miércoles, 11 de enero de 2012

De los deseos de "mejorar el mundo" (primera aproximación)

En la medida en que "La Crisis" ("crisis del endeudamiento crítico generalizado", como yo la denominaría en un primer aproach) ha ido "progresando" en los foros instituidos de debate (las tertulias radio y teledifundidas por medios de comunicación o de prensa, donde ya sabemos que la palabra de periodistas y comentaristas diversos fue siempre muy poco de fiar y hoy aún menos) un falso dilema con escasa honestidad mínima y amplia retórica hueca. Lo que en cierta medida cabe considerar una preocupación por el "mejor gobierno" es sin embargo en lo fundamental la puesta en escena de una lucha táctica por algo bastante más mezquino y fragmentario, donde la apropiación de los grandes ideales cosmopolitas alcanzan un grado de mentira desconcertante y autoengaño cada vez más notable.

Con tales trajes, el asunto parecería devolver la vida a los mismísimos diálogos platónicos e, incluso, al sentido impuesto a muchas de las leyendas y mitos primitivos levantados en conjunción con las primeras formas de gobierno dados ya con las primeras sociedades basadas en la fragmentación social (lo que no implica sugerir ni negar su eventual "superación"), como es el caso de Platón cuando señalaba el origen mítico de "las leyes" a pesar de lo cual se permitía, en oposición con lo que "instruía" el Pentateuco, a re-legitimarlas (post-poética, post-sofística o "filosóficamente") mediante La Razón, a la que de todos modos atribuía un origen divino (del mismo modo que últimamente se la pretende re-legitimar mediante, por ejemplo... "la Física Cuántica"). (1)

Ahora bien, a pesar de todo, esos deseos no dejan de expresar realidades. Y en el fondo así ha sido siempre, incluso a través de las formas de la Filosofía que se siguen privilegiando y sacralizando, es decir, des-humanizándolas con el fin de des-animalizarlas... o, en otras palabras, divinizándolas como un modo discriminatorio de... re-humanizarlas.

Hoy, con un ropaje más modesto, incluso burdo e inconsecuente, los discursos periodísticos y de los diversos profesionales especializados o simplemente informados, aún pretenden para sí la misma dignidad (algo que la democracia contemporánea ha legitimado en cierto modo). Por ello debería ser hoy más sencillo de ver la "mezquindad" que encubren... y sin embargo sigue costando lo mismo. Sin duda, la cuestión no estaba en los atributos supuestamente divinos de la filosofía, de la reflexión profunda, de los nuevos sacerdotes que la veneraban después de encumbrarla, sino en las ventajas que pudiera dar un discurso apropiado y eficaz, capaz de servir para unos fines... digamos por ahora: "diferentes" de los que se agitaban y se agitan; fines o metas que se señalan como mezquina, como siempre, por quienes sólo se han disfrazado de dignos, es decir, a modo de etiqueta negativa para la construcción de la propia identidad (lo que hizo la filosofía clásica con los sofistas, lo que hizo la ciencia con la brujería...)

Esto no significa que no respondan precisamente a las esperanzas y temores humanos sino todo lo contrario. Lo que eso significa es que se trata de una máscara que esconde en cada caso un rostro diferente, el del fragmento social con el que cada cual se identifica, siendo esos fragmentos en gran medida coyunturales, emergentes e inestables que abrigan conservar la sintonía con su mundo inmediato y continuar enlazados a los estilos de pensamiento dominantes en efecto o en cierto grado de éxito. Una sintonía a la que apelan los los conquistadores de la gobernación y sus aspirantes potenciales con el objeto de alcanzar sus fines de poder mediante la promesa ofrecida al grupo idílico derivado de tal cohesión ideológica podría realizar gracias a su liderazgo, se lo crean honestamente o no les importe prácticamente nada.

Así, debemos reconocer seriamente que la preocupación que se discute sea en el fondo lógica y realista además de idílica en tanto la "crisis"  evidencia una fragilidad concreta de la sociedad presente, la así llamada "sociedad del bienestar", de la que hasta cierto punto han gozado las mayorías gobernadas con su alto grado de "paz" y "estabilidad" próximas y sus dramas periféricos. Sin duda se trata pues de una percepción psicológica que por otra parte se toma como transitoria y accidental en el camino del progreso ascencional que nos signaría a pesar de todo. Lo sorprendente en todo caso es que todo sea vivido con tanta artificialidad, sorpresa que sólo puede despejarse entendiendo que responde a una artificialidad de la que no hay posibilidad de desprenderse, a una artificialidad que se ha instalado como realidad. En cierto modo, como dijera Debord, orquestando un espectáculo en una sociedad donde sólo hay espectáculo (aunque Debord y sus seguidores deduzcan que se trate de una situación que, con la misma pretensión aparente de Platón y una variante de sus intereses, crean posible desmantelar mediante una lucha... no artificial, no espectacular).

Todo eso, necesidad y mentira, realidad y desconcierto, olfato y confusión, cálculo y trampa, se encuentran en los discursos concretos utilizados para sostener desde la supuesta necesidad de una "urgente" "refundación del capitalismo" hasta las "exigencias" de una denominada "democracia real"; conformando así variaciones propagandísticas cuya mediocridad y vacuidad los separarían de la seriedad de los debates platónicos y el estilo propio del filosofar pero tan sólo en la misma proporción en que distan entre sí los actuales filosofastros de hoy de los filósofos antiguos: como veremos, una mera cuestión de estilo y grado de certeza acordes con unos y otros tiempos; una mera diferencia de... perfiles socio-profesionales y posibilidades o dificultades de legitimación de los mismos. Donde hasta la visión que podríamos tener los más letrados... acaba configurando tan sólo otro diagnóstico  propagandístico, honesto en todo caso a su manera e igualmente artificial, mítico si se prefiere.

Es que en realidad de lo que debemos partir es del reconocimiento de que lo que debería cambiar en el objeto del discurso no son las causas últimas (causas que harían de los clásicos algo veraz, serio, digno y del de hoy algo falaz, tacticista, deshonesto, o, a la inversa, del antiguo algo incompleto y del actual algo más lúcido) sino la sociedad que lo produce y lo acoje y los personajes que hacen posibles su construcción, los que convierten los deseos en discursos y los hacen más o menos operativos y con más o menos amplitud con el fin, como veremos, de legitimar los propios perfiles socio-profesionales conformados-en-el-mundo, los que realizan su "instinto de conservación" bajo la forma de una "pasión intelectual" (véase Nietzsche, La Gaya Ciencia, af. 2); porque de esto se trata en última instancia hoy... y tanto como se trataba antiguamente (y me refiero a un tiempo que empezó hace hace más de diez mil años y pasito a pasito hasta que cogió carrerilla).

Volviendo a encarar los hechos más cercanos, no se podrá negar que últimamente, en Europa -y en particular a cuento de los casos italiano y español y en el cuadro de los cambios de gobierno que se avecinaban y/o se estaban produciendo-, ha tomado forma una variante de la mencionada "discusión" seudo-filosófica, ciertamente ambigua o blanda, el tema del carácter "más adecuado" que debería tener un gobierno para "sacarnos de la crisis" (algo que se encuadraría bajo la pregunta "qué gobierno sería el mejor" si lo dijéramos en los maximalistas términos platónicos). El debate gana fuerza a veces cuando ciertos "hechos inexplicables" salen a la superficie (como el nombramiento de una burócrata "científica" de "ideología socialista" en el ministerio "liberal-conservador" actual) y otras permanece aletargado o se reduce a referencias vagas, pero ello es sólo parte de la "conveniencia política" que también ella ha acabado por hacerse "líquida" (por usar un término expresamente posmoderno debido a Baumann, o blanda,, leve,  moldeable, tacticista, etc.).

Lo que se manifiesta en estas ocasiones, es la cuestión de las ventajas/desventajas y/o peligros/seguridades del carácter "tecnocrático" de la gobernación en detrimento del "específicamente político" y viceversa. En este "debate", sin duda, todo se mantiene bajo unos mínimos eufemísticos de los que se deriva hoy uno y mañana otro "carácter" para definir al gobierno (en base a la presencia de más o de menos "tecnócratas" en él, de la manera en que son escogidos y, en el extremo, de la potestad que unos les dejan a los otros para que "decidan" qué hacer, cómo y a favor o en contra de qué...). En él, sin duda, se dejan fuera de discusión casi todos los asuntos clave, dándolos por "asumidos", manteniendo la "discusión" en términos de mero entretenimiento (es decir, en los términos actuales más concretos y gráficos: en los adecuados para una tertulia o para varias). Y sin embargo, en estos discursos sigue habiendo "humanidad", como veremos; sigue habiendo, en fin, artificialidad y vínculo con lo real.

Así, en el plano de lo que se manifiesta de entrada, unos parecen optar por lo que definen como "asepcia ideológica" mientras que otros hacen "valoraciones" positivas comparativas de un gobierno respecto de otros (el español recién nacido en detrimento del italiano, por ejemplo, apuntando a que el primer ministro español es "un político" mientras que en el otro sería apenas "un tecnócrata"). Y, se denuesta o se valora al gobierno español actual por "ceder" o "conceder", según el caso, cierto poder "político" en favor de la (supuesta) "tecnocracia" (supuesta en base a las justificaciones que se dejan traslucir), es decir "por contar con expertos" al margen de "su trayectoria política" (aunque resulta inevitable sugerir que haya cosas que "no se entienden" y se deslicen hipótesis que incluyen el sempiterno "cambio de chaqueta" del designado o la posible existencia de "un compromiso" con "la oposición" o "los perdedores", algo de lo que, como dijo uno de los flamantes nuevos ministros españoles, "ahora es tiempo"... algo que, indudablemente, "saben" hacer soberanamente bien... "los políticos", precisamente, sean estos de origen "profesional" o hayan ejercido de "especialistas" fuera de cualquier gobierno previo.

Debería ser sencillo de ver que el "debate" en cuestión no tiene el contenido que trata de aparentar, que se establece entre meros eufemismos, además llenos de contradicciones y escamoteos muy burdos, con la consiguiente sustitución más que ostensible y digerible de la realidad por un mediocre baile de máscaras en el que los personajes y sus evoluciones son pobremente inventados para distraer apenas "a cortísimo plazo", y ni siquiera son capaces seriamente de esperanzar y por fin desconcertar... salvo en tanto crean un vacío abismal en el que todos nos demos por perdidos, resignados y vencidos... Hay material de sobra para ello.  Y es curioso, también esto debe ser señalado, que, no obstante, logran llevar a la población a entrar en el juego y a aceptar la invitación implícita a participar en calidad de opinante cualificado... aunque sea en un marco estrecho más semejante al de cualquier otro espectáculo que será sustituido al día siguiente por otro, donde hoy se trate simplemente de estar con unos y contra otros y mañana inclusive todo lo contrario. Cosas de la democracia que nos lleva del mismo modo que una nave a la deriva; eso de "Y la nave va" que dijera Felini.

Lo interesante es a mi criterio que al aproximarnos al debate como si tratara de algo serio, real, ontológico, es decir, tomando por tales la significación que dicen proponer sus protagonistas mediante sus exposiciones reducidas, simplificadas, burdas incompletas, propagandísticas... resulta que nos encontramos como nunca antes con que todos los discursos humanos de los que tenemos constancia y aún de los que deducimos que serían similares... tienen un puro fin metiroso. Estamos en una época que al fin, ha dejado de decir prácticamente alguna cosa, donde las referencias de todos los tiempos han quedado al desamparo, en estado de horfandad. En este contexto, todos estamos dando manotazos para no morir ahogados y no, como se intenta aún vestir a esa horfandad de un modo digno, para ganar el cielo. Todos nuestros recursos se ponen así al desnudo mediante su endeblez (o "liquidez", como preferirá Baumann). La creciente falta de profundidad, de conceptualidad, de rigor "filosófico" que se señala desde la modernidad en decadencia, llena de pretensiones pero desdicha por los acontecimientos evidentes, no hace sino darnos la pauta de que todos los discursos humanos, como bien vio Nietszche, son "mentira" o sirven a las campañas de dominio (engaño incluido). (2)

Si tomamos la socorrida Historia, que hoy ha devenido parte inseparable de todo discurso analítico digno de consideración en tanto que pieza clave del mismo, vemos lo poco que se ha ganado con ello al poner el pie no la concatenación real sino en la relativización que la usa de apoyo (la "justificación" pragmatista de Rorty, por ejemplo) a la vez que mantiene el otro pie en el refugio desde el que se mira el mundo (su esencia) como un resultado establecido en la eternidad y para la eternidad. Y es indistinto si se hace referencia explícita a los dioses (entes eternos o incondicionados respecto del tiempo) como sus creadores (incluido "El azar creador") a razón de su capricho o de unos planes esencialmente insondables para el hombre. En cualquier de los casos, se trata de suponer el mundo sensible como el revestimiento que encubriría otro, un núcleo absoluto (una naturaleza), engañoso y desconcertante; un mundo-imagen en definitiva, una apariencia. Esta fue a grandes rasgos la visión explícita (metafísica en sentido estricto) hasta comienzos de la modernidad durante la que desde el primer momento comenzó a entrar en crisis, y esa visión no ha colapsado aún y sobrevive de manera cada vez más formal, decadente e hipócrita (dando lugar a una forma adaptada al conjunto de la posmodernidad actual, digamos nuevamente, "líquida"). Y en todo caso, favoreciendo que nos veamos forzados por honestidad y muy a pesar nuestro a reconocer la jugada; algo que de todos modos no significa una conciencia radical de su causalidad (como puede verse en Nietzsche a pesar de haberla acariciado).

Una vez tras otra se sucedieron así, y se suceden,las "justificaciones" que soportan esa visión del hombre y de sus sociedades (autolegitimadas de ese modo como "humanas") capaz en todo caso de pulirse o de hacerse cada vez más virtuosa mediante el combate denodado contra los residuos animales, salvajes o bárbaros merecedores de esclavitud, sometimiento o aniquilación (inclusive reeducación), y suponer que la hemos "superado". La Filosofía tiene de principio a fin su auténtica  razón de ser precisamente en esa vocación sacerdotal... para la que erigiera en ídolo de su obligada adoración a una inalcanzable e indefinible sabiduría. A mi entender, sólo una nueva era de oscuridad y persecución del pensamiento (sin duda muy plausible en perspectiva aunque nunca "eternizable" y siempre soslayable de manera parcial -a cuento si acaso de unos nietzscheanos "filósofos del futuro" o algo parecido-), evitará que se acabe de definir y explicar su genealogía (quizás mediante esa "sociología de la filosofía" que mentara Leo Strauss y que según él estaba esperando ser escrita) y de ese modo se pueda ver cómo y por qué esa visión (¡esa necesidad, no natural sino instalada!) resiste, logra escabullirse y colarse por las rendijas y por fin metamorfosearse para subsistir, para seguir sirviendo, para... evitar la nada existencial... Cómo y por qué; es decir, su gestación, su dinámica y su tendencia a morir.

Esa Historia pues que ha entrado en los discursos (¡hasta en los discursos religiosos; situándose en fondo como siempre, entre dos mundos... hasta lo insoportable!) ha sido tratada de tal manera que se ha conseguido hacer de ella también un arma o un nuevo soporte para la defensa de esa fortaleza o refugio contra la nada, adquiriendo dotes hipnóticas capaces de afirmar la (ideológicamente) necesaria idea de Progreso que caracterizó la marcha ascendente y por fin frustrante de la modernidad (mientras la realidad maltrecha del presente es resistida denodadamente al precio de la ceguera desconcertante). Ello hasta el punto de darle un puesto sacro... esto es, absoluto. Se llega a adorar el movimiento (admitiendo la idea heracliteana que ve cambiante al río aunque esencial al bañista) afirmando su supuesto vínculo sustancial con el destino y su naturaleza ascencional. Y como tal... se venera, dando toda caída o tropiezo por un accidente... que a fin de cuenta debe ser atribuido (cuando no se puede dejar de explicar de algún modo, cuando ya no se puede "callar" según el consejo positivista...) al absoluto complementario: el mal.

En definitiva: una nueva pirueta malabar que nos devuelve al mesianismo por un lado y también y cada vez más al "ya se arreglarán" los que vengan después aunque de hecho; algo que puede comprenderse... y no justificarse en tanto se admita que tiende a sufrir una revolución en la medida en que hiciera explícito lo que escamotea; una revolución que empezaría pues por la vergüenza para terminar derrumbándose, sin asidero alguno, auténticamente alienada y desdicha por los acontecimientos. Y, repito: tal vez tragada por la oscuridad más profunda y prolongada que no será ahorrativa en sufrimientos.

En cualquier caso, se admita o no la creencia en la ineluctabilidad histórica y se sitúe más cerca, más lejos o en el infinito la meta de la sociedad humana básicamente paradisíaca, no se puede negar el deseo de los hombres a una sociedad que todos llaman justa aunque dándole cada uno sus propios contenidos y sin verdadera precisión para su estructura y la manera de alcanzar, construirla y conservarla... más allá de las promesas vagas y la inclusión de hecho o de derecho del sometimiento, marginación o aniquilación de los díscolos.

Ni se puede negar tampoco que la contracara del engaño/autoengaño encerrado en el declarado cosmopolitismo, definitivamente hipócrita o utópico, que encubre las acciones supuestamente orientadas a plasmar aquellos ideales de justicia, parte o incluye el apriorismo de que la complejización creciente (incluyendo la convivencia de grandes poblaciones bajo formas políticas o de poder) que nos caracterizaría (conformando nuestro actual paradigma) sería natural, absoluta, inamovible o consustancial. Ello, precisamente en base a lo que se supone que dice La Historia considerada natural o absoluta, a pesar de saberse ya de manera incontestable en nombre del propio credo (historicista) llevado hasta sus últimas consecuencias y a una aplicación radical y congruente de su lógica, que esa Historia comenzó un buen día, un día alegórico que, repito, yo sitúo en el mencionado entorno de hace una decena y pico de miles de años, durante los cuales se instituyeron las sociedades fragmentadas y domesticadoras (algo a su vez indudablemente vinculado a la misma concepción historicista/progresista antes mencionada). Pero eso, la existencia de un nacimiento (o emergencia), de un punto de inflexión que separaría prehistoria e historia, lleva a predecir una muerte... la cual se produciría necesariamente algún otro día; muerte que debe ser entendida como fin o pérdida del paradigma nacido en aquel punto: el paradigma de la complejización incesante antes mencionada que se funde inevitablemente con la idea de Progreso ascencional y que realimenta los intentos inconsecuentes de conciliar  lo justo con lo cosmopolita. Con lo que se cierra el círculo que vive de desear que haya algo inamovible, absoluto o incondicionado.

Ante (y sobre todo en) esa Historia, observamos que el pensamiento reflexivo organizó de dos maneras básicas el mito defensivo (o rechazo de la nada): la idealista y la realista (en diversas mezclas). Ambas sin embargo coincidentes en el mismo apriorismo (a cuento de ese rechazo, o negación, de la nada).

Así, Platón, manteniéndose en el marco de un debate puramente lógico, es decir, al margen (hasta donde ello le fuera útil) de lo real u operativo, poní en segundo plano lo eficaz, (3) no sin dejar de considerar por ello, con fines propagandisticos sin duda, (4) las referencias empíricas a la mano y de apoyarse secundariamente en la experiencia, mientras que, por ejemplo, Spinoza, mil quinientos años después, con Hobbes y Maquiavelo, optaba en primer lugar por un posibilismo realista. (5)

Spinoza y Maquiavelo en particular, que se alejaron pues del racionalismo en cierto grado tendiendo a asumir criterios pragmatistas, reconocían que el desencaje entre el ideal (para ellos utopía) y la realidad (que había que aceptar hasta el límite de la risa -Nietzsche-) era inevitable (o necesario: bajo la forma de la mentira, aunque no acabaran de comprender todo su rol efectivo u operativo, en el que negaban que se situara "el mal"... pero haciéndolo reaparecer inevitablemente en sus narrativas -6-), poniendo incluso en crisis la propia posibilidad de alcanzar el soñado "mundo bueno" (como "mejor"), el cual, como bien señala Strauss, sólo podía quedar en manos de los sabios, de los filósofos... aunque se aceptasen imperfecciones momentáneas con "resignación" a cuento del adoptado "realismo político"... Esto no es ya Platón sino, tal vez, Jenofonte, como se deduce de la cita anterior (nota 2). A fin de cuentas, así se llega a Nietzsche e inclusive a Leo Strauss, al reconocer la dificultad idiosincrásica de los filósofos para gobernar (e incluso para influir en los gobernantes, algo que se ve cada vez más lejos hasta la straussiana -y heideggeriana- idea forzosa de refugiarse a la contemplación) y se acaba dando a lo instituido el valor de experiencias "eficaces" en el camino. Es el más allá de Spinoza, de Maquiavelo, de Tucídides... no por nada emparentados en un notable palimpsesto que permite evidenciar un insoslayable... "eterno retorno".

Pero, ¿acaso la apelación renovada de uno u otro modo, una y otra vez, a una naturaleza humana de índole metafísica, inextricable e insuperable a la manera en de la misión encomendada a Sísifo por los dioses? O habrá que pasar a responder de alguna forma más lúcida y operativa a la pregunta de rigor: ¿acaso haya algo que no remita a causas últimas y esencias absolutas al pensamiento de modo de imperdirle su tránsito a un paradigma diferente que le permitiría ir "más allá de..." su atricheramiento, como he sostenido que haría (¿haría?) falta?, ¿algo que dejaría de lado todo mito incluso a la manera embozada del positivismo lógico, que no sólo recomendaría "callar" por incapacidad humana (superable potencialmente o no, o sea, en cualquier caso esencial) sino que da por sentado que lo insondable tiene entidad efectiva ya que, como decía Wittgenstein, acaba por "mostrarse" (sea Dios... o la Diosa de la Fortuna y/o el Azar), sino, sencillamente: porque... no haría falta alguna para el calcular humano -necesariamente imperfecto a causa de su origen previo y no de algo situado en el principio de los tiempos, donde nada de lo que sucedería a más de una cierta distancia podía estar previsto-?

Tal como lo veo, aún cuando se pudieran alcanzar las "causas últimas" (para lo que se apuesta al "Progreso de la Ciencia y la Tecnología") no avanzaríamos un ápice en la conciencia de nosotros mismos ni en dar a la vida y a nosotros "un sentido". No serviría tampoco para cambiar nuestras conductas, que sólo pueden ser cambiadas en el marco de los proyectos de los actuales o los futuros dominadores (mediante la mencionada selección artificial que habrán de defender involucrando en ello a los impotentes y llevando la sociedad a un colapso necesario donde esa impotencia exceda toda medida y la estupidez de lo que se pone en primer término haga imposible nuevos pasos). En el Big Bang no se hallará nada de la futura presencia del hombre sino en todo caso la ya evidente tendencia a la complejidad y a la individuación, la presencia de la inercia y de la interactividad, etc. Lo determinante de cada hito está en el anterior y en su propia emergencia así como en lo que diera lugar a la inflexión que la separa de la actual. Así, "El Progreso" deja de ser "un problema" (como lo considera Strauss y antes Nietzsche y la modernidad; sea para valorarlo positivamente, sea para lo contrario, sea para ponerlo en duda y... tal vez "bajo control"). Todo lo humano se inscribe en algo que marca la pauta y nos metiera inevitablemente en la senda de la complejización política propiamente dicha: la necesidad de dominar, cuya "mecánica" debe aún ser dilucidada, cuya "genealogía" debe ser precisada. Ello nos dice que la "búsqueda de las últimas causas" (esto es, la filosofía y las ciencias), reconocida su expresión en tanto que "pasión intelectual", responde a ese apetito de dominio tal y como lo asumen quienes sienten esa pasión como su mejor arma para sobrevivir y conservarse, mientras que "el realismo" y "pragmatismo" relativo de las masas (que las lleva a esperar algo de "los políticos" y nada de "los filósofos") deriva de la imposición a ellas de la propia complejidad a la que se entregan. Desde este enfoque, pues, "El Progreso" sólo es un invento que da de comer... salarios mediante (incluida ya La Guerra) por lo que, al igual que los "principios" de la filo-sofía, no tiene nada que ver con el bien o con el mal... salvo para la confección de sus ropas y disfraces y ello porque tiene que ver con el "instinto" y su empuje ciego.

Estudiaremos esto en un las siguientes partes de la mano de los hechos, como hasta ahora, o, si se prefiere, mediante una apelación directa a "la cosa" como habría dicho Heidegger (aunque más allá del sentido que él le diera y sin duda de las maniobras filotiránicas en general).







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Notas

(1) En "Las Leyes", Platón hace referencia, de modo un tanto "relativista", al mito homérico que sustentaría que las leyes de los hombres habrían sido aconsejadas (y por tanto "reveladas") por los dioses (el rey cretense Minos, de Cnosos, recibiría "cada noveno año" esos consejos de Zeus (op. cit., libro 1, 624b) no privándose del derecho a juzgarlas mediante La Razón y criticar sobre tal base a los propios dioses o, más exactamente, negarles de hecho la existencia como tales en el caso hipotético de que no fueran como debieran ser (662d), lo que es indistinto a todos los efectos. Es digno de observar así como Platón niega a Protágoras (616c) situándose como "medida de todas las cosas" terrenas y celestiales, "medida" que sacraliza desde su propio perfil, que afirma por considerarla trasmitida a partir de una primera revelación, como llegaron a deducir los rabinos medievales de su lectura en busca de armas para el proselitismo. Pero que no cabe sino explicarse como producto de su necesidad de consolidar una identidad diferente de sus oponentes y predescesores sofistas a costa de los que los filósofos nacientes se pusieron en marcha para ganar una nueva legitimación social.

Dicho sea de paso, en este y fundamentalmente en este aspecto sería apropiado hablar de una oposición Atenas/Jerusalem tal y como ya señala Strauss... apuntando a sus raíces comunes, aunque sin llegar a viviseccionar ni valorar suficientemente el mecanismo genealógico que está detrás prácticamente como lo decisivo en la cuestión: en síntesis, la necesidad proselitista específica del judaísmo de la diáspora medieval que es la que lo lleva a apelar a Platón tal y como antes el cristianismo apelara a Aristóteles; sin acabar, en fin, de aceptar radicalmente la común base humana que aflorara de manera crítica y contradictoria en los individuos que se especializaron en las tareas reflexivas y de cálculo en cada contexto; individuos cuya conformación reflexiva agudiza la omnipotencia nacida de la perplejidad de la autoconciencia. Sobre el tema espero tener otra oportunidad para explayarme más a fondo. De todos modos, sirva esto para resaltar el tema que sigue estando detrás de las conductas reflexivas de los hombres (visibles cuanto menos se las logra bloquear o contener).

(La tesis que remite a la procura de una identidad de grupo distintiva puede verse especialmente en la obra de Mary Douglas, en especial en El levítico como literatura, editado por Gedisa, que me permito recomendar.)

En cualquier caso, el a priori fundamental y absoluto de que esa Razón es la "capitana de los bienes divinos" (ibíd., 631c) queda incólume. La concepción platónica, como se sabe, consideraba eternas y absolutas a las Ideas y no a los Dioses, que "debían" caracterizarse por responder a ellas  (se podría decir, encarnarlas o personificarlas, algo que ya estaba inscrito en la mitología anterior a Platón donde los dioses toman sus leit motivs de los instintos y sentimientos humanos a la vez que una realidad sacramental -la tierra, el tiempo, el océano...-) y trasmitirlas a los hombres.

(2) Esto se puede encontrar en toda su obra, pero me inclino por aconsejar especialmente Más allá del bien y del mal y La Gaya Ciencia.

(3) Platón deja esto de lado en su búsqueda de la verdad como buen racionalista e idealista: "... dejemos fuera de consideración las victorias y las derrotas; digamos "esto está bien y esto otro no"; pero primero oid de mí cómo en todo ello debe examinarse lo que es bueno y lo que no lo es." (Las leyes, 638b). Para Platón, no se trata(ba) aquí de hacer un relato histórico (fidedigno) sino de usar las referencias históricas para ejemplificar y justificar "nuestros racionamientos", como declara sin tapujos en Las leyes.

(4) Ni siquiera es consecuente en su oposición a los métodos sofístas y retóricos que critica pero imita, como se puede ver en muchos de sus diálogos (el Gorgias sin ir más lejos, precisamente donde se enfrenta a la Retórica... pero la usa en beneficio propio) o mismamente en Las Leyes

(5) Spinoza, por ejemplo, procuró diferenciarse de ciertos "filósofos" inclinados a la "Utopía" así como de los "políticólogos" y decía en referencia a unos y otros: "...se considera que nadie es menos idóneo para gobernar el Estado que los teóricos o filósofos. (...) Los políticos, por el contrario (...) Se esfuerzan, pues, en prevenir la malicia humana mediante recursos cuya eficacia ha demostrado una larga experiencia (... y...) han escrito sobre los temas con mucho más acierto que los filósofos..." (Tratado político, capítulo 1, parágrafos 2 y 3). Decía al fin que "Por mi parte..." (él tomaba la realidad y la experiencia muy en cuenta, aunque... con el objeto de conquistar una determinada convivencia entre los hombres... lo que sin duda requería el Estado y... sus inevitables abusos, esos llevaban al pueblo a creer o sentir "que debían contar con ser objeto de trampas" (ibíd.)

¿Llegaba con esto Spinoza a la raíz? ¿Llegaba realmente en relación con "las acciones humanas" a "entenderlas" en lugar de "ridiculizar (las)" o "lamentar(se)" por ellas o "detestar(las)" (ídem, parágrafo 4)?  Sin duda, a mí me parece que en una buena medida pero no del todo, y por ello, al no dar llegar a la raíz, define difusamente tanto a aquellos "filósofos" como a estos "políticos"; a los primeros reduciéndolos a lo que Nietzsche llamará mucho más tarde "filosofastros" y a los segundos confundiéndolos en buena medida con los "politicólogos". De ahí que emplee vaguedades del tipo de "suelen" o "se cree" y, que en nombre del realismo ("lo acorde con la práctica" -ibíd.-), denoste a los primeros y apruebe a los segundos contra la desconfianza popular (y su propia "experiencia"). Él, que critica a los primeros por denostar la malignidad humana... denosta la malignidad del pueblo para cuya vida ordenada... ve necesario los correctivos políticos aunque pequen de abusos, excesos o irracionalidad...

Sin duda, Spinoza es un caso muy ilustrativo o ejemplar que reitera la evidencia de que estaba, al igual que Platón, su relativo opuesto, atrapado por ese señalado apriorismo contradictorio y desconcertante que lo llevaba a ver como "bueno" un mundo que de "bueno" en el fondo, ni de "malo" tampoco obviamente como él señalaba, no tenía nada (al margen de que se lo pudiera vestir de ese modo), ni siquiera... como "bueno" (o "malo") para el ejercicio del pensamiento... que era lo que en realidad más consideraban digno de preservar, esta vez, de nuevo con Platón y Sócrates... para quienes "la sabiduría es la virtud más superior" (Fedro, Leyes, República, Teeto...). Una trampa de la que no escaparía ni Kant, ni Hegel, ni Marx, ni Nietzsche... hasta que, en plena curva descendente, la trampa se revestiría de mediocridad supina y tacticismo cada vez más burdo, vacuo, falto de imaginación y arte, de filosofastría si acaso y cada vez más ni siquiera de eso.

(6) En Spinoza: "Los hombres son de tal índole que les resulta imposible vivir fuera de todo derecho común" (ibíd., parágrafo 3). Y Nietzsche no por nada denostaba, como se sabe, a la "democracia". Es interesante cómo estaban con esas caracterizaciones muy cerca de la completa caracterización de los problemas... ciertamente "demasiado humanos"... ciertamente, y a eso no llegaron, demasiado superanimales... ¡y nada más! Y es interesante cómo se negaban ambos a abandonar en tanto que absolutos o necesarios el cosmopolitismo y la supuesta marcha del progreso que lo habría sustentado... y sin duda su comodidad y el espacio en el que se veían capaces de insertarse.





lunes, 28 de noviembre de 2011

La necesidad de tierra firme sea como sea

El ser humano tiende a ser fácil presa de una confusión un tanto inevitable (aunque de la que puede tomar cierta distancia si es capaz de dejar ante el Infierno de la Lucidez... "toda vileza"); se trata a mi entender de la que toma como valor absoluto una necesidad imperiosa de la facultad reflexiva (su carácter instintivo), la de pisar sobre terreno firme para avanzar en los hechos, en última instancia, por mor del mecanismo "supervivencial" al que obedece. Esta necesidad de tratar al mundo en términos "reales" con el fin de obtener resultados también "reales" es desde mi punto de vista inevitable, más allá de cualesquiera que sean los intentos de fundar una explicación teórica del mundo. Es más, a fin de cuentas, el primer término de la asunsión (ontológica) es la única que permite obtener los resultados reales (operativos) del segundo término, ya que las vocaciones relativistas, subjetivistas o idealistas, conducen sólo a la parálisis, siempre en un sentido puramente hipotético, dado a su vez que esas vocaciones y especulaciones se niegan a sí mismas en la práctica cotidiana, en el vivir, sea de manera histriónica o hipócrita, volviéndose de ese modo inasumibles y en el mejor de los casos, meramente especulativas (en realidad, yo les atribuyo una función práctica y política que exige esas señales identitarias como parte del modo supervivencial asumido por sus defensores teóricos).

Un buen ejemplo que nos lo ofrece el artículo "The collapse of the Tower of Financial Babel" que me servirá de base para unos apuntes que se reiteran un poco y van algo más lejos de su marco y de sus contenidos inmediatos.

Pretendiendo dar una explicación del uso ambiguo y encubridor de los términos técnicos que emplean en relación a la crisis financiera actual los especialistas en Economía (que de buenas a primeras, como en un acto de prestidigitación, pasan a ser... "los hombres" en general), el artículo resume la cuestión apoyándose en Derrida, es decir, ampliando momentáneamente el marco puramente economicista al que parecía querer circunscribirse y al que por fin regresa... armado con lo que yo llamaría "un digesto de teoría" y una apelación a la "autoridad teórica"; esa referenciación por antonomasia que practican los intelectuales de segunda fila de Occidente para "signar" de "serias" sus especulaciones inmediatistas (alter ego de los slogans políticos tácticistas). En esa línea resume:
 Derrida's Deconstruction takes a microscope to these signs, not to figure out what they truly mean or how to destroy their meaning, but to show how their meanings are naturally unraveling in the depths of our minds. Entire theories and academic arguments can be toppled by the context in which their signs are used, as that context may reveal any number of internal contradictions and circular, self-referential "terms of art".
Ahora bien, aquí los "problemas" (reducidos a los del lenguaje), son apreciados (a pesar de todo; esto es, de ser el hablante otro "generador de signos" de la misma especie que los "analizados") como "desde fuera" , o sea, son "objetivados", y "desde" esa atalaya autoerigida son vistos como parcialmente "artificial" (¡nunca del todo!) y las acciones humanas como "espectáculo" (¡nunca por completo!)

Los calificativos son en cierto modo rescatables para mí, que los uso haciendo en cierto modo "lo mismo". Ciertamente, sería, insisto, imposible hacer algo totalmente distinto (que sería estar realmente "fuera del mundo" y abstenerse en consecuencia no sólo de hacer política sino... de vivir). Como he dicho al comienzo, entiendo que no hay otro modo más que el de "enjuiciar" y ello sólo es posible realizando  "objetivaciones", esto es, situando la mente "por encima" y "por separado" de lo juzgado: eso que se experimenta como "el mundo" -que sería, por decirlo un tanto vagamente, "lo que me afecta y me determina"... a actuar, a dirigirme a, a tomar de, a apropiarme, etc.)

Sin embargo, hay una línea que sigue separando discursos "iluminadores" y "restauradores" de mis "anti-juicios".

Así, es MUY lógico que "otros grupos" vean las cosas como de hecho más que de derecho bien señala el artículo acto seguido:
Derrida's critics may claim that he is sitting comfortably in an ivory tower of "nihilistic" philosophy, willfully ignoring the plain-as-day "objective" meanings communicated by people in the "real world" on a regular basis. It is indeed counter-intuitive to think that what typically passes as "normal" social interaction or communication in our world is actually an elaborate, yet feeble sandcastle, patiently waiting for its moment to be washed back into the sea. That, however, is exactly the dynamic which we see in modern society.
Esto pone de manifiesto el verdadero problema: no hay un punto de vista Universal ni lo puede haber, y cada grupo necesita adoptar su propio discurso al margen de que sea o no "falso" si se mira desde la acera del "otro", lo que resultará igualmente falso para el primero. Es más: los "puntos de vista universales" deben ser sintetizados al grado de la consigna, del dogma y del slogan, y ganan su universalidad imponiéndose por la fuerza y/o el peso de las instituciones... de fuerza.

Sin embargo, hay "objetividades" que nadie se equivoca al tenerlas en cuenta (esto sin considerar los los errores inducidos por la toma limitada de datos o también la imposición de las inercias -ideología adoptada, intereses a los que se está atado, tradición, modales adoptados, moral, dogmas, etc.-) Si "explicamos" la genealogía del grupo y el vínculo causal que guardan con ella sus discursos... podemos comprender, hasta cierto punto y desde nuestro propio enfoque, qué se dice, y hasta por qué se dice del modo en que se dice... Es decir, podemos traducir, con lo que Babel sería superada... Claro que hasta cierto punto: un punto que no es emancipador ni superador ni siquiera clarificador de nada... "para todo el mundo" (¿quién haría de árbitro?), sino que sólo reafirmará nuestro discurso y nos llevará por el camino que ya seguíamos hasta el siguiente obstáculo "real", debido al resultado de las interacciones presentes. Pero ello es operativo... aunque en un sentido parcial, al estar sujeto a esas interacciones que se manifiestan como presiones y acciones producidas por las marchas de todos a la vez (y del movimiento de lo no animado incluso). Los problemas, pues, no están en lo que parezca (a uno o a otro) que se quiere decir sino en lo que resulta ser se diga o no lo que se diga, incluyendo lo que se dice, lo que se oculta, lo que se emboza, lo que uno cree, etc.: lo que se puede "reproducir" en el laboratorio de la Historia y que por ello puede es objetivo con una u otra piel.

El artículo, sin duda, permite al menos dos lecturas globalmente hablando: la mía (dejémoslo como un supuesto por ahora) y la que está signada en una u otra medida por la óptica de uno u otro grupo de los existentes (la masa de grupos sobre todo los orgánicos o no sólo "teóricos" -base en muchos y determinados casos de procesos que concluyen en organización o la simentan-) caracterizados por considerase respectivamente capaces de "actuar" de manera decisiva, o de "influir" de manera decisiva, en la dirección que cree será más favorable a su manera de vivir (esto es sin duda una mezcla de ideales e intereses, de ingenuidades, ilusiones omnipotentes, deseos de conservación y aumento, deseos también destructivos y autodestructivos, culpas y tabúes, etc., que confluyen en el seno del grupo subordinándose a ese "algo" que parece un cierto "programa de mínimos" o algo así: la bandera, el color, la gran meta, etc., que son "señas de identidad" alcanzadas y/o adoptadas y/o infectadas por los individuos). En este conjunto está incluida la lectura del articulista. Y lo que es interesante de observar es el germen que da lugar a esa conformación grupal, a ese llamado identitario, al reclamo o exigencia de que se hace eco y que pide de hecho "restaurar la racionalidad", es decir, la suya, en tanto no puede seguirlo soportando. Y esto conduce a la opción filotiránica de la que he hablado muchas veces, una opción que ciertas idiosincrasias no pueden evitar elegir, a las que ciertos perfiles socio-profesionales se ven constreñidos para no perecer... y que está de todos modos en lo propiamente humano y en lo biológico en general, sea con los matices y la imperfección que sea.

Porque, así como hay unos grupos... estamos los que (sin lazos orgánicos... ¿por ahora pero quizás nunca) queremos, "hoy", "otra cosa", "otro mundo", en todo caso, el "real"y "actual" reformado para contener el menor número de molestias posible para "nosotros" que, en fin, "somos otra cosa", "otra humanidad", "otra manada". (Y preciso al margen: que creamos poder ser nosotros mismos quienes lo consigamos o sea vaya a saberse quién o quiénes "nos" proveerán o "donarán" ese mundo y/o esas reformas, apunta a un segundo pero muy importante plano, que también conforma la idiosincrasia del individuo en cada caso en el terreno de sus "grandes esperanzas".)

Aunque no le de ese nombre, el artículo habla de manera casi explícita de una neolengua que se estaría imponendo de manera especialmente significativa (tal vez, para el articulista, "desde hace poco tiempo", y para mí, como signo, si cabe, de la época). Una neolengua en un sentido cada vez más orweliano, que responde como ella a una táctica en constante cambio o adaptación... aunque ésta se aplique sólo al juego de la mentira, que a su vez respondería a una estrategia de conservación del poder de una manera inescrupulosa in extremis (en este sentido, a lo que se refieren los que la juzgan "sin moral" o "sin valores" o "sin principios" o "sin coherencia intelectual" según sea el caso, más allá de que, como es lógico, cada cual se refiera a los "valores" o "principios" propios y, además, mientras los que juzgan así hagan en alguna medida, más circunspecta si acaso, el mismo juego).

¡Tómese nota de que, como es obvio, esta última descripción mía ya está incurriendo, con su enunciación, en el enjuiciamiento valorativo y en una identificación en contra del mundo que se abre paso a tenor de la práctica que denuncia! ¡Ello, claro, descubre mi rechazo excéntrico hacia la burocratización pero también ciertas recaídas nostálgicas residuales, cierto deseo de algo más de tolerabilidad!

Ahora bien, yo sostengo que el articulista y todos os intelectuales adolescemos de una conducta como ésa, y que ello se debe a nuestra idiosincrasia, a nuestro perfil socio-profesional. Incluso, que es algo básicamente humano, un componente inseparable de lo reflexivo y consecuencia de su perplejidad, que sin embargo pasa a segundo plano cuando se tienen otras armas con las que se está más seguro, más confiado en uno mismo (el caso de las masas, el de los delincuentes, el de los burócratas, el de los deportistas, etc., etc.)

La "neolengua ultra-adaptable" y "ultra-reformable" de "valor/uso y fundamento táctico" que se ha ido haciendo, consolidando, extendiendo y valorándose positivamente hasta un grado que a algunos todavía nos abruma, es un resultado sin embargo propio del lenguaje humano, donde la trampa y la mentira son armas inextirpables. Que hoy haya llegado a un grado tan considerable de depuración, de institucionalización y organización, de formalización para la transmisión, etc., siguiendo no obstante las reglas propias del "discurso" y del "mito", es para mí la contrafaz de la burocratización, a cuyas élites les va como anillo al dedo (tal vez por eso se ha llegado hasta aquí y aún se pueda ir más lejos... hasta el caos... ¿y la posterior resurrección?). Ello sólo evidencia cómo la lengua y el punto de vista podrá llegar a ser dominante en tanto sirva a la solidez y perdurabilidad relativas de la sociedad a la que responde, una sociedad donde los fuertes son los que asaltaron sus medios de poder de modo que los débiles lo aceptan... o sean extirpados en cuanto florecen, dando lugar a una prole de las características adecuadas a la dominación. Y entiéndase esto como una simplificación teórica, ya que en cada caso, la conformación de este proceso ha sido, es y será muy compleja y localmente específica. Y también de compleja descripción en el detalle (incluso porque el lenguaje tiene una función que se opone a la inoperancia del no-juicio y de la no-grupalidad que presupondría).

Está en el orden de las cosas: el proceso de complejización que encuentra su punto de arranque paradigmático (dentro de los marcos de su propia Historia) en el tiempo en que se estableciera la "fragmentación social" nacida del aumento y diversificación de la población que desborda el marco de la manada, luego el de la jefatura-sabia, etc. (proceso intervinculado y retroalimentado en sus origenes a los comienzos de la domesticación de los seres inferiores).

Ahora bien, volviendo a puntualizar entre paréntesis: esta narrativa NO es pura mentira ni tampoco Verdad que pueda ser "de todos" (universal, absoluta, aunque no por no reflejar la dinámica real sino porque la dinámica real la tiene que rechazar el discurso que la sostiene so pena de desaparecer en los términos planteados, conformados, producidos...). Esta narrativa, además, no puede proponer nada a nadie ya que se sabe incapaz de imponer (sabe que el discurso no convencerá y que la fuerza le es inaccesible además de repugnante, ya que su conciencia le niega protagonismo -sabe y siente, en fin, que nunca pudo imponerse, ni con los trucos de la filosofía en los que ésta confió por una ingenuidad "necesaria", es decir, por respeto al propio ego, a la propia conformación socio-profesional-; y, por otra parte, se cava la propia fosa al decirle "al otro" de manera explícita y formal que no se atribuye derecho alguno a imponerle nada, que NO tiene de su parte a La Razón -un "absoluto"- ni a un Dios más metafísico -otro "absoluto" no siempre contrapuesto al primero, como ya se sabe- en torno al cual pudiera realizar una campaña de proselitismo (o educación), y que, incluso, entiende, y trata de que el otro comprenda, por la vía de la lógica y el peso de las evidencias, abriendo los oídos,... a su voz y pensamiento, al menos (aunque sin conseguirlo aquí tampoco) para escuchar la parte del discurso que pretendería explicarle por qué tiene todo el derecho, en su búsqueda de una salida para su realidad, a oponerse a la inculcación que a fin de cuentas se deriva de la exposición y discusión lógica que le dedica mi discurso, en definitiva sin sentido; que no podrá evitar rechazarlo, que sólo parcialmente podría oírlo y que, incluso, se quedaría con los recortes apropiados tergiversando de ese modo su sentido en beneficio de su propio discurso. De cualquier otra manera acabaría capitulando, rindiéndose al atractivo del ejercicio del poder, de placer que satisface a los tiranos y sacerdotes que consiste en tener súbditos y/o seguidores. Este discurso ha concluido que, por poco que se juegue al proselitismo se incia una andadura burocrática y prefiere la coherencia en soledad al calor superficial de la multitud (ese que elige el Goetz de Sartre en "El diablo y dios").

Sueña, pues, a lo sumo, juega, con la posibilidad utópica de la propia tiranía, que gustosamente impondría (no necesariamente por la fuerza) al mundo... si mágicamente pudiera... y sin ensuciarme... Incluso sintiendo que no sabría muy bien qué hacer con ella para acabar... autotergiversándose y autodeslegitimándose), y no da pasos ciertos en tal sentido (a lo sumo, sería capaz de tener UN único discípulo... que llevaría al suicidio o a promoverlo...). Es un Sócrates con la conciencia de un Aristófanes que se burla de su propia conducta.

Bastante lejos llega el articulista al decir:
It's about why every such iteration of the latest grand master plan will perpetually fail to provide any coherent and comprehensible "solutions" for our global economic predicament.
Claro que... presuponiendo que él mismo sí podría elaborar un discurso no sólo coherente, sino coherente para todo el mundo... es decir, "absoluto".

El artículo hace referencia a Papandreu en tanto que paradigma del fenómeno, y analiza su jugada. Pero, no la ve como la jugada del jefe de una camarilla sin escrúpulos que se debe sólo a la propia banda de ladrones a la que pertenece. Y el por qué nos debería decir mucho. ¿No nos está acaso repitiendo de una nueva manera la cantinela de que cabría esperar La Verdad y La Razón de una especie de burocracia positiva, quizá sabia?

Pero cuando Papandreu dice:
"Do they want to adopt the new deal, or reject it? If the Greek people do not want it, it will not be adopted," the prime minister said after protests were held around the country last week against his government's austerity policies."
...  lo que hace es... volver a postular a su camarilla y a sí mismo como dispuesto a liderar una u otra de las situaciones... A postularse con vistas a ganar el puesto... o a morir en el intento. ¡Y eso, el articulista no lo dice! ¡Se queda en la crítica al lenguaje oscurantista y promotor central de La Confusión, del Babel, que él... se supone, y tal vez los suyos, descifrarían de manera objetiva y absoluta, aunque tal vez sólo esté manifestando que se lo esté exigiendo a algún fantasma burocrático que no nos desvela!

¿Qué otra cosa si no puede significar lo que sigue?
Hateful rhetoric, mass protests, violent riots and unrelenting strikes - those are the consequences we reap from weaving our meta-narratives with such chillingly empty words. Talk is cheap, but it is still proving too expensive for a world without economic growth and without any sense of lasting confidence or trust. At a certain point, the human intellect can no longer function inside Schrodinger's box of self-referential labels and  cannot continue playing games in our world of WordCraft.
Pero es a continuación de ese párrafo cuando el articulista alcanza el máximo de lucidez posible, a unos pasos de un espacio discursivo o teórico que vaciaría de contenido el rol que desempeña, al menos que lo dejaría reducido a un juego ante el cual no se sentiría obligado a jugar (algo propio de los roles socio-profesionales... y de la supervivencia humana, a cuyo protegido le cuesta demasiado sentirla como un simple juego):
We will always be  disappointed with what is presented as a "solution", we will always be  frustrated with the lack of meaningful "progress" and we will always be  angry at those who refuse to let us outside of the box. There will be no  satisfaction found in this virtual existence of binary outcomes,  political avatars and manufactured meaning. Only when the system's structures are fully deconstructed will we find any relief in the language and meanings of our future.
La "crítica" del articulista no va, pues, mucho más allá de un vieja práctica del opositor que busca derrocar al tirano para serlo él mismo. "Critica" las oscuridades del lenguaje ajeno, sus mentiras, prometiendo la propia veracidad impracticable. Y, lo peor en estos tiempos, repite la única salida de los tiranos en potencia: que todo se solucionaría situando a la cabeza una moral. Algo que caracteriza a todos los grandes contendientes de hoy en día, desde los refundadores del capitalismo hasta el capitalismo mixto tutelado de los comunistas chinos pasando por el islamic capitalism de similares características de los regíemenes fundamentalistas. Tal vez... ¡horror!, los que signarían el futuro del mundo en su totalidad a la manera extrema manifiesta en los mencionados experimentos locales.

No añadiré a esto más comentarios, y espero que se me permita haber vuelto a escribir para quienes indagan en una sintonía cercana capaz de acoplamientos.


martes, 11 de octubre de 2011

De los llamamientos al exterminio de las "cucarachas"... y otros equivalentes

Al individuo racional (o racionalizado) de nuestro mundo, homo occidentalis como cabría ser denominado, (1) le cuesta mucho comprender los fenómenos que derivaron en masacres genocidas o pogromos de todo tipo, habitualmente de dimensiones masivas y participación directa de media población, la "mitad" que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía a modo de liturgia. Ese fue el caso de la masacre ejecutada en Ruanda por los tutsis contra los hutus a instancias de las locuciones de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas, pero también las incesantes parafernalias que incluyeron siempre unas u otras concienzudas y responsables dedicaciones (profesionales, en el mejor de los sentidos) de los guardianes de los campos de concentración y otros verdugos hasta sus jefes máximos e inspiradores, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. 


Estos hechos, apenas provocaron un ligero temblor de las estanterías del pensamiento ingenuo de la masa intelectual posmoderna, esas estanterías donde todavía se mira al lomo de unos manuales perimidos que siguen vistiendo al salvaje de bueno y de mejor, seguirlo llamando salvaje a pesar de la tecnología de la que disponen (además de los machetes) y reafirmar de ese modo estereotipado e hipócrita la superioridad occidental (que sería digna de desear y/o imitar por todos). 

Si algo sorprende y aterroriza a los ciudadanos del primer mundo ("donde eso no puede pasar", se dicen) es que aquellos pogromos alcanzaron dimensiones masivas con la participación directa de media población, la parte que adoptó la visión "demonológica" que se les ofrecía. Hay muchos casos como los de Ruanda, pero hay muchos más que obedecen a la misma dinámica y alcanzan menos preocupación y más indiferencia (porque... "aquí no pude pasar") a las "buenas conciencias". Hablo de la creación (como necesidad social) de los oficios concienzudos y responsables de vigilantes, torturadores y verdugos, entre los que fulguran los contemporáneos guardianes de los campos de concentración, desde los nazis hasta los de los jemeres rojos, pasando por los gulags soviéticos y los campos de reeducación chinos. Es la participación activa de las masas (y debería serlo también la procedencia popular de los guardianes) en la ejecución de las masacres y las razzias lo que "no se comprende", lo que más sorprende a los occidentales de "buena conciencia"... que una y otra vez alientan, valoran positivamente y recuperan parcialmente de la Historia, tales "acontecimientos conmovedores" (esos que en más o menos "cinco días" han sido capaces de "conmover el mundo").  

Los datos que aportan los más radicales estudios de los largos años de caza de brujas que van desde el siglo XIV hasta el XVII más o menos (y que no fue una mera "continuación" de las luchas contra las herejías cristianas, que fue una lucha interna de legitimación, más allá de los aspectos comunes) evidencian significados que no dejan de repetirse, formando así parte del "patrimonio de la humanidad". (2)

Por mucho que hayan sido racionalizados desde que se implantó la escuela pública, los occidentales acaban apelando a la socorrida mística que al mismo tiempo denuestan como supuesto patrimonio de "La Iglesia", es decir, como oscurantismo escolástico. Ello a pesar de que esa Iglesia en especial heredara muy conscientemente la racionalización (bastaría leer a San Agustín y reconocer que La Lógica de Aristóteles está en la base de sus conjeturas y que la razón nunca estuvo reñida con la piedad sino todo lo contrario desde Sócrates) y apelara a ella hasta para las más inexplicables de sus campañas, como la de La Inquisición, en paralelo por cierto con la "caza de brujas" macartista o las llevadas a cabo por los bolcheviques y otros comunistas empezando por el Lenin y el Trotsky de Kronstad y pasando por la Revolución Cultural y la edificación de la Kampuchea Democrática de los jemeres rojos. En otras palabras, esos fenómenos inexplicables los llevan una y otra vez a apelar a la demoníaca maldad del imperfecto ser humano (donde la "perfección" no vendría definida en base a una realización más eficaz de su teleonomía sino por la del "deber ser" ideológico, sea el del ideal platónico o ateniense, el de la Revelación, el de la Ilustración o el del comunismo; es decir, sería una "imperfección superable" por alguna vía... vía siempre definida por el analista.) Todas las referencias a "la barbarie" (es decir, a "los otros"), a la "animalidad", a la "ausencia de moral", etc., que sirven fundamentalmente para fundar una identidad occidental cosmopolita, implican una reafirmación central: los bárbaros (o extranjeros; no suficientemente occidentalizados en el mejor de los casos) deben ser sometidos, culturalizados, etc. Los actos de guerra y de conquista occidentales, las represiones que se ponen en tela de juicio en mayor o menor énfasis según se practiquen entre "nacionales" o no, entre "occidentales" o no, en grados que van en paralelo con la "familiaridad" de los lazos entre los combatientes, siempre quedarán racionalmente justificados (con discursos democráticos, especialmente, como se viene haciendo desde el primero de ellos debido al bueno de Pericles).


Pero no se trata aquí de poner en la picota la hipocresía de "los pueblos" ni de sus "dirigentes" (algo que debe ser actualizado en tanto esos "dirigentes" conforman cada vez más nítidamente una especie de "raza" separada de "sus pueblos" a la que se enfrenta desde "una posición ventajosa", incluso militarmente hablando), aunque la equiparación de las conductas y valoraciones sirva para la comprensión de las dinámicas reales.

Cuando las primeras emisiones de la Radio Libre de las Mil Colinas comenzaron calificando de insectos (en concreto: "cucarachas"), a la manera de la "sociedad de Ender", a los enemigos de la humanidad (referida como siempre a la de la propia genética... y lealtad), podía buenamente pensarse que se trataba del acto de una pandilla de locos vociferantes de los muchos que de tanto en tanto acaban disparando a las masas en un día de rabia (como recientemente sucedió en Noruega), donde las consecuencias se consideran meros daños colaterales, es decir, donde las víctimas no pasan de... ¿doscientas, trescientas...? Luego se pudo pensar que esos "locos" expresaran uno u otro grado de convicción o, en otras palabras, más precisas, que respondieran en uno u otro grado a un "plan" inescrupuloso de índole inquisitorial. Desde el nacimiento de la racionalidad como marca identitaria (de Occidente), la invención de "herejías" puede considerarse un recurso al servicio de la persecución social, como señala de manera insuficiente y de hecho confusa, el historiador Trevor-Roper en su estudio de la "caza de brujas" de los siglos XVI y XVII. (3)

Ahora bien, en cuanto escarbamos bajo la superficie que las ideologías nos recomiendan e impulsan fabricar, podemos observar unos detalles mucho más significativos y concretos que, precisamente, soportan mi tesis capital, en concreto que esas campañas persecutorias buscaban en lo fundamental la consolidación del propio ejército, dándoles unas señas de identidad específicas de grupo (una tesis que enlaza con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas que ya he citado otras veces). Por una parte, alejándonos del mito de las revoluciones de masas, los ciclos históricos escalonados del progreso lineal (derivado del desarrollo del pensamiento o del de las fuerzas productivas). Por otro, aproximándonos a los elementos básicos, de raíz, que definen la idiosincrasia humana (o mejor dicho, la conformación de la misma en el tiempo) que suelen verse cada vez menos en tanto las capas de complejidad que se entretejen las sepultan.



La cuestión crucial nos la revela la dinámica concreta, al detalle, estrictamente fenoménica y ejemplar, que se pone en marcha, ex nihilo hasta donde puede decirse (o, sea, emergente, y que apunta a la mecánica de las genealogías), que lleva hasta la conformación de un movimiento que es visto simplemente como "de masas" o "espontáneo" (a la manera en que "una cerilla puede incendiar una pradera"). Esta visión simplista, que ofrece tantas esperanzas a todo movimiento en sus inicios (y ahí está el 15-M que cree marchar hacia una "revolución" o las ilusiones que despiertan "las crisis", en especial las "económicas" llamadas "del capitalismo" en la intelectualidad cada vez más proletarizada (y/o burocratizada) que desde Sainte-Beuve ve diluirse el sueño renovado, esto es, "renacido", de su "República de Sabios") (4), y que no ve las condiciones preexistentes que soportan los incendios genocidas mencionados, las que no se quieren ni ver ni quiere verse hacia qué o dónde tienden. Y que, cuando ya han llegado al climax... los hace decir... "no lo comprendo".) Sin embargo, como sucede en biología, son los aspectos iniciales en los que se pueden ver las perspectivas del camino que se recorrerá salvo... que no se pueda (algo que no depende de la dinámica del mismo modo que el nacimiento de un pollito a partir del huevo... que puede ser frustrado porque se lo coma una serpiente de su entrono o por el choque de algún meteorito "de fuera" cuya trayectoria, como es lógico, no lo tomara en cuenta). Señalo esos aspectos:

a) La prexistencia de facciones dirigentes en pugna por el Poder en condiciones de equilibrio altamente inestable (basta que sea percibido como tal, aunque ni la mala ni la buena percepción otorgan garantías de fracaso/éxito ya que todo depende del curso de la propia dinámica). Es el punto decisivo: las facciones, a veces una situada en la "oposición", a veces más de una, son las que "inventan" los discursos "reformadores" (o "revolucionarios") y los sintetizan en slogans efectivos (capaces de abrir un espacio potencial en el sentido apuntado en el punto c, más abajo). Las masas en este marco no pueden ser menos "patas" (...garras, dientes, alas, aletas, orugas...) al servicio de la lucha de los opresores potenciales que las de los caballos o las de los tanques, aviones y submarinos, en el sentido señalado por Goethe y lo que digo de la tecnología en las notas). La efervescencia de la lucha intestina entre las facciones que comparten en diversos grados el poder (incluso como oposición legal o consentida), la perdida del equilibrio o posibilidades de conseguir que se pierda que a veces es mera presunción y a veces ésta pude ser un primer paso... no es sino más de lo que se tiene al alcance de la mano para ser utilizado en las estrategias cuasi-instintivas de poder (que pasan por acciones grupalistas, a su vez de dominio en el grupo y de adopción de una identidad).

b) La necesidad de mantener y aumentar la cohesión en el ejército propio de cada facción contra la otra (una tesis que conecta con las investigaciones antropológicas y sociológicas de Mary Douglas (Estilos de pensar, El Levítico como literatura) en lo referente a la mecánica de creación de las identidades de grupo). Y para consolidar las filas del propio ejército de militantes leales, para fidelizarlos, hay que darles un espacio para que se realicen como espejo de la cúspide. Esto muestra vínculos estrechos, de vasos comunicantes, con lo siguiente:

c) La predisposición de los pequeños líderes de alta idiosincrasia tiránica que por serlo están especialmente predispuestos a aprovechar el momento y la situación que se abre para reafirmar su rol y ocupar un puesto más relevante que el que tienen en la misma estructura o en una alternativa que se les promete o que se proyecta, y por las que se apuesta a la vez que se las tiende a conformar sobre la marcha (hasta hacerla muchas veces definitiva, esto es: a instituirla). Estos pequeños tiranos locales (los frailes y funcionarios laicos de la inquisición, los imanes de base, los comisarios bolcheviques de base...) tienen ciertamente una idiosincrasia común específica, donde el resentimiento hacia los poderosos los impulsa a un doble juego de servidumbre y de traición sistemática, a la búsqueda del jefe más dadivoso y sin escrúpulos, a la realización de todo pacto con el verdadero diablo que le permita una vida más cómoda, etc. Obsérvese, de paso, que con el tiempo, fue esa la subespecie de la que han brotado, gracias a la democratización burocrática de hoy en día, los mediocres y mezquinos gobernantes e intelectuales que rescataron las consignas de su homólogo Robespierre acerca del "cordón sanitario" y la "salud pública". Nada que no merezca el nombre de demonización con el objeto de "dividir el mundo entre la luz y la oscuridad" (ibíd., pág. 127) logrando crear el climax que permita a los mediocres, profesionalizados como políticos, chantajear y acorralar a todos los demás, desde un Papa del que se arranca una bula hasta una simple campesina a la que se le aplica el derecho de pernada.

d) La "mala conciencia" (o debilidad) en los idiosincrásicamente "neutrales", que permite la aplicación de un "chantaje a las masas" así como a "las minorías" militantes (pertenecientes a la competencia, esto es, al conjunto de los líderes potenciales y aliados), cuyo objeto es la neutralización y si es posible el reclutamiento. (Una cosa disponible y por ello aprovechable, claro.) Se realiza hasta el límite de la amenaza a los colaboracionistas (para lo que no hace falta sino la neutralidad crítica de tipo liberal, por ejemplo) a quienes se desprecia en primera instancia y se acusa de traición, o sea, de ser más peligrosos y despreciables que el propio enemigo declarado (llegan a constituirse en "el enemigo principal" en nombre de la lucha contra aquel, y en objetivo a aniquilar de no convertirse en buenos y leales militantes.) Trevor-Roper da cuenta, por ejemplo, de las arremetidas contra "todo aquel que no crea hasta el más mínimo detalle grotesco de la nueva demonología" (ibíd., pág. 132) o de las críticas que recibiera Erasmo por su "incredulidad" acerca del fenómeno de la brujería (ibíd., nota 64, pág. 139) y enumera casos posteriores notables de quienes corrieron "grandes peligros" (ibíd., pág.143 y desde la pág. 154 en adelante) (5)

e) Como bien señalara Trevor-Roper, "La mitología devino (y devendrá una y otra vez) en un folklore establecido que generaba (y la generará una y otra vez) su propia evidencia" (Trevor-Roper, op. cit., pág. 127), que "una vez lanzadas, adquirieron impulso propio" (ibíd.) Sin duda se trata de "fantasías recurrentes", pero "necesarias" a la fragmentación adoptada y cada vez recompuesta.


Esta visión sin duda excéntrica (a tenor de lo que se prefiere mantener) se apoya en el reconocimiento de una indiscutible herencia recibida de nuestros más primitivos ancestros, la de la grupalidad (para la claridad de este concepto y sus implicaciones, remito, de manera perentoria, a El mito de la educación de Judith Rich Harris así como a los textos citados de Mary Douglas), y en la evidencia de la fragmentación social que fuera instituida en un momento dado de la historia, como producto inseparable de la domesticación, vía regia no tecnológica (6) para incrementar el poder de los más predispuestos (y capaces, aunque no en el sentido moderno del término) para ejercerlo; esto es, "los más fuertes", los más "arriesgados", los más "astutos", los menos "escrupulosos", etc. Una vía o sendero que sin duda iría ahondando, con cada nuevo paso a través de la espesura y en concreto mediante la casi automática selección artificial impuesta por el propio curso de las cosas, el abismo que separaría a aquellos de los "débiles" y sometidos (y educados) con el recurso de la fuerza al menos al principio.

Si nos dejamos de introducir al "maligno", es obvio que allí donde estos aspectos se pongan de manifiesto, allí tenderán a producirse los fenómenos señalados. Y si no introducimos al "benigno"... será sólo uno u otro estado de las relaciones de fuerza decisivas el que determine hasta dónde se puede llegar.

Este enfoque parece el único capaz (yo, por el momento, no veo otro) de dejar atrás la sorpresa que acaba enmudeciendo así como el recurso a la metafísica que acaba en la reiteración del mito, la defensa del slogan y la complicidad hipócrita. Y así queda expuesto en apretada síntesis.

En todo caso, quede claro (y las referencias al presente inmediato están ahí demostrándolo) que entiendo la reflexividad en general y la mía en particular como una herramienta al servicio de la supervivencia, es decir, al cálculo que podría evitarnos una sorpresa más de aquellas, salida no se sabe de qué Radio o de qué televisión... de qué consignas...

Y eso, a fin de cuentas, pertenece a Lo Político.




Notas:

(1) Los grupos de homos occidentalis, en realidad como todos los grupos humanos de la Historia, se  ha situado en un supuesto plano superior signado declarativamente por "la no-violencia" como una de las principales opciones tácticas que reflejan su adscripción a la "racionalidad". Creo que la absurdidad del mundo y la sensación de indefensión y aleatoriedad en la que hoy vive la gente han desplazado a "La Razón" honesta (dentro de lo que cabía) como signo de los tiempos en favor de la seudorracionalidad variable del tacticismo que se practica desde los gobiernos de todas las instancias de poder, más o menos globales, más o menos continentales, más o menos nacionales, más o menos locales y... más o menos políticas (en referencia a que se manifiestan en todas partes, como las Universidades o las Grandes Empresas). Entre las opciones que se eligen según el momento, "la no violencia" está indudablemente de moda y es asociada con derechos, democracia y justicia como si de aquella se derivaran naturalmente estos.

(2)  Ciertamente, predominan los pruritos autorrepresores en amplios círculos de las poblaciones del Occidente, al punto que podríamos atribuir algo propio de una "zona de frontera" lo que sucedió en los Balcanes, y a la "locura" el reciente "acto individual" pro-nazi de Noruega este mismo año. Las poblaciones, eminentemente racionalizadas mediante la educación escolar y familiar bajo condiciones de "bienestar" y con iconos referenciales del tipo "no violencia" y "no crueldad" (que se aplican de manera relativa en cualquier caso), se sitúan sin embargo al borde de la violencia intergrupal (donde los grupos se definen progresivamente donde no los había exactamente). Todo comienza como un alud para luego ser imparable hasta que provoca un estado de colapso significativo o entran en juego elementos de fuera (convirtiéndose en factores interactuantes en el marco del entorno). Cosas como la propia "no violencia" cambian a violencia... en nombre de la consciente o inconscientemente provocada en el ejército contrario; por ejemplo, el de la policiía que ya está predispuesta de por sí a ejercerla (es su mandato), a la que se acusa de excesos que deben ser contestados. Se sabe de la participación usual en medio de las multitudes de agentes especiales capaces de iniciar el fuego o avivarlo (que no tienen por qué estar al servicio de un Estado, al menos oficialmente).

(3) "...vemos la persecución de la herejía como intolerancia social", sostiene Trevor-Roper (La crisis del siglo XVII, Katz Editores, Bs. As., 2009, pág. 118), lo que respondería al temor popular hacia lo extraño, lo diferente, lo insumiso, "la heterodoxia o disconformidad social" (ibíd., pág. 121) -que acabará reduciendo a meros transtornos patológicos- que se desatarían "en tiempos de introversión e intolerancia" (ibíd., pág. 119) Si se quiere, se puede tomar la acusación al propio pueblo (ibíd., pág. ) como un hallazgo o en todo caso como la reafirmación de algún otro descubierto anteriormente en el que se insistiría, pero lo que sostiene Trevor-Roper no explica lo fundamental (dando no obstante matices ciertos de la superficie y no de la raíz) sino más bien y en el mejor de los casos sugiere una tautología que sería históricamente innecesaria o superflua: los opresores, que son tomados de manera indiscriminada y vaga, ya aparecen como dueños de la situación, como "clase dominante", y las masas no amenazaban ni, como de costumbre, podían amenazar esa dominación ya que algo así nunca está en la perspectiva de las masas (y cada vez menos gracias a la complejización); en otras palabras, no tienen posibilidad alguna de plan alguno de conquista, siendo, además, meros instrumentos al alcance de unas u otras facciones en su lucha por el poder y en sus auténticos planes de conquista... contra las facciones enemigas de su misma especie (véase más abajo en el texto el punto a.)

Trevor-Roper acaricia uno de los puntos clave del problema aunque sin sacar las conclusiones que de ello se pueden derivar, al mencionar el rol decisivo de "los frailes", de los "inflexibles funcionarios" o de los "tribunos del pueblo" locales (ibíd., pág. 123) que presionaron a través de su pirámide jerárquica (creando evidencias de manera paulatina y chantajeando de hecho a sus superiores). En sus palabras: "cruzada evangélica emprendida por los frailes" -ibíd., pág. 119-; "presión (...) desde un nivel inferior, desde las órdenes misioneras" (ibíd., pág. 123); etc., que se desarrolló hasta conseguir que las bulas papales institucionalizarán sus prácticas, para lo cual tuvieron que desdecir una vez más el dogma fundacional del cristianismo en base a las cuales (y a la posesión de un espíritu ilustrado) "En general, la Iglesia establecida se oponía" -ibíd., pág. 123-). El punto c se relaciona con esto.

No es así del todo correcto, por más que suene a hallazgo y a pretensión de toma de conciencia ("una advertencia saludable para que nunca creamos" en la verosimilitud de "brujas" o "cucarachas", pretende Trevor-Roper -ibíd., pág.136-) que "los tribunos, a su vez, respondían a la presión popular" (ibíd., 123), sino que la agitaron aprovechando astutamente sus temores unos pocos salidos de las propias filas del pueblo, como no podía ser de otro modo, y como sigue sucediendo con los "pequeños líderes" presentes indispensablemente en todas las movilizaciones y movimientos de masas. Así, es cierta "la cooperación de la sociedad", pero no tal y como lo expone Trevor-Roper. Sin duda, de la masa del pueblo resentido y deseoso de protección, nacen los "tribunos" arribistas que enlazan con el fragmento social dominante, al que a la vez sirven, chantajean y si resulta aparentemente mejor, traicionan. Aquí la patología, si cabe considerarla como tal, no es la locura ni el miedo sino la debilidad y la cobardía genealógicamente reproducida con mutaciones e imperfecciones a lo largo de los tiempos, a la vez, útil y problemática para los estamentos dominantes y/o conquistadores en lucha fratricida.

Trevor-Roper, cuyo argumento "la razón verdadera subyace a la razón alegada" (ibíd., pág. 119) se vuelve en su contra poniendo en cuestión su propia explicación racionalista (apenas fundada en "otra" ciencia, la de la psicopatología -ibíd., pág. 133), arremete a la vez y muy verazmente contra la falsa contraposición entre racionalismo y escolástica ("El clero y los hombres de leyes del siglo XVI eran racionalistas. Creían en un un universo aristotélico y racional..." -ibíd., pág. 133-) como la que hoy se agita en España a la manera de una verdadera caza de brujas en germen puesta en marcha por los nuevos jóvenes y no tan jóvenes "tribunos" del presente, desplazados hoy a la frontera del fructífero bienestar social, donde la brujería sería ahora la doctrina visible o supuesta de los antiguos cazadores (las manifestaciones contra el Papa durante su visita llegaron ciertamente a la violencia sin contar con que ya se arremete con violencia verborrágica de por sí, aunque como exteriorización de lo que más ampliamente compondría "la derecha", aherrojada así al "clericalismo", al "machismo" y a la "defensa de la educación y sanidad privadas", de cuyo abrazo no logran zafarse... ni siquiera los liberales ateos, los capitalistas homosexuales o las mujeres ejecutivas). Poco y nada ha cambiado conceptualmente hablando, ya que la militancia anticlerical española tiene una obvia función en la compleja e irregular lucha interburocrática al lado de la "memoria histórica", "la alianza de civilizaciones", la educación pública contaminada ideológicamente por medio de la "educación para la ciudadanía", etc., todas piezas de la estrategia del zapaterismo para perpetuarse en el poder (hasta ahora y desde mañana...) mediante la estratagema de inducir una identidad negativa en el contrario.

(4) Recomiendo repasar las elucubraciones y declaraciones de Sainte-Beuve que tuvieron lugar a mediados del XIX acerca del proceso de proletarización y burocratización de los creadores de cultura  que él mismo experimentó en carne propia (véase W. Lepenies, ¿Qué es la intelectualidad europea?, undécima conferencia, Galaxia Gutemberg/Círculo de lectores)

(5) Trevor-Roper nos ilustra acerca de la para él secundaria consecuencia y para mí verdadero objetivo del proceso, señalando ejemplos más que numerosos y sobre todo significativos de presión, condena verbal y escrita, defenestración y hasta quema en la hoguera que afectó a las personalidades acusadas de "vacilantes", "blandas" y "cómplices criminales del diablo" (op.cit., pág. 156) que en realidad no  cuestionaban ni combatían la creencia en la brujería en sí, sino que atacaban a sus verdaderos enemigos a los que se resistían cuanto podían (a veces en secreto o en modo anónimo), la "clase" de los torturadores (ibíd., pág. 167). Entre esos casos hay jueces (ibíd., pág. 142) e incluso reyes (ibíd., nota 103, pág. 156) y obispos (íbid., nota 135, pág. 171). La propia aceptación por los críticos de la existencia de las brujas y  su objeción centrada en el uso de la tortura (que producía fabril y febrilmente brujos a mansalva) demuestra por otra parte entre quienes se establecía el auténtico conflicto por el Poder del que la caza de brujas y la demonología eran racionalizaciones al servicio de otra lucha. Y si el proceso se interrumpe... es porque sencillamente conducía a la inoperancia social, o sea, al colapso.

(6) Es innegable que la fragmentación y la domesticación de unos hombres por otros (para mí inevitable e idiosincrásica) haya sido indispensable para e inseparable del desarrollo de la Tecnología y de la Ciencia Contemporáneas y con ello del predominio occidental. Esa domesticación, que empieza siendo aplicado a las plantas, a los animales y hasta a las mujeres, dando lugar a las diversas sociedades fragmentarias primitivas, lo que fue trazado el camino y orientando en gran medida el rumbo futuro o posible. Y una vez instituidas, esa herencia ancestral ya no se podrá erradicar ni corregir, sino por el contrario se irá consolidando hasta  un punto en que, me atrevo a afirmarlo, ni aunque la tecnología alcanzase un grado teórico de desarrollo suficiente podría permitirlo (es más, no podría impedir el colapso que el proceso va perfilando; colapso que, si adoptamos un cierto sentido lógico, cabe pensar que haría posible "otra cosa" a posteriori del mismo.

De todos modos, basta considerar sólo lo evidente para deducir que esa herencia actuará como el mejor de filtros para que puedan alcanzarse fines hipotética y racionalmente emancipadores, es decir, idílicos y/o anclados a los residuos del presente paradigma. En otras palabras: que nunca se valorará tal herencia como... suficiente para permitir "el salto emancipador". Por el contrario, siempre llevará a justificar la estructura social que la sostiene, conserva y desarrolla; esto sucederá con tanto frenesí como el que asistiera a los cazadores de brujas en su tiempo a las más increíbles e irracionales campañas.  La fragmentación impone límites que no admitirá nunca franquear. Por eso necesita pedirle cada vez más a la tecnología o evitar que se direccione o se limite amenazando su permanencia.

Los famosos y tan admirados desarrollos tecnológicos de la antigüedad muestran que esto último siempre fue así: mayas, incas, egipcios, persas, babilonios... realizaron obras ciclópeas aplicando conocimientos dignos de un puesto en las mejores Academias Renacentistas, pero apenas si se consideraban a sí mismos como "genios" y daban a sus conocimientos y a su trabajo otra dimensión que escapara a la función de servir a su Rey y a los dioses que este representaba. Esa tecnología (¿"fuerzas productivas"?) no cuestionaron nunca las "relaciones de..." dominación e incluso no iban más allá de lo que estas requiriesen (incluídos el "derroche", la "destrucción", el "gasto", el "desaprovechamiento" de lo existente o dado, etc.). Hoy, sólo se han redefinido algunos términos y en una nueva "inversión" de las cosas se llama "productivo" a aquello que permita consolidar y reproducir las mencionadas relaciones de dominación.


Claro que el mecanismo en marcha no es "perfecto" ni mucho menos y una y otra vez pone en cuestión el estado de cosas. Son los momentos en que nos acercamos al colapso, que renace y se frena a raíz de la pripia dinámica.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El fantasma de la "Refundación"

La crisis "económico-financiera" puso en boga eso de la "refundación", aunque en realidad, la misma había comenzado hacía tiempo. Prácticamente todos los "analistas" y sus ciegos seguidores prefieren no reconocerlo (no reconocer sus evidencias) e insistir en pedir o exigir que "se ponga en marcha" o, en la acera opuesta, que siga oculta o que mermen sus efectos.

Para "la izquierda", la única forma factible y maximalista de la meta de tal "refundación" que puede componerse en sus estrechas cabecitas (producto de una selección artificial de similares características que las que practicaban con los cráneos de los recién nacidos los nobles incas) es la de la "salida china", la del "capitalismo rojo". Y como lo que "se debe saber" es lo que colorean las gafas ideológicas, no pueden ver (no quieren atreverse a ver) que medidas como las que llevan a cabo los gobiernos autonómicos gobernados por el PP y como las que se implantarán tras el 20N (si nada cambia el curso de las predicciones) se corresponden estrictamente con la idea de esa "refundación" (por cierto, obra de algún asesor francés de Zarkosy, no lo olvidemos). ¿Qué si no significa controlar lo que pueden hacer con su propio dinero las empresas privadas, como es el caso de los bancos? Basta repasar las medidas de "austeridad" que se toman y proponen para ver en ellas un claro avance de la intervención estatal que va bastante más allá de favorecer a los negocios, como deseaba y pretendía que sucediera, "en todo caso", Adam Smith. Y este proceso sigue dando nuevas muestras de desarrollo, como se manifiesta en torno a los proyectos defendidos de cara a la próxima convocatoria del G20.


Para "la derecha", lo mejor es llamar "capitalismo" en un sentido tradicional a la sociedad en la que realizan sus propios avances embozados hacia la instauración de una tecnocracia a su medida. La confusión se hace así tan notable que no es de extrañar que pierdan identidad a pasos agigantados. Se trata de una identidad anticuada, obsoleta, demasiado acartonada (por necesidad más que por ceguera) e hipócrita que no respeta ni mínimamente lo que dicen sostener: la "iniciativa privada", que en realidad, al menos en los casos dominantes, hegemónicos y decisivos, se manifiesta ya desde hace tiempo y de un modo más que ostensible como un conglomerado de recintos intercambiables por los que transitan y se aposentan miembros de la misma burocracia global en meras "posiciones profesionales diferentes" (las que gestionan y controlan a su criterio y para su beneficio, las empresas de capital privado en lugar de las de capital público, en unos u otros porcentajes). Un proceso, en realidad, que comienza en tiempos de su legitimización, ya que el propio Adam Smith se mostraba partidario del control de los salvajismos del capital, como el que se cometían en las colonias. La racionalidad era una bandera que nunca fue ni de los capitalistas de carne y hueso ni de la realidad social en su conjunto... y que, además, nunca fue más allá de las idealizaciones impracticables. No por nada el argentino Braun llegó a defender un capitalismo sin capitalistas (es decir, sin los que se comporten como tales) como el mejor capitalismo... sin siquiera sonrojarse... ni, por tanto, verse demasiado rojo en el espejo.

Y es que la "refundación" nunca pretendió otra cosa que engañar y enmascarar los nuevos pasos que unas u otras bandas burocráticas pretenden dar en su imparable marcha hacia el control de todas las cosas, sean económicas, políticas o personales.

Y vamos cada vez más lejos, con la anuencia vociferante de los hijos del "Estado del Bienestar" inflados de buenas esperanzas, sin apenas querer saber que están acompañando a una de las bandas de depredadores más temerarias, más mentirosas, más ausentes de escrúpulos, más dispuestos a lo que haga falta, más despreocupados por la suerte de todo y de todos salvo de sí mismos y de sus amigos del instante, auténticos invasores interiores del mundo que como los gusanos se crían dentro del cuerpo... Y todo para terminar acabando, ya se verá y se está viendo, entre las víctimas. Porque, y esto es lo más esperpéntico (aunque como todo pertenece al mismo absurdo imperante): que tributan a la mítica racionalidad en la que confían la solución del orden... que formalmente flamea en los torreones de las mencionadas bandas... para encubrir la irracionalidad simple de la dominación del propio grupo (o banda)... esto es, para avivar el fuego del caos sin rumbo posible. Se trata del sueño de los gobernantes buenos, morales, sabios... que como mucho son astutos y ladinos, y que sólo pueden representarse a sí mismos.