jueves, 27 de septiembre de 2012

Coreografías vociferantes sobre tierras deslavadas (casos de "clamor popular")

En 1984, Orwell señala el origen burocrático de la neolengua, asociándolo empero a una cierta voluntad racional que la burocracia encargaría a una intelectualidad "comprometida" con el "régimen" y que a su vez asume la misión con fervor militante (el personaje que la representa es Syme; quien, por fin, será "vaporizado", como vislumbra Winston, en aras de una contradicción intrínseca que Orwell nos deja ver sutilmente: la que, en el marco de un sistema de poder burocratizado, empuja a la reducción sistematica de los que piensan "demasiado" incluso cuando lo hacen por razones profundamente patrióticas y de lealtad hacia el Partido, reducción a mínimos en favor de la repetición de lo vigente, de lo que dicta la táctica en nombre del poder por el poder).

Así, llevando a mínimos la existencia residual de intelectuales al servicio de la burocracia, lo que ésta ha conseguido es armarse de sus propios "técnicos en pensamiento elemental", en otra palabras, de profesionales de la retórica vacía, de la publicidad y el marketing, de lo que en las agencias se denomina "creativos". El intelectual propiamente dicho es cada vez más innecesario para que la sociedad siga marchando por donde lo está haciendo. Y allí donde perviva o se recree será rápidamente marginado y combatido, como sucede hoy, por ejemplo, en el terreno literario, a instancias de una creciente "petición" y con ello de consolidación de la más conveniente y "pura" función evasiva que se le adjudica al libro, de "puro entretenimiento", de ausencia en fin de los contenidos que dan y han dado sentido precisamente a la literatura. Por otra parte, la neolengua y la retórica vacua y cada vez más grandilocuente y vocinglera, necesita cada vez menos de más escuela que la de la calle, desde donde se propaga y contagia a todo el mundo sin necesidad de mayores esfuerzos ni costes adicionales (que se hacen igualmente pero por motivo de la propia burocratización en sí), en buena medida por un proceso imitativo multiplicador que se realimenta. La neolengua, a fin de cuentas como cualquier otro lenguaje, incluso como cualquier otro compuesto cultural humano, no nace de "planes" racionales de ningún tipo sino de la propia marcha de las cosas. Y como tal se impone, se está incluso naciendo y creciendo constantemente en él.

Hoy en día se puede ver en mil sitios al mismo tiempo la manera en que se alzan "incontinencias grandilocuentes". Las vemos alzar la voz en las calles y en los slogans redactados en pancartas tanto como las vemos en los discursos que se emiten en todo tipo de ámbitos institucionales y sin duda, por excelencia, en los anuncios publicitarios comerciales (y políticos en tanto no median productos de consumo sino "otras cosas", distintas pero parecidas o equivalentes) y en la prensa que cada vez toma formatos más reducidos, llegando a la transmisión mediante ráfagas de 140 caracteres o palabras... que gracias a su incontenible y superacelerada multiplicación así como a su imprecisión congénita no requieren destrucciones/sustituciones del estilo de las que realizan los empleados del Ministerio de la Verdad orwelliano (expertos en la pura técnica del lenguaje, a partir de la que, de todos modos, tienden a ir más allá, como le pasa a Winston al hacerse con un cuadernillo) y basta que se entierren por sí mismas las unas a las otras (cosa que sucede también en otros medios, como el radiofónico o el televisivo). Cabe aquí señalar para completar el cuadro sin por ello pretender ser exhaustivo, que todo el proceso va acompañado o entrelazado con la divulgación sin parangón de los "digestos científicos", "filosóficos", "médicos", etc., en una sociedad cuyos miembros todos actúan como si supieran de todo, al menos de todo lo que hace falta saber por encima de lo puramente tecnológico y práctico, lo propio digamos de "la fontanería" y la mecánica, de los ajustadores especializados a los que se llama para las emergencias en el momento extremo de las averías.

Esas "incontinencias grandilocuntes" son indudablemente vox populis; lo que significa que ya componen de manera inseparable unas maneras de ser y de pensar generalizadas. Todo discurre por fin como en un espectáculo enorme, ilimitado, que ocupa el mundo entero (avalando así entre otros, calificativos como el que Debord le diera a "la sociedad"). Ese escenario-mundo, es por demás cada vez más esperpéntico y melodramático en la misma proporción en que se vive como expresión de lo real, que en el fondo acaba siendo, en todo caso a instancias de un sistemático reemplazo y corrupción, de una auténtica e imparable metamorfosis.

Un índice del mencionado divorcio entre realidad y representación (más allá de todo límite preexistente, o sea, a gran escala), divorcio que no se toma para nada en cuenta o cada vez más como de algo "natural" y "necesario", es el hecho de que los exabruptos tengan una duración cada vez más limitada y que sean acompañados cada vez más por "salvedades" y "aclaraciones" que conjuntamente con ellos ofrecen un alcance nunca antes logrado para el desconcierto y el engaño. Los slogans que formalizan esos "discursos" parecen por fin, de esa menera o por esa añadidura, meras entradas de solistas en el fondo del coro de la ópera al puro servicio formal de una música efectista que no se sabe muy bien a qué realmente apunta. Esas "salvedades" e "interpretaciones tranquilizantes" suelen ser sostenidas y adicionadas por quienes se incorporan a la escena en calidad de abogados defensores y médicos especializados en cuidados paliativos, pero incluso son aportados por los propios ejecutantes principales, es decir, los que marchan a la cabeza de las manifestaciones o pregonan de viva voz los discursos; y así aparecen reduciendo en apariencia el fervor guerrero que manifiestan en las formas a una búsqueda de la sumisión del contrario a través de la aceptación por este de sus criterios de paz y de concordia, de un forzado entendimiento entre las partes que se alcanzaría sin mediación de diálogo real aunque sí, en todo caso, simulado; como si se pretendiera un triunfo basado en la superioridad moral y la vergüenza y culpabilidad ajenas y por ellos provocadas.

Ello parece necesario en la medida en que se da por descontado que con esas incontinencias verbales convertidas en slogans lo que se "pretendería" sería decir en el fondo "cosas diferentes". La maraña que el fenómeno presenta a simple vista hace trastabillar los análisis inmediatos... aunque, sin embargo, una vez aclaradas las cosas, es decir, entendido lo que se desenvuelve como parte de una puesta en escena, y situados los actores y discursos en sus justos términos, podemos comprender incluso que esos tropiezos se inscriben igualmente en el mismo escenario y obedecen al peso de las mismas condiciones que empujan a la conservación y reproducción multiplicadora del fenómeno. Sin duda, aquí se presta decir con Castoriadis: "El cisne puede a veces ser confundido con un pato, pero son evidentemente huevos de cisne los que empolla" (la cita figura en "Epilegómenos a una teoría...", incluido en El psicoanálisis, proyecto y elucidación, Ediciones Nueva Visión, Bs. As., 1998,  pág.105; que reproduzco dejando conscientemente fuera de discusión qué es lo que me permite a mí, o más bien qué me lleva a, afirmar que lo que no es un pato sea un cisne; algo sin duda, quiero señalar, no es lo mismo que el derecho a hacerlo se adjudicaba Castoriadis... que sin duda enmascara).

Un ejemplo de lo dicho, a la mano por estar hoy mismo en la calle y en las páginas de la prensa (mundial), lo representa la serie de manifestaciones que se están produciendo (desde el 25-S, como ya se lo ha conveniente y modalmente etiquetado) que tienen lugar ni más ni menos que bajo la grandilocuente consigna de "Tomar el congreso", una frase que literalmente sería lo que hasta hace no mucho se habría denominado "revolucionaria". Pero, ¿es acaso eso, eso que nos dice la historia y el diccionario, lo que, no digamos "de verdad" por muchas razones y convicciones sino... honestamente pretenden expresar... los que lo hayan escogido y convertido en lema, y, sobre todo, lo que asumen los manifestantes con más o menos lucidez al respecto, es decir, pensándolo con más o menos seriedad, pensándolo en algún mínimo sentido (a lo que habría necesariamente que añadir: con qué, con la historia incorporada del lenguaje histórico y el diccionario...?

Sin duda el asunto presenta un sin fin de aristas de no sencillo asidero.

Los abogados y especialistas en paliar los daños que pudiera provocar el lema en los oídos de sus cofrades dicen que no tiene sentido tomarlo al pie de la letra. Y sin embargo, el intento de asalto incluye sin alternativa la posibilidad de que se realice en toda su expresión, sea o no algo que estuviese realmente contemplado por los productores del lema, sea o no la verdadera intención... ¿Qué hace que se trate de un lema no "realista", que sea como dicen esos abogados "simbólico" (¡y que se acabe ciertamente viviendo de ese modo!)? ¿La policía tal vez, la garantía que la propia represión da a los incontinentes para serlo del mismo modo que el "macho" hace el paripé de abalanzarse sobre otro mientras grita a sus "amigos": "¡Contenedme, contenedme que lo mato!"?

En este caso, ¿por qué no buscar un lema que diga lo que realmente se persigue, un lema digamos "claro" y sustancial, un lema que todos puedan entender sin confundirse? Por ejemplo, dándole el significado que los mismos abogados han atribuido al lema mencionado: "¡Volvamos a la anterior situación de "bienestar"!",una síntesis en toda regla (por poco sonora que parezca) de las cosas que unen realmente a la mayoría de los manifestantes: (a) que se acaben y retrotraigan los recortes, (b) que la política vuelva a ser de reparto relativo y no de restricción masiva, (c) que vuelva la izquierda a gobernar... (lo único realmente posible en el marco del presente...y que hace inocuo y por ello utilizable en tanto que "una crítica" para la "autocrítica" que se los involucre dentro de los políticos que "no nos representan"... ¡qué más da mientras la realidad siga yendo por donde va ahora! -y eso es básico del tacticismo y lo que lo hace eficaz... generalmente; volveré sobre ello-), (d) etcétera...

¿O no se trata de eso, de que se restaure una política promisoria de redistribución a base de un endeudamiento sin límites (¿de qué otro modo si no?) que permita que haya un buen nivel de consumo, una aceptable comodidad al alcance de las masas, un esfuerzo mínimo para la consecución de los honores y privilegios, un remanente suficiente para el robo, la corrupción, las prebendas, el clientelismo, etc.?

Es evidente que los abogados traductores no lo dicen así sino que apelan a la "indignación justificada" del pueblo que sufre los recortes, al empobrecimiento injusto al que se ven empujados, etc., ocultando otras muchas cosas que configuran esa indignación popular. En esto coinciden y hacen peña con sus oponentes del gobierno, que tampoco pueden sacar todos los trapos sucios al sol puesto que deberían hacerse el araquiri. La traducción sesgada tiene claramente el objetivo de tranquilizar a los que, basándose en la literalidad del lema, bregan por "combatirlo" mediante una justificada represión, eventualmente inteligente o simplemente brutal) y de ese modo... hacer que se avergüencen de todo (de "no escuchar a la calle", de "reprimir el derecho de expresión", etc.) y por ese medio paralizarlos, amordazarlos, secuestrarlos, y conservar así el instrumento bajo su aparente control como arma de su lucha intestina.

Ahora bien, es obvio que no existe la intención de realizar un asalto hasta las últimas consecuencias. No sólo es imposible sino que sería inconsecuente y los creadores del lema lo saben (o, lo que es lo mismo, les da igual, es decir, no está de uno u otro modo en sus "planes"). Cabría decir incluso que la consigna tiene algo de aquel valor reivindicado por el Mayo del 68 que proponía darle todo el poder a la imaginación (de la que los dirigentes inventores serían la expresión por excelencia... y tal vez entonces y en París quienes la podrían convertir en realidad, cosa que aquí y ahora en el fondo ni siquiera se pretende), y que precisamente se alza en tanto es precisamente un imposible, es decir, en tanto "se evite" come il faut:  por vía represiva (algo que por cierto, es un incentivo inmejorable para ciertos grupos que viven para la violencia últimamente, sea por razones políticas como deportivas o musicales..., es decir, rituales). La pretensión sería pues meramente histriónica y se elige "en lugar de" lo que en realidad pretenderían "querer decir" y "conseguir".

Cabría pensar también que "lo que se quiere decir" el lema sería, in extremis, "Abajo el sistema político representativo actual", lo que no tiene por qué ser muy "revolucionario" (se habla de "bajarles el sueldo", "quitarles prorrogativas", "modificar el mecanismo electoral" en diversos aspectos...) sólo que mediante... un modo "publicitario", "artístico", a la vez que sin caer en las viejas y perimidas ("mal vistas") opciones "utopistas" o "revolucionarias" que pregonaban una absoluto "Abajo el sistema" (precisamente, lo que quieren interpretar los que saben que es un peligro para ellos por otros motivos, mucho más reales y cercanos, y "acusan" con igual grandilocuencia, justificando a la vez la represión, esto es, la necesidad de eliminar un arma en manos de su auténtico enemigo "intestino").

Por otro lado hay contradicciones lógicas en el slogan enarbolado que saltan a la vista y a nadie parecen importar (la parodia es compartida indudablemente por todos los actores y nadie se sale del guión… o es devuelto rápidamente al rol adecuado):

a) Al llamamiento al "asalto" acude una minoría ridícula y heterogénea que pone los verdaderos objetivos en cuestión y los literarios en contradicción extrema a la vez que en el umbral mismo del caos interno. Se trata de una confluencia que debe ser explicada a partir de sus constituyentes. Donde una parte no sabe ni le interesa saber a dónde va o dónde ir en términos positivos, que se niega a tener planes (ya en nombre de la antiutopía, ya en nombre de un cosmopolitismo contestatario que no debe ser fracturado con profundizaciones...), que parece buscar meramente el caos en sí, al menos el puro enfrentamiento, la conquista de honores en la batalla incluso hasta el límite de la muerte o en todo caso la prisión, una nueva dosis de adrenalina en todo caso, sin que les importe la situación que se pueda derivar, incluyendo el diluirse en la nada "hasta la próxima". Se trataría pues de una minoría sin conciencia, emocional si se prefiere, que sin embargo actuaría disfrazada de "vanguardia emancipadora". A esa minoría se han sumado sin duda, en un porcentaje de al menos la mitad, muchos de los que pensaron a tono con sus penalidades y resentimientos que la algarada sería bastante más que eso, es decir, que vieron en la movilización una vía abierta a la obtención de resultados (la decepción de verse en extrema minoría explica su ausencia al día siguiente, donde los presentes en la consecución del acto se reducen en más de la mitad, confirmando mi cálculo del día previo). Por fin, están los militantes de base que responden a consignas y que en algunos casos pueden ser simultáneamente ávidos de adrenalina... incluso convertidos en militantes por ello).

b) Suponiendo que pretenda expulsar o derrocar a una minoría encaramada al poder y usurpadora de la representatividad popular, o al menos de los que no toman el cargo en calidad de servidores del pueblo sino de sus tiranos (es decir, de "los amorales"), una "anomalía" tal y como no les queda sino considerar a quienes defienden el sistema parlamentario actual y le adjudican un carácter "escencialmente"  representativo (a pesar de ser igualmente histriónico) en base a que han ejercido el derecho al voto cuatrienal o periódico, para quienes reciben y aceptan lo que les ofrecen unas organizaciones cada vez más separadas de las masas -de las que extraen no sólo a soldados y policías sino también a militantes y asalariados-servidores diversos-, compuestos a su vez por profesionales expertos en la mentira que, además, los defraudan de inmediato sobre la base de que no les queda otra alternativa... según al menos su propia certeza, y la base de que no querrán el caos...).

c) Pero, "curiosamente", su voluntad y su certeza son en todo caso las de "otra" minoría (una secta incluso) que no sólo no puede demostrar que representa al pueblo en su conjunto ni a las masas en las que se supone que nada (y que sin embargo no consiguen arrastrar) sino que se proponen algo que no permitiría nunca salir de dudas... y que en todo caso sólo puede asimilarse a otros sucesos históricos que en nada fueron representativos y que ciertamente fueron dictatoriales aunque ni del proletariado ni del pueblo sino en su contra y de la manera más abyecta y hasta genocida. La idea inmediata de un "asalto al congreso", sede sin duda del poder burocrático-político aunque no en exclusiva, o sea, sede simbólica de ese poder, supone el asalto de una minoría con el fin de expulsar a la previa... Algo que además no pasaría de ser un mero y simple recambio de personas... para no poder hacer nada que ya no hicieran los otros, es decir, engañar a las masas para conservar el poder (y apelar en última instancia a la represión contra los "díscolos" y los "alienados" que se dejan llevar por los que se convertirían en "contrarevolucionarios": un acto que dudo revista la más mínima novedad).

d) Ahora bien, supongo que habrá entre los dirigentes "independientes" de la algarada ("independientes" en el sentido de ser "líderes potenciales", sea a través de una carrera en uno de los partidos o sectas en los que seguramente militan, sea con pretensiones de partido propio en uno u otro momento de la evolución de su omnipotencia narcisista) quienes se crean capaces o en vías de "dirigir" el país (lo que siempre se puede hacer contratando "buenos asesores afines"), pero por lo general, y dejando de lado a los que acuden en busca de adrenalina, no buscan el poder para sí mismos, como también nos dicen sus abogados. Se trataría sólo de realizar una presión que consiga modificar el rumbo de los mismos políticos, del propio

e) Lo que en realidad se pretendería a fin de cuentas es imponer una moral al sistema. Pero, ¿de dónde o con qué se construye, a qué herencia tributa, qué tiene de novedosa y de liberadora, cómo evitaría ser tan sólo desconcertante y mentirosa como la moral comunista y otras ya conocidas que exigen una conducta tiránica... contra la maldad intrínseca y centrípeta del hombre, contra sus defectos de fábrica, contra sus maldades y debilidades egoístas, antisolidarias, excéntricas, que vuelven a justificar al Leviatán...? ¿Puede negarse que en esto también se esté imitando y por tanto actuando igual que aquellos a los que se dice combatir o querer educar o secuestrar...?

f) Pero, volviendo al medio, a la grandilocuencia ilógica del lema y el inevitablemente utópico contenido aún bajo una supuesta antiutopía disfrazada, lo que los emparenta con aquellos a los que alegóricamente combate así como con los que eventualmente coinciden para ayudarlos de hecho a recuperar los mandos del poder, es la propia conformación del lema, su construcción neolinguística, la que sin duda es imitativa de la de aquellos, poniendo en evidencia la persistencia del paradigma histórico y su trampa: se piensa y se actúa como la propia burocracia.

g) ¿O es casual que se parezca tanto este resultado de aplicar el criterio grandilocuente sin contenido ni preocupación alguna por lo que ello pueda implicar al ese otro resultado igualmente agigantado e igualmente suavizado por los abogados que entran en juego que es la "amenaza secesionista" de Mas, recientemente elevada al rango de lo perentorio y programático por el partido catalanista CIU, en principio, sólo para conseguir "un pacto"? Lo significativo es que exactamente lo mismo que hemos estudiado hace un momento, esta vez en su verdadero espacio de sentido, es decir, donde tiene si cabe más "razón de ser" en tanto que promete una utilidad y responde a una necesidad consustanciales con la figura del político profesional y de sus metas. Aquí encontramos exactamente la misma grandilocuencia, la misma suposición por los abogados de que sólo se trataría de un simbolismo, la misma perspectiva de que ello desemboque en un desbordamiento incontrolado (pero útil a la lucha por el incremento de poder entre facciones burocráticas) de un estilo que nada debería hacerle creer a nadie que no pueda alcanzar el simbolismo de los llamamientos al exterminio de los hutus por los tutsis... que evidentemente no llegó a la total aniquilación... (y este sólo es un ejemplo de la grandilocuencia simbólico y del alud o desbordamiento que es capaz de aperturar).

h) He dejado para la extrapolación el hecho de que el acto es usado por los verdaderos actores  de la guerra abierta en la cúspide, esto es, en el seno de la burocracia que rige en realidad la sociedad desde uno u otro puesto en una u otra de las pirámides entrecruzadas y con todo hermanadas. Pero este no era el tema central de este análisis, y es un tema que he tratado muchas veces en este blog, incluso en relación al primer hecho de esta temporada de igual naturaleza y por ello similarmente denominado, el que pretende ser fundacional bajo la nomenclatura de 15-M y cuyas "luces" titilan en las frases simples y engañosas de, por ejemplo, un Sampedro. Lo que interesa subrayar aquí es que se trata de padres y de hijos de las mismas criaturas y que por eso el que sirvan a unos u otros es mera consecuencia de algo más sustancial. Debo de todos modos señalar que esto incluye elementos que ayudan a la confusión, por lo que deben ser entendidos y sólo pueden serlo de una manera: observando la idiosincrasia de los actores más activos, tanto los jóvenes nacidos en estos años de "bienestar" como los "asalariados" que se han quedado en mayor o menor medida sin capacidad de consumir y de vivir como antes (incluso de no vivir en absoluto). La masa está atrapada y entrampada en su debilidad bajo el peso de la complejidad que caracteriza el mundo, a la que lo ha llevado inevitablemente su marcha ciega y lo seguirá llevando "hasta el límite del caos" (como dice la Teoría de la Complejidad). El maridaje entre esa debilidad adocenada y los inescrupulosos que alzan o acabarán alzando las banderas terribles de la más férrea moralidad se hace paulatinamente inevitable, la confluencia es absoluta. Y no es una cuestión de siglas escritas en las camisetas, como algún día, "sorprendentemente" para muchos, y en alguna medida, se verá.


Concluyendo:

Como he dicho, estamos ante una simbiosis natural que se reproduce a partir del mismo caldo de cultivo social en el que ha sido inicialmente cultivada; donde la verborrea es la idónea para constituir la idiosincrasia que nació, vive y sólo en ese charco puede conservarse, que incluso a aprendido a producir en él lo que necesita para mantenerse del mismo modo que cualquier otra criatura que acaba adaptando el medio mientras a su vez se adapta a él en un único proceso.

La burocracia es sin duda la madre de la neolengua... que no necesita imponer (aunque, exagerando, redunda haciéndolo) sino que la contagia y la propaga. Y que por fin pretende aprovechar, a veces consiguiéndolo, a veces con resultados imprevisibles y daños colaterales en los que ni siquiera piensa, porque ni siquiera le preocupan salvo en el grado en que no sea capaz de evitar que los aproveche otro en su contra (en lo que a veces piensa tardíamente y otras sale con suerte y mejores dotes de astucia), a veces replegándose en espera de nuevas condiciones favorables (las que pongan al adversario de su propia estirpe en situación inestable).

Que esto traiga dolor y sangre... incluso algunos muertos...parece más que probable: las cosas agitadas tienden a desbordar siempre (lo hace todo, empezando por la vida, la facultad de pensar, la conciencia...). En cualquier caso, el tiempo hará de tales sucesos terribles un recuerdo borroso para la Historia tanto como otros viejos y olvidados casos que no pudieron igualmente frenarse sin que nadie en realidad lo frene sino las propias circunstancias enrevesadas.