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miércoles, 24 de diciembre de 2008

Hacia 2009 y más allá...




No hay palabras, aunque las haya a miles.




Un abrazo a todos desde la dolorosa impotencia.

domingo, 5 de octubre de 2008

"Escuchar a los muertos con los ojos"

En "Una nueva conciencia" (capítulo IX), el final comienza a prepararse cuando Mouil-agra, la heroína de la historia, acaba de comprender que no sólo seguirá habitada por sus "fantasmas ocasionales" (esto es algo que saben ella y el lector desde las primeras páginas de la novela, de modo que no estoy desvelando un secreto que pueda afectar a la intriga) sino que lo está y lo estará en adelante por "todos los que han sido", es decir, por la Historia entera. De repente, a instancias de una apropiación decisiva que madura en ella, los que fueron se presentan de repente y se ponen a marchar junto a ella durante un breve trecho, ofreciéndose así a quien se ha vuelto capaz de escucharlos... en su caso no precisamente con los ojos sino con la mente (*).

Una capacidad telepática o equivalente fue algo que quizá siempre quise poseer. Tal vez por ello se materializó de ese modo sui generis en mi novela. La telepatía es y tal vez nunca pase de ser algo más que una profunda fantasía. Absoluta, claro, si la pretendemos aplicar a los pensadores que nos precedieron. De ellos podemos asimilar sólo su pensamiento registrado, impreso u, hoy en día, grabado audiovisualmente; más o menos literalizado y muchas veces, lo peor, traducido. Aunque fuéramos telépatas, seguiríamos obligados a "escuchar a los muertos con los ojos" y, como insistía Leo Strauss, a obligarnos a "leer bien".

Y no sólo a los muertos sino también a aquellos en quienes los muertos se reencarnan para bien o para mal de unos u otros... para traernos más o menos los mismos dramas desde la profundidad de los sepulcros. Que es a lo dedico el blog.



(*) Hago referencia al verso de Quevedo
"Escuchar a los muertos con los ojos", utilizado felizmente por Roger Chartier para titular su "Conferencia Inaugural" en el Collège de France dictada el 11 de octubre de 2007, y publicada por Katz Editores este año.

lunes, 24 de septiembre de 2007

29a. Convención Europea de Ciencia Ficción y Fantasía de este año

La semana pasada, más exactamente entre el 19 y el 23 de este mes, estuve en Copenhague con el objeto de asistir a la Convención Europea de ciencia ficción, fantasía y terror que tuvo lugar allí en simultáneo con la convención danesa.

El objetivo principal de mi viaje fue dar a conocer mi novela y de hecho algo más de mí mismo en esos ámbitos de la Literatura de Ciencia Ficción y otras, a cuyo efecto participé en los eventos que más interesantes me parecieron de los muchos que tuvieron lugar allí: mesas redondas, lecturas, proyección de alguna película amateur, paneles... Pero, como dije, yo fui fundamentalmente a leer un fragmento de "Una nueva conciencia" que había hecho traducir antes para la ocasión (y que cuelga de este blog en el apartado correspondiente.) Fue toda gentileza de parte de los organizadores el aceptar mi propuesta y y darme esa oportunidad.

Yo ya había asistido a dos de las anteriores convenciones (República Checa y Finlandia) lo que me había permitido hacer varias amistades, algunas de las cuales volvería afortunadamente a ver. Se trataba de personas excelentes, exquisitas, llena de vitalidad y de sentido del humor.

Esta vez, el fenómeno volvió a repetirse y fueron tantas y tan interesantes las personas con las que puede conectar que he decidido repetir la experiencia en próximas ediciones, concretamente, en Rusia 2008 e Italia 2009, donde pienso participar activamente, dando más difusión a mis escritos y exponiendo mis ideas, cosas claramente inseparables, al menos en mi caso. Y fue un evento que permitió encuentros entre casi todos los interesados en el género en Europa.

En cuanto a la situación del mercado, debo decir a la luz de lo que se debatió allí que ni siquiera el anglosajón, que para mí debía seguir siendo la Meca para el género, se mantiene firme. Representantes de revistas de prestigio de Irlanda, como Abedo One, lo manifestaron contundentemente: hay una pérdida notable de interés por parte de los editores de todo el mundo por publicar ciencia ficción. No creen que sea negocio y se decantan claramente por la fantasía (dragones y espadas, gente pequeña y escurridiza, anillos y varitas.) Sin duda el fenómeno Poter ha sido decisivo (aunque yo creo que lo determinante es el "pensamiento simple" que se ventila en estos libritos mentirosos e insuficientemente elaborados desde un punto de vista literario.) Esto sucede hoy en día en Inglaterra, de modo que no se trata, como yo pensaba a fin de cuentas, de un fenómeno exclusivamente latino y especialmente español. Es sencillamente global. Si a esto sumamos las dificultades y la lentitud en el incremento de ventas (unos 2000 ejemplares en dos años casi todo en USA) que un escritor joven americano (muy inteligente y con mucho que decir por cierto) está experimentando con su primera novela ("Venusia"), el panorama no puede ser más desolador. Al menos para plantearse vivir... del cuento y la novela, como la mayoría de los escritores pretende.

Tal vez yo sea en ese sentido un caso singular. Yo parto desde un principio de que mi literatura no puede ir mucho más allá de un círculo doblemente reducido, por su contenido (aunque menos) y por el género en el que formal y irremediablemente se inscribe. Sí, la pertenencia a la Ciencia Ficción lo etiqueta a pesar de que la novela, por lo que cuenta, debería ser tratada como literatura en general. Pero eso es lo que debo pagar por moverme en un escenario sin límites, donde el drama puede ser llevado hasta la sublimación. Y donde no me veo sujeto a "casos particulares" sino a algo que podría llamar más bien "modelos", donde las leyes del movimiento social humano y de su imaginario ideológico se ponen en evidencia; que es lo que yo pretendo resaltar.

Pero volviendo al tema de la Convención, otra cosa que me gustaría resaltar es que se evidenció nuevamente una voluntad y/o un deseo de defender "el territorio" de la Ciencia Ficción por parte de la mayoría de los presentes, tanto por los escritores como por editores y traductores. Los fans de la Ciencia Ficción siguen llevándola en la sangre. Eso me gustó, tal vez porque por eso me identifique con ellos.

Por otra parte, he vuelto a ver un interés más que aceptable por nuestra literatura (española, latinoamericana) de parte de países como Polonia, Rusia y Grecia entre otros, algo que seguramente se debe dar en la República Checa, Hungría y los países escandinavos. Noté incluso cierto interés también por parte de Francia e Irlanda. En todos estos casos, se exige y se busca un grado de calidad y "voces nuevas", nacidas de otros ámbitos que el de sus propias naciones. Está visto que lo que el mercado, aunque sea reducido, pide una escritura cuidada, trabajada, y contenido intelectual, y no una ciencia ficción de ópera. Los editores de Irlanda lo dijeron explícitamente: riqueza literaria y aquello que un escritor sienta profundamente que tiene que decir.

Concluyendo, apunto aquí que la convención acabó con un verdadero acercamiento entre representantes de revistas de muchos países "pequeños" y los escritores presentes de la mayoría de los países de Europa, lo que dio lugar al esbozo de una auténtica estrategia de colaboración.

La idea es aprovechar los costes en los que incurra una revista para reducírselos a las demás y así en una red o alianza que las beneficie a todas y de hecho a los escritores de las distintas lenguas. Incluso se pretende conseguir apoyos de fondos de la UE. El objetivo es ayudar a estos a penetrar en el mercado americano, por un lado, y de ampliar los mercados para cada lengua al conseguir que cada obra sea traducida a la mayor parte posible de las demás. La idea se irá desarrollando, si todos colaboramos en ella, y creo que tiene posibilidades reales en más de un sentido.


Acabo con dos noticias para mi vanagloria (ya se sabe: vanitas vanitatum et omnia vanitas):

Llevaba cuatro ejemplares de mi libro conmigo. Dos los regalé a quienes espero que me lean y me promuevan en sus países si les he gustado. Los otros dos... ¡los vendí porque me lo pidieron después de la lectura del fragmento y contestar a sus preguntas acerca de mi novela (la foto, lo juro, no es un montaje), uno a este grupo encantador de Leipzig y el otro a un "coleccionista suizo de libros del género", Pascal Ducomun, amigo mío desde las anteriores convenciones y una persona entrañable!

Además, publicaciones de varios países me pidieron que les enviara cuentos para su publicación.

¡Fue mucho más de lo que esperaba! La próxima vez llevaré conmigo algunos ejemplares más.

En fin, ciertamente, he vuelto fortalecido. Como muchos nos hemos dicho en los pasillos:

¡We must not give up!

¡Ya lo sabes, Mark! ¡Se que no podrás hacer otra cosa!

viernes, 11 de mayo de 2007

Una nueva conciencia

Amigos y visitantes eventuales, ¡pasen y vean!: ya tengo en las manos mi novela; en pasta, con cubierta en colorines, foto y reseña, ilustración y mapa (estas realizadas por Gabriel como ya señalé con mucho orgullo, gratitud y todas esas cosas...) y con todo aquello que me llevó años escribir y reescribir, corregir y volver a corregir, por fin copiado en blanco y negro gracias a las modernas técnicas digitales de la actuales artes gráficas... Entiendo que en el curso de las próximas semanas estará en las librerías (si la distribuidora se mueve como espero.)

¡Venga, a comprarlo, a leerlo, a opinar y, sobre todo, a conmoverse! Espero que el intento de conseguir este efecto -supongo que lo que más me ha impulsado y me impulsa a escribir- no se quede en agua de borrajas.

Yo suelo leer siempre uno o dos de los primeros párrafos para decidir si compro un libro; no sé vosotros. En todo caso, podeis tomar una decisión accediendo a los primeros párrafos de mi novela que pongo a vuestra disposición con la malévola intensión de abriros el apetito (o de disuadiros, en contra de mis mejores deseos.)

miércoles, 18 de abril de 2007

Los diablos de Maxwell

Antes de dar con el título definitivo de mi novela, "Una nueva conciencia", ésta tuvo cientos de candidatos. Procedí como con el nombre de mis hijos y como me repetí mucho tiempo después con el de mis sucesivas empresas: confeccionando innumerables listas con múltiples variaciones.

Ya en la fase final, antes de que cayera en mis manos la antología de los cuentos de Chéjov selecionados por Richard Ford editada en Debolsillo, cuyo prólogo me puso ante F. R. Leavis y su metáfora de la "nueva conciencia", unas cuantas de las últimas opciones me fueron sugeridas por la lectura del ensayo "Azar y necesidad" de Jacques Monod, uno de cuyos capítulos se titulaba como la entrada presente, "Los diablos de Maxwell".

Pero ese no fue el único que me sugirió explícitamente aquel ensayo. "La máquina de remontar el tiempo", "La cita del Dr Dupont y el martillo del plomero Dubois", "El juego de Montecarlo", fueron algunos de los que encontré casi tal cual entre las frases de ese libro que me aportó mucho y que, sin duda, reafirmó mi pensamiento dotándolo de nuevas seguridades. Precisamente, esas frases encerraban una parte sustancial de lo que yo había puesto en mi novela. Y muchas de las que aún serían escritas o ya lo estaban siendo por entoces...

Lo cierto es que (al igual que una de las primeras opciones que había seleccionado mucho antes y con la que acabé por registrar una primera versión definitiva en el Registro de la Propiedad Intelectual, "Los eslabones sucesivos") esos títulos por fin abandonados apuntaban en la dirección, por así decirlo educativa, de fondo quizá, filosóficas, de mis preocupaciones. Un hecho evidente que perdura, que se sigue colándose en mis nuevos textos y que sin duda no dejará de ocupar un lugar primordial en ellos mientras mi facultad de pensar continúe viva. Me refiero en síntesis, sin abarcar por ello todos los detalles y matices, al tema que Modod pone igualmente en primer lugar (desde una óptica científica y filosófica), a saber: la extrañeza del ser, de su existencia absolutamente circunstancial y aleatoria pero necesaria en base a los antecedentes inmediatos (y así retroactivamente.)

Realmente no era un mal nombre "Los eslabones sucesivos" en tanto expresaba esa idea. Pero "Una nueva conciencia" incluía esa y otras ideas que se engarzaban en un conjunto más amplio, formal y conceptualmente, un conjunto que, por sobre todas mis ideas y por sobre todas mis luchas y tal vez a instancias de unos diablillos como los de Maxwell, acabaría siendo un hecho literario.

viernes, 13 de abril de 2007

Un poco de autobombo

¡Qué satisfacción: me han comunicado que mi primera novela está en imprenta! ¡Boorosh, el hacedor de luz (o debería decir, de lush) en Tietnianish, ya asciende desde el fondo del Mar ilushminando la oquedad en la que transcurrirá la historia (una historia que se cuenta en algún lugar y en algún tiempo para provocar... "Una nueva conciencia")! ¡Mouil-agra, la joven orillera que desempeña el rol de la heroína, ya comienza a perfilarse en mitad de la nada, avanzando hacia ningún sitio, como parte de un sueño!

Tietnianish es un mundo extraño, o sea, tan extraño como el nuestro; habitado por seres inteligentes asimismo extraños y asimismo tan extraños como nosotros mismos. Sobreviven inexorablemente, piensan sin poderlo evitar, reciben del mundo su imagen a través de sus sentidos, se reproducen a instancias del vacío que llevan dentro, luchan por conservar lo que tienen y por tener más a pesar de que una y otra vez lo perderán o lo dejarán todo... ¿No es eso extraño?

Jacques Monod (premio Nobel en 1965 por si hiciera falta conferirle autoridad) pone en evidencia que "Los seres vivos son objetos extraños" (El azar y la necesidad; un ensayo que recomiendo con entusiamo y al que ya dedicaré una entrada), extraños obviamente para el propio hombre, que se ve a sí mismo cada vez más extraño en la medida en que avanza... en el conocimiento de sí y de lo que lo rodea, y siempre que ese conocimiento sea objetivo o real y no un autoengaño.

Yo sólo he deformado un poco el mundo y la naturaleza particular del hombre, y he invertido varias cosas formales. Todo para contribuir a que nos reconozcamos mediante ese doble torniquete de extrañeza que tan eficazmente permite la ciencia ficción. Y también, involuntariamente, para que nuestra extrañeza se diluya en la imaginaria.

En fin... parafraseando a Monod: tal vez la contrapartida necesaria por mi parte para el cumplimiento de la ley de la entropía, mi devolución al caos de aquello que he debido tomar del Universo para conservar y desarrollar mi propio orden vital. En todo caso, sencilla y elementalmente, espero que "Una nueva conciencia", escrita y reescrita a lo largo de casi cuarenta años (gracias a que no encontré ningún editor que la descongelase antes), y que ahora verá la luz de la mano de Ediciones Mandrágora, os reporte un aceptable disfrute intelectual y provoque en cada uno de vosotros, en el sentido concreto que le da Leavis, una nueva conciencia.

Nota: la ilustración es la de la portada, y fue realizada por Gabriel Suchowolski Morelli, autor también del mapa de Tietnianish.

jueves, 8 de marzo de 2007

Las modestas pretenciones mías, mías, mías...

Un día escapé del fandom por sentirlo limitadísimo (1978-80) y secundariamente porque me desplacé geográficamente, y no hace mucho volví insertándome en una tertulia con algunos altibajos (altos y bajos y yo uno de estos últimos) pero concurrida por una mayoría de gente divertida, sensible e interesante. Como producto de que pronto se publicará mi primer novela (que lo mío me ha costado) he decidido poner en marcha un blog, cuya necesidad de todos modos ya sentía yo desde hacia tiempo.

En mi "Presentación o inauguración" pronostiqué, muy convencido por cierto, que no tendría una concurrencia numerosa, aunque las poca que fuera esperaba que aportara comentarios sustanciosos capaces de permitir y de incitar al diálogo y al enriquecimiento mutuo. La ciencia ficción española debería ser un espacio de inquietud y no un simple terreno donde blandan sus espadas-láser unos superhéroes y superantihéroes bajo la dirección de expertos en efectos especiales... y en hacer dinero con las modas. Pero,vaya, de repente me llega un comentario (anónimo por añadidura, a lo que por cierto no alcanzo a encontrar una razón) que sólo decía "Eres un pesaoo".

A ver si nos entendemos un poquito: Yo, en mi blog, pongo lo que quiero y el que no tenga interés en ello que no vuelva (¿quién obliga a nadie?), y lo que más deseo, como único atributo de las respuestas que recolecte, es inteligencia y contenido. O si no, nada. Pero nunca terrorismo viceral y simplista.

Un amigo de la tertulia, con verdadera simpatía, con la sinceridad de quien quiere ayudarte a ser más popular, me dijo en relación a mi blog que quitara densidad ("Aligera, aligera...", me dijo.) ¡Ah, si pudiera (digo por decir)! Pero yo soy lo que escribo y escribo como soy, y en otros términos también amables se lo dije. Yo he escuchado varias veces a ese amigo defender sus posiciones con vehemencia, poniendo sobre la mesa sus juicios y conocimientos con el objeto de convencer al otro. Sé que él no piensa que se deba limitar el pensamiento, ni la temática, aunque puedo comprender que haya cosas que le interesen menos que otras o incluso nada. Inclusive cosas que le aburran. A mi, por ejemplo, no me atrae el fútbol (lo marginé de mi vida hace muchos años) ni los toros, ni las historias de terror, ni la recolección de setas... Y claro que no pasa nada.

En realidad, ni siquiera pasa nada por aquel detalle. A fin de cuentas, también lo he aprovechado para reiterar lo que pienso, qué diablos, y, como seguramente diría de Bergerac, para afinar la pluma.

Gracias, pues, mi anónimo e incontenible manifestante anónimo, acuso recibo; ojalá sepas aguzar un poco más el ingenio en alguna otra ocasión.

viernes, 2 de marzo de 2007

Mares leídos, mares creados, mares reales.

La imagen de un mundo subterráneo con un mar interior perdura en mi memoria desde que era un niño. Obviamente se lo debo a "Viaje al centro de la Tierra", una aventura que nunca podré olvidar. ¿Qué hay bajo nuestros pies?, fue la pregunta que en realidad me hizo avanzar hasta el final en su lectura; es decir, una de las tantos interrogantes que nos vamos haciendo desde pequeños mientras vamos aceptando como realidad lo que vemos y suponemos que nos rodea a pesar de que no poderla abarcar, ver o tocar: el centro de la Tierra, las estrellas, el futuro, la vida eterna.

Una nueva conciencia rinde tributo a las inquietudes que todos esos misterios despertaron en mí y que desde pequeño me empujaron hacia su revelación por medio de la ciencia y de la imaginación. Una nueva conciencia realiza a la vez esa aventura a la vez que registra la intención con la que la ha iniciado. Envolviendo una cosa con otra.

Por eso el mundo donde transcurre la acción es un mundo subterráneo con un Mar interno, y también por eso se presenta como víctima de una invasión exterior. Un mundo dentro de otro que por lejos que pudiera encontrarse y por diferente que pueda parecer, es el nuestro, con sus problemas y con sus ansiedades, con sus males y con sus aspiraciones.

El otro día, supe precisamente que en eso de un mundo y un mar subterráneos Julio Verne también se anticipó. Así es, lo acaba de demostrar la ciencia: nuestra Tierra real cuenta con un Mar interior. No es para nada importante, ni necesario, pero me resultó curioso que mi mundo imaginado, ese clon nacido de la literatura que leyera de niño tuviese también ese viso inesperado de realidad.

viernes, 9 de febrero de 2007

El mapa de la novela y algo más sobre su título

«Tietnianish, literalmente El mundo alrededor de La Lush, ha sobrevivido hasta ahora sólo por convicción, cobardía o inercia, olvidando siempre las innegables evidencias de que no es otra cosa que una Oquedad más de La Ilimitada Roca. Ahora, cuando nuestra lucha contra místicos y vacilantes nos está empujando más allá de la victoria, cuando el deber de defendernos nos exige conquistar el predominio, debemos sepultarlo definitivamente y dar un nuevo nombre a nuestro mundo, un nombre innovador, revolucionario y combativo!» (extracto tomado de un panzibao teiki publicado tras la heroica batalla del Gaiduaa)

Con este mapa se levanta el telón de "Una nueva conciencia". En ese lugar que he llamado Tietnianish suceden muchas cosas, han sucedido otras y seguirán sucediendo más. Sin embargo, como todo espacio-tiempo, el de la novela es parte de otro mayor, o sea, está encerrado en una caja que se halla dentro de otra que también se halla dentro de otra... a la vez que contiene cajas progresivamente menores.

Esto también afecta al título. La historia más propiamente literaria, la de la aventura, apunta a una nueva conciencia del mundo y de sus habitantes, pero esta historia es parte de otra en donde ésta ayuda a adquirir una conciencia igualmente novedosa. Por fin, la novela, como cualquier aporte a la literatura en la que aspira inscribirse, pretende dar lugar al fenómeno al que Leavis y Ford hacen mención.

Por eso no puedo aceptar, ni siquiera desde la visión de la breve historia mayor que envuelve a la más extensa (desde la caja grande), que la novela pueda considerarse un juego sin significado (jitanjáfora, como he dicho en la presentación.) Por supuesto que es un juego, como todo producto de la imaginación del hombre, pero aún esto tiene significado y significación. En todo caso, la aventura sostiene el significado de la literatura y su misterio.

martes, 6 de febrero de 2007

Mi ciencia ficción

Voy asumiendo que un blog siempre será fragmentario a la manera en que lo es un espejo roto que se recompusiera siguiendo un curso del tiempo supuestamente inverso al que empleara en fragmentarse. Un curso del tiempo que nunca existió a priori y que comienza a rebobinarse aquí, en el blog, de manera aleatoria, mostrando ciertos trozos poco a poco, en pequeñas dosis, incluso en subfragmentos, a veces empañados, a veces mezclándolos bajo cristales engañosos, voluntaria o involuntariamente engañosos. En cualquier caso, los diversos cristales tienen la propiedad de unirse para componer mi imagen, por momentos una pincelada de mi pensamiento inmediato, por momentos un adelanto de mis intenciones... Una propiedad autónoma y tan rígida como la ley de la gravedad. Fragmentos del pequeño universo que es mi vida, los fragmentos giran y giran no siempre visibles en mi mente, algunos perdidos en la inmensidad del espacio mental, alejándose de la conciencia hasta desaparecer de su alcance, de la memoria, de su sol...

Pues bien, espero que pronto se produzca el lanzamiento de esa colección de fragmentos literariamente organizados, es decir, enmascarados por la literatura, la fantasía, los trucos orquestales, que es mi novela "number one". Será un buen paquete de fragmentos con órbita y atributos propios que todo observador que lo desee podrá contemplar con sus cristales particulares y más o menos sanos, empañados en mayor o menor medida, quizá trizados, quizá "puros" (por inocentes), quizá prefabricados (por preconcebidos.)

Enlazando con lo que dije hace poco sobre mi literatura (...y ciencia ficción), "Una nueva conciencia" pertenece a ese género, y no sólo no me importa que así sea sino que lo reivindico.

La ciencia ficción es para mí un refugio muy potente desde donde puedo dar una visión contundente de la realidad, incluso un tanto "terrible" (por lo de enfant terrible), irreverente y a la vez distanciada. También es cómoda en tanto no me tengo que documentar, como debería hacerlo de basarme en la historia real; aunque eso no sea lo más importante. Lo que creo es que ese género, más que la pura fantasía que alimenta en realidad posibles mundos pasados, permite mostrar las leyes del presente en estado puro, más allá de toda manifestación aparentemente ocasional. Permitanme un ejemplo: Si yo creo que el hombre tiene un atributo intrínseco (¿natural?, ¿"esencial"?) que explica su división en gobernantes y gobernados, ¿no se consigue afirmar esto más contundentemente a través de la descripción de un mundo en donde, incluso bajo otras condiciones ambientales y genéticas, la vida, tras dar a luz a la inteligencia, acaba creando sociedades que reproducen esa misma división?

Pues eso es lo que me permite la ciencia ficción, ni más ni menos que reinventar (esto es literatura) el mundo de las leyes que lo gobiernan (y esto en realidad es ciencia) con la mayor fuerza que me lo permita mi capacidad de escritor (hasta producir una literatura realmente dramática que puede o no ser alcanzada y puede o no ser apreciada.) Pero a este último respecto prometo (prometiéndome) seguir trabajando para conseguir un resultado lo mejor o más eficaz posible, es decir, un resultado que en la mayor medida de lo posible provoque lo que decía Leavis y Ford con él: un estado de nueva conciencia.

lunes, 5 de febrero de 2007

Literatura y Ciencia Ficción

Algo profundo me vincula a la literatura a la vez que a la ciencia ficción y también a la novela de aventuras. Pienso que no es casual que siendo niño y teniendo al alcance de mi mano todo tipo de lecturas, me haya orientado principalmente hacia las novelas de Julio Verne y hacia las revistas de comic que contenían "ciencia ficción".

Para que algo me gustara tenía que haber "anticipación" y "ciencia" en un porcentaje muchísimo mayor que historia o investigación policial. Las estrellas y el tiempo, por sobre todas las cosas, me intrigaban. Y sin duda, buscaba las respuestas en la literatura, las esperaba de ellas.

En fin, ahora no sólo no puedo ya distanciarme del genero sino que, como escritor, me siento obligado a devolver lo que yo siempre he esperado de él, es decir, a no desfraudar a esos espectadores potenciales que en el fondo son mis alter ego, esos en los que me reflejo y reflejaré sin poderlo evitar, los que me hacen sonreir condescendiente cuando arranco de ellos una mirada de curiosidad y una siguiente de alegría; mi curiosidad, mi alegría.

miércoles, 24 de enero de 2007

A modo de presentación

Me ha parecido, al dar comienzo a la creación de este blog, que lo primero que debía hacer era presentarme. Al instante, tuve de mí mismo la imagen de estar saliendo a escena por primera vez ante un público incierto que si no desde este mismo instante seguramente algún día, se sentará allí, en la oscuridad de esa sala ilimitada como el Universo (todos contra el espacio estrellado), para juzgarme de mil y una maneras. La oscuridad en la sala me parecía absoluta, porque yo estaba "viéndola" a través de mi pantalla de ordenador, donde escribía, es decir, donde comenzaba a actuar, y no tenía modo alguno de saber si en sus incontables butacas, que imaginaba distribuidas con esmero, se sentaban ya un cierto número de espectadores. No obstante, el telón había sido descorrido, y sabía que antes o después ciertas butacas serían ocupadas por más o menos espectadores que se sentarían pacientemente allí con alguna expectación aunque sin excesiva confianza. Era un sitio terrible sin duda, en el que me sentía obligado a presentarme y a volver, y sobre todo a no defraudar a todos.
Bueno, me dije, no debo negar que soy consciente de que en su inmensa mayoría esas butacas permanecerán vacías... Sin dudas como en un teatro donde la obra que se representa es de esas de la que casi nadie ha oído hablar. Y, seamos sinceros, es mi convicción profunda que será una obra de la que pocos querrán saber nada a lo largo de los tiempos. Que incluso muchos abandonarán la sala.
En fin, ya veremos qué distinguirán en la oscuridad mis ojos, qué rumor llegará a mis oídos desde el otro lado, qué movimientos alcanzaré a percibir en la sala...
En cualquier caso, ya he salido a escena, en cierto modo como si lo hiciera para el ensayo de la obra, la sala ciertamente vacía aunque imaginándola aceptablemente concurrida porque para una buena actuación ese presupuesto es indispensable. Y con esa sensación (tal vez ese deseo), en ese escenario sin decorado y bajo las únicas luces de mi propia pantalla (rectangular, fosforescente, ya se sabe...) que habrá de iluminarme sirviéndome a la vez de espejo, paso por fin, hoy, 22 de enero de 2007, una semana exacta después de celebrado mi quincuagésimonoveno cumpleaños, a exponerme ante los que ocupen las butacas de esta sala, vuelvan o no alguna vez o lo hagan más veces.
Comenzaré por explicar el nombre que le he puesto al blog porque una suposición inmediata podría, como sucede habitualmente, dar una falsa imagen del autor, o sea de mí (que dicho sea de paso, soy un autor.)

El Blog:

"Una nueva conciencia" no encierra una propuesta mesiánica, sólo es el título de mi primera novela. Pero no sólo por ser un título cuyo sentido adquiere toda su dimensión al final de la lectura del texto que encabeza, sino porque me defino en las antípodas de los que se creen capaces de sentar cátedra, de preconizar verdades, de profetizar seguridades... ese nombre no tiene pretensión alguna. Y menos la de invitar a nadie a adquirir una conciencia particular, una conciencia que sería la mía, una determinada conciencia que yo habría adquirido y que vendría a ofrecerles a todos, es decir, a los que estuvieseis allí, del otro lado. No, en realidad no pretendo casi nada... salvo seguir en el escenario y seguir representando. Y es que no sólo no se trata de conciencia en tanto que ideología, como se entiende vox populis gracias a los cada vez más pobres y pretenciosos iluminados iluminadores, sino simplemente de una referencia al acto por el cual se incrementa la lucidez del hombre, algo que sucede, según entiendo, a instancias de la necesidad de permanecer, de sobrevivir. Pero he dicho que se trata de un título, un título para mi primer novela que me pareció muy aceptable y que entresaqué de los comentarios que Richard Ford (el de Día de la Independencia o De Mujeres con Hombres) dedicó a los Cuentos de Chejov citando a F.R. Leavis a quien pocos conocerán (yo no lo conocía hasta entonces.)
Pero no soy del todo inocente, no fue algo casual (si su encuentro, no su elección) sino algo premeditado o, en todo caso, algo que casualmente demostró encajar como encajan dos piezas contiguas de un mismo puzle. En mi novela, los personajes crecen gracias a las conciencias ajenas a las que acceden (es decir, a puntos de vista extraños sobre hechos más o menos conocidos o desconocidos) y todo eso, o sea la historia entera que se narra, es simplemente literatura (de ahí la referencia de donde sale el título). Literatura, invención, copia con variaciones, teatro, tanto para los propios personajes como para los lectores de carne y hueso de quienes los primeros son su alter ego infantil. Y en eso estoy con Ford y con Leavis: la literatura, la lectura de obras literarias, da lugar a "una nueva conciencia". No a adoptar una ideología, sino a experimentar un golpe de lucidez, a tener una especie de revelación, un giro epistemológico, una ruptura, un impacto, y todo porque la literatura (sería redundante añadir "la buena...") lo que hace, tan sólo por serlo, es emocionar.
Bueno, quizá abunde algún día sobre este asunto. Hoy sólo pretendo, o pretendía, presentarme, dando una primera muestra de mi complejidad y mostrando algunas de mis preocupaciones, un vago reflejo de algunas ideas, algún que otro ejemplo de mis descubrimientos y de mis puntos de vista sobre ellos, prometiendo hablar de lo que me divierte o me entristece, me alegra o me duele, me hace amar o rechazar... Sí, ya se irá desarrollando la lista, ya se irá descubriendo el personaje. Siempre a través de la representación que aquí se inicia. Y de otras actuaciones que quien quiera podrá hallar.
Mi primera novela:
En unos meses, estará en la calle mi primera novela. ¡No se lo van a creer: la comencé a escribir hace ya unos cuarenta años! Claro que aquello se puso a andar en otras direcciones, que trastabilló y perdió muchísimas cosas con la que fue cargada, que tomó varios rumbos antes de encontrar el definitivo, que fue mil y una vez retocada y reescrita, corregida y recortada, corregida y aumentada, reestructurada... Y sin embargo, debo reconocer que aquel lejano núcleo que iba a tener forma de Historieta fue la semilla de la que brotó el árbol. Tal vez de la que brote alguno más todavía. O dos... En el acto de creación, pienso en este momento, los hombres copiamos el sistema de reproducción de todas las criaturas del Universo... ¿Por qué no? Otra cosa para dejar apuntada y continuarla alguna vez, otra hipótesis con la que jugar, otra sugerencia... y todo muy propio de mí, que me sigo presentando, por si se os había olvidado.
De nuevo algo más de mí mismo, y del alcance posible de mi novela:
Y retomando el hilo del discurso inicial (uno de ellos, una de las cuerdas entrecruzadas) os confesaré que con "Una nueva conciencia" (de la que en el futuro hablaré y pienso dialogar en una sección específica de este blog) he realizado mi necesidad de decir muchas cosas, quizá demasiadas; cosas que son y serán siempre las mismas aunque se digan y puedan decirse de muy diversas maneras, más o menos bien dichas y con más o menos contundencia. Sí, fijaos, contundencia, esto según creo es algo a lo que debe aspirar la literatura, al menos es lo que me gusta encontrar fuera de mí y por lo que seguramente es lo que me siento inclinado a emular.
No hace mucho, alguien dijo que mi novela era una jitanjáfora (daré cuenta de esto en cuanto abra la sección correspondiente) y varios han opinado que lo mío es por momentos barroco (lo dice uno de mis hijos, entre otros, y como sé lo que quiere decir, debo darle la razón.) Lo cierto es, como ya he confesado, que no pretendo que ese otro escenario, el de mi libro, reuna a demasiados espectadores. Un buen número de lectores potenciales pensarán que es ciencia ficción, un género, o aún menos... Otros pocos la rechazarán porque no lo es lo suficiente, o porque en ese aspecto mi novela es tramposa o incluso traicionera... Debo seguir desnudándome: soy un tramposo, soy traicionero, aunque lo hago por una buena causa... ¡Ja, la causa de uno siempre es la buena! Pero debo aclarar que hago trampas o traiciono sólo algunas veces, y todo, y siempre, para conseguir eso que buscamos los artistas (actores a fin de cuentas): agradar, llamar la atención sobre nosotros (¡y nuestras obras somos nosotros!), entrar en el otro, en los otros, para que esa incidencia nos devuelva la respuesta que necesitamos: que estamos vivos, que somos algo vivo, es decir, algo capaz de emocionar. Y, claro, lo que buscamos desde niños: podernos reconocer. Sí, reconocer; porque nada hay más extraño a nosotros mismos que nosotros, que uno mismo, que las propias sensaciones, desde un dolor de estómago hasta el descubrimiento de que nos tocará morir.
Por eso yo hago trampas, concretamente para esconder mis intenciones y mis descubrimientos (redescubrimientos) tras jitanjáforas o tras barrocos decorados, a veces con el riesgo de que unos u otros se pierdan en el lío y yo no consiga mi objetivo. Bueno, a ver si tengo tiempo para hacerlo mejor...
Y ahora, sin que me haya dado a conocer realmente (¿otra trampa?) voy a dar por acabado este primer acto, esta primera escena o lo que sea, y me daré (y os daré) un respiro.
Hasta la próxima vez (y ojalá que cuando vuelva haya algo de público del otro lado.) Apago el foco, abandono la escena.