
"¡Ni cambio ni bandazo...!"
Decreto enésimo de 1984.
(una renovada vuelta pública al ruedo para el ejercicio de la función analítico-crítica que considero "no filosófica" e incluso "antifilosófica").
En cuestión de un fin de semana, aunque ciertamente tras haberse estado cocinando al fuego de la bancarrota técnica de Grecia (de cuya inminencia se intentaba fijar mucho la mirada), los gobiernos europeos tomaron la decisión de ir (en apariencia) en la dirección estrictamenbte opuesta a la iniciada tras el estallido oficial de La Crisis. En sentido estricto y distanciándome de lo metafórico y de lo sarcástico hasta donde me es posible: abandonando (parcialmente, come il faut) la salida del gasto galopante (ejercido gubernamentalmente sobre todo pero acompañando esto del consejo -y correspondientes incentivos- a favor del consumo por parte de la ciudadanía) para galopar hacia la austeridad y los recortes (selectivos, sin duda, y acompañados de las loas acordes a favor del ahorro que hasta ese fin de semana milagroso se consideraba que obedecía sólo a una desconfianza que había que despejar a toda costa para reactivar la economía... y que desde ese momento habría incluso que incentivar).
La artificialidad en el mundo (mejor que del mundo) es, sin duda una manera de decir y concretamente de calificar. Y como todo calificativo y toda denominación o asociación lingüística, sólo puede significar algo en relación al menos con lo contrario (y en realidad, si se me permite afirmarlo, cosa que me permitirán mis pares, como se animaría a sostener Rorty... sin otro basamento que sus autoasumidas -y en paralelo por sus pares aceptadas- buenas intenciones cosmopolitas). Sin duda, cabría no decir más nada; pero así, callar acerca de lo que no se podría hablar... sería callar del todo. Cabría también decir, a tenor de que lo artificial se deja ver por todas partes mientras que lo opuesto -sea lo que ello sea- no parece tomar forma concreta alguna para nuestros sentidos (tomados como referencia, porque de lo contrario, si se parte de la base de que nos engañan... todo se complicaría más), que sólo existe artificialidad, y que por tanto, no sirve de nada ese calificativo. Sin embargo, podemos decir dónde se encuentran los opuestos a la artificialidad: están todos en los sueños filosóficos e incluso seudofilosóficos o místicos, del hombre, esto es, en los productos de la imaginación humana, tal vez incluso tan sólo como construcción contraria a la realidad. Al menos, esto resulta muy coherente, aunque no se me ocurriría basarme tampoco en ello para obtener para mi propio discurso y mi propia narración el derecho a la verdad incondicional (como Habermas a su vez hace a diferencia de y en contraposición a Rorty). Tan sólo me tomo el derecho de defender esta narración en tanto se enfrenta efectivamente a la marcha de las cosas con las que me permito no comulgar y que por ello evito con pretensiones de legitimidad, y en tanto esa narrativa me permite dar cuenta de la maduración progresiva que experimenta la marcha de las cosas y vaticinar unos resultados que se vislumbran de manera cada vez más evidente.
No obstante, si todo lo real se considera artificial, o innecesario, o absurdo... como se prefiera... el propio calificativo puede parecer también no tener sostén. Es más, esa falta de sostén se extendería hasta la totalidad de los lenguajes con los que se dice ya que nos podemos comunicar en definitiva sin límites (Rorty), ya que podríamos dar, antes o después, la verdadera descripción del mundo (Habermas). En cualquiera de los dos casos, usurpando nosotros mismos (tras haber sido inventado por nuestros ancestros de cuya conducta deberíamos responsabilizarnos en la medida en que conservamos sus mismas pulsiones y necesidades) el lugar de Dios (al que se supone que antes habríamos matado, es decir, dado antes por vivo y no por inventado). Cabe pues que se me diga que esto mismo es lo que hago al atreverme a dar, prima facie a pesar de mi discurso, al insistir incluso, en considerar la artificialidad del mundo de esa manera, es decir, de manera indiscutiblemente incondicional.
El martes por la noche, en ese medioespectáculo que es Madrid Opina, el gurú Arcadi Espada, que va de "grupo de una sola persona" (Judith Rich Harris, El mito de la educación), empleó intempestivamente el término con el ostentoso estilo que lo caracteriza para referirse a un proceso que según él acababa de emerger, justo ese mismo fin de semana, y que significaría una ruptura o giro radical respecto del curso que seguía la repentina "vieja Historia" hasta ese mismo instante; en fin, justamente lo que se suele entender por "Revolución", cosas esas que uno pensaba que tomaban cuerpo mediante la violencia (esa famosa partera) y para defenestrar gobiernos... y no, como en este caso, en el curso de una asamblea de los gobernantes europeos en funciones, realizada durante el fin de semana y casi de madrugada, para garantizar su continuidad (amenazada, cómo no) en el poder. Pero, bajo la verborrea y el maximalismo formal, superficial, grandilocuente, lo que realmente todos estábamos dispuestos a ver era tan sólo... la simple imposición de medidas fiscalistas por parte de los países con economías dominantes a los países con una deuda desmadrada, España entre estos últimos. Eso era lo que Arcadi Espada inflaba de aquel modo de significación (significación falsa me refiero), de segundo acontecimiento planetario del año, de puerta de entrada a otros diez días que habrían de conmover el mundo."...cuando los grupos parten de una misma situación (...) ellos mismos las crean (las diferencias) (...) (tienen) que hallar maneras de diferenciarse" (pág. 183) "...los chicos se colocan a sí mismos en la casilla etiquetada chicos, y conforman su conducta a la de los chicos." (pág. 297) "Incuso si no hay diferencias de partida, la mera existencia de dos categorías sociales dicotómicas es ya suficiente para crearlas." (pág. 318)
Y como prometí aclarar: yo considero que la llamada de Obama... (así como la recomendación china que de hecho quedará explicada al mismo tiempo) no respondió exactamente a la misma intención franco-alemana, sino que demostró un interés e incluso un gran interés por su parte por contar con Zapatero... aunque sólo... para evitar que el euro continuara depreciándose... haciendo peligrar así las hasta hace poco buenas ventajas existentes para las exportaciones yankis (o, dicho con propiedad, las de ciertas actividades industriales yankis), tanto tiempo en esa situación respecto de los equivalentes fabricantes europeos... no siempre, a su vez, rerpresentados por sus gobiernos locales. Exportaciones por cierto ya bastante perjudicadas por el estado depreciado de la moneda china, mantenido (según la honesta y justa visión norteamericana, ¡qué malos chicos estos!) de manera artificial por el gobierno chino para sacar partido en el comercio internacional gracias al cual crecen y compran para seguir creciendo... Creciendo, claro, en términos de capitalismo burocrático, se entiende, es decir, emulando la riqueza ostensible que en el extremo siempre se ha llamado lujo y despilfarro y usando todas las jugadas posibles de lo aparente para competir y hacer carrera... Y todo ello desde la propia pirámide que como todas se inserta en la estructura cristalina de la sociedad cristalizada global, transnacional, móvil, viva, inestable a tenor de la lucha por el mejor puesto, que crece y palpita como la amenza de Andrómeda.
Surprise, surprise... no hay quien se aclare con esto de las acusaciones y defensas respectivas a los especuladores... que una vez que nada cuadra se silencian ya por un lado ya por el otro y a veces a la vez y en todo caso parcialmente.