lunes, 29 de septiembre de 2008

El "momento Minsky" y cómo refugiarse de urgencia tras conceptos mágicos para conjurar el "mal".

En un artículo publicado en El Economista (bajo la firma de una de sus colaboradoras llamada Ainhoa Giménez y con una fecha obviamente equivocada que haría más notoria aún la reciente desfachatez de Solbes), nos cuentan (sin la ironía que sigue) que "La Crisis" provocó que los especialistas de todo el mundo salieran en estampida en busca de nuevas Tablas de la Ley que los reorientaran en su responsabilidad sacerdotal conductora; Tablas (en su moderna presentación de Libros Publicados) como las recibidas no hace mucho de manos de la Razón Ardiente por un señor llamado Minsky (alguien que hasta ahora era menos conocido que muchos Moiseses menos agoreros y cuyas iinterpretaciones divinas, para seguir con el símil, yacían convenientemente enterradas bajo dogmas más acordes con los "buenos tiempos"). De ello se habla de un extremo al otro del océano y unos tras otros salen al rescate del "viejo". Una estampida en toda regla y sin exagerar que ha provocado que se contemple "...la reimpresión de sus libros, algunos de los cuales han alcanzado precios de miles de dólares en Internet" según se nos informa.

En el artículo, se describe con sencillez y buena prosa lo que se ha dado en llamar "momento Minsky" mediante el siguiente pantallaso:

"Uno de los libros clásicos en momentos de desastre en los mercados es Manias, Panics and Crashes: A History of Financial Crises , de Charles Kindleberger, que se apoya claramente en las tesis de Minsky. En esencia, esta tesis es muy directa: en los buenos tiempos, los inversores asumen riesgos, hasta que asumen demasiados. En algún momento, alcanzan un punto en el que la liquidez que generan sus activos ya no es suficiente para amortizar las montañas de deuda en que incurrieron para comprarlos. Las pérdidas en los activos especulativos motivan que los bancos que prestan el dinero reclamen los préstamos. Y eso provoca el colapso del valor de los activos, según Minsky.

"Es decir, cuando los inversores se ven obligados a vender incluso sus activos más seguros para poder pagar sus préstamos, se inicia una espiral bajista en los mercados y se genera una enorme demanda de liquidez. Entonces es cuando se produce el momento Minsky. Algunos analistas, como Paul McCulley, de Pacific Investment Management, la mayor gestora de fondos de renta fija del mundo-, creen que ahora nos encontramos en uno de esos momentos."

Pero no estoy por perder sangre ni sudor en poner al desnudo a "nuestros" propios "conductores" despistados o mentirosos, cada uno de cuyos bandos se da por enterado a su manera y cuando le conviene: no lo merecen ni los más mentirosos que se desnudan solos, como en el siguiente streep tease que les dedico... generalmente en el circo y varios como auténticos payasos (anyway, this is for fun only; so, jump if you are too serius!):




Lo más interesante y enjundioso (!) es para mí otra cosa, lo siento, y se trata (quienes me siguen un poco ya lo habrán adivinado y si les resulta latoso: keep in mind the video and jump to another blog right now!) de poner en la mira la mecánica que rige la conducta de los intelectuales, especialmente, aunque no sólo, de los más burocratizados. Un tema que no dejo de tocar entrada tras entrada en este blog sin mucha más motivación que mi propio entrenamiento y mi inquietud por saber "¿Dónde queremos y dónde podemos situarnos en relación con la mentira y el autoengaño?"


Y en relación a esa mecánica, una cosa especialmente significativa: si os fijáis, tanto en el reproducido como en otros diagnósticos que circulan en estos tiempos revueltos o de pánico, pero también de renovadas esperanzas y utopías reconstruidas a propósito, según de quienes se trate, lo que resalta es que lo que más les interesa es... apuntar con el dedo al diablo y persignarse, allí donde predominé un espíritu cristiano de hecho o de derecho, y/o tener un estandarte que permita salir al campo de batalla bien identificado, en el mejor espíritu guerrero... o deportivo.


¿Quién quiere ir realmente hasta la raíz y ser de ese modo rigurosamente radical? No los especialistas, desde luego, que viven en y del Sistema. (1) O en todo caso lo esperan...


Para ellos lo crucial es saber que estamos (o no estamos), por ejemplo, en el "momento Minsky" para... optar por unas u otras recetas, pero no, o no demasiado radicalmente, saber ¿por qué algo así haya podido y/o deba acontecer? Les bastaría sin duda darse algunas razones... fenoménicas o superficiales, localizar los síntomas, referirlo a las personas como individuos sin intereses, como sus colegas intelectuales a quienes ellos sustituirían haciéndolo mejor... etc. , como lo ya mostrado en las notas precedentes. Algo que, como hemos dicho y como refleja la desesperada estampida, permitía a esos mismos especialistas, antes de "La Crisis"... ¡calificar a Minsky, como señala el artículo citado, de "una especie de radical por su énfasis en la tendencia de los mercados hacia el exceso y el trastorno"!


Pero, ¿y si intentamos detenernos precisamente en las causas de ese exceso y ese trastorno, o si se prefiere, de ese "colapso del valor de los activos"? ¿Por qué "...en los buenos tiempos, los inversores asumen riesgos, hasta que asumen demasiados"? ¿Por qué se elevan esas "montañas de deuda en que incurrieron para comprarlos" (los activos que se ven obligados a vender o incluso a malvender)? ¿Qué induce tanto optimismo, tanta idealización lineal, tanta confianza en el progreso... o es otra cosa y es que a nadie en esta sociedad le importa ya el diluvio que se produzca más allá de cada uno: "después de mí...", como se dice?


Los especialistas y también los informadores especializados sostienen que "se genera una enorme demanda de liquidez" en los "nuevos tiempos", o cuando han pasado "los buenos", pero no dicen por qué pasan esos tiempos, o por que sobrevienen otros tan malos... Si es casualidad... si es necesario...


Según Minsky, y en esto la mayoría de los especialistas y diría que de los intelectuales en general parecerían coincidir con él, la culpa la tienen... precisamente "los buenos tiempos" que dan lugar a que... "los especuladores entran en el mercado" y los bancos "relajan la guardia" (perdón por mantener el presente de indicativo en lugar de usar el del subjuntivo en aras de aprovechar tal cual la cita), y que favorecen así que cuando "los precios de la vivienda se estancan o incluso empiezan a bajar, llega el gran problema" (ibíd.)


Pero, de nuevo, ¿por qué se produce todo eso? ¿Acaso "los precios" son entes y además de esos irracionales o malévolos que a veces se les aparecían a los griegos sobre dos patas pero con pezuñas? ¿Son los bancos -o sus gestores- estúpidos como acaban siendo considerados por sus colegas más iluminados? ¿Son algunos individuos demasiado "bárbaros" o "salvajes" como para que se les permita jugar en el mercado? Sin duda esto lleva a la necesidad de "regular" desde instancias "racionales" o "sabias" y a "prohibir" o extender "carnets habilitadores" por parte de la autoridad... Si hasta lo decía Mill y lo repetía Hayek para quienes a fin de cuentas se hacía necesaria una suerte de policía neutral (en realidad "consciente" o "conscienciada" adecuadamente) para que intervenga en contra de los "excesos"... (2). Es decir, aumentar el número y la autoridad de una burocracia separada o autónoma respecto del capitalismo real... en realidad teórico, que... por cierto... ¿por qué habrían de mantener y preservar sus miembros un Sistema en el que no serían mucho más que unos honestos empleados, a lo sumo muy bien remunerados, quizá lo suficiente incluso como para que se hagan capitalistas ellos mismos y entren en el mercado, posiblemente de un modo salvaje, propio de muchos policías y pretores aunque no sólo, animados por esos "buenos tiempos", en lugar de resignarse a cuidar que el rebaño no se salga del camino...?


¿No es inevitable que "los buenos tiempos" del Capitalismo inviten a todo el mundo a ser... capitalista?


¿No es ésa SU PROMESA?


Un tanto más allá y más internados en terrenos de honestidad intelectual, están los intelectuales menos vinculados con el Sistema a Defender. Entre estos encontraremos intentos, a fin de cuentas también interesados y comprometidos, por explicar las causas (¡y dar con los culpables!), y encontramos que se dividen en buena medida entre quienes sostienen que se han debido a causas morales (ausencia de moral o debilidad moral) o a causas psicológicas (desenfreno mezquino, egoísmo desenfrenado, ambición desmedida... son los términos que más abundan); todo lo cual requeriría tratamiento o contrición, regulación o censura.


Sin duda, estamos lejos de los viejos naturalistas del XVIII (y del Descartes que antes les abrió las puertas), fundadores de la fisico-teología, pero también de los componentes del club de la "buena conciencia" del XIX (Wolf Lepenies dixit -3-, de quien me gustaría saber lo que ahora dice, a la luz de los hechos, en relación con su esperanza manifiesta de 1996 de fusión liberal-socialista). Tal vez imbuidos por la cultura hegemónica que es la de los especialistas, que se produce y circula gracias a ellos y desde ellos (el Sistema es quien hace que así sea, imposibilitando la difusión de otras ideas (de otros grupos o de los desclasados), incluso haciendo más difícil su producción, haciéndoselas de hecho, que no de derecho, casi imposible, incluso desmereciendo desde la especialización y el lenguaje especializado todo lo que se considera demasiado primitivo, demasiado poco documentado, menos matematizado y formulado y en absoluto conceptualizado según los cánones... cánones que por otra parte cada vez exigen más que las tesis parezcan sofisticadas y profundas pero que a ser posible no lo sean. (¡Oh, sí: La Cultura Actual tiene sus reglas de etiqueta, su status, igual que en otras épocas no cualquiera podía participar de Versalles...!)


En cuanto al propio Minsky, un miembro relativamente más lúcido que otros en su tiempo pero miembro a fin de cuentas de la misma clase (o casta) de expertos y por ello constreñido a ciertos límites, reconoce de hecho que se trataría de una "inestabilidad inherente", propia de la idiosincrasia del capitalismo o del libre mercado, sólo que se presentaría como un accidente coyuntural que... volvería a requerir de la guardia pretoriana en los términos señalados.

"Minsky advirtió que la sofisticación de los instrumentos financieros y su internacionalización (o globalización) supone un gran riesgo para la estabilidad financiera, por la dificultad para regular un mercado tan complejo. Propuso la reducción del tamaño de los intermediarios financieros (si bien luego se retractó de esa sugerencia), la regulación bancaria, la orientación del gasto público hacia la inversión y el mantenimiento de un sistema fijo de tipos de cambio." (Wikipedia, "Modelo Minsky de crisis financiera").

Se trataría pues, como para todos los especialistas en una Materia Dada, de no apuntar a matar a su gallinita de los huevos de oro, sino de considerarla simplemente enferma de una enfermedad... controlable. (Algo, por cierto, permítaseme apuntarlo, muy propio de la mala conciencia que el hombre tiene de sí mismo, muy propio de su persistente sentimiento de culpa... que lleva precisamente a acabar con el mensajero antes que con la causa de la mala noticia.)


Obviamente, podemos observar que se mantienen aferrados a sus apriorismos ideológicos y a los que nada ni nadie salvo ellos mismos dan certificado de ser inamovibles y que pierden valor en cuanto se cuestione el paradigma sobre el que se fundan, un paradigma temporal o histórico a todas luces. Aunque tampoco existan garantías de que su derrumbe no implique simplemente un tipo diferente de opresión política, es decir, de grupo hegemónico y no la Libertad y la Justicia paradisiaca deseable y agitada.


Lo cierto creo que no será sino que habrá más y más burocratización en el marco de la sociedad supercompleja a la que hemos llegado, sociedad que como tal es dependiente en grados máximos de una división del trabajo cada vez más ramificada y alambicada. Esto sirve sin duda de justificación a quienes defienden el paradigma burocrático (aunque, claro, llamándolo de algún modo menos peyorativo y evitando siempre lo políticamente incorrecto) a lo sumo sugiriendo las varias vías moralizantes o terapéuticas posibles para su suavización como las que hemos ejemplificado o (¿se ve el carácter agravante del remedio que el término contiene o hace falta un apéndice?) su racionalización (4).


El propio Minsky llegó a ver, aunque acabara desechándolo (¿por impracticable o por repugnante a la escencia de lo que en el fondo deseaba recuperar, a saber, el capitalismo moderno?), la idea de descentralizar, una idea que aparece en varios economistas más o menos austríacos de una u otra forma (Gordon Tullock, defensor de la corriente "Public Choise", por ejemplo, propone descentralizaciones institucionales del Estado; y Friedrich A. Hayek una suerte de federalismo supervisado por un super Estado Internacional), todos siguiendo a fin de cuentas los lineamientos apuntados al respecto por John Stuart Mill para una sociedad del XIX que no dejó de marchar hacia el incremento de su complejidad y... de la burocratización en que la misma se manifiesta (5). Y no es descartable que un colapso "natural" del Sistema lleve a ello, así como algo así no garantizaría más libertad para el total de la población mundial y quizás ni siquiera para ciertos territorios privilegiados, ni una mejora del bienestar global o de ciertas regiones, ni por supuesto... la Paz. Pero claro que, después de un tal colapso o del triunfo de alguno de los grupos y alianzas de grupos que se formen y que conquisten la hegemonía y el dominio, emerja ese nuevo paradigma. Lo que no se puede es pensar que nuestra sociedad capitalista sea eterna, pueda ser justa y virtuosa sin tergiversarse hasta más allá de la injusticia y la mentira.


Insisto por ahora (dejando algunos apuntes en las notas al pie) y dando ya carpetazo con las palabras (apenas corregidas) con las que cerré una anterior discusión acerca de otros aspectos de esta misma problemática:


... la salida será hallada más o menos artificialmente y más o menos históricamente, y bastante simbólica y míticamente, como ha sido siempre, por la propia sociedad humana en su conjunto, sea a través de unas u otras hegemonías triunfantes más o menos violentas y más o menos diplomáticas, a menos que pasen cosas propias de la ciencia ficción que me reservo para mis experimentos literarios.



Notas:


-1- Kantor, por ejemplo, tras una rápida referencia a Minsky, cuyos "estudios (...) en los años 70 parecen (!) especialmente pertinentes (!) a las circunstancias actuales (!!)", simplemente y también en esto como los demás especialistas mencionados, lo considera un hecho inamovible y natural: "...la liquidez del mercado siempre depende decisivamente de la continua disponibilidad de financiación." O sea, hay que resignarse (y sobretodo justificar el Sistema) en nombre de los apriorismos (ideológicos) que... deben asumirse. Además, insiste en considerar como causa... la idiotez o aventurerismo de los gestores: "inadecuada valoración del riesgo de forma generalizada" (¡"generalizada idiotez, pues, que no parecería tener causa material como no fuese la adelantada degeneración genética prevista para dentros de 30 generalciones por Monod, que de todos modos no se menciona!); económicos y políticos que "optaron" ("régimen cambiario", etc.) por esto o por lo otro sin que haya otra explicación que su predilección o... ¿su inmoralidad? Bien es cierto que reconoce, como todos, en la idiosincrasia objetiva del mercado la existencia de tendencias negativas, problemáticas y complejas... de difícil solución, obviamente paliativas y no curativas, como pasa con la vida, sólo que la de este enfermo, por lo visto, se podría mantener en ese estado, y mejor de apariencia -la apariencia saludable que por momentos muestran los enfermos- según la capacidad y moral de sus médicos de turno, per eternum. Lo que no hay... es el por qué de la enfermedad crónica, su genealogía y su base genética por seguir con el símil.


Otros, desde la escuela austríaca, concretamente Rallo (sobre el que he escrito una entrada específica que he decidido posponer para que aparezca a continuación de ésta), no pueden sino ofrecer una Utopía Alternativa ("Es hora de sustituir a Keynes, Friedman, Lucas o Minsky por Hayek, Palyi, Mises o Fekete" -sic- bajo el cargo de "responsabilidad intelectual"), es decir, un Estado (un conjunto de leyes, medidas, prohibiciones, etc.) sólo que más adecuado ("no más sino mejor" -sic-) para... que todo siga siendo lo que es... apriorística e ideológicamente asumido, algo, de nuevo, típicamente intelectual. (¡Muchas de las frases de gurú que se emplean en su prolífica obra panfletaria acerca de la crisis -no puedo encontrar un adjetivo más adecuado- rozan el tipo de convocatoria propia de un llamamiento aux armes citoyens... que por otra parte sería la única manera de establecer ese Estado o esa Utopía -de ser una opción algo más que imaginaria hoy día-! Y todas están plagadas de acusaciones de inmoralidad o incapacidad... que obviamente serían subsanables en el Nouveau Regime... que alguna suerte de educación forzosa y ciudadana so pena de ni siquiera intentarlo y quedarse esperándolo del cielo o del azar.)


En cualquier caso, se trata para mí de pregones en el desierto. Y ello porque la realidad determinante sigue siendo ignorada o soslayada (sen el mejor de los casos se observa la burocratización parcialmente pero se confía en contenerla) pero su particularidad hace que no se pueda cambiar ni un poco sin reproducirla (aumentando, recreando o sumándose a las estructuras burocráticas en crecimiento -y apurando la marcha hacia el colapso en todo caso- que no pueden ir en otra direccción del mismo modo que una higuera no puede dar peras ni con la ayuda de Dios ni con la del Diablo).


En este sentido, permítaseme decir que el triunfo de la propuesta Bush en el Congreso americano, no será sino un paso más en la escalada de poder de la burocracia como clase social (y perdón por el término que uso de modo eufemístico), un paso que demuestra la irreversibilidad del fenómeno que crece como la levadura con cada crisis... bien justificada. Un paso, por cierto y en definitiva, que bien podríamos considerar como el intento de fundar un "capitalismo sin capitalistas" pero que funcione, un "capitalismo de expertos" o "de sabios", donde en realidad se reduciría a los propietarios del capital a su mínima expresión (las PYMES, por ejemplo, a las que se ofrece, insita y, no sólo las circunstancias sino la legislación burocrática insta cada vez más a utilizar) o se los marginaría (¿como se marginó hasta hoy mismo a la nobleza después de hacer rodar ciertas cabezas?) y en cualquier caso se los tendría controlados y supervisados. Mientras en las grandes empresas, públicas, privadas o mixtas, nacionales o internacionales, unos y otros burócratas se sucederían en una imparable lucha por el poder que conduce precisamente al caos. El Capitalismo en sus formas más avanzadas sería así un espacio libre para púgiles salvajes que no podrían jamás de los jamases poner en primer plano otra cosa que su mezquino interés "hipercapitalista" (por si interesa: encontré más datos curiosos e interesantes sobre este asunto y otros asociados ver aquí).


¿No se ven los puntos en común que subyacen a TODAS las corrientes que defienden "el capitalismo" más o menos esperanzadas, más o menos resignadas, más o menos engañosamente? ¿No se ve que las declaraciones de todos los burócratas de la política, el periodismo, la cultura y... la empresa -como los representantes de la CEOE- encajan con ese proceso que sigue viento en popa?


Y, lo especialmente interesante que resulta ver la idiosincrasia de los intelectuales encaramados a la ladera que sube hacia el poder, hoy ocupado por esos seudointelectuales que he comparado con el griego Eutifrón y al que los intelectuales más dignos de ese nombre (mñas "libres" o "independientes") ofrecen sus servicios del mismo modo que Platón al rey de Siracusa, en un contexto sin embargo de más posibilidades aparentes de ocupar ellos mismos alguna vez el trono, pero con el mismo riesgo de entonces de acabar esclavos...


-2- Para muestra...


Mill: "Siempre y cuando, claro está, que la sociedad en general no se encuentre en un estado tal de atraso que no pudiera o no quisiera (?) dotarse por sí misma de adecuadas instituciones educativas, y sea el Gobierno y sea el Gobierno el que se vea obligado a asumir tales funciones. Sólo en ese caso un Gobierno podría, como el menor de dos grandes males encargarse de la gestión de las escuelas y universidades, al igual que puede suplir a una sociedad anónima cuando no existan en un país empresas privadas adecuadas para acometer grandes proyectos industriales." ("Sobre la libertad", "Capítulo V - Aplicaciones", Editorial Edaf, Madrid, 2004, pág. 233; signos y negrita míos, CS)


Hayek: "...debe existir un poder que pueda prohibir (...) estar en condiciones de decir 'no'... (...) un poder político superior que pueda mantener a raya los intereses económicos..." ("Camino de servidumbre", Alianza Editorial, Madrid, 2007, pág. 278) algo que Hayek propone lleno de ese espíritu imaginario tan propio de los intelectuales partiendo del reconocimiento como irreversible tanto del fenómeno de la monopolización (concentración económica) al que desearía limitar o suprimir (pág. 242-244) como de "que los Estados individuales se convierten, cada vez más, en unidades de administración económica..." (ibíd.) ¡Y se consideraba una persona práctica, enfrentada incluso a los "peligrosos idealistas" (pág. 273)!


Ambos se veían en un serio aprieto a la hora de hallar una manera efectiva de detener el proceso real de complejización en marcha, tanto la burocratización en sí misma (Mill, ibíd,., pág.242 en adelante entre otras) o la concentración -o conglomeración- multinacional (Hayek, ibíd, págs- 237 en adelante).


-3- véase Wolf Lepenies, "¿Qué es un intelectual europeo?" (Galaxia Gutemberg)


-4- En su Especulación en petróleo (y comentarios), Kantor apunta al rol decisivo del especulador en la existencia gloriosa del capitalismo, aunque no carga todas las tintas ni menos en la buena dirección del análisis (¡sí, qué remedio: yo también lo trato como a un intelectual competidor que desde mi propio compromiso considero... equivocado!) poniéndose al borde mismo de su retorno a las filas del marxismo de las que entiendo que abjurara en su día aunque sin ir al fondo en su crítica, lo que no se consigue sin asumir en primer término un profundo compromiso antiburocrático y reconocer que los intelectuales son el germen inevitable del burócrata. Un gérmen que está en nosotros (como el Demon estaba en Sócrates) y que despierta una y otra vez a la vuelta de la esquina y crece o se constriñe favorecido u obstaculizado respectivamente por la marcha de las cosas. Eso sí: recomienda a "los capitalistas" (??) que acudan a un "economista" (!!), sin duda como él mismo y no como los que pone en la picota, es obvio... ¡Es lo que yo hago... aunque no se me ocurriría postularme como "representante consciente" o "vaguardia" del capitalismo. Ni, claro, tampoco del proletariado o de las fuerzas productivas...


Desde aquí me permito recomendar nuevamente a Weber y a Lefort así como a G. Konrád y a algunos enterrados más bajo la cultura burocrática de hoy en día.


-5- Los más lúcidos en uno u otro sentido, como el mismo caso de Mill mismo, Hayek o Bruno Leoni entre varios, han llegado a vislumbrar, cada uno más que el anterior con tristeza, frustración o melancolía, que "... nos enfrentamos más pronto o más tarde con el problema de un resultado final que no parece prometer otra cosa que un malestar perpetuo y una opresión general." (Bruno Leoni, "La libertad y la ley", Unión Editorial, Madrid, 1995, pág- 32), un problema que el mismo autor califica de ultramaquiavélico (ibíd., pág. 27) y contra el que clama y advierte sin demasiado más que un espiritu que cada vez es escuchado menos y peor y que en todo caso se valora como las piezas de mueseo provenientes del pasado histórico, merecedoras de una sala contigua a la destinada a Montesquieu, Condorcet o Tocqueville, e incluso al joven y justiciero Marx.


Y ahí están las declaraciones de algunos eruditos más, hombres aún de Las Luces que siguen sonando tan bien a los oídos, que nos hacen soñar con una humanidad hermosa a su imagen y semejanza, que nos embriagan porque vienen mojadas como el pan en vino de izquierdas...


viernes, 19 de septiembre de 2008

¿"Fin del capitalismo"? De lo que se opina, de lo que se promete, de lo que se espera.

Héctor (entre los diversos e innumerables ciberpensadores que con tanta inutilidad y vanidad dejamos nuestros diagnósticos o nuestras esperanzas míticas en este ruidoso espacio virtual que tan poco sirve a la revisión de lo que cada uno pensaba por anticipado) se hace eco en uno de sus últimos posts, fechado 18-9-2008, de la situación económica que, como era inevitable, afecta o afectará no sólo a los bolsillos de muchos y a la psique del común sino también a esa facultad de los intelectuales que está en la base del pensamiento especulativo, una facultad ciertamente irrefrenable. El post contiene suficiente material y un número muy aceptable de apuntes de navegación que se pueden seguir para llegar hasta muchas de las más representativas manifestaciones de la mencionada facultad del intelecto. Y Héctor es un admirable contertulio de este minúsculo y no influyente espacio mío. Sirva pues esto para dejar claro que no pretendo principalmente meterme con mi amigo, lo que sé además que no le preocupa nada.

Entrando ya en materia, el post pivota o halla justificación en las declaraciones editoriales de un personaje (en la foto coincidiendo públicamente con su jefe en aspectos de táctica y estrategia como haría cualquier responsable de uno de los campos de batalla... es decir, no como un periodista imparcial, desde luego) de los tantos que inescrupulosamente trabajan para cubrir, legitimar y extender a las masas adeptas como mínimo el método que practica ZP para conservar el poder y que le sirvió tan bien para conquistarlo, primero en el PSOE y enseguida en la sociedad; a saber, el jefe de informativos de la Cuatro Don Ignacio Gabilondo, sin duda uno de los tantos "predicadores estrella", como bien lo califica Héctor, al servicio de la mencionada causa. Ese método que parece casi inventado y normalizado por el propio líder y que cada vez es más utilizado allí donde cualquiera que se considere "progresista" necesite defender el mondo y lirondo status quo. Un método que tiene por objeto principalmente desconcertar por la vía de aplicar una verborrea grandilocuente y mentirosa, difamadora o tergiversadora hacia toda oposición y crítica (valga para ello esta reciente muestra, o esta otra más antigua entre las mil y una pasadas) sin que se apele (¿por ahora?) a la represión directa y explícita donde el propio gobierno o el PSOE apareciera involucrado... aunque sí se permita que se lleve a cabo espontáneamente o por terceros, como ya se ha visto en muchas ocasiones e incluso se la justifique (¡y cómo desde un principio y todavía!), y, mediante la correspondiente exageración y caricaturización, presentar el estado de cosas actual, del día me refiero, como inmejorable o al menos preferible.

Ahora bien, siendo todo esto una evidencia (quizás algo más difícil de poner al desnudo a través de las declaraciones de Gabilondo) Héctor comete el error de tomar demasiado literalmente las palabras del susodicho mercenario de la información, intentando aclararnos que las habría utilizado mal. Así, corrige a Gabilondo señalándole que el liberalismo que éste menciona no puede ser el que esté a punto de derrumbarse como el muro de Berlín sino en todo caso el capitalismo (1).

Héctor corrige, pues, a Gabilondo como si hubiese hablado incorrectamente, no viendo la verdadera intención (estratégica) que se esconde tras las ambiguas maneras incorrectas de hablar y de escribir, cada vez más habituales y frecuentes, de que hacen gala casi todos los periodistas, políticos y hasta muchos científicos de nuestro país, intención que va más allá de la ignorancia y es motivada por el sueldo y las simpatías ideológicas y políticas. A mi juicio, es éste el aspecto más importante de la mayoría de las incorrecciones que se debería destacar: lo que pretenden al hablar mal o, en otros términos, lo que quieren realmente decir en su seudolenguaje o jerga. Y lo que, a mi criterio, deberíamos hacer los que pretendemos criticar al poder y que se deriva directamente de... leer bien, para decirlo en los lúcidos términos empleados por Leo Strauss en relación a los clásicos, es decir, de lo que el otro quiso decir en realidad.

Lo que ya debería estar suficientemente claro (y me consta que Héctor coincidirá conmigo) es que todas las declaraciones de personajes como el aludido no se pueden considerar ni honestas ni conceptuales, sino como construidas ex profeso con un fin ideológico-propagandístico y estratégico-educativo. Es desde esta óptica como deben merecer consideración crítica por parte de personas que como Héctor o como yo mismo se sienten empujados a dilucidar lo que está detrás de aquellas. Lo que debemos evitar (y en todo caso sería muy interesante ver si algo -lastres ideológicos, herencias culturales, intereses, compromisos apriorísticos, etc.- lo obstaculiza) sería no tomar por riguroso un asunto que sólo pretende ser significativo cuando lo que en realidad se está haciendo es tergiversar el objeto con el fin consciente o inconsciente de... colaborar con el desconcierto.

El problema es por lo tanto doble; doble por el hecho de presentar dos caras. Por una parte, Héctor estaría cometiendo el error de considerar esas declaraciones como serias, de asignarles un contenido que se presupone conceptual, honesto, sincero, riguroso, aceptando que el periodista Gabilondo es veraz, que con su declaración Gabilondo pretende dar verdaderamente una opinión sincera de su manera de pensar, siendo que por el contrario eso, un cuerpo de pensamiento digno de ese nombre, ni siquiera parcialmente existe. Debería ser obvio con lo que está cayendo, y sin embargo... Debería deducirse sin más de la conciencia que tenemos de que Gabilondo no es más que uno de los tantos mercenarios periodísticos al servicio del poder actual (que son los que se llevan la palma comparativa, aunque se encuentren en otras trincheras en alguna medida o lo hayan estado también en otras épocas). Uno de esos mercenarios de la información especialmente consustanciado con el vaciamiento del lenguaje propio de sus actuales jefes y por ellos promovido, propios de la estrategia postmoderna a ultranza en la que los mismos están embarcados en nombre del Poder en sí así como del uso irresponsable (más bien malintencionado) de las palabras y de los conceptos con el explícito objetivo de desconcertar (para lo cual basta apelar a la idea popularizada y elemental de la palabra que se utiliza en el discurso). Alguien así, con sus discursos al completo, no puede ser tomado en serio (considerado riguroso) y ser leído como se leería a un escritor honesto y comprometido con unas determinadas ideas mínimamente coherentes y fundamentadas (racional, empírica, lógica o metodológicamente, es decir, bajo la solidez de un mínimo de reglas de la verosimilitud y de la honestidad) vinculados incluso a unos intereses sociales efectivos y no puramente político-burocráticos (aunque estos sean precisamente los asociados a la burocracia moderna y los que explicarían la ambigüedad propia del conjunto de contradicciones sucesivas y mentiras sistemáticas de validez aparente pero sólo momentánea que conforman esos discursos de la burocracia institucional, política pero también cultural). ¡No en absoluto! ¡No so pena de gastar pólvora en matar alimañas y, sobre todo, de caer en lo que el otro justamente pretendía: entretener, desviar la atención, confundir, enredar... en breve, caer en hacerle el juego, en complementar la jugada y la estrategia del opresor real que marcha sin pausa hacia el Poder absoluto (le permitan llegar o no las circunstancias).

¡En absoluto! Porque cuando Gabilondo dice "capitalismo" y dice "fin"... ni habla de capitalismo ni de fin ni de nada... que no le sirva de manera inmediatista al Poder al que sirve. ¿Y qué le sirve? Pues ni más ni menos que apuntalar el carácter mesiánico de la posición gubernamental o, mejor dicho, de darle ese carácter tomándolo de entre los mil disfraces del atrezo de la Historia Política. Más en concreto: representar el papel de una izquierda que ha superado errores (¿los del marxismo a pesar de que se siga entonando La Internacional en los Congresos?) y que sería la única capacitada para salvará a la humanidad, y en particular o por ahora sólo a España bajo la dirección del líder que ya lo habría dicho todo, cuyo pensamiento ya habría sido refrendado inclusive por los capitalistas rojos de la CEOE... ¡y hasta por Bush! Una izquierda que (a) se opone a un capitalismo de maqueta sui generis que no llega sino a sugerir (un capitalismo supervisado, parcialmente subvencionado, parcialmente de Estado, ciertamente burocratizado, y cubierto por una cortina de humo o un velo muy propio que ocultaría todas sus miserias dolorosas...); que (b) promete -en falso- un paraíso futuro no-capitalista sinónimo de lo que deberíamos suponer el sueño esotérico de ZP en donde lo principal es la confianza, la fe, el buen rollito, la mentira piadosa, la separación de los leprosos afectados de crisis además de los capitalistas enemigos del resto de los patriotas más o menos bien subvencionados, abrigados bajo el ala del Poder o lisa y llanamente hipnotizados hasta que escampe... la presente y luego la próxima situación difícil; y que, por último y por decirlo lo más gráficamente posible, (c) ponga en primerísimo plano el mantenimiento de lo que bajo el nombre desconcertante de democracia social (ya conquistada por cierto aunque sólo se reduzca a dos o tres "derechos" agitados como si se tratara de revoluciones en sí mismos), sería cada vez menos democracia formal y más república bananera.

No es pues que Gabilondo llame "liberalismo" al capitalismo por equivocación, sino que quiere que su público asocie a ese término al capitalismo supuestamente no intervencionista (porque no existe desde hace tiempo y no es que ahora se derrumbe...) personificado por lo visto hasta hace poco por la economía americana y en particular por la liderada por Bush, o, en la medida en que los hechos se precipitan, abandonada por él, los americanos y los demás capitalistas del "mundo libre" del mismo modo que los rusos o los chinos habrían abandonado el comunismo tras "la caída del muro en 1989"; es decir, un capitalismo sui generis que por supuesto, repito, no es descrito sino mediante eufemismos superficiales y confusos.

Es así como pretende dar un carácter ampuloso, casi revolucionario, a su diagnóstico; presentando un mundo por venir "más allá del túnel" en el que se encontrarían no sólo los trabajadores y los miembros de las clases medias que sobrevivirían al paro y la angustia sino incluso los propios empresarios que habrían descubierto el nuevo y único capitalismo posible y viable... que no es sino el de hace ya bastante tiempo aunque cada vez se avance un poco más (ver esto, esto y esto entre otras cosas para tener una más amplia idea de lo que quiero decir).

El "fin" pues al que se refiere Gabilondo, no es el del capitalismo en general y precisamente por eso le pone otro nombre, aunque no a falta de uno mejor y no porque sea inculto -que sin duda lo es en el sentido clásico del término-, sino porque ese nombre le sirve como pocos para cumplir a fondo con el papel para el que está contratado: desconcertar, confundir, inculcar lo necesario y suficiente como para que las masas que lo escuchan tengan un digesto para la discusión callejera y del hogar donde hoy por hoy se libra la lucha política (frente al televisor, por ejemplo) y... tejan nuevas y muy fiables esperanzas en el futuro, aceptando un capitalismo renombrado o innombrado donde todos, obreros y patronos, tengan un lugar a la sombra del poder. Un capitalismo que podría equipararse al modelo de la China del Partido Único y los capitalistas rojos en él admitidos, el de la Indonesia Islámica en la que un baquero no puede ejercer su puesto si no es un seguidor explícito y practicante de las enseñanzas del Corán, o el del socialismo venezolano supervisado por Chávez, etc. En breve, no sólo una sociedad burocrática vertical con apariencias de legalidad democrática (cada vez más aparente) sino la que como nadie en España representa y ha alcanzado a representar ZP (2)

Esto, creo, es lo que creo que deberíamos poner al descubierto. En todo caso, porque se ve a simple vista... salvo que otras gafas ideológicas lo dificulten.

En cuanto a la realidad pura y dura... bueno, que sigan erigiendo utopías salvadoras quienes no pueden sino responder a su idiosincrasia social más simple. Y confundiéndose hasta el límite de la frustración o el pragmatismo claudicante. Porque... ¿quiénes deberían leer esos libros (cita que tomo a cuento al estar presente en el post que comento junto a otras que también lo han motivado y que asimismo merecen una visita crítica) para poner en práctica unos dogmas supuestamente salvadores que se esgrimen en contra de otros de equivalente naturaleza? Sin duda... unos políticos totalitarios (es decir, los mentados burócratas de mis pesadillas) que, como Rousseau, estén dispuestos a imponerle al pueblo... la libertad en el caso en que persistieran en rechazarla. Porque... ¿qué significa sino claudicar intelectualmente sino rebajar la crítica en nombre del realismo y manifestar una y otra vez la impotencia ante la complejidad creciente que no será nunca controlable o redirigible hacia nada intelectualmente óptimo... es decir... utópico?

Lo que está claro es que el capitalismo (hoy inevitablemente burocrático en grados diversos pero progresivos y apenas un poco menos, formalmente en todo caso menos, absolutista como en épocas pasadas) camina hacia el colapso (esté o no precisamente más allá de esta crisis o de cualquiera de las siguientes, se manifieste global o regionalmente, sea o no violento o apocalíptico, surja tormentoso o se presente larvado). Es una perspectiva de su dinámica interna en la cual desde un principio surgió la necesidad burocrática (puede verse Weber y puede verse Lefort como referencias y algún que otro hecho de la realidad que lo pone en evidencia), lo que mucho más ciertamente que la tendencia a la superproducción (en un sentido más complejo pero evidente tras y a instancias de un consumo que podría llamarse y se suele llamar irracional compensable al mismo tiempo a futuros mediante la creciente expansión del crédito que ha llegado tan lejos... y tan críticamente) parece buena y suficiente manifestación de esa tendencia al colapso. Una tendencia propia, al menos según señala una teoría que parece consolidarse progresivamente, de la complejización creciente, inevitablemente creciente, que todo sistema experimentaría, que experimentaría el Universo entero por lo que podemos ver dentro de nuestro ámbito de observación. Una tendencia que se agrava por momentos con la propia llamada a más burocratización, es decir, a... más interventores en lucha por intervenir... y sólo para ganar posiciones de poder.

Y lo cierto es también que todos los intelectules estaban convencidos de que marchábamos por un sendero pacífico y muy poco accidentado... hasta que entramos abruptamente en el camino de baches y gravilla cada vez más estrecho... (Es probable que esta crisis reconduzca al neomarxismo a algunos desertores que se habían pasado al liberalismo de izquierdas). Y de repente afloran las razones que, más allá de la indudable persistencia y la capacidad regeneradora del capitalismo que lo asemeja tanto a un ave fénix (aunque se trate más de enfermedad que no de muerte), quede claro que ello no lo salva de contener algo más que deficiencias subsanables sino más bien deformaciones crónicas inextirpables. ¡Y no digamos superables con recetas intelectuales, ya sean positivistas y racionalistas como irracionalistas y empiristas; en fin: socialdemócratas, liberales, anarquistas o marxistas...!

Es obvio, por si no se nota todo lo necesario, que no ofrezco la más mínima salida ni la menor sugerencia. Pienso, por si no quedara claro (estoy un poco harto de que se me malinterprete y bastante más que que se me ignore), que la salida será hallada más o menos artificialmente y más o menos históricamente, bastante simbólica y míticamente, como ha sido siempre, por la propia sociedad humana en su conjunto, sea a través de unas u otras hegemonías triunfantes más o menos bélicas y más o menos diplomáticas; si es que... no pasen cosas propias de la ciencia ficción que me reservo para mis experimentos literarios. Como mucho, sólo ofrezco un análisis tentativo de las fuerzas en presencia tales como modestamente las aprecio en escena. Creo que se trata en todo caso de un cuadro muy complejo como para andar con sugerencias salvadoras... por cierto peligrosamente utópicas. Un cuadro que, de todos modos, ¡vaya ruido especulativo típicamente intelectual de todos los colores que produce! Y esto mientras el pueblo (incluidos los propios intelectuales en su papel de simples ciudadanos marginados del poder) espera de los nuevos dioses (y de sus sacerdotes intermediarios) que el rayo no caiga sobre sus cabezas concretas sino sobre las de algún otro. Creyente del primer mito que emerja victorioso y les permita considerarse libres de la venganza del cielo y por el contrario volverse especialmente bienaventurados.

Como acaba su post Héctor:

"...en nuestro deambular por la historia rara vez se encontró el inalcanzable paraíso mientras que el infierno, por contra, aguardó detrás de cada esquina."

...pero, que la tendencia sea, más que "posiblemente" incluso, la de cometer la mencionada falacia Nirvana, no significa que no podamos y no debamos estar de otro modo, del modo mencionado, entre "... quienes critican el modelo económico que nos ha llevado a esta crisis" ni que dejemos de criticar igualmente a quienes a fin de cuentas le hacen el juego al pragmatismo claudicante o las utopías potencialmente totalitarias.



(1) Una addenda obligada: no sabía (y Héctor por lo visto tampoco) que la metáfora de los "muros" no era de Gabilondo (¡le dimos ambos demasiada capacidad poética al mandado!) sino de todo un premio Nobel de economía y asesor de Obama (¡buen ejemplo de lo que significa ciencia, especialistas y burocracia cultural, claro!), el Dr. Joseph Stiglitz evidentemente uno de los muchos combatientes por el poder detrás del trono que emergen en el actual panorama favorable para ello de la crisis.

(2) De paso: ¿no explicaría también esto ¿Por qué no vivimos en una dictadura militar? en tanto, al menos por ahora, no se muestra como la vía regia para que ese grupo especial de la burocracia conquiste un lugarcito en el Poder teniendo como ahora tiene tantas opciones no en contra sino junto a los políticos -como las que representaba inicialmente la OTAN pero que ya ofrecen cada vez más instituciones supranacionales-? Y no se ve esto mismo entre los miembros de las congregaciones religiosas, como los obispos y hasta los imanes según la zona del planeta? Hoy los miltares participan en el Poder de otra manera, y no sólo en América Latina -Bolivia, Venezuela, Cuba... pero también Colombia, Argentina, Chile...- sino en países como Pakistán y los nuevos Irán y Afganistán además de India, Rusia, China... y hasta casi toda Africa... Incluso, ya puestos... ¿no explica esto las buenas migas de ZP con el Rey que juntos se ven más populistas que nunca, así como la reconciliación con Chávez que en el fondo no superó nada de fondo que no estuviera superado antes?

jueves, 11 de septiembre de 2008

Mientras sigo rumiando borradores...



...un poco de...


Ruido de fondo

Debo ser pesimista:

Mire allá dónde mire,
descubro flores del mal,
animales del miedo,
sujetos del deseo,
cautivos del interés.


Pesimista, sin duda...

por ver las dobles caras
de los sueños oscuros,
por no dar esperanzas
en nuevos paraísos
por los que se han perdido.

Pesimista, si acaso,

por ver a duras penas
inercia contra inercia
como la única fuerza,
y sentir que se escucha
sólo el ruido de fondo.


Madrid, 11/9/2008


--- y por qué no, también una breve anotación:

Hace no demasiado le comenté a un amigo (no recuerdo dónde ni con qué palabras) que la poesía no era lo mío y que yo prefería, con Sciascia, la prosa. Lo reitero: ésta, al igual que alguna más que dejé que se perdiera en el olvido de algún cajón lejano de cierta melancolía difusa fueron pura casualidad intempestiva que luego no pude evitar trabajar un poco en cuanto a forma, intentando mejores palabras que las primeras en algún que otro caso, lograr en lo posible mantener la sonoridad y alguna métrica que no la destruyera, tal y como tiendo a hacer incluso con la prosa. Dhavar, el amigo al que me refiero, me perdonará o me absolverá entre otros por una cosa o por otra.

jueves, 28 de agosto de 2008

Incultura, asesoramiento deficiente, idiosincrasia... o todo a la vez

Leyendo "¿Qué es un intelectual europeo?" de Wolf Lepenies con el objeto de confrontar y refutar o reafirmar algunas de mis hipótesis acerca de la "sociología del intelectual" y del burócrata que particularmente me desvela, me topé con un dato histórico de esos que uno acaba por olvidar o desconocer con el tiempo gracias a la eficacia con los que suelen ser barridos bajo la alfombra por esas "buenas conciencias" que generalmente se ponen al servicio de la conciliación y la esperanza.

Sin embargo, muy a pesar de ellas, las tumbas de la Historia no dejan de abrirse de tanto en tanto, dejando que sus espíritus pestilentes, envueltos en sus sudarios sucios, vuelvan a coquetear o a pretenderlo ante los espejos de la repetición como si no hubiesen envejecido ni mucho menos muerto, y como si el maquillaje, tan caro siempre a las viejas harpías y a los dandis caducos y melancólicos, pudiera servir para que todo parecido con el zombie no signifique nada o como si las bromas carnavalescas "de esta vida mentirosa", habitualmente de mal gusto, fuesen sustitutas de la significación.

Por ende, creo que es importante arrancar el disfraz de cada esperpento de ultratumba de esos que danzan como si sólo pretendieran entretener y fueran inocentes y bienintencionados. Y más en estos tiempos en que, a pesar de la insistencia por parte del público más interesado de que "estamos metidos en una crisis económica" (vox populis... y popular voz, que deja de lado lo propiamente político en aras de una estrategia peligrosa)... aunque "no para todos" ya que "hay mucha gente que no va a tener ninguna dificultad" (Rodríguez Zapatero dixit), y del silencio en que de hecho van siendo marginados esos nuevos leprosos que ya han sufrido su efecto y que al parecer simplemente se separan de la "sociedad del bienestar" (silencio al que contribuyen no sólo los sindicatos del régimen sino la propia conciencia desconcertada de las víctimas), tiempos en donde más se aprecia "esa vida mentirosa" que canta "himnos a la alegría" para "Defender... la" y acusa a la oposición de... sabotearla (¡sí, me refiero a la alegría; bueno... y, según exagera adrede ZP, a su régimen!) con su tristeza (otra mascarada, obviamente, todo sea dicho, porque de intelectual melancólico Rajoy no tiene más que un residuo en extinción), la cual fue tildada por ZP ni más ni menos que de antipatriótica (para decirlo como se debe decir y no como lo dijo él) continuando la comedia.

Así, es en estos tiempos, justamente, cuando más nos impacta encontrarnos, tras el maquillaje y el olvido, con antiguas propuestas que, mal que les pese o les repugne a muchos, son del mismo estilo y pretenden en lo fundamental lo mismo. He aquí el himno de indudable factura mediocre que ofrezco aquí como residuo antropológico...








... Y he aquí (la cita es de Lepenies, op. cit., pág. 83) lo que publicitaba Goebels en su glorioso 3er. Reich:

"Kraft durch Freude" ("La alegría nos da fuerza")

¿Cómo no asociar una receta a las similares aplicadas antes? ¿Cómo no recuperar las comparación ya establecidas por Sebreli, Hayek, Straus, Lefort, Lepenies y tantos otros intelectuales de variado signo ideológico al poner uno junto al otro el video de ZP y la frase de Goebels? ¿Ha sido acaso una torticera asociación involuntaria o más bien una automática reacción del intelecto?

En la misma obra (pág. 33), Lepenies menciona que tales consignas y tales mensajes eran comunes a personajes como Stalin e Hitler y a sus regímenes totalitarios. ¿Es que son todos una misma cosa y en tal caso qué? Desde ya que no son todos fascistas, lo que digo por lo políticamente incorrecto que esto pudiera ser. Pero sí que tienen muchísimo en común, y Lepenies lo señala con toda rotundidad: todos ellos tienen en común su carácter utópico. Son casos entre muchos de las Utopías que los intelectuales suelen ofrecer como solución para el mundo, como su salvación. Esos líderes totalitarios (y otros que cuanto menos tienden a serlo, lo consigan o no) señalaban (impositivamente) el camino de la realización patriótica de su sociedad a sus nacionales (leprosos obviamente no incluidos). Quizás lo objetable a Lepenies es que solape a los intelectuales soñadores con sus caricaturas realmente efectivas, es decir, a los intelectuales que "marchaban o marchan hacia el poder" o lo pretendían (algo ya presente en Platón) con los Eutifrones que lo tomaron realmente. Con todo, Lepenies apunta donde duele, y yo concuerdo con él en ese aspecto: sin duda esa felicidad, optimismo, alegría impositivos son un rasgo distintivo o inseparable de toda Utopía, de derecha o de izquierda, lo que demuestra adicionalmente que, en cierto modo (y cada vez menos), no existe en el fondo ni la una ni la otra sino esa auténtica "marcha de los intelectuales al poder" a la que me he referido. Insisto, si cabe: no se trata de suponer que estamos gobernados por fascistas ni mucho menos (¡faltaba más!) sino simplemente por... utopistas que a la manera de un Platón (sin duda muy depreciado o tal vez simplemente... mal imitado, plagiado y utilizado como mero disfraz y con alevosía; es decir, a la manera de su alter ego Eutifrón) quieren imponernos una especie de República de Sabios (¿no han sido varias veces convocados, reunidos y consultados de entre lo más selecto de la mediocridad acorde?), quizá sin duda más próxima a la histórica República Social de Musolini (¡oh, esto debe ser pura coincidencia!) y cada vez más similar a la descrita por Orwell en "1984" (un ejemplo al que también apela Lepenies yendo así casi tan lejos como yo) y que parece inscrita en todas y cada una de las Utopías soñadas por los intelectuales desde el propio Sócrates/Platón en adelante pasando por Moro, Burton, Campanella, Byron, Rousseau... hasta que... lograron implantarla los sucesores reales de esos intelectuales deseosos de Poder a la vez que impotentes para organizarse bajo la férrea disciplina necesaria, como la del centralismo democrático de un Robespierre o de un Lenin, ejemplos heroicos de los muy pragmáticos, oportunistas y maquiavélicos burócratas modernos, cada vez más mediocres intelectualmente o cada vez más traidores a la intelectualidad (2), como los que hoy nos gobiernan con su larga y cada vez más larga cohorte de recopiladores, divulgadores, y propagandistas de la cultura y la... alegría.

En fin... según Wolf Lepenies, hay otros intelectuales que pertenecerían a "la especie que se queja" (ibíd., pág. 83). En fin, será que no habré podido, a mi turno, sino responder a la idiosincrasia de este grupo, hacer gala de cultura a mi manera y actuar sin ningún tipo de asesoramiento (es decir... peligrosamente), además de ser consciente de mi propia impotencia.

Notas:

(1) Sin duda se trata de una de mis peores pesadillas, mínimamente consciente en mí desde hace (lo digo en honor a la verdad y a mi propia vanagloria) 1976 (lo que se haya documentado mediante la reseña que escribí en 1978 para la revista Negaciones, en torno al libro de mi entonces compatriota Juan José Sebreli, "Tercer mundo, mito burgués" (que curiosamente no aparece mencionado en bibliografía alguna, ¡ni siquiera, hasta dónde yo he podido ver, por el propio autor!), y en un artículo sobre el nacionalismo, escrito para la misma revista, donde me permití abundar en el tema, aunque todavía con mucho lastre utopista.

(2) Lepenies señala esa dificultad para la traición a sí mismo por parte del intelectual como "sacrificium intellectus" (ibíd., pág. 29), algo que en los hechos sólo ha sido la otra cara de la impotencia práctica y que cada vez que La Polis lo ha permitido y exigido se ha podido... superar (o como se dice desde siempre: "hacer de tripas corazón").

lunes, 25 de agosto de 2008

Frustración, melancolía, pragmatismo, claudicación (a modo de segunda entrega acerca de "La crisis de nuestro tiempo")

Salvo posibles sectas grupusculares sobre las que no vale la pena ni siquiera documentarse, apenas pintorescas y poco menos que en estado vegetativo, las corrientes "revolucionarias de izquierda" o, más correctamente, las corrientes partidarias a ultranza del redistribucionismo (evidentemente desde arriba, o sea, desde el poder político y, más explícitamente: redistribucionismo de riqueza pero sobre todo de participación, privilegios y patrimonio público; que de eso se trata) han desaparecido prácticamente del mapa político e ideológico barridas por la hipocresía de sus experimentos globales. La caída del muro definió su ostracismo sólo combatible psicológicamente mediante furibundas acusaciones de... "¡Traición!", algo que estos escasos supervivientes se deben (lo supongo) prometer... evitar. ¡Se trata de "los últimos mohicanos", de los guardianes del espíritu, de los auténticos... de los auténticos! Muchos se frustrarán, sin duda, como sus antecesores, pero algunos quedarán incólumes hasta que llegue el día y otros... se sumarán a la "izquierda" real, esa de la realpolitik que tanto han denostado por principios, esa que ya sólo y como mucho les ofrece un cobijo espiritual mientras que materialmente los desprecia, obviamente por ingenuos o por locos.

En todo caso, en sus pequeños templos, se dedican hoy a rumiar su melancolía, su "queremos tanto a Glenda" (1), es decir... su "queremos tanto a la "Revolución", esperando del cielo una señal de que el estado de cosas muestra ya las esperadas fisuras telúricas y catastróficas (esperadas, claro, a tenor de los oráculos): grandes huelgas si no "generales" e "históricas", manifestaciones callejeras masivas y ¿armadas?, asambleas populares decisorias del estilo de La Comuna o LosSoviets, tomas de fábricas, fincas o, al menos, de universidades... E interpretando (¡oh, sí, cómo no seguir interpretando!) que incendios periféricos como los de París o los de la violencia okupa o antiglobalisación ponen de manifiesto, a falta de más, "el fin próximo de capitalismo" y en todo caso "sus decrépitas contradicciones internas" (¿no están estas dentro de cada cosa material según las Recetas Magistrales de Los Maestros?)

Sin duda, también se encuentran, aquí y allá, como "izquierda" aunque esta vez en el sentido de "corriente contestataria" o "crítica" respecto del Poder (¿dicho sea de paso, por qué los ancaps y los demócratas liberales no reivindican el término al igual que sus ancestros primigenios?) y de todos los poderes opresores -y por ende, como no debería entenderse de otro modo, políticos-, se encuentran también, repito, aquellos individuos que, conscientes de la impracticabilidad de toda acción consecuente rechazan de plano sumarse a cualquiera de los bandos más operativos o eficaces, influyentes aunque no en lo fundamental, ni forman ni promueven grupos selectos o de iluminados, de vanguardia, que sólo significarían a sus propios ojos y a la luz de la reciente historia, renovadas sectas melancólicas (entre esos individuos, lo admito, acepto verme incluido en cierto modo, y como tal, también en cierto modo, me reivindico: la "izquierda" sentada en una silla situada del lado izquierdo de un parlamento global imaginario (¡no, claro, del parlamento institucional que legitima hasta lo contrario de su propio sentido formal o teórico!), de un tercer estado radical virtual.

En todo caso, hoy en día, la mayoría de los que podrían ser llamados de alguna manera "intelectuales de izquierdas" en el sentido clásico y perimido del término (me refiero a los, digamos, más honestos -o idílicos- que imaginarse puedan) han renunciado explícitamente o al menos mantienen bajo mínimos su fidelidad al marxismo tradicional (del que les queda cierto endiosamiento melancólico de un fantasmal "proletariado consciente" que nunca existió y menos en los viejos términos y a lo sumo una férrea convicción verbal por la "justicia social universal" que precisamente los lleva muchas veces a aceptar las migajas y los engañossocialdemócratas en nombre del "algo es algo" o "lo otro es peor", admitiendo en nombre de esa "mayor justicia social" el recorte progresivo o abrupto incluso de las libertades y la... ¡conveniencia sartreana de no empañar los logros con críticas no constructivas!, es decir, hacerle el juego al totalitarismo o a su sistemático avance de felino). Lo que no hacen en general o al menos según mis datos, es ir más allá del marxismo, o sea, descubrir sus falacias, sino dejarlo en pie en su forma más edulcorada y seductora, libre de radicalismos poco prácticos y mal vistos y sobre todo incómodos y poco rentables. Por lo general, se trata de personas con cierta culturilla que han optado por rondar en torno al poder burocrático paternalista establecido, simpatizando con sus líderes mesiánicos cuando no militando directamente en sus organizaciones verticales de profundo contenido pragmático y maquiavélico, pero no sólo dejándose engañar sino compartiendo las labores de mantenimiento de la mentira.

Junto a ellos, y bebiendo de las fuentes dogmáticas y doctrinarias del periodismo (ese "esclavo de papel del día" como lo calificaba despectivamenteNietzsche -2-), se dispone una masa de empleados culturizados de medio pelo que forma de manera creciente la verdadera corriente que, a grandes rasgos, podríamos llamar socialdemócrata en atención a su adehesión a esos mencionados contenidos redistribucionistas suaves, es decir, los que serían más factibles o realistas de imponer en combinación con la existencia relativa de formalidades democráticas. Estas políticas, que beneficiaría en cierto grado esa clase media (y mediocre), una nueva clase media que ha renunciado definitivamente a sustituir a los poderosos, que se ha resignado a ello a la vista de las circunstancias, aunque los siga odiando, criticando y maldiciendo, son de todas maneras... precisamente las que definen el status quo. El mundo, sin duda el primer mundo, ya ha llegado a ello y de lo que se trata es... de conservarlo y no de cambiarlo. En todo caso, de "profundizar" en él (y de sus resultados al respecto, los hechos cantan, de modo que me abstengo). Se trata en fin de una adhesión profunda a una sociedad en la que se sienten cómodos y que da más lugar que a muchas plegarias la de "virgencita, virgencita, que me quede como estoy"; lo que significa, por poner sólo un par de ejemplos: con las guerras periféricas lo más lejos posible de nuestras fronteras, con el paro golpeando la puerta del vecino y no la mía, etc.

Pero esta resignación no es sólo una simple manifestación de egoísmo posmoderno (persistente se diga lo que se diga) sino que tiene, también, un origen en la frustración que asola al intelectual medio y no sólo como producto del estrechamiento que los grados alcanzados de burocratización implican para las posibilidades de triunfo "purista" de la intelectualidad al que melancólicamente cada intelectual individual aspira, es decir, es un subproducto del estrechamiento producido en el espacio político global, un espacio cubierto o copado por las formaciones burocráticas de diversa índole, empezando por las políticas pero no sólo.

Señalaré de paso la obviedad de que esta indudable mayoría social (es ciertamente indudable) lo es fundamentalmente pero en absoluto en exclusiva en el occidente desarrollado y en todo caso ya también en los países emergentes más avanzados (al menos en sus megaurbes), mientras que en el los demás países, regiones o distritos "periféricos" (hoy distribuidos irregularmente al margen de las fronteras formales) conforman una minoría que sin embargo sustenta el poder de los gobiernos locales seudodemocráticos o directamente totalitarios (se trata de individuos del globo a los que se les facilita más o especialmente el acceso a la participación periódica en la elección de sus representantes burocráticos. Se trata por ende de un fenómeno global que explica dicho sea de paso la adhesión mayoritaria a unas formas y maneras por una parte y la aceptación de los innumerables organismos burocráticos internacionales:ONU, OTAN, UNESCO, FMI, etc., cuyas propuestas son escuchadas hasta cierto punto, y que representan espacios de supervivencia inmejorables para tantos especialistas como abundan hoy en día, técnicos, científicos, militares, políticos, traductores, arquitectos, ¿quizás también bufones?...

De ahí que, además de por muchas más consideraciones, los discursos en pro del tercer mundo hayan perdido todo contenido y operatividad "justiciera" y se hayan reducido, con y como casi todos los demás "discursos reivindicativos" que se alzan a coro, a puras mentiras desconcertantes al servicio del mantenimiento del status quo global en el que todo aquel justiciero (cooperante, médico transfronterizo, etc.) que puede acaba buscándose algún... chollito; ¡discursos que han terminado por extenderse poco a poco y cada vez más hasta la increíble y ultrareaccionaria valoración favorable de las costumbres más primitivas y crueles!

Un tercer mundo globalizado a su manera donde cada vez más nativos prefieren imitar a sus amigos blancos o mirarse directamente en el envidioso espejo de los burócratas del primer mundo, los más privilegiados, los mejor dotados de prebendas y beneficios (hasta los jeques más potentados los imitan e intentan superarlos y viceversa). Y se emplean en los servicios de ayuda abandonando toda actividad productiva (hasta que construyan en Africa el mayor parque temático del mundo a la manera del Nápoles de "De esta vida mentirosa" que provea de empleo en el mercado del ocio (¡un... o él mercado de futuro!) a miles de africanos danzarines y folclóricos para deleite de europeos y americanos "redistribucionistas" y de "buena conciencia".

Esto, todo esto, pone de manifiesto hasta qué punto ha mermado hasta su desparición el espacio político existente en cuanto a posibilidades nuevas y cómo este fenómeno histórico palpable ha calado hondo en las conciencias de los intelectuales, antes tan propensos a inclinarse, en nombre de sus pasiones y de su honda sensibilidad, a apoyar, sumarse inclusive y en todo caso promover revoluciones "populares", tanto "democrático-burguesas", o "liberales" si se prefiere, como "de izquierda", tanto del tipo leninista o maoísta como de un tipo más primaveral (como la de Praga, la de Polonia, etc.) contra el imperialismo burocrático. Así es; se acabó. Hoy reina la comodidad en el campo de "la izquierda", hoy esta es conservadora y a lo sumo profundizadora, pero nada más (3).

En este marco lo que proliferan son por una parte los grandes partidos, renovados o nuevos, que se estructuran o consolidan mediante coaliciones contradictorias y en torno de líderes carismáticos, con una ideología difusa parapetada tras cuatro o cinco frases sonoras alusivas a la "redistribución" y la "justicia social" ("Estado del bienestar" como se llama, "igualdad", etc.), especialmente dotados, eso sí, para maniobrar con la mentira y los apoyos sectoriales sustitutivos sobre la base de acuerdos y vínculos con unas u otras redes piramidales menores según las exigencias tácticas del momento. (Y esto, insisto, pasa hasta en el tercer mundo a su correspondiente escala).

En este contexto, a menos que asistamos a un furioso colapso, sólo cabrán esas soluciones socialdemócratas. En el primer mundo, por vía de la consagrada alternancia en un escenario seudodemocrático cada vez más recortado y de attrezzo a tenor y en beneficio de un aumento sin pausa de la burocratización. En el tercer mundo, mediante sustituciones golpistas más o menos legitimadas por rituales electorales sin mayores diferencias de contenido (socialfascistas en todo caso con unos u otros aliados diferenciadores) e igualmente "redistribucionistas" en el sentido antes señalado. Ambas, en una u otra región del globo, favorecedoras de esas grandes esperanzas que atesoran como únicas los nuevos intelectuales acomodados, por lo general especialistas en algo, de formar parte, aunque sea periféricamente, de la red burocrática mayor o dominante (o sea, en el seno de una u otra pirámide sectorial de no serle accesible una de las principales, esas que ejercen directamente el gobierno local o nacional; más concretamente aún, en el seno de uno u otro organismo o institución subvencionada: nacional o internacional, cultural o solidaria, etc.); una participación que los coloca... del lado de la oscuridad (de... "el lado oscuro de la fuerza") y a su servicio por unas migajas o un poco más de aire de urbanización y de chalet con terreno.

Esta burocracia menor, sin duda ha sido corrompida mediante la integración y ya no será nunca más capaz de elevar su protesta y su crítica hasta lo radical. Al globalizarse y horizontalizarse, la sociedad burocrática que no cesara de crecer desde el fin de la oscura Edad Media europea pasada, los ha llevado a través de la frustración a posiciones puramente defensivas, de intelectuales a eutifrones. La crítica que emana de sus miembros ya sólo será... "cuidadosa" y "constructiva".

No es extraño pues que esta corriente de pensamiento (ideológica) entronque con aquellas prácticas que tanto necesitan de la paz y del silencio, de la distancia máxima respecto del "mundanal ruido". Me refiero indudablemente a las ciencias, especialmente las llamadas duras entre las que ya se ha hecho un lugar la biología y la neurología no dejando prácticamente nada blando (como no sea la propia filosofía y algunas prácticas cada vez menos consideradas ciencias). Eso sí, siempre que en ellas se pueda encontrar empleo.

Claro que las ciencias de la naturaleza pueden congeniar en mayor o menor medida con otras ideas disímiles (algunas sólo en apariencia enfrentadas a ella, asunto que dejo para una inminente entrada específica), pero lo cierto es que los defensores de la ciencia, como en síntesis se consideran a sí mismos, son mayoritariamente socialdemócratas (al punto de que esta ideología se llega a imponer al mismísimo postulado de objetividad propio por definición de toda ciencia, como ya he señalado en otras varias partes, incluso muy recientemente). Pero, con la que el entronque es casi perfecto (aunque contradictorio y cada vez más hueco e incoherente) es con la corriente que estamos analizando.

Esta corriente socialdemócrata, que otrora soñara con un mundo donde las injusticias sociales fuesen las menores posibles gracias a la acción del Estado, una acción a fin de cuentas científica, resignada a regañadientes a admitir la existencia de empresas privadas y monopolios no públicos pero incapaz de renunciar a la idea de una economía pública lo más extensa y lo más planificada posible, también ha encontrado, científicamente como es obvio, precisamente en el culto "en sí" por las Ciencias y su correlato neopositivista, el auténtico bagaje argumental del que echar mano. Su laicismo en realidad no es sino una sustitución sutil por una nueva religiosidad, un nuevo... dogma. Ni más ni menos que su ideología mítica aglutinante de clase.

Así, el grado en que nos internamos en una nueva edad media (por hacer una metáfora y un guiño involuntario a Eco además de mostrar un paralelismo que nos servirá para el post siguiente) llega a ser considerable: sacerdotes socialdemócratas, o social-liberales, o social-capitalistas si se quiere, expertos planificadores de castillos de fuegos de artificio, nos llevan al colapso con cánticos cada vez más sonoros a la vez que más insignificantes y confusos.

Lo cierto es que es más que evidente y no se puede ignorar el solapamiento casi integral que se produce entre esas dos corrientes de pensamiento mayoritarias que tan bien se combinan... siempre y cuando se mantengan en la superficie de la mediocridad. La Ciencia, para ello, debe ser una simple colección de evidencias "adecuadamente interpretadas", como se pudo ver en el límite en la sociedad estalinista y en la nazi, donde La Ciencia (¿seudociencia? ¿en cuál de los casos se da por hecho, en cuál se lo matiza?) estaba sin duda en lo más alto de los estandartes que se alzaban y tras los que se desfilaba y se obligaba a desfilar (4). ¡Y ya basta con eso de: ¡ah, la nuestra es la verdadera... y, además, la más moral!

Los intelectuales de hoy son en su mayoría, como ya he dicho, fundamentalmente y cada vez más, especialistas o expertos en una u otra rama del saber (mayoritariamente técnico) más que auténticos pensadores o filósofos, lo que va sin duda de la mano con la mediocridad generalizada en el campo intelectual que se corresponde, a mi criterio, de un modo fundamental, radical, con el avance de la burocratización global que pone de manifiesto y agrava.

Ese cientificismo, precisamente, ha proliferado gracias a representar un "refugio" privilegiado para la intelectualidad (capaz de hacer compatible su reducción progresiva al rol de especialista y por tanto de miembro de la burocracia global con la adquisición simple de una ideología racionalista que les permite conservar la esperanzas en el futuro aunque reduciéndolas al ámbito de la tecnología y la comodidad que igualmente dependerían de la buena voluntad del gobernante a quien le piden siempre un poco más, como ya he tenido la oportunidad tal vez insuficientemente de poner en evidencia en la entrada antes mencionada), o sea, por razones en última instancia equivalentes. Sin duda hay por fin un paralelismo en el crecimiento de esta corrriente cientificista a la vez que la formalmente socialdemocrata con el paternalismo totalitario que prolifera, en sus modalidades más toscas y absolutas, en el tercer mundo (ya veremos si tan sólo allí), pero inclusive en paralelo con los fundamentalismos mesiánicos que alcanzan grados de beligerancia extrema, manifestaciones ideológicas estas últimas que curiosamente se acercan con las primeras mediante una suerte de alianza que contradice, sin producir aparentemente escozor alguno, muchos de los postulados formalmente supervivientes de la tradición que precedió a las primeras (tradición que permanece en el haber de las mismas como -lo debemos sin duda considerar así- meras mentiras desconcertantes). En concreto, un acercamiento de hecho y a veces sutilmente de derecho que pivota sobre la base de un rechazo hacia lo que se entiende desde la modernidad como "progreso", al que se acusa de destilar el mal cuando no directamente de serlo.

Esto nos lleva de lleno a ver este fenómeno colateral ciertamente interesante que pone en entredicho la actividad científica de muchos, pienso que de la mayoría, de sus practicantes, desdoblándolos en Dres. Jekill y Sres. Hyde (Stephen Jay Gould y sus adoradores, perdón... admiradores, son manifestación ejemplar de esta anomalía intrínseca) y que convierte a "la izquierda" en "reaccionaria" (¿rousseauniana, stalinista, maoista, campesina, bucólica...?) y permite justamente el mencionado acercamiento entre "progresistas" (¿sociales?) y "antiimperialistas" (¿económicamente hablando a pesar incluso de las enseñañnzas de Lenin?), incluso si se trata de fundamentalistas religiosos.

Se trata de la contrapartida del evidente engullimiento de la cultura por sus formalidades mínimas como parte de la sedimentación de la estructura burocrática global de la sociedad actual, proceso que marcha a la par de la mediocrización global característica de la posmodernidad que sigue siendo su marco psicológico y estético y persistiendo como tal. Una sociedad que tiende a y logra, en cierto modo y ni más ni menos o incluso más que todas las anteriores, impregnar y adaptar toda manifestación social a su punto de vista y modo particular de uso y disfrute de las cosas y... y con ellas de las gentes, es decir, de "los demás".

No hay un sólo ámbito de actividad social que no experimente la deriva de su "vieja" o "más natural" idiosincrasia hacia conductas y prácticas burocráticas. La propia iglesia debió convertirse en una institución de ese tipo, en donde no bastarían ya las formas inoperantes del feudalismo en el que se hizo fuerte sino las estructuras modernas de los estados y las organizaciones monopolistas modernas, con sus secretarías, sus consejos de administración o de ministros, sus actas, las jerarquías basadas en la especialización, la planificación, la racionalidad...

Termino esta primera parte de no sé qué parte señalando que considero que todas las ideologías que se defienden hoy en franca pugna histriónica, las unas contra las otras, tienen la misma base social y material, una base específica sociológicamente hablando que más allá de que se base en la problemática general del ser humano (el conflicto trágico por excelencia del que ya he hablado en general aunque quede mucho por decir aún), tiene en el presente unas formas históricas pertinentes que deben ser delimitadas y dilucidadas.

Esto quedará en suspenso por el momento hasta que, en una próxima entrega, desarrolle la situación paralela que representa el que sería el bando opuesto en la escena político-ideológica de hoy, un rol que ese bando reivindica y que inclusive reviste de cierto heroísmo y de coherencia formal gracias precisamente a los vaivenes y tropiezos inevitables del proceso de burocratización imparable al me he referido y me refiero con tanta insistencia. Se trata del Liberalismo, claro, que no quería abordar sin antes echar cuentas con quienes representan las posiciones hegemónicas contra las que embate, dejándose a sí misma el papel reservado a las mejores, más humanas o más sanas utopías. Es decir, al "refugio" de los sueños (5).




Notas:

(1) referencia alegórica a la novela nostálgica de Julio Cortazar.


(2) "El nacimiento de la tragedia", Alianza Editorial, Biblioteca de Autor, Madrid, pág. 171.

(3) De ahí, dicho sea al margen, que sea una simpleza asociar "progresismo" a "progreso" y más si se toma este último como idea de futuro y no de conservar el presente como sucede en realidad. Además de que es darle al "progresismo" demasiada intencionalidad de significado cuando se trata de un mero resabio para uso de la agi-prop. No, hoy "la izquierda" no quiere el progreso industrial y técnico libre tal como imperó en el siglo XIX. Se ve en la "revolución cultural" y en el proyecto de la Kampuchea democrática tanto como antes bajo el stalinismo. Y se ve a las claras con la oposición al uso de la energía nuclear y a las manipulaciones genéticas amorales. La "izquierda" defiende la ciencia y el progreso "controlados" por una moral más victoriana incluso que la de la burguesía a la que osa criticar. Para la "izquierda", y como nunca hoy en día, el progreso es sinónimo de guerra (ha renunciado a aquello de Marx de que la guerra es el motor de la historia y la principal impulsora del desarrollo de las fuerzas productivas; lo que lo hace en todo caso desear un socialismo retrógrado, tradicional, ecológico, salvaje, rousseauniano, etc.) y también, en algunos casos, de consumismo superfluo y de vanidad. Por descontado que no están en contra del estado de derecho, como dice Memetic Warrior, por estar este anclado en el pasado. Eso es demasiado simple, incluso simplificador y por ende falso: el estado de derecho siempre se opuso con su racionalidad igualitaria a los criterios de igualitarismo social que necesita violar las leyes políticas para conseguir la redistribución (este es el quid y no hace falta paralelismos eufemísticos impostados que la realidad desdice). Por otra parte, nada como el capitalismo es capaz de apostar por el progreso y por el futuro (incluso en los marcos de la burocracia absoluta hasta donde se vio positivo para salir del atolladero: NEP leninista, "¡Enriqueseos!" bujarinista, mercado negro de hecho y consentido, corrupción, comercio internacional bajo las leyes del mercado, carrera espacial, expoliación y cautividad de mercados periféricos, Capitalismo Rojo de China, etc.):
"El capitalismo se basa desde sus orígenes en la convicción de que el progreso de la ciencia y de la técnica constituye el medio infalible para transformar el mundo entero en una vasta sociedad civil universal" (Wolf Lepenies -a quien no conocía hasta ahora- en "¿Qué es un intelectual europeo?", Galaxia Gutemberg/Círculo de Lectores, pág. 37)

Por lo que Marx pudo precisamente apoyarse en Adam Smith y Ricardo y en el Hegel de la espiral sin fin, etc., es decir, después de concluir que el capitalismo había agotado su capacidad para seguir desarrollando hacia adelante las fuerzas productivas... y la tarea recaía ahora en su movimiento consciente. El carácter campesino y retrógrado de los socialismos nacionales que tuvieron su momento de gloria merece una explicación seria en paralelo con la apropiación del pensamiento rouseauniano por la "izquierda" tan poco progresista en casi todo salvo... en la mentira, el engaño y... los desfiles.


(4) Estando esta entrada en revisión final, tuve a bien leerme la "Lección Inagural" del conjunto de clases dictadas por Wolf Lepenies en el Colege de France y publicadas en la edición muy atractiva que he citado en (3) bajo el título "¿Qué es un intelectual europeo?". Obviamente, un título que debía hacerme picar y que acabé comprándome hace unos días. Bien, debo decir tras el primer abordaje que creo que va a resultarme todo un hallazgo al margen de las diferencias en las conclusiones y conductas que se derivan para el autor (nuevamente, las evidencias no son nada, incluso si se ponen en el tapete con tanto detalle y pulcritud, sin el enfoque pertinente, algo que precisamente desmonta la pretendida fiabilidad de los descubrimientos científicos y que ya ponía en la picota cuando, insisto con tozudez, me encargué de Gould y de su diosa de la Simple Evidencia). En fin, tomo esto a modo de aperitivo de su Lección:

"Se podría caracterizar la ciencia como un terreno de actividad intelectual situado más allá de la melancolía y más acá de la utopía. El científico no se desespera por el mundo, al contrario, se esfuerza por explicarlo; no piensa en utopías, al contrario, formula pronósticos. (...) -... la normal science- no se caracteriza por el desespero ni por la esperanza, sino por la buena conciencia
.
"Ahí es donde mejor se manifiesta la tensión entre esos sectores de la intelectualidad europea que yo denomino la especie que se queja y los hombres de buena conciencia. (...) la inteligencia triunfante y la inteligencia sufridora..." (op.cit., pág. 31; y... en tanto que haya quejas como él supone o como las hubiese habido hace algunos siglos... Es decir, en tanto no fuesen casi todos... "científicos", como él mismo (...lo que a mi criterio justamente explica su propuesta "socialista liberal" como se manifiesta en sus propias idealizaciones de futuro al final de la misma Clase cuando propone algo que no sea ¡"esconderse tras la utopía socialista de los fines ni tras la utopía capitalista de los medios"!)

En cuanto al tema propiamente dicho, vale la pena que conste lo que añade luego:

"En el Oeste (...) los intelectuales a los que el poder todavía escucha se han convertido desde hace tiempo en expertos..." (ibíd., pág. 36)

Lo que me hace pensar que coincidirá conmigo en lo que vengo sosteniendo en este post: que los que se quejan hoy o son bastante pocos o lo hacen a medias o las dos cosas, vapuleados por un océano de expertos.

(5) En este sentido, hallo equivocada la presunción de que el liberalismo en general sea la ideología intelectual hegemónica hoy en día, como sostiene Wolf Lepenies (op. citada), aunque leyendo con atención el asunto queda básicamente aclarado. Para ello, debemos ir al final de la citada "Lección Inaugural" o mejor aún saltar hasta su "Lección Final", donde nos propone "...reflexionar sobre la necesidad de que haya cierto socialismo en el capitalismo" (!) (ibíd., pág.419. Al no haber leído las intermedias aún no sé cuándo lo deja claro por primera vez, pero esto es lo de menos, y claro, no sé muy bien qué quiere decir, lo que en cualquier caso no disminuye el sentido de la tendencia). En cualquier caso, en la Lección Inaugural, Lepenies ya pone en evidencia que él mismo pertenece a la corriente que yo he llamado socialdemócrata a falta de mejor nombre y que ciertamente contiene cierta dosis de liberalismo, tal vez hoy en mayor grado formal que los que siempre contuvo la socialdemocracia de los viejos tiempos, aunque tan poco de verdad como aquel entonces. Que lo llame liberalismo para mostrar que se ha refugiado en la buena conciencia democrática y en la buena conciencia de una cierta economía de mercado (la regulada come il faut) no debe inducir a error. Yo prefiero dejar el término liberalismo para las corrientes más contestatarias respecto de la burocratización, es decir, a sus formas más puras e idílicas, y a esa corriente le didicaré la próxima entrada, indudablemente crítica. Como anéctoda final a esta nota, véase el calificativo sin duda eufemístico que le adjudicaron a ZP un par de periódicos "de izquierda" de Francia ("socialista liberal") y que tanto ha escamado a quienes se reivindican "verdaderos liberales".

En fin, ya lo dice también: él prefiere alinearse con los que "se quejan" (¿es más elevado?) o promotores de utopías. Pero, ay, cómo lo pone en evidencia su calidad de experto y de burócrata de la cultura (eso sí, culto y lúcido hasta su propio límite que es ciertamente muy amplio y gracias a ello provechoso).