos más tarde, con Kafka, desencadenará "El proceso" y "La Condena".


* * *


Notas:

(1) Aquí un breve inciso: el soberano al que hago referencia con el término no es por supuesto ni el "líder" del partido de gobierno ni "el tirano" allí donde lo haya, aunque lo incluya; no es ni siquiera, aunque en mayor medida, la propia camarilla gobernante en su conjunto... Con el término apunto aquí a la estructura que define la forma de gobierno y que aparece visible como nuestra democracia parlamentaria, donde y a través de la cual la burocracia política contemporánea se distribuye los puestos, lucha por no perder la mayoría o lucha y/o espera el próximo recambio. La democracia representativa contemporáneaa fue precisamente un invento de y para esa burocracia (con ella y mediante ella se legitimaba a la vez limitaba las reglas de la lucha intestina).

Nota sobre la ilustración que sigue en el texto: corresponde al icono que usa la oposición venezolana para denunciar los incentivos a la delación puestos en marcha por Cháves.


(2) La frase, que no me cansaré de citar por su alto contenido alegórico y su poder de síntesis, encabezó a mediados de los 50 uno de los periódicos de la luchasanticomunistas en Polonia, dándole a las mismas un alto contenido antiburocrático . La frase completa era: "Cuando los planes se cumplen, ni los tranvías pueden funcionar". Ella fue la detonante de mi cuento "Para que se cumpla el Plan".

(3) Cornelius Castoriadis, "Ante la guerra", Tuquets Editores, Barcelona, 1986, pág. 253.

(4) Castoriadis se pregunta con toda "lógica": "¿Puede concebirse una sociedad en la que sólo hubiera pulsiones y palabras-señales? (...) La respuesta es doble, y sin ninguna paradoja. Semejante sociedad puede concebirs, ya que es real." (Ibíd., pág. 260) Y explica poco después en qué sentido "La ideología está vacía, vaciada desde dentro" (ibíd., pág. 261) Castoriadis pone por fin nombre y apellido a la argamasa que sostiene como un todo a una sociedad burocrática en el límite, a saber: "lo imaginario nacionalista-imperial (...) cimiento, el único existente, el único concebible..." (ibíd., pág. 265). Y esto, que creo tendencialmente cierto, no me parece nada básicamente distinto de... la voluntad de poder grupal de toda la vida humana (y anterior) que la antropología y el estudio sociológico de los primates en general revela hoy a manos llenas.

En cuanto al término "acusación", añado aclarativamente si cabe que se trata de la conclusión inevitable del marcaje o delimitación de los terrenos con vistas a la lucha por el poder.Foucault merece ser mencionado al respecto en tanto y cuanto desveló los métodos acusatorios y punitivos encerrados en los discursos y las normasinstitutivas (véase Michael Foucault, "El orden del discurso", Fábula Tusquets Editores, Barcelona, 2008; donde se hallará lo que sigue:)

"... no se está en la verdad más que obedeciendo a las reglas de una policía discursiva... (pág. 38), y: "...la doctrina vale siempre como el signo, la manifestación y el instrumento de una adhesión propia (...) La doctrina vincula a los individuos a ciertos tipos de enunciación y como consecuencia les prohibe cualquier otro; pero se sirve, en reciprocidad, de ciertos tipos de enunciación para vincular a los individuos entre ellos, ydiferenciarlos por ello mismo de los otros restantes." (pág. 44). Y: "Me pregunta si algunos temas de la filosofía no surgieron para responder a estos juegos de limitaciones y exclusiones, y quizá también para reforzarlos." (pág. 46). Y así llega a descubrir la "profunda logofobia" (pág . 51) que se teje y desteje y que no sabe muy bien cómo abordar o salvar... precipitándose a pesar de todo (de todo lo descubierto) de nuevo en una aventura intelectual posible sólo en la esfera de los sueños...


(5) En "Armas, gérmenes y acero" (Random House Mondadori, Debolsillo, Barcelona, 2009), Jared Daimond da cuenta de las costumbres de asesinar al prójimo imperantes entre las hordas y tribus, en particular las nordneoguineanas a las que califica de "ferozmente independientes" (pág. 353). Por lo visto, en esas sociedades "el asesinato es la principal causa de fallecimiento" (pág. 318; donde se reproducen declaraciones... ¿espeluznantes?). Pero nada más ilustrativo que la siguiente descripción de un maorí acerca de una de sus incursiones de conquista:


"Tomamos poseción ... de acuerdo con nuestras costumbres y capturamos a todas las personas. Ninguna escapó. Algunas huyeron de nosotros, y a esas las matamos, y matamos a otras, pero ¿qué importancia tiene? Lo hacíamos de acuerdo con nuestras costumbres" (pág. 63).

Diamond no puede evitar el horror típico de las buenas conciencias occidentales ("de acuerdo con nuestras costumbres") y poner de relieve que "lo que hace que la colisión entre maoríes y morioris sea tristemente ilustrativa es que ambos grupos habían divergido de un origen común..." (pág. 64). Ahora bien, el relato pone claramente sobre el tapete el sentimiento grupal en toda su dimensión así como la cobertura que ofrecen las tradiciones y el punto de vista dominante en el grupo que compondría lo que llamo "firmamento dominante" en el entorno-marco dado. Y lo que sucede es que Diamond prefiere inclinarse por atribuirle al hombre falta de racionalidad (¡algo superable con el tiempo, la cultura, la educación, etc.!, a pesar de la culpabilización que aplica a Occidente, como contrapartida inseparable "mala" de la buena conciencia mencionada) a reconocer el mecanismo que fabrica la grupalidad en el ser humano en todas las circunstancias... por demás incorregibles. Como a muchos humanistas, a Diamond habría que recomendarle seriamente la lectura de "El mito de la educación" de Judith Rich Harris (también publicado en Debolsillo).

(6) Thomas Hobbes, "Leviatán", Editorial Tecnos, Madrid, 2007, pág. 207.

(7) "...el soberano no está sujeto a las leyes formuladas por él mismo, es decir, por el Estado, porque estar sujeto a las leyes es estar sujeto al Estado, es decir, alrepresentante soberano que es él mismo; lo cual no es sujeción sino libertad de las leyes." (Thomas Hobbes, ibíd., págs. 177-178)

(8) Si alguien prefiere considerar que "hay excepciones" le diré tan sólo que el fenómeno no deja de crecer y dudo que pueda ser detenido salvo mediante algún mecanismo depurador masivo de esos que a ninguna persona en su sano juicio pueda desear que ocurra. Por otra parte, la lista crece hacia arriba en la escala social, y las conductas primitivas o desconsideradas (y hasta crueles) se propagan en diversos estratos profesionales (periodistas, abogados, jueces, políticos, empresarios, maestros, profesores, médicos, etc.). Sin duda, la propagación de historias que muestran como normales esas conductas a través de series televisivas y realities shows retroalimentan, en atención a la existencia de un mercado propenso a consumirlo, ese comportamiento y lo instalan como habitual y luego natural.

(9) Expresión debida a Quevedo para referirse a la lectura de los pensadores a los que ya no se puede sino escuchar con los ojos.


* * *


Adendum (28-10-2010): dada su pertenencia, remito a un artículo del New Yorker  (parcialmente traducidos aquí) del que resalto principalmente estos versos del poeta iraní Ahman Shamlou:
"Huelen tu aliento,
para saber si dijiste Te amo.
Huelen tu corazón.
Son tiempos extraños, querida.
Los carniceros esperan en cada
Cruce con cuchillos y palos sangrientos."

viernes, 12 de junio de 2009

Cría cuervos que... probarás de tu propia medicina

Escuchando con atención a los nuevos críticos internos del PSOE, y no sólo los de Madrid, comprendemos varias cosas propias de la política de estos tiempos, de la idiosincrasia de la burocracia por supuesto, y si me apuráis, hasta de los oscuros mecanismos de la imperfección en el proceso de la evolución humana. Todo ello se resume en una cosa un tanto simplificadora pero cierta: los que de repente observan que la política practicada, diseñada e impuesta por su líder divino (y su grupo de asesores de marketing) no es positiva, se manifiestan como auténticos clones de ZP bien educados.

En su estilo, nada de su discurso crítico se enfrenta manifiestamente al líder (¡vade retro!, en apariencia al menos). Por el contrario, se señala en la práctica de la más burda hipocresía y la profunda falta de significación habitual en el uso del lenguaje, que, estando el problema en otra parte tal y como prefiere el propio ZP que se consideren sus errores, la renovación propuesta lo que pretende es algo así como rescatarlo para la buena causa, darle al director supremo una dirección renovada... aunque con igual propósito (¿hace falta decir que me refiero a conservar el poder a cualquier precio?).

Sin duda, en una primera aproximación (y superada la más elemental y mentirosa de que habría crítica), se tiene la sensación de que se está ofreciendo una táctica distinta de la previa, en la cual se guardarían más algunas de las formas, como asistir a los actos institucionales gobierne quien gobierne y danzar en las mismas fiestas; incluso tener buenas palabras ante los micrófonos un día, como hizo Blanco con Aguirre, y considerar al siguiente que el PP es realmente peligroso...

Sin embargo hay que ir aún más lejos si no se quiere ser víctima del juego del engaño instalado e instituido en la esfera de la burocracia.

Sencillamente: hay que ver en la jugada la voluntad de maniobrar en contra y no a favor de ZP, en contra de su equipo actual con él delante, en fin, la voluntad de no cambiar nada de nada como no se trate de los nombres y apellidos de los usurpadores de la representatividad desconcertante.

Se trata de desarrollar una hábil y zapateril táctica (un par de milenios como poco practicada antes por Marco Antonio cuando comenzando por alabar a Bruto y sus amigos acabó condenándolos ante la plebe: pura táctica de las llamadas maquiavélicas hoy tan desafectada como entre los mismos Borgia). Una táctica que "pasa" postmodernosamente por estar en disposición de sacrificar incluso al líder en nombre de la poltrona propia tapizada de ideario socialista. Sin duda, tal como haría el propio ZP o sus mejores allegados (e hizo gala) respecto de cualquiera de sus amigos de la camarilla gobernante así como de los satélites perodísticos afines y de sus mismas organizaciones informativas empresariales.

Comprendámoslo de una vez a fondo: en los discursos de la burocracia no hay nada que... perdón, simplemente, no hay nada. Todo está en las acciones que tienen como presupuesto único e irrenunciable la conservación de la poltrona (con los privilegios y emolumentos que conlleva).

Y por eso entra a funcionar ahora: no por causa directa de las recientes derrotas electorales, que no son ni mucho menos para tanto como en ese sentido hasta la Pajín acierta, claro que siguiendo en realidad las directivas y consejos del líder y su equipo de asesores (esa "verdad de Partido" que proclama "la vice" de los slogans al salir al paso de la "crítica" digna de "purga" del ex presidente SER-entrevistado, a saber: "el partido siempre elije a los mejores"). Porque, como se dijo en el Senado (desarrollando un poco su sentido): "No me intente torear por ser pasota y seguirlos ignorando, senador, ya que me lo puedo permitir en tanto Yo siga aquí (en la bancada del gobierno) mientras usted allí sentado (en la bancada de la oposición) y, mucho ojo: ¡vaya Ud a saber por cuánto tiempo...!"

No, entra a funcionar ahora... simplemente porque los que salen a la palestra estaban esperando el mejor momento y creen que ese momento esta alboreando.

Veamos: la estrategia -si así se la puede llamar- de ZP sigue impertérrita desde que le advirtieron que la Crisis se estaba cocinando en el trastero, lo que a él nunca le importó gran cosa; para un político avezado de hoy, todo da lo mismo, sólo habrá que ser hábil -"como Yo"- para sortearlo. Y esa estrategia consiste en eso último, en usar lo que sea para sortearla afirmando las bases de la verdadera, la que le permitió llegar primero a la Secretaría General de su partido y desde allí hasta la Moncloa por dos veces (y la que por supuesto lo llevaría a hacer de su previsible presidencia de la Unión Europea algo, si por él fuera, más verdadero). Es decir, la política cuyo contenido no es más que lo que sea más eficaz para mantenerse en el poder sin construir nada que pueda resquebrajar la pirámide en la que se asienta: la militancia subvencionada, la masa de los beneficiarios del reparto sistemático del botín de hoy y de mañana; una intrincada red que hay que saber mantener con una u otra jugarreta siempre al servicio de sus fines, procurando que cada nudo se mantenga firme y aceitado, todo a la manera en que los malabaristas chinos consiguen que mil platillos giren sin cesar hasta que la función se de voluntariamente por concluida.

Por eso, no nos confundamos nuevamente, no nos dejemos otra vez desconcertar: como ZP en sus discursos de ayer, sus hijos, bien educados en ese lenguaje del engaño y de la intercambiabilidad de contenidos, dicen no cuestionar el liderazgo de Z, es decir, no amenazar la P a él pegada a la manera de una joroba, o quizá a la de una larga nariz propia de ese personaje que la inicial también sugiere. Ellos también la tienen. Su nariz larga. Y por supuesto mienten. Afiladamente y como si no mintieran en lo que realmente mienten...

El objetivo es el sacrificio, la defenestración, la decapitación incluso... con el objetivo de salvarse. Pero, insisto, no es que de verdad hayan olisqueado que el barco haya comenzado a hundirse. Saben muy bien que siempre podría haber una maniobra hábil de su líder; lo han comprobado; ZP se lo ha demostrado muchas veces (y tal vez teman que lo vuelva a hacer). Esa pues es sólo la falsa "verdad" que pretenden ocultar con su mentira. Esa es también una pirueta muy zapateril de cara a la posteridad imaginaria, a eso que se debe hacer para que todos creamos y ellos mismos se crean que son aún seres humanos de los de hace mucho -¿quizás fósiles anglosajones?- y no una suerte de terribles máquinas programadas como las que intentarían hacerse con La Tierra en "Terminator" a la vista de la indolencia humana generalizada... y tan para nada de nada como nuestros reales usurpadores).

La verdad no es sino la propia, la intrínseca de las burocracias políticas, la que desde que existen han llevado a cabo todas sean de la nacionalidad y tengan el país que tengan: aprovechar la oportunidad y las referencias que permiten etiquetar al líder como perdedor, como agotado. Nada más, ha llegado el momento que otras redes internas y hasta ahora subordinadas y disciplinadas esperaban. Sin duda la marcha zapateril dejó a muchos en la cuneta o simplemente a un lado: en estas granjas, siempre habrá unos más iguales que otros. Y esos, con el habitual revanchismo que los caracteriza, así como los obliga a ser tan fieles como perros apaleados, también los conduce a la rabia vengadora que tan bien sirve para asaltar la cúspide en cuanto una buena justificación se lo sirva en bandeja de plata.

Claro que podrían equivocarse, pisar el palito, tropezar y darse en la largas narices... Pero en estas lides, alguna vez hay que arriesgarse. La Red sustitutiva, cuya parte principal sigue en la sombra, lo requiere. A ella en realidad se deben. Ella es el propio ejército, la que promete el todo aunque con el riesgo de la nada (bah, sólo a veces se llega a extremos peligrosos: lo que se pierde a lo sumo es notoriedad pública, pero la parte del botín queda en familia). Y sin duda, esa nueva red sustitutiva ha comenzado a moverse.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Mientras sigo rumiando borradores...



...un poco de...


Ruido de fondo

Debo ser pesimista:

Mire allá dónde mire,
descubro flores del mal,
animales del miedo,
sujetos del deseo,
cautivos del interés.


Pesimista, sin duda...

por ver las dobles caras
de los sueños oscuros,
por no dar esperanzas
en nuevos paraísos
por los que se han perdido.

Pesimista, si acaso,

por ver a duras penas
inercia contra inercia
como la única fuerza,
y sentir que se escucha
sólo el ruido de fondo.


Madrid, 11/9/2008


--- y por qué no, también una breve anotación:

Hace no demasiado le comenté a un amigo (no recuerdo dónde ni con qué palabras) que la poesía no era lo mío y que yo prefería, con Sciascia, la prosa. Lo reitero: ésta, al igual que alguna más que dejé que se perdiera en el olvido de algún cajón lejano de cierta melancolía difusa fueron pura casualidad intempestiva que luego no pude evitar trabajar un poco en cuanto a forma, intentando mejores palabras que las primeras en algún que otro caso, lograr en lo posible mantener la sonoridad y alguna métrica que no la destruyera, tal y como tiendo a hacer incluso con la prosa. Dhavar, el amigo al que me refiero, me perdonará o me absolverá entre otros por una cosa o por otra.

domingo, 30 de marzo de 2008

Anuncio y encuesta

Estaré ausente toda la semana y no podré ni siquiera echar un vistazo a vuestros esperanzadores blogs. Además, difícilmente pueda dar paso a los comentarios que dejeis, lo que haré en bloque apenas regrese en el peor de los casos.

Entretanto, me encantaría encontrarme con vuestras opiniones acerca de la siguiente expresión de deseos que formulo:

Espero que en estos días se interrumpan todas las luchas por el poder, que quienes lo tengan estén dispuestos a entregarlo sin resistencia ante quienes se lo pidan en base a las evidencias del mal gobierno realizado, que nadie haga daño a nadie para hacerse con lo que no tiene, que quienes lo tienen lo compartan en cuanto se lo pidan, que los que vayan a pedir algo estén seguros antes de necesitarlo y merecerlo... Etcétera.

Me gustaría mucho que apuntarais a continuación lo que os sugiera esta aparente simpleza. Seguramente me ayudareis a comprender algo más de lo poco que creo comprender ahora.

jueves, 10 de enero de 2008

Quiénes queremos ser y cómo conseguirlo

¿Qué llegará antes, el fin del capitalismo en cualquiera de sus formas (la que pretendería en el límite el redistribucionismo burocrático, alguna de las utópicas e inimaginables de los muchos intelectuales que buscan instaurar La Justicia, alguna de las inimaginables pero eventuales que nos traiga la historia alguna vez) o... "La mejora artificial de nuestro cuerpo y mente"?

Los SPA, balnearios, terapéuticas esteticistas y de salud de amplio espectro, etc., y, a su vez, las diferencias de disponibilidad de dinero y tiempo libre, ya han distanciado bastante la calidad mental (muy relativamente, es cierto) y física (en principio) entre los más poderosos y privilegiados de hoy y los que están en el extremo inferior de la pirámide (los asalariados de la media para abajo o con horarios escaso tiempo para el ocio, los subvencionados, los lisa y llanamente pobres...)

Si a esto añadimos los pronósticos de Monod (véase el capítulo final de "El azar y la necesidad") donde se aventuran resultados socio-genéticos (a consecuencia de la tendencia entre los privilegiados a tener pocos hijos o ninguno y la inversa en el extremo contrario del espectro social)... algo que gracias a estas terapias podría sobrevenir antes...

¡Imaginad el futuro con el realismo factible!

Incluso, podéis intentar preguntaros si esas terapias las cubrirá o no la futura Seguridad Social. Ojo, algunas podrían ser muy "productivas" desde el punto de vista del Estado Capitalista (lo que cada vez importa menos o es más una coartada para el despilfarro). Por ejemplo, podrían ahorrar jubilaciones a cambio, incluso eliminar las jubilaciones, y los nacimientos; producir trabajadores eternos o cosas así... reparables... previa evaluación... yo qué sé.

Ahora bien: sin duda habréis de preferir que vuestros descendientes formen en una élite (en detrimento de los de los ajenos, si no quedase otro remedio) y no entre los esclavos.

¡Vamos, no aparentéis falsos humanitarismos! ¡No caigáis en la hipocresía ni os dé vergüenza confesar lo que un día tendréis que justificar! ¡No os refugies en la abyección de la "mala conciencia"!

En todo caso, penséis como penséis y por las razones que sea, lo cierto es que todas las utopías sociales imaginables conducen, por encima de vuestras ingenuidades, hacia esa realidad. (He dicho "las utopías" no la realidad en sí misma, que nos puede sorprender para mejor o peor...) Eso sí, para que las cosas no sean como en estos bosquejos fantásticos, sólo cabe esperar que el mundo vaya precisamente hacia donde ninguno de los actuales miembros vamos o queremos ir. Para que esas cosas no sucedan, sólo cabe esperar que fracasen todas nuestras propuestas y proyecciones.

Ahora bien... ¿quién acepta fracasar, quién lo aceptará? ¿Quién aceptará la marginación, la postergación, la sumisión .... del propio grupo? ¡Sin duda, la realidad se tendrá que imponer en contra de todos o será vuelta a encarrilar por los vencedores; los que sepan y puedan tender la trampa a "los postergados" bajo un slogan del estilo de "un mundo MÁS feliz", etc. Sin duda una alternativa para las élites menos aprensivas con vistas a alcanzar el poder y gozar de los privilegios en exclusiva.

En fin... dejo abierto el tema a la imaginación de cada uno. Y que conste: no hay en este post intencionalidades valorativas, para mí poco más que inconducentes (pero difícilmente evitables). Además, siempre nos queda a algunos quedarnos como somos y nos hacemos a lo largo de la vida y morir siéndolo.