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lunes, 17 de diciembre de 2012

De la lucha de clases al galimatías de Dolcino...

Por lo visto la definición de "clase social" debida a Marx ya no sirve más que como referencia hueca (pero tan útil como antes... cuando estaba llena de seudociencia). Ahora los "revolucionarios" (y sus acomodados "representantes profesionales") prefieren dirigirse al Estado "Democrático" del que viven en muchos aspectos (tanto su cuerpo como su "alma") para exigirle... que instituya "impuestos" en nombre de la "redistribución" (ellos dicen... "más justa"..., cosa que los ejemplos históricos desmienten... y la lógica nos dice que no será eso lo que haría ningún "Estado" como el que está en sus mentes). Las "clases", que Marx había creído definir con una lucidez insuperable ("científica") en base a la relación de sus miembros "tipo" con "los medios de producción", "tipo" también (donde lo de "su propiedad" era en realidad una superestructura legal visible que derivaba del "dominio"... de la posesión de las "veinticuatro patas" mencionadas por Goethe a las que Marx llega a referirse aunque... sin consiguir explicar gran cosa más allá de lo que cualquier artículo de fe pretendería) son ahora meras cáscaras vacías que se llenan con los contenidos simples de... Fra Dolcino, un... "hereje", y monje, de los incicios del cristianismo, es decir, del "amaros los unos a los otros"... siempre que seáis pobres. Fra Dolcino (cuyo espíritu asoma la cabeza en El nombre de la rosa de Eco) señalaba al "rico" como enemigo específico de "la pobreza" (material, claro), base sin embargo de la "riqueza espiritual" que llevaba "desinteresadamente" a los pobres a abrazar al cristianismo... Pero, soslayando la referencia, se trata de ironizar un poco acerca de la consigna "salvadora" que agita "la izquierda" occidental (la española... y la catalana... incluidas): ¡el impuesto a... "las grandes fortunas"! Y a mostrar que una buena parte de ellas... no tiene posesión alguna de medios de producción (ni hace trabajar en ellos a "proletario moderno" alguno de los que deberían provenir sus "plusvalías"...). Se trata de los artistas, deportistas, payasos, directores de orquesta, de cine, de circo, escritores de best sellers, y otros que se podrían enumerar con más tiempo (el otro componente de "los ricos"... serían ciertamente los banqueros, los gestores de empresas, etc., y también ciertos políticos, otros profesionales más "dignos" que ellos, etc., no todos "dueños de los medios de producción" en sentido estricto y menos clásico, y también a los productores de espectáculos, etc., pero todo esto merece un estudio más serio y aparte). Estamos ante el caso de Gerard Depardieu... que, en respuesta a tamaño embate "revolucionario"... ha decidido darse de baja de la nacionalidad que lo acunó y en base a la que, entreteniéndola, creció y prosperó. ¡Oh, sí, ha escapado a tiempo del País de las Maravillas y de la Reina Roja que amenazaba con cortarle la cabeza! Eso sí, al otro lado de la frontera, aunque ya no necesita de ningún país. Recordemos de paso que algo así ya había hecho Ingmar Bergman...

También resulta interesante observar que... la Reina Roja... sea Primer Ministro, y que haya similares en todas partes, incluso en España, tal vez en algunos casos con más demagogia vocinglera que con... demagogia práctica. Me refiero a eso de "publicar una lista"...

En fin... tal vez se trate de émulos de actores que sienten el mundo o el país como escenario donde demostrar sus dotes igualmente artísticas y deportivas...

C'est la vie... sin duda alguna.


jueves, 27 de septiembre de 2012

Coreografías vociferantes sobre tierras desangeladas (casos de "clamor popular")

En 1984, Orwell señala el origen burocrático de la neolengua, asociándolo empero a una cierta voluntad racional que la burocracia encargaría a una intelectualidad "comprometida" con el "régimen" y que a su vez asume la misión con fervor militante (el personaje que la representa es Syme; quien, por fin, será "vaporizado", como vislumbra Winston, en aras de una contradicción intrínseca que Orwell nos deja ver sutilmente: la que, en el marco de un sistema de poder burocratizado, empuja a la reducción sistematica de los que piensan "demasiado" incluso cuando lo hacen por razones profundamente patrióticas y de lealtad hacia el Partido, reducción a mínimos en favor de la repetición de lo vigente, de lo que dicta la táctica en nombre del poder por el poder).

Así, llevando a mínimos la existencia residual de intelectuales al servicio de la burocracia, lo que ésta ha conseguido es armarse de sus propios "técnicos en pensamiento elemental", en otra palabras, de profesionales de la retórica vacía, de la publicidad y el marketing, de lo que en las agencias se denomina "creativos". El intelectual propiamente dicho es cada vez más innecesario para que la sociedad siga marchando por donde lo está haciendo. Y allí donde perviva o se recree será rápidamente marginado y combatido, como sucede hoy, por ejemplo, en el terreno literario, a instancias de una creciente "petición" y con ello de consolidación de la más conveniente y "pura" función evasiva que se le adjudica al libro, de "puro entretenimiento", de ausencia en fin de los contenidos que dan y han dado sentido precisamente a la literatura. Por otra parte, la neolengua y la retórica vacua y cada vez más grandilocuente y vocinglera, necesita cada vez menos de más escuela que la de la calle, desde donde se propaga y contagia a todo el mundo sin necesidad de mayores esfuerzos ni costes adicionales (que se hacen igualmente pero por motivo de la propia burocratización en sí), en buena medida por un proceso imitativo multiplicador que se realimenta. La neolengua, a fin de cuentas como cualquier otro lenguaje, incluso como cualquier otro compuesto cultural humano, no nace de "planes" racionales de ningún tipo sino de la propia marcha de las cosas. Y como tal se impone, se está incluso naciendo y creciendo constantemente en él.

Hoy en día se puede ver en mil sitios al mismo tiempo la manera en que se alzan "incontinencias grandilocuentes". Las vemos alzar la voz en las calles y en los slogans redactados en pancartas tanto como las vemos en los discursos que se emiten en todo tipo de ámbitos institucionales y sin duda, por excelencia, en los anuncios publicitarios comerciales (y políticos en tanto no median productos de consumo sino "otras cosas", distintas pero parecidas o equivalentes) y en la prensa que cada vez toma formatos más reducidos, llegando a la transmisión mediante ráfagas de 140 caracteres o palabras... que gracias a su incontenible y superacelerada multiplicación así como a su imprecisión congénita no requieren destrucciones/sustituciones del estilo de las que realizan los empleados del Ministerio de la Verdad orwelliano (expertos en la pura técnica del lenguaje, a partir de la que, de todos modos, tienden a ir más allá, como le pasa a Winston al hacerse con un cuadernillo) y basta que se entierren por sí mismas las unas a las otras (cosa que sucede también en otros medios, como el radiofónico o el televisivo). Cabe aquí señalar para completar el cuadro sin por ello pretender ser exhaustivo, que todo el proceso va acompañado o entrelazado con la divulgación sin parangón de los "digestos científicos", "filosóficos", "médicos", etc., en una sociedad cuyos miembros todos actúan como si supieran de todo, al menos de todo lo que hace falta saber por encima de lo puramente tecnológico y práctico, lo propio digamos de "la fontanería" y la mecánica, de los ajustadores especializados a los que se llama para las emergencias en el momento extremo de las averías.

Esas "incontinencias grandilocuntes" son indudablemente vox populis; lo que significa que ya componen de manera inseparable unas maneras de ser y de pensar generalizadas. Todo discurre por fin como en un espectáculo enorme, ilimitado, que ocupa el mundo entero (avalando así entre otros, calificativos como el que Debord le diera a "la sociedad"). Ese escenario-mundo, es por demás cada vez más esperpéntico y melodramático en la misma proporción en que se vive como expresión de lo real, que en el fondo acaba siendo, en todo caso a instancias de un sistemático reemplazo y corrupción, de una auténtica e imparable metamorfosis.

Un índice del mencionado divorcio entre realidad y representación (más allá de todo límite preexistente, o sea, a gran escala), divorcio que no se toma para nada en cuenta o cada vez más como de algo "natural" y "necesario", es el hecho de que los exabruptos tengan una duración cada vez más limitada y que sean acompañados cada vez más por "salvedades" y "aclaraciones" que conjuntamente con ellos ofrecen un alcance nunca antes logrado para el desconcierto y el engaño. Los slogans que formalizan esos "discursos" parecen por fin, de esa menera o por esa añadidura, meras entradas de solistas en el fondo del coro de la ópera al puro servicio formal de una música efectista que no se sabe muy bien a qué realmente apunta. Esas "salvedades" e "interpretaciones tranquilizantes" suelen ser sostenidas y adicionadas por quienes se incorporan a la escena en calidad de abogados defensores y médicos especializados en cuidados paliativos, pero incluso son aportados por los propios ejecutantes principales, es decir, los que marchan a la cabeza de las manifestaciones o pregonan de viva voz los discursos; y así aparecen reduciendo en apariencia el fervor guerrero que manifiestan en las formas a una búsqueda de la sumisión del contrario a través de la aceptación por este de sus criterios de paz y de concordia, de un forzado entendimiento entre las partes que se alcanzaría sin mediación de diálogo real aunque sí, en todo caso, simulado; como si se pretendiera un triunfo basado en la superioridad moral y la vergüenza y culpabilidad ajenas y por ellos provocadas.

Ello parece necesario en la medida en que se da por descontado que con esas incontinencias verbales convertidas en slogans lo que se "pretendería" sería decir en el fondo "cosas diferentes". La maraña que el fenómeno presenta a simple vista hace trastabillar los análisis inmediatos... aunque, sin embargo, una vez aclaradas las cosas, es decir, entendido lo que se desenvuelve como parte de una puesta en escena, y situados los actores y discursos en sus justos términos, podemos comprender incluso que esos tropiezos se inscriben igualmente en el mismo escenario y obedecen al peso de las mismas condiciones que empujan a la conservación y reproducción multiplicadora del fenómeno. Sin duda, aquí se presta decir con Castoriadis: "El cisne puede a veces ser confundido con un pato, pero son evidentemente huevos de cisne los que empolla" (la cita figura en "Epilegómenos a una teoría...", incluido en El psicoanálisis, proyecto y elucidación, Ediciones Nueva Visión, Bs. As., 1998,  pág.105; que reproduzco dejando conscientemente fuera de discusión qué es lo que me permite a mí, o más bien qué me lleva a, afirmar que lo que no es un pato sea un cisne; algo sin duda, quiero señalar, no es lo mismo que el derecho a hacerlo se adjudicaba Castoriadis... que sin duda enmascara).

Un ejemplo de lo dicho, a la mano por estar hoy mismo en la calle y en las páginas de la prensa (mundial), lo representa la serie de manifestaciones que se están produciendo (desde el 25-S, como ya se lo ha conveniente y modalmente etiquetado) que tienen lugar ni más ni menos que bajo la grandilocuente consigna de "Tomar el congreso", una frase que literalmente sería lo que hasta hace no mucho se habría denominado "revolucionaria". Pero, ¿es acaso eso, eso que nos dice la historia y el diccionario, lo que, no digamos "de verdad" por muchas razones y convicciones sino... honestamente pretenden expresar... los que lo hayan escogido y convertido en lema, y, sobre todo, lo que asumen los manifestantes con más o menos lucidez al respecto, es decir, pensándolo con más o menos seriedad, pensándolo en algún mínimo sentido (a lo que habría necesariamente que añadir: con qué, con la historia incorporada del lenguaje histórico y el diccionario...?

Sin duda el asunto presenta un sin fin de aristas de no sencillo asidero.

Los abogados y especialistas en paliar los daños que pudiera provocar el lema en los oídos de sus cofrades dicen que no tiene sentido tomarlo al pie de la letra. Y sin embargo, el intento de asalto incluye sin alternativa la posibilidad de que se realice en toda su expresión, sea o no algo que estuviese realmente contemplado por los productores del lema, sea o no la verdadera intención... ¿Qué hace que se trate de un lema no "realista", que sea como dicen esos abogados "simbólico" (¡y que se acabe ciertamente viviendo de ese modo!)? ¿La policía tal vez, la garantía que la propia represión da a los incontinentes para serlo del mismo modo que el "macho" hace el paripé de abalanzarse sobre otro mientras grita a sus "amigos": "¡Contenedme, contenedme que lo mato!"?

En este caso, ¿por qué no buscar un lema que diga lo que realmente se persigue, un lema digamos "claro" y sustancial, un lema que todos puedan entender sin confundirse? Por ejemplo, dándole el significado que los mismos abogados han atribuido al lema mencionado: "¡Volvamos a la anterior situación de "bienestar"!",una síntesis en toda regla (por poco sonora que parezca) de las cosas que unen realmente a la mayoría de los manifestantes: (a) que se acaben y retrotraigan los recortes, (b) que la política vuelva a ser de reparto relativo y no de restricción masiva, (c) que vuelva la izquierda a gobernar... (lo único realmente posible en el marco del presente...y que hace inocuo y por ello utilizable en tanto que "una crítica" para la "autocrítica" que se los involucre dentro de los políticos que "no nos representan"... ¡qué más da mientras la realidad siga yendo por donde va ahora! -y eso es básico del tacticismo y lo que lo hace eficaz... generalmente; volveré sobre ello-), (d) etcétera...

¿O no se trata de eso, de que se restaure una política promisoria de redistribución a base de un endeudamiento sin límites (¿de qué otro modo si no?) que permita que haya un buen nivel de consumo, una aceptable comodidad al alcance de las masas, un esfuerzo mínimo para la consecución de los honores y privilegios, un remanente suficiente para el robo, la corrupción, las prebendas, el clientelismo, etc.?

Es evidente que los abogados traductores no lo dicen así sino que apelan a la "indignación justificada" del pueblo que sufre los recortes, al empobrecimiento injusto al que se ven empujados, etc., ocultando otras muchas cosas que configuran esa indignación popular. En esto coinciden y hacen peña con sus oponentes del gobierno, que tampoco pueden sacar todos los trapos sucios al sol puesto que deberían hacerse el araquiri. La traducción sesgada tiene claramente el objetivo de tranquilizar a los que, basándose en la literalidad del lema, bregan por "combatirlo" mediante una justificada represión, eventualmente inteligente o simplemente brutal) y de ese modo... hacer que se avergüencen de todo (de "no escuchar a la calle", de "reprimir el derecho de expresión", etc.) y por ese medio paralizarlos, amordazarlos, secuestrarlos, y conservar así el instrumento bajo su aparente control como arma de su lucha intestina.

Ahora bien, es obvio que no existe la intención de realizar un asalto hasta las últimas consecuencias. No sólo es imposible sino que sería inconsecuente y los creadores del lema lo saben (o, lo que es lo mismo, les da igual, es decir, no está de uno u otro modo en sus "planes"). Cabría decir incluso que la consigna tiene algo de aquel valor reivindicado por el Mayo del 68 que proponía darle todo el poder a la imaginación (de la que los dirigentes inventores serían la expresión por excelencia... y tal vez entonces y en París quienes la podrían convertir en realidad, cosa que aquí y ahora en el fondo ni siquiera se pretende), y que precisamente se alza en tanto es precisamente un imposible, es decir, en tanto "se evite" come il faut:  por vía represiva (algo que por cierto, es un incentivo inmejorable para ciertos grupos que viven para la violencia últimamente, sea por razones políticas como deportivas o musicales..., es decir, rituales). La pretensión sería pues meramente histriónica y se elige "en lugar de" lo que en realidad pretenderían "querer decir" y "conseguir".

Cabría pensar también que "lo que se quiere decir" el lema sería, in extremis, "Abajo el sistema político representativo actual", lo que no tiene por qué ser muy "revolucionario" (se habla de "bajarles el sueldo", "quitarles prorrogativas", "modificar el mecanismo electoral" en diversos aspectos...) sólo que mediante... un modo "publicitario", "artístico", a la vez que sin caer en las viejas y perimidas ("mal vistas") opciones "utopistas" o "revolucionarias" que pregonaban una absoluto "Abajo el sistema" (precisamente, lo que quieren interpretar los que saben que es un peligro para ellos por otros motivos, mucho más reales y cercanos, y "acusan" con igual grandilocuencia, justificando a la vez la represión, esto es, la necesidad de eliminar un arma en manos de su auténtico enemigo "intestino").

Por otro lado hay contradicciones lógicas en el slogan enarbolado que saltan a la vista y a nadie parecen importar (la parodia es compartida indudablemente por todos los actores y nadie se sale del guión… o es devuelto rápidamente al rol adecuado):

a) Al llamamiento al "asalto" acude una minoría ridícula y heterogénea que pone los verdaderos objetivos en cuestión y los literarios en contradicción extrema a la vez que en el umbral mismo del caos interno. Se trata de una confluencia que debe ser explicada a partir de sus constituyentes. Donde una parte no sabe ni le interesa saber a dónde va o dónde ir en términos positivos, que se niega a tener planes (ya en nombre de la antiutopía, ya en nombre de un cosmopolitismo contestatario que no debe ser fracturado con profundizaciones...), que parece buscar meramente el caos en sí, al menos el puro enfrentamiento, la conquista de honores en la batalla incluso hasta el límite de la muerte o en todo caso la prisión, una nueva dosis de adrenalina en todo caso, sin que les importe la situación que se pueda derivar, incluyendo el diluirse en la nada "hasta la próxima". Se trataría pues de una minoría sin conciencia, emocional si se prefiere, que sin embargo actuaría disfrazada de "vanguardia emancipadora". A esa minoría se han sumado sin duda, en un porcentaje de al menos la mitad, muchos de los que pensaron a tono con sus penalidades y resentimientos que la algarada sería bastante más que eso, es decir, que vieron en la movilización una vía abierta a la obtención de resultados (la decepción de verse en extrema minoría explica su ausencia al día siguiente, donde los presentes en la consecución del acto se reducen en más de la mitad, confirmando mi cálculo del día previo). Por fin, están los militantes de base que responden a consignas y que en algunos casos pueden ser simultáneamente ávidos de adrenalina... incluso convertidos en militantes por ello).

b) Suponiendo que pretenda expulsar o derrocar a una minoría encaramada al poder y usurpadora de la representatividad popular, o al menos de los que no toman el cargo en calidad de servidores del pueblo sino de sus tiranos (es decir, de "los amorales"), una "anomalía" tal y como no les queda sino considerar a quienes defienden el sistema parlamentario actual y le adjudican un carácter "escencialmente"  representativo (a pesar de ser igualmente histriónico) en base a que han ejercido el derecho al voto cuatrienal o periódico, para quienes reciben y aceptan lo que les ofrecen unas organizaciones cada vez más separadas de las masas -de las que extraen no sólo a soldados y policías sino también a militantes y asalariados-servidores diversos-, compuestos a su vez por profesionales expertos en la mentira que, además, los defraudan de inmediato sobre la base de que no les queda otra alternativa... según al menos su propia certeza, y la base de que no querrán el caos...).

c) Pero, "curiosamente", su voluntad y su certeza son en todo caso las de "otra" minoría (una secta incluso) que no sólo no puede demostrar que representa al pueblo en su conjunto ni a las masas en las que se supone que nada (y que sin embargo no consiguen arrastrar) sino que se proponen algo que no permitiría nunca salir de dudas... y que en todo caso sólo puede asimilarse a otros sucesos históricos que en nada fueron representativos y que ciertamente fueron dictatoriales aunque ni del proletariado ni del pueblo sino en su contra y de la manera más abyecta y hasta genocida. La idea inmediata de un "asalto al congreso", sede sin duda del poder burocrático-político aunque no en exclusiva, o sea, sede simbólica de ese poder, supone el asalto de una minoría con el fin de expulsar a la previa... Algo que además no pasaría de ser un mero y simple recambio de personas... para no poder hacer nada que ya no hicieran los otros, es decir, engañar a las masas para conservar el poder (y apelar en última instancia a la represión contra los "díscolos" y los "alienados" que se dejan llevar por los que se convertirían en "contrarevolucionarios": un acto que dudo revista la más mínima novedad).

d) Ahora bien, supongo que habrá entre los dirigentes "independientes" de la algarada ("independientes" en el sentido de ser "líderes potenciales", sea a través de una carrera en uno de los partidos o sectas en los que seguramente militan, sea con pretensiones de partido propio en uno u otro momento de la evolución de su omnipotencia narcisista) quienes se crean capaces o en vías de "dirigir" el país (lo que siempre se puede hacer contratando "buenos asesores afines"), pero por lo general, y dejando de lado a los que acuden en busca de adrenalina, no buscan el poder para sí mismos, como también nos dicen sus abogados. Se trataría sólo de realizar una presión que consiga modificar el rumbo de los mismos políticos, del propio

e) Lo que en realidad se pretendería a fin de cuentas es imponer una moral al sistema. Pero, ¿de dónde o con qué se construye, a qué herencia tributa, qué tiene de novedosa y de liberadora, cómo evitaría ser tan sólo desconcertante y mentirosa como la moral comunista y otras ya conocidas que exigen una conducta tiránica... contra la maldad intrínseca y centrípeta del hombre, contra sus defectos de fábrica, contra sus maldades y debilidades egoístas, antisolidarias, excéntricas, que vuelven a justificar al Leviatán...? ¿Puede negarse que en esto también se esté imitando y por tanto actuando igual que aquellos a los que se dice combatir o querer educar o secuestrar...?

f) Pero, volviendo al medio, a la grandilocuencia ilógica del lema y el inevitablemente utópico contenido aún bajo una supuesta antiutopía disfrazada, lo que los emparenta con aquellos a los que alegóricamente combate así como con los que eventualmente coinciden para ayudarlos de hecho a recuperar los mandos del poder, es la propia conformación del lema, su construcción neolinguística, la que sin duda es imitativa de la de aquellos, poniendo en evidencia la persistencia del paradigma histórico y su trampa: se piensa y se actúa como la propia burocracia.

g) ¿O es casual que se parezca tanto este resultado de aplicar el criterio grandilocuente sin contenido ni preocupación alguna por lo que ello pueda implicar al ese otro resultado igualmente agigantado e igualmente suavizado por los abogados que entran en juego que es la "amenaza secesionista" de Mas, recientemente elevada al rango de lo perentorio y programático por el partido catalanista CIU, en principio, sólo para conseguir "un pacto"? Lo significativo es que exactamente lo mismo que hemos estudiado hace un momento, esta vez en su verdadero espacio de sentido, es decir, donde tiene si cabe más "razón de ser" en tanto que promete una utilidad y responde a una necesidad consustanciales con la figura del político profesional y de sus metas. Aquí encontramos exactamente la misma grandilocuencia, la misma suposición por los abogados de que sólo se trataría de un simbolismo, la misma perspectiva de que ello desemboque en un desbordamiento incontrolado (pero útil a la lucha por el incremento de poder entre facciones burocráticas) de un estilo que nada debería hacerle creer a nadie que no pueda alcanzar el simbolismo de los llamamientos al exterminio de los hutus por los tutsis... que evidentemente no llegó a la total aniquilación... (y este sólo es un ejemplo de la grandilocuencia simbólico y del alud o desbordamiento que es capaz de aperturar).

h) He dejado para la extrapolación el hecho de que el acto es usado por los verdaderos actores  de la guerra abierta en la cúspide, esto es, en el seno de la burocracia que rige en realidad la sociedad desde uno u otro puesto en una u otra de las pirámides entrecruzadas y con todo hermanadas. Pero este no era el tema central de este análisis, y es un tema que he tratado muchas veces en este blog, incluso en relación al primer hecho de esta temporada de igual naturaleza y por ello similarmente denominado, el que pretende ser fundacional bajo la nomenclatura de 15-M y cuyas "luces" titilan en las frases simples y engañosas de, por ejemplo, un Sampedro. Lo que interesa subrayar aquí es que se trata de padres y de hijos de las mismas criaturas y que por eso el que sirvan a unos u otros es mera consecuencia de algo más sustancial. Debo de todos modos señalar que esto incluye elementos que ayudan a la confusión, por lo que deben ser entendidos y sólo pueden serlo de una manera: observando la idiosincrasia de los actores más activos, tanto los jóvenes nacidos en estos años de "bienestar" como los "asalariados" que se han quedado en mayor o menor medida sin capacidad de consumir y de vivir como antes (incluso de no vivir en absoluto). La masa está atrapada y entrampada en su debilidad bajo el peso de la complejidad que caracteriza el mundo, a la que lo ha llevado inevitablemente su marcha ciega y lo seguirá llevando "hasta el límite del caos" (como dice la Teoría de la Complejidad). El maridaje entre esa debilidad adocenada y los inescrupulosos que alzan o acabarán alzando las banderas terribles de la más férrea moralidad se hace paulatinamente inevitable, la confluencia es absoluta. Y no es una cuestión de siglas escritas en las camisetas, como algún día, "sorprendentemente" para muchos, y en alguna medida, se verá.


Concluyendo:

Como he dicho, estamos ante una simbiosis natural que se reproduce a partir del mismo caldo de cultivo social en el que ha sido inicialmente cultivada; donde la verborrea es la idónea para constituir la idiosincrasia que nació, vive y sólo en ese charco puede conservarse, que incluso a aprendido a producir en él lo que necesita para mantenerse del mismo modo que cualquier otra criatura que acaba adaptando el medio mientras a su vez se adapta a él en un único proceso.

La burocracia es sin duda la madre de la neolengua... que no necesita imponer (aunque, exagerando, redunda haciéndolo) sino que la contagia y la propaga. Y que por fin pretende aprovechar, a veces consiguiéndolo, a veces con resultados imprevisibles y daños colaterales en los que ni siquiera piensa, porque ni siquiera le preocupan salvo en el grado en que no sea capaz de evitar que los aproveche otro en su contra (en lo que a veces piensa tardíamente y otras sale con suerte y mejores dotes de astucia), a veces replegándose en espera de nuevas condiciones favorables (las que pongan al adversario de su propia estirpe en situación inestable).

Que esto traiga dolor y sangre... incluso algunos muertos...parece más que probable: las cosas agitadas tienden a desbordar siempre (lo hace todo, empezando por la vida, la facultad de pensar, la conciencia...). En cualquier caso, el tiempo hará de tales sucesos terribles un recuerdo borroso para la Historia tanto como otros viejos y olvidados casos que no pudieron igualmente frenarse sin que nadie en realidad lo frene sino las propias circunstancias enrevesadas.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La necesidad de tierra firme sea como sea

El ser humano tiende a ser fácil presa de una confusión un tanto inevitable (aunque de la que puede tomar cierta distancia si es capaz de dejar ante el Infierno de la Lucidez... "toda vileza"); se trata a mi entender de la que toma como valor absoluto una necesidad imperiosa de la facultad reflexiva (su carácter instintivo), la de pisar sobre terreno firme para avanzar en los hechos, en última instancia, por mor del mecanismo "supervivencial" al que obedece. Esta necesidad de tratar al mundo en términos "reales" con el fin de obtener resultados también "reales" es desde mi punto de vista inevitable, más allá de cualesquiera que sean los intentos de fundar una explicación teórica del mundo. Es más, a fin de cuentas, el primer término de la asunsión (ontológica) es la única que permite obtener los resultados reales (operativos) del segundo término, ya que las vocaciones relativistas, subjetivistas o idealistas, conducen sólo a la parálisis, siempre en un sentido puramente hipotético, dado a su vez que esas vocaciones y especulaciones se niegan a sí mismas en la práctica cotidiana, en el vivir, sea de manera histriónica o hipócrita, volviéndose de ese modo inasumibles y en el mejor de los casos, meramente especulativas (en realidad, yo les atribuyo una función práctica y política que exige esas señales identitarias como parte del modo supervivencial asumido por sus defensores teóricos).

Un buen ejemplo que nos lo ofrece el artículo "The collapse of the Tower of Financial Babel" que me servirá de base para unos apuntes que se reiteran un poco y van algo más lejos de su marco y de sus contenidos inmediatos.

Pretendiendo dar una explicación del uso ambiguo y encubridor de los términos técnicos que emplean en relación a la crisis financiera actual los especialistas en Economía (que de buenas a primeras, como en un acto de prestidigitación, pasan a ser... "los hombres" en general), el artículo resume la cuestión apoyándose en Derrida, es decir, ampliando momentáneamente el marco puramente economicista al que parecía querer circunscribirse y al que por fin regresa... armado con lo que yo llamaría "un digesto de teoría" y una apelación a la "autoridad teórica"; esa referenciación por antonomasia que practican los intelectuales de segunda fila de Occidente para "signar" de "serias" sus especulaciones inmediatistas (alter ego de los slogans políticos tácticistas). En esa línea resume:
 Derrida's Deconstruction takes a microscope to these signs, not to figure out what they truly mean or how to destroy their meaning, but to show how their meanings are naturally unraveling in the depths of our minds. Entire theories and academic arguments can be toppled by the context in which their signs are used, as that context may reveal any number of internal contradictions and circular, self-referential "terms of art".
Ahora bien, aquí los "problemas" (reducidos a los del lenguaje), son apreciados (a pesar de todo; esto es, de ser el hablante otro "generador de signos" de la misma especie que los "analizados") como "desde fuera" , o sea, son "objetivados", y "desde" esa atalaya autoerigida son vistos como parcialmente "artificial" (¡nunca del todo!) y las acciones humanas como "espectáculo" (¡nunca por completo!)

Los calificativos son en cierto modo rescatables para mí, que los uso haciendo en cierto modo "lo mismo". Ciertamente, sería, insisto, imposible hacer algo totalmente distinto (que sería estar realmente "fuera del mundo" y abstenerse en consecuencia no sólo de hacer política sino... de vivir). Como he dicho al comienzo, entiendo que no hay otro modo más que el de "enjuiciar" y ello sólo es posible realizando  "objetivaciones", esto es, situando la mente "por encima" y "por separado" de lo juzgado: eso que se experimenta como "el mundo" -que sería, por decirlo un tanto vagamente, "lo que me afecta y me determina"... a actuar, a dirigirme a, a tomar de, a apropiarme, etc.)

Sin embargo, hay una línea que sigue separando discursos "iluminadores" y "restauradores" de mis "anti-juicios".

Así, es MUY lógico que "otros grupos" vean las cosas como de hecho más que de derecho bien señala el artículo acto seguido:
Derrida's critics may claim that he is sitting comfortably in an ivory tower of "nihilistic" philosophy, willfully ignoring the plain-as-day "objective" meanings communicated by people in the "real world" on a regular basis. It is indeed counter-intuitive to think that what typically passes as "normal" social interaction or communication in our world is actually an elaborate, yet feeble sandcastle, patiently waiting for its moment to be washed back into the sea. That, however, is exactly the dynamic which we see in modern society.
Esto pone de manifiesto el verdadero problema: no hay un punto de vista Universal ni lo puede haber, y cada grupo necesita adoptar su propio discurso al margen de que sea o no "falso" si se mira desde la acera del "otro", lo que resultará igualmente falso para el primero. Es más: los "puntos de vista universales" deben ser sintetizados al grado de la consigna, del dogma y del slogan, y ganan su universalidad imponiéndose por la fuerza y/o el peso de las instituciones... de fuerza.

Sin embargo, hay "objetividades" que nadie se equivoca al tenerlas en cuenta (esto sin considerar los los errores inducidos por la toma limitada de datos o también la imposición de las inercias -ideología adoptada, intereses a los que se está atado, tradición, modales adoptados, moral, dogmas, etc.-) Si "explicamos" la genealogía del grupo y el vínculo causal que guardan con ella sus discursos... podemos comprender, hasta cierto punto y desde nuestro propio enfoque, qué se dice, y hasta por qué se dice del modo en que se dice... Es decir, podemos traducir, con lo que Babel sería superada... Claro que hasta cierto punto: un punto que no es emancipador ni superador ni siquiera clarificador de nada... "para todo el mundo" (¿quién haría de árbitro?), sino que sólo reafirmará nuestro discurso y nos llevará por el camino que ya seguíamos hasta el siguiente obstáculo "real", debido al resultado de las interacciones presentes. Pero ello es operativo... aunque en un sentido parcial, al estar sujeto a esas interacciones que se manifiestan como presiones y acciones producidas por las marchas de todos a la vez (y del movimiento de lo no animado incluso). Los problemas, pues, no están en lo que parezca (a uno o a otro) que se quiere decir sino en lo que resulta ser se diga o no lo que se diga, incluyendo lo que se dice, lo que se oculta, lo que se emboza, lo que uno cree, etc.: lo que se puede "reproducir" en el laboratorio de la Historia y que por ello puede es objetivo con una u otra piel.

El artículo, sin duda, permite al menos dos lecturas globalmente hablando: la mía (dejémoslo como un supuesto por ahora) y la que está signada en una u otra medida por la óptica de uno u otro grupo de los existentes (la masa de grupos sobre todo los orgánicos o no sólo "teóricos" -base en muchos y determinados casos de procesos que concluyen en organización o la simentan-) caracterizados por considerase respectivamente capaces de "actuar" de manera decisiva, o de "influir" de manera decisiva, en la dirección que cree será más favorable a su manera de vivir (esto es sin duda una mezcla de ideales e intereses, de ingenuidades, ilusiones omnipotentes, deseos de conservación y aumento, deseos también destructivos y autodestructivos, culpas y tabúes, etc., que confluyen en el seno del grupo subordinándose a ese "algo" que parece un cierto "programa de mínimos" o algo así: la bandera, el color, la gran meta, etc., que son "señas de identidad" alcanzadas y/o adoptadas y/o infectadas por los individuos). En este conjunto está incluida la lectura del articulista. Y lo que es interesante de observar es el germen que da lugar a esa conformación grupal, a ese llamado identitario, al reclamo o exigencia de que se hace eco y que pide de hecho "restaurar la racionalidad", es decir, la suya, en tanto no puede seguirlo soportando. Y esto conduce a la opción filotiránica de la que he hablado muchas veces, una opción que ciertas idiosincrasias no pueden evitar elegir, a las que ciertos perfiles socio-profesionales se ven constreñidos para no perecer... y que está de todos modos en lo propiamente humano y en lo biológico en general, sea con los matices y la imperfección que sea.

Porque, así como hay unos grupos... estamos los que (sin lazos orgánicos... ¿por ahora pero quizás nunca) queremos, "hoy", "otra cosa", "otro mundo", en todo caso, el "real"y "actual" reformado para contener el menor número de molestias posible para "nosotros" que, en fin, "somos otra cosa", "otra humanidad", "otra manada". (Y preciso al margen: que creamos poder ser nosotros mismos quienes lo consigamos o sea vaya a saberse quién o quiénes "nos" proveerán o "donarán" ese mundo y/o esas reformas, apunta a un segundo pero muy importante plano, que también conforma la idiosincrasia del individuo en cada caso en el terreno de sus "grandes esperanzas".)

Aunque no le de ese nombre, el artículo habla de manera casi explícita de una neolengua que se estaría imponendo de manera especialmente significativa (tal vez, para el articulista, "desde hace poco tiempo", y para mí, como signo, si cabe, de la época). Una neolengua en un sentido cada vez más orweliano, que responde como ella a una táctica en constante cambio o adaptación... aunque ésta se aplique sólo al juego de la mentira, que a su vez respondería a una estrategia de conservación del poder de una manera inescrupulosa in extremis (en este sentido, a lo que se refieren los que la juzgan "sin moral" o "sin valores" o "sin principios" o "sin coherencia intelectual" según sea el caso, más allá de que, como es lógico, cada cual se refiera a los "valores" o "principios" propios y, además, mientras los que juzgan así hagan en alguna medida, más circunspecta si acaso, el mismo juego).

¡Tómese nota de que, como es obvio, esta última descripción mía ya está incurriendo, con su enunciación, en el enjuiciamiento valorativo y en una identificación en contra del mundo que se abre paso a tenor de la práctica que denuncia! ¡Ello, claro, descubre mi rechazo excéntrico hacia la burocratización pero también ciertas recaídas nostálgicas residuales, cierto deseo de algo más de tolerabilidad!

Ahora bien, yo sostengo que el articulista y todos os intelectuales adolescemos de una conducta como ésa, y que ello se debe a nuestra idiosincrasia, a nuestro perfil socio-profesional. Incluso, que es algo básicamente humano, un componente inseparable de lo reflexivo y consecuencia de su perplejidad, que sin embargo pasa a segundo plano cuando se tienen otras armas con las que se está más seguro, más confiado en uno mismo (el caso de las masas, el de los delincuentes, el de los burócratas, el de los deportistas, etc., etc.)

La "neolengua ultra-adaptable" y "ultra-reformable" de "valor/uso y fundamento táctico" que se ha ido haciendo, consolidando, extendiendo y valorándose positivamente hasta un grado que a algunos todavía nos abruma, es un resultado sin embargo propio del lenguaje humano, donde la trampa y la mentira son armas inextirpables. Que hoy haya llegado a un grado tan considerable de depuración, de institucionalización y organización, de formalización para la transmisión, etc., siguiendo no obstante las reglas propias del "discurso" y del "mito", es para mí la contrafaz de la burocratización, a cuyas élites les va como anillo al dedo (tal vez por eso se ha llegado hasta aquí y aún se pueda ir más lejos... hasta el caos... ¿y la posterior resurrección?). Ello sólo evidencia cómo la lengua y el punto de vista podrá llegar a ser dominante en tanto sirva a la solidez y perdurabilidad relativas de la sociedad a la que responde, una sociedad donde los fuertes son los que asaltaron sus medios de poder de modo que los débiles lo aceptan... o sean extirpados en cuanto florecen, dando lugar a una prole de las características adecuadas a la dominación. Y entiéndase esto como una simplificación teórica, ya que en cada caso, la conformación de este proceso ha sido, es y será muy compleja y localmente específica. Y también de compleja descripción en el detalle (incluso porque el lenguaje tiene una función que se opone a la inoperancia del no-juicio y de la no-grupalidad que presupondría).

Está en el orden de las cosas: el proceso de complejización que encuentra su punto de arranque paradigmático (dentro de los marcos de su propia Historia) en el tiempo en que se estableciera la "fragmentación social" nacida del aumento y diversificación de la población que desborda el marco de la manada, luego el de la jefatura-sabia, etc. (proceso intervinculado y retroalimentado en sus origenes a los comienzos de la domesticación de los seres inferiores).

Ahora bien, volviendo a puntualizar entre paréntesis: esta narrativa NO es pura mentira ni tampoco Verdad que pueda ser "de todos" (universal, absoluta, aunque no por no reflejar la dinámica real sino porque la dinámica real la tiene que rechazar el discurso que la sostiene so pena de desaparecer en los términos planteados, conformados, producidos...). Esta narrativa, además, no puede proponer nada a nadie ya que se sabe incapaz de imponer (sabe que el discurso no convencerá y que la fuerza le es inaccesible además de repugnante, ya que su conciencia le niega protagonismo -sabe y siente, en fin, que nunca pudo imponerse, ni con los trucos de la filosofía en los que ésta confió por una ingenuidad "necesaria", es decir, por respeto al propio ego, a la propia conformación socio-profesional-; y, por otra parte, se cava la propia fosa al decirle "al otro" de manera explícita y formal que no se atribuye derecho alguno a imponerle nada, que NO tiene de su parte a La Razón -un "absoluto"- ni a un Dios más metafísico -otro "absoluto" no siempre contrapuesto al primero, como ya se sabe- en torno al cual pudiera realizar una campaña de proselitismo (o educación), y que, incluso, entiende, y trata de que el otro comprenda, por la vía de la lógica y el peso de las evidencias, abriendo los oídos,... a su voz y pensamiento, al menos (aunque sin conseguirlo aquí tampoco) para escuchar la parte del discurso que pretendería explicarle por qué tiene todo el derecho, en su búsqueda de una salida para su realidad, a oponerse a la inculcación que a fin de cuentas se deriva de la exposición y discusión lógica que le dedica mi discurso, en definitiva sin sentido; que no podrá evitar rechazarlo, que sólo parcialmente podría oírlo y que, incluso, se quedaría con los recortes apropiados tergiversando de ese modo su sentido en beneficio de su propio discurso. De cualquier otra manera acabaría capitulando, rindiéndose al atractivo del ejercicio del poder, de placer que satisface a los tiranos y sacerdotes que consiste en tener súbditos y/o seguidores. Este discurso ha concluido que, por poco que se juegue al proselitismo se incia una andadura burocrática y prefiere la coherencia en soledad al calor superficial de la multitud (ese que elige el Goetz de Sartre en "El diablo y dios").

Sueña, pues, a lo sumo, juega, con la posibilidad utópica de la propia tiranía, que gustosamente impondría (no necesariamente por la fuerza) al mundo... si mágicamente pudiera... y sin ensuciarme... Incluso sintiendo que no sabría muy bien qué hacer con ella para acabar... autotergiversándose y autodeslegitimándose), y no da pasos ciertos en tal sentido (a lo sumo, sería capaz de tener UN único discípulo... que llevaría al suicidio o a promoverlo...). Es un Sócrates con la conciencia de un Aristófanes que se burla de su propia conducta.

Bastante lejos llega el articulista al decir:
It's about why every such iteration of the latest grand master plan will perpetually fail to provide any coherent and comprehensible "solutions" for our global economic predicament.
Claro que... presuponiendo que él mismo sí podría elaborar un discurso no sólo coherente, sino coherente para todo el mundo... es decir, "absoluto".

El artículo hace referencia a Papandreu en tanto que paradigma del fenómeno, y analiza su jugada. Pero, no la ve como la jugada del jefe de una camarilla sin escrúpulos que se debe sólo a la propia banda de ladrones a la que pertenece. Y el por qué nos debería decir mucho. ¿No nos está acaso repitiendo de una nueva manera la cantinela de que cabría esperar La Verdad y La Razón de una especie de burocracia positiva, quizá sabia?

Pero cuando Papandreu dice:
"Do they want to adopt the new deal, or reject it? If the Greek people do not want it, it will not be adopted," the prime minister said after protests were held around the country last week against his government's austerity policies."
...  lo que hace es... volver a postular a su camarilla y a sí mismo como dispuesto a liderar una u otra de las situaciones... A postularse con vistas a ganar el puesto... o a morir en el intento. ¡Y eso, el articulista no lo dice! ¡Se queda en la crítica al lenguaje oscurantista y promotor central de La Confusión, del Babel, que él... se supone, y tal vez los suyos, descifrarían de manera objetiva y absoluta, aunque tal vez sólo esté manifestando que se lo esté exigiendo a algún fantasma burocrático que no nos desvela!

¿Qué otra cosa si no puede significar lo que sigue?
Hateful rhetoric, mass protests, violent riots and unrelenting strikes - those are the consequences we reap from weaving our meta-narratives with such chillingly empty words. Talk is cheap, but it is still proving too expensive for a world without economic growth and without any sense of lasting confidence or trust. At a certain point, the human intellect can no longer function inside Schrodinger's box of self-referential labels and  cannot continue playing games in our world of WordCraft.
Pero es a continuación de ese párrafo cuando el articulista alcanza el máximo de lucidez posible, a unos pasos de un espacio discursivo o teórico que vaciaría de contenido el rol que desempeña, al menos que lo dejaría reducido a un juego ante el cual no se sentiría obligado a jugar (algo propio de los roles socio-profesionales... y de la supervivencia humana, a cuyo protegido le cuesta demasiado sentirla como un simple juego):
We will always be  disappointed with what is presented as a "solution", we will always be  frustrated with the lack of meaningful "progress" and we will always be  angry at those who refuse to let us outside of the box. There will be no  satisfaction found in this virtual existence of binary outcomes,  political avatars and manufactured meaning. Only when the system's structures are fully deconstructed will we find any relief in the language and meanings of our future.
La "crítica" del articulista no va, pues, mucho más allá de un vieja práctica del opositor que busca derrocar al tirano para serlo él mismo. "Critica" las oscuridades del lenguaje ajeno, sus mentiras, prometiendo la propia veracidad impracticable. Y, lo peor en estos tiempos, repite la única salida de los tiranos en potencia: que todo se solucionaría situando a la cabeza una moral. Algo que caracteriza a todos los grandes contendientes de hoy en día, desde los refundadores del capitalismo hasta el capitalismo mixto tutelado de los comunistas chinos pasando por el islamic capitalism de similares características de los regíemenes fundamentalistas. Tal vez... ¡horror!, los que signarían el futuro del mundo en su totalidad a la manera extrema manifiesta en los mencionados experimentos locales.

No añadiré a esto más comentarios, y espero que se me permita haber vuelto a escribir para quienes indagan en una sintonía cercana capaz de acoplamientos.


martes, 11 de octubre de 2011

De los llamamientos al exterminio de las "cucarachas"... y otros equivalentes

Al individuo racional (o racionalizado) de nuestro mundo, homo occidentalis como cabría ser denominado, (1) le cuesta mucho comprender los fenómenos que derivaron en masacres genocidas o pogromos de todo tipo, habitualmente de dimensiones masivas y participación directa de media población, la "mitad" que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía a modo de liturgia. Ese fue el caso de la masacre ejecutada en Ruanda por los tutsis contra los hutus a instancias de las locuciones de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, pero también las incesantes parafernalias que incluyeron siempre unas u otras concienzudas y responsables dedicaciones (profesionales, en el mejor de los sentidos) de los guardianes de los campos de concentración y otros verdugos hasta sus jefes máximos e inspiradores, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. 


Estos hechos, apenas provocaron un ligero temblor de las estanterías del pensamiento ingenuo de la masa intelectual posmoderna, esas estanterías donde todavía se mira al lomo de unos manuales perimidos que siguen vistiendo al salvaje de bueno y de mejor, seguirlo llamando salvaje a pesar de la tecnología de la que disponen (además de los machetes) y reafirmar de ese modo estereotipado e hipócrita la superioridad occidental (que sería digna de desear y/o imitar por todos). 

Si algo sorprende y aterroriza a los ciudadanos del primer mundo ("donde eso no puede pasar", se dicen) es que aquellos pogromos alcanzaron dimensiones masivas con la participación directa de media población, la parte que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía. Hay muchos casos como los de Ruanda, pero hay muchos más que obedecen a la misma dinámica y alcanzan menos preocupación y más indiferencia (porque... "aquí no pude pasar") a las "buenas conciencias". Hablo de la creación (como necesidad social) de los oficios concienzudos y responsables de vigilantes, torturadores y verdugos, entre los que fulguran los contemporáneos guardianes de los campos de concentración, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos, pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. Es la participación activa de las masas (y debería serlo también la procedencia popular de los guardianes) en la ejecución de las masacres y las razzias lo que "no se comprende", lo que más sorprende a los occidentales de "buena conciencia"... que una y otra vez alientan, valoran positivamente y recuperan parcialmente de la Historia, tales "acontecimientos conmovedores" (esos que en más o menos "cinco días" han sido capaces de "conmover el mundo").  

Los datos que aportan los más radicales estudios de los largos años de caza de brujas que van desde el siglo XIV hasta el XVII más o menos (y que no fue una mera "continuación" de las luchas contra las herejías cristianas, que fue una lucha interna de legitimación, más allá de los aspectos comunes) evidencian significados que no dejan de repetirse, formando así parte del "patrimonio de la humanidad". (2)

Por mucho que hayan sido racionalizados desde que se implantó la escuela pública, los occidentales acaban apelando a la socorrida mística que al mismo tiempo denuestan como supuesto patrimonio de "La Iglesia", es decir, como oscurantismo escolástico. Ello a pesar de que esa Iglesia en especial heredara muy conscientemente la racionalización (bastaría leer a San Agustín y reconocer que La Lógica de Aristóteles está en la base de sus conjeturas y que la razón nunca estuvo reñida con la piedad sino todo lo contrario desde Sócrates) y apelara a ella hasta para las más inexplicables de sus campañas, como la de La Inquisición, en paralelo por cierto con la "caza de brujas" macartista o las llevadas a cabo por los bolcheviques y otros comunistas empezando por el Lenin y el Trotsky de Kronstad y pasando por la Revolución Cultural y la edificación de la Kampuchea Democrática de los jemeres rojos. En otras palabras, esos fenómenos inexplicables los llevan una y otra vez a apelar a la demoníaca maldad del imperfecto ser humano (donde la "perfección" no vendría definida en base a una realización más eficaz de su teleonomía sino por la del "deber ser" ideológico, sea el del ideal platónico o ateniense, el de la Revelación, el de la Ilustración o el del comunismo; es decir, sería una "imperfección superable" por alguna vía... vía siempre definida por el analista.) Todas las referencias a "la barbarie" (es decir, a "los otros"), a la "animalidad", a la "ausencia de moral", etc., que sirven fundamentalmente para fundar una identidad occidental cosmopolita, implican una reafirmación central: los bárbaros (o extranjeros; no suficientemente occidentalizados en el mejor de los casos) deben ser sometidos, culturalizados, etc. Los actos de guerra y de conquista occidentales, las represiones que se ponen en tela de juicio en mayor o menor énfasis según se practiquen entre "nacionales" o no, entre "occidentales" o no, en grados que van en paralelo con la "familiaridad" de los lazos entre los combatientes, siempre quedarán racionalmente justificados (con discursos democráticos, especialmente, como se viene haciendo desde el primero de ellos debido al bueno de Pericles).


Pero no se trata aquí de poner en la picota la hipocresía de "los pueblos" ni de sus "dirigentes" (algo que debe ser actualizado en tanto esos "dirigentes" conforman cada vez más nítidamente una especie de "raza" separada de "sus pueblos" a la que se enfrenta desde "una posición ventajosa", incluso militarmente hablando), aunque la equiparación de las conductas y valoraciones sirva para la comprensión de las dinámicas reales.

Cuando las primeras emisiones de la Radio Libre de las Mil Colinas comenzaron calificando de insectos (en concreto: "cucarachas"), a la manera de la "sociedad de Ender", a los enemigos de la humanidad (referida como siempre a la de la propia genética... y lealtad), podía buenamente pensarse que se trataba del acto de una pandilla de locos vociferantes de los muchos que de tanto en tanto acaban disparando a las masas en un día de rabia (como recientemente sucedió en Noruega), donde las consecuencias se consideran meros daños colaterales, es decir, donde las víctimas no pasan de... ¿doscientas, trescientas...? Luego se pudo pensar que esos "locos" expresaran uno u otro grado de convicción o, en otras palabras, más precisas, que respondieran en uno u otro grado a un "plan" inescrupuloso de índole inquisitorial. Desde el nacimiento de la racionalidad como marca identitaria (de Occidente), la invención de "herejías" puede considerarse un recurso al servicio de la persecución social, como señala de manera insuficiente y de hecho confusa, el historiador Trevor-Roper en su estudio de la "caza de brujas" de los siglos XVI y XVII. (3)

Ahora bien, en cuanto escarbamos bajo la superficie que las ideologías nos recomiendan e impulsan fabricar, podemos observar unos detalles mucho más significativos y concretos que, precisamente, soportan mi tesis capital, en concreto que esas campañas persecutorias buscaban en lo fundamental la consolidación del propio ejército, dándoles unas señas de identidad específicas de grupo (una tesis que enlaza con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas que ya he citado otras veces). Por una parte, alejándonos del mito de las revoluciones de masas, los ciclos históricos escalonados del progreso lineal (derivado del desarrollo del pensamiento o del de las fuerzas productivas). Por otro, aproximándonos a los elementos básicos, de raíz, que definen la idiosincrasia humana (o mejor dicho, la conformación de la misma en el tiempo) que suelen verse cada vez menos en tanto las capas de complejidad que se entretejen las sepultan.



La cuestión crucial nos la revela la dinámica concreta, al detalle, estrictamente fenoménica y ejemplar, que se pone en marcha, ex nihilo hasta donde puede decirse (o, sea, emergente, y que apunta a la mecánica de las genealogías), que lleva hasta la conformación de un movimiento que es visto simplemente como "de masas" o "espontáneo" (a la manera en que "una cerilla puede incendiar una pradera"). Esta visión simplista, que ofrece tantas esperanzas a todo movimiento en sus inicios (y ahí está el 15-M que cree marchar hacia una "revolución" o las ilusiones que despiertan "las crisis", en especial las "económicas" llamadas "del capitalismo" en la intelectualidad cada vez más proletarizada (y/o burocratizada) que desde Sainte-Beuve ve diluirse el sueño renovado, esto es, "renacido", de su "República de Sabios") (4), y que no ve las condiciones preexistentes que soportan los incendios genocidas mencionados, las que no se quieren ni ver ni quiere verse hacia qué o dónde tienden. Y que, cuando ya han llegado al climax... los hace decir... "no lo comprendo".) Sin embargo, como sucede en biología, son los aspectos iniciales en los que se pueden ver las perspectivas del camino que se recorrerá salvo... que no se pueda (algo que no depende de la dinámica del mismo modo que el nacimiento de un pollito a partir del huevo... que puede ser frustrado porque se lo coma una serpiente de su entrono o por el choque de algún meteorito "de fuera" cuya trayectoria, como es lógico, no lo tomara en cuenta). Señalo esos aspectos:

a) La prexistencia de facciones dirigentes en pugna por el Poder en condiciones de equilibrio altamente inestable (basta que sea percibido como tal, aunque ni la mala ni la buena percepción otorgan garantías de fracaso/éxito ya que todo depende del curso de la propia dinámica). Es el punto decisivo: las facciones, a veces una situada en la "oposición", a veces más de una, son las que "inventan" los discursos "reformadores" (o "revolucionarios") y los sintetizan en slogans efectivos (capaces de abrir un espacio potencial en el sentido apuntado en el punto c, más abajo). Las masas en este marco no pueden ser menos "patas" (...garras, dientes, alas, aletas, orugas...) al servicio de la lucha de los opresores potenciales que las de los caballos o las de los tanques, aviones y submarinos, en el sentido señalado por Goethe y lo que digo de la tecnología en las notas). La efervescencia de la lucha intestina entre las facciones que comparten en diversos grados el poder (incluso como oposición legal o consentida), la perdida del equilibrio o posibilidades de conseguir que se pierda que a veces es mera presunción y a veces ésta pude ser un primer paso... no es sino más de lo que se tiene al alcance de la mano para ser utilizado en las estrategias cuasi-instintivas de poder (que pasan por acciones grupalistas, a su vez de dominio en el grupo y de adopción de una identidad).

b) La necesidad de mantener y aumentar la cohesión en el ejército propio de cada facción contra la otra (una tesis que conecta con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas (Estilos de pensar, El Levítico como literatura) en lo referente a la mecánica de creación de las identidades de grupo). Y para consolidar las filas del propio ejército de militantes leales, para fidelizarlos, hay que darles un espacio para que se realicen como espejo de la cúspide. Esto muestra vínculos estrechos, de vasos comunicantes, con lo siguiente:

c) La predisposición de los pequeños líderes de alta idiosincrasia tiránica que por serlo están especialmente predispuestos a aprovechar el momento y la situación que se abre para reafirmar su rol y ocupar un puesto más relevante que el que tienen en la misma estructura o en una alternativa que se les promete o que se proyecta, y por las que se apuesta a la vez que se las tiende a conformar sobre la marcha (hasta hacerla muchas veces definitiva, esto es: a instituirla). Estos pequeños tiranos locales (los frailes y funcionarios laicos de la inquisición, los imanes de base, los comisarios bolcheviques de base...) tienen ciertamente una idiosincrasia común específica, donde el resentimiento hacia los poderosos los impulsa a un doble juego de servidumbre y de traición sistemática, a la búsqueda del jefe más dadivoso y sin escrúpulos, a la realización de todo pacto con el verdadero diablo que le permita una vida más cómoda, etc. Obsérvese, de paso, que con el tiempo, fue esa la subespecie de la que han brotado, gracias a la democratización burocrática de hoy en día, los mediocres y mezquinos gobernantes e intelectuales que rescataron las consignas de su homólogo Robespierre acerca del "cordón sanitario" y la "salud pública". Nada que no merezca el nombre de demonización con el objeto de "dividir el mundo entre la luz y la oscuridad" (ibíd., pág. 127) logrando crear el climax que permita a los mediocres, profesionalizados como políticos, chantajear y acorralar a todos los demás, desde un Papa del que se arranca una bula hasta una simple campesina a la que se le aplica el derecho de pernada.

d) La "mala conciencia" (o debilidad) en los idiosincrásicamente "neutrales", que permite la aplicación de un "chantaje a las masas" así como a "las minorías" militantes (pertenecientes a la competencia, esto es, al conjunto de los líderes potenciales y aliados), cuyo objeto es la neutralización y si es posible el reclutamiento. (Una cosa disponible y por ello aprovechable, claro.) Se realiza hasta el límite de la amenaza a los colaboracionistas (para lo que no hace falta sino la neutralidad crítica de tipo liberal, por ejemplo) a quienes se desprecia en primera instancia y se acusa de traición, o sea, de ser más peligrosos y despreciables que el propio enemigo declarado (llegan a constituirse en "el enemigo principal" en nombre de la lucha contra aquel, y en objetivo a aniquilar de no convertirse en buenos y leales militantes.) Trevor-Roper da cuenta, por ejemplo, de las arremetidas contra "todo aquel que no crea hasta el más mínimo detalle grotesco de la nueva demonología" (ibíd., pág. 132) o de las críticas que recibiera Erasmo por su "incredulidad" acerca del fenómeno de la brujería (ibíd., nota 64, pág. 139) y enumera casos posteriores notables de quienes corrieron "grandes peligros" (ibíd., pág.143 y desde la pág. 154 en adelante) (5)

e) Como bien señalara Trevor-Roper, "La mitología devino (y devendrá una y otra vez) en un folklore establecido que generaba (y la generará una y otra vez) su propia evidencia" (Trevor-Roper, op. cit., pág. 127), que "una vez lanzadas, adquirieron impulso propio" (ibíd.) Sin duda se trata de "fantasías recurrentes", pero "necesarias" a la fragmentación adoptada y cada vez recompuesta.


Esta visión sin duda excéntrica (a tenor de lo que se prefiere mantener) se apoya en el reconocimiento de una indiscutible herencia recibida de nuestros más primitivos ancestros, la de la grupalidad (para la claridad de este concepto y sus implicaciones, remito, de manera perentoria, a El mito de la educación de Judith Rich Harris así como a los textos citados de Mary Douglas), y en la evidencia de la fragmentación social que fuera instituida en un momento dado de la historia, como producto inseparable de la domesticación, vía regia no tecnológica (6) para incrementar el poder de los más predispuestos (y capaces, aunque no en el sentido moderno del término) para ejercerlo; esto es, "los más fuertes", los más "arriesgados", los más "astutos", los menos "escrupulosos", etc. Una vía o sendero que sin duda iría ahondando, con cada nuevo paso a través de la espesura y en concreto mediante la casi automática selección artificial impuesta por el propio curso de las cosas, el abismo que separaría a aquellos de los "débiles" y sometidos (y educados) con el recurso de la fuerza al menos al principio.

Si nos dejamos de introducir al "maligno", es obvio que allí donde estos aspectos se pongan de manifiesto, allí tenderán a producirse los fenómenos señalados. Y si no introducimos al "benigno"... será sólo uno u otro estado de las relaciones de fuerza decisivas el que determine hasta dónde se puede llegar.

Este enfoque parece el único capaz (yo, por el momento, no veo otro) de dejar atrás la sorpresa que acaba enmudeciendo así como el recurso a la metafísica que acaba en la reiteración del mito, la defensa del slogan y la complicidad hipócrita. Y así queda expuesto en apretada síntesis.

En todo caso, quede claro (y las referencias al presente inmediato están ahí demostrándolo) que entiendo la reflexividad en general y la mía en particular como una herramienta al servicio de la supervivencia, es decir, al cálculo que podría evitarnos una sorpresa más de aquellas, salida no se sabe de qué Radio o de qué televisión... de qué consignas...

Y eso, a fin de cuentas, pertenece a Lo Político.




Notas:

(1) Los grupos de homos occidentalis, en realidad como todos los grupos humanos de la Historia, se  ha situado en un supuesto plano superior signado declarativamente por "la no-violencia" como una de las principales opciones tácticas que reflejan su adscripción a la "racionalidad". Creo que la absurdidad del mundo y la sensación de indefensión y aleatoriedad en la que hoy vive la gente han desplazado a "La Razón" honesta (dentro de lo que cabía) como signo de los tiempos en favor de la seudorracionalidad variable del tacticismo que se practica desde los gobiernos de todas las instancias de poder, más o menos globales, más o menos continentales, más o menos nacionales, más o menos locales y... más o menos políticas (en referencia a que se manifiestan en todas partes, como las Universidades o las Grandes Empresas). Entre las opciones que se eligen según el momento, "la no violencia" está indudablemente de moda y es asociada con derechos, democracia y justicia como si de aquella se derivaran naturalmente estos.

(2)  Ciertamente, predominan los pruritos autorrepresores en amplios círculos de las poblaciones del Occidente, al punto que podríamos atribuir algo propio de una "zona de frontera" lo que sucedió en los Balcanes, y a la "locura" el reciente "acto individual" pro-nazi de Noruega este mismo año. Las poblaciones, eminentemente racionalizadas mediante la educación escolar y familiar bajo condiciones de "bienestar" y con iconos referenciales del tipo "no violencia" y "no crueldad" (que se aplican de manera relativa en cualquier caso), se sitúan sin embargo al borde de la violencia intergrupal (donde los grupos se definen progresivamente donde no los había exactamente). Todo comienza como un alud para luego ser imparable hasta que provoca un estado de colapso significativo o entran en juego elementos de fuera (convirtiéndose en factores interactuantes en el marco del entorno). Cosas como la propia "no violencia" cambian a violencia... en nombre de la consciente o inconscientemente provocada en el ejército contrario; por ejemplo, el de la policiía que ya está predispuesta de por sí a ejercerla (es su mandato), a la que se acusa de excesos que deben ser contestados. Se sabe de la participación usual en medio de las multitudes de agentes especiales capaces de iniciar el fuego o avivarlo (que no tienen por qué estar al servicio de un Estado, al menos oficialmente).

(3) "...vemos la persecución de la herejía como intolerancia social", sostiene Trevor-Roper (La crisis del siglo XVII, Katz Editores, Bs. As., 2009, pág. 118), lo que respondería al temor popular hacia lo extraño, lo diferente, lo insumiso, "la heterodoxia o disconformidad social" (ibíd., pág. 121) -que acabará reduciendo a meros transtornos patológicos- que se desatarían "en tiempos de introversión e intolerancia" (ibíd., pág. 119) Si se quiere, se puede tomar la acusación al propio pueblo (ibíd., pág. ) como un hallazgo o en todo caso como la reafirmación de algún otro descubierto anteriormente en el que se insistiría, pero lo que sostiene Trevor-Roper no explica lo fundamental (dando no obstante matices ciertos de la superficie y no de la raíz) sino más bien y en el mejor de los casos sugiere una tautología que sería históricamente innecesaria o superflua: los opresores, que son tomados de manera indiscriminada y vaga, ya aparecen como dueños de la situación, como "clase dominante", y las masas no amenazaban ni, como de costumbre, podían amenazar esa dominación ya que algo así nunca está en la perspectiva de las masas (y cada vez menos gracias a la complejización); en otras palabras, no tienen posibilidad alguna de plan alguno de conquista, siendo, además, meros instrumentos al alcance de unas u otras facciones en su lucha por el poder y en sus auténticos planes de conquista... contra las facciones enemigas de su misma especie (véase más abajo en el texto el punto a.)

Trevor-Roper acaricia uno de los puntos clave del problema aunque sin sacar las conclusiones que de ello se pueden derivar, al mencionar el rol decisivo de "los frailes", de los "inflexibles funcionarios" o de los "tribunos del pueblo" locales (ibíd., pág. 123) que presionaron a través de su pirámide jerárquica (creando evidencias de manera paulatina y chantajeando de hecho a sus superiores). En sus palabras: "cruzada evangélica emprendida por los frailes" -ibíd., pág. 119-; "presión (...) desde un nivel inferior, desde las órdenes misioneras" (ibíd., pág. 123); etc., que se desarrolló hasta conseguir que las bulas papales institucionalizarán sus prácticas, para lo cual tuvieron que desdecir una vez más el dogma fundacional del cristianismo en base a las cuales (y a la posesión de un espíritu ilustrado) "En general, la Iglesia establecida se oponía" -ibíd., pág. 123-). El punto c se relaciona con esto.

No es así del todo correcto, por más que suene a hallazgo y a pretensión de toma de conciencia ("una advertencia saludable para que nunca creamos" en la verosimilitud de "brujas" o "cucarachas", pretende Trevor-Roper -ibíd., pág.136-) que "los tribunos, a su vez, respondían a la presión popular" (ibíd., 123), sino que la agitaron aprovechando astutamente sus temores unos pocos salidos de las propias filas del pueblo, como no podía ser de otro modo, y como sigue sucediendo con los "pequeños líderes" presentes indispensablemente en todas las movilizaciones y movimientos de masas. Así, es cierta "la cooperación de la sociedad", pero no tal y como lo expone Trevor-Roper. Sin duda, de la masa del pueblo resentido y deseoso de protección, nacen los "tribunos" arribistas que enlazan con el fragmento social dominante, al que a la vez sirven, chantajean y si resulta aparentemente mejor, traicionan. Aquí la patología, si cabe considerarla como tal, no es la locura ni el miedo sino la debilidad y la cobardía genealógicamente reproducida con mutaciones e imperfecciones a lo largo de los tiempos, a la vez, útil y problemática para los estamentos dominantes y/o conquistadores en lucha fratricida.

Trevor-Roper, cuyo argumento "la razón verdadera subyace a la razón alegada" (ibíd., pág. 119) se vuelve en su contra poniendo en cuestión su propia explicación racionalista (apenas fundada en "otra" ciencia, la de la psicopatología -ibíd., pág. 133), arremete a la vez y muy verazmente contra la falsa contraposición entre racionalismo y escolástica ("El clero y los hombres de leyes del siglo XVI eran racionalistas. Creían en un un universo aristotélico y racional..." -ibíd., pág. 133-) como la que hoy se agita en España a la manera de una verdadera caza de brujas en germen puesta en marcha por los nuevos jóvenes y no tan jóvenes "tribunos" del presente, desplazados hoy a la frontera del fructífero bienestar social, donde la brujería sería ahora la doctrina visible o supuesta de los antiguos cazadores (las manifestaciones contra el Papa durante su visita llegaron ciertamente a la violencia sin contar con que ya se arremete con violencia verborrágica de por sí, aunque como exteriorización de lo que más ampliamente compondría "la derecha", aherrojada así al "clericalismo", al "machismo" y a la "defensa de la educación y sanidad privadas", de cuyo abrazo no logran zafarse... ni siquiera los liberales ateos, los capitalistas homosexuales o las mujeres ejecutivas). Poco y nada ha cambiado conceptualmente hablando, ya que la militancia anticlerical española tiene una obvia función en la compleja e irregular lucha interburocrática al lado de la "memoria histórica", "la alianza de civilizaciones", la educación pública contaminada ideológicamente por medio de la "educación para la ciudadanía", etc., todas piezas de la estrategia del zapaterismo para perpetuarse en el poder (hasta ahora y desde mañana...) mediante la estratagema de inducir una identidad negativa en el contrario.

(4) Recomiendo repasar las elucubraciones y declaraciones de Sainte-Beuve que tuvieron lugar a mediados del XIX acerca del proceso de proletarización y burocratización de los creadores de cultura  que él mismo experimentó en carne propia (véase W. Lepenies, ¿Qué es la intelectualidad europea?, undécima conferencia, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores)

(5) Trevor-Roper nos ilustra acerca de la para él secundaria consecuencia y para mí verdadero objetivo del proceso, señalando ejemplos más que numerosos y sobre todo significativos de presión, condena verbal y escrita, defenestración y hasta quema en la hoguera que afectó a las personalidades acusadas de "vacilantes", "blandas" y "cómplices criminales del diablo" (op.cit., pág. 156) que en realidad no  cuestionaban ni combatían la creencia en la brujería en sí, sino que atacaban a sus verdaderos enemigos a los que se resistían cuanto podían (a veces en secreto o en modo anónimo), la "clase" de los torturadores (ibíd., pág. 167). Entre esos casos hay jueces (ibíd., pág. 142) e incluso reyes (ibíd., nota 103, pág. 156) y obispos (íbid., nota 135, pág. 171). La propia aceptación por los críticos de la existencia de las brujas y  su objeción centrada en el uso de la tortura (que producía fabril y febrilmente brujos a mansalva) demuestra por otra parte entre quienes se establecía el auténtico conflicto por el Poder del que la caza de brujas y la demonología eran racionalizaciones al servicio de otra lucha. Y si el proceso se interrumpe... es porque sencillamente conducía a la inoperancia social, o sea, al colapso.

(6) Es innegable que la fragmentación y la domesticación de unos hombres por otros (para mí inevitable e idiosincrásica) haya sido indispensable para e inseparable del desarrollo de la Tecnología y de la Ciencia Contemporáneas y con ello del predominio occidental. Esa domesticación, que empieza siendo aplicado a las plantas, a los animales y hasta a las mujeres, dando lugar a las diversas sociedades fragmentarias primitivas, lo que fue trazado el camino y orientando en gran medida el rumbo futuro o posible. Y una vez instituidas, esa herencia ancestral ya no se podrá erradicar ni corregir, sino por el contrario se irá consolidando hasta  un punto en que, me atrevo a afirmarlo, ni aunque la tecnología alcanzase un grado teórico de desarrollo suficiente podría permitirlo (es más, no podría impedir el colapso que el proceso va perfilando; colapso que, si adoptamos un cierto sentido lógico, cabe pensar que haría posible "otra cosa" a posteriori del mismo.

De todos modos, basta considerar sólo lo evidente para deducir que esa herencia actuará como el mejor de filtros para que puedan alcanzarse fines hipotética y racionalmente emancipadores, es decir, idílicos y/o anclados a los residuos del presente paradigma. En otras palabras: que nunca se valorará tal herencia como... suficiente para permitir "el salto emancipador". Por el contrario, siempre llevará a justificar la estructura social que la sostiene, conserva y desarrolla; esto sucederá con tanto frenesí como el que asistiera a los cazadores de brujas en su tiempo a las más increíbles e irracionales campañas.  La fragmentación impone límites que no admitirá nunca franquear. Por eso necesita pedirle cada vez más a la tecnología o evitar que se direccione o se limite amenazando su permanencia.

Los famosos y tan admirados desarrollos tecnológicos de la antigüedad muestran que esto último siempre fue así: mayas, incas, egipcios, persas, babilonios... realizaron obras ciclópeas aplicando conocimientos dignos de un puesto en las mejores Academias Renacentistas, pero apenas si se consideraban a sí mismos como "genios" y daban a sus conocimientos y a su trabajo otra dimensión que escapara a la función de servir a su Rey y a los dioses que este representaba. Esa tecnología (¿"fuerzas productivas"?) no cuestionaron nunca las "relaciones de..." dominación e incluso no iban más allá de lo que estas requiriesen (incluídos el "derroche", la "destrucción", el "gasto", el "desaprovechamiento" de lo existente o dado, etc.). Hoy, sólo se han redefinido algunos términos y en una nueva "inversión" de las cosas se llama "productivo" a aquello que permita consolidar y reproducir las mencionadas relaciones de dominación.


Claro que el mecanismo en marcha no es "perfecto" ni mucho menos y una y otra vez pone en cuestión el estado de cosas. Son los momentos en que nos acercamos al colapso, que renace y se frena a raíz de la pripia dinámica.