jueves, 13 de septiembre de 2007

Yo estoy en otra cosa... o lo intento

Sigue aquí un comentario que envié a Tábula Rasa para su publicación y que es parte de la polémica sucitada en torno a "ciencia" y "Feyerabend" y que cada vez se extiende más en profundidad. El comentario comienza diciendo. "Trataré de ser sintético (¡qué difícil con tanto material!)" y ya veis, me he pasado. Eduardo habría debido poner sólo un link a mi blog (lo cual sería ya muy digno de su parte y habría agradecido igualmente como aprovecho para hacer ahora por permitirme tanto abuso) y en todo caso un "que vaya el que quiera" o algo peor. Bueno, no he podido evitarlo. Y sigo postergando otras cosas, ¡cachis!, inclusive una siesta que falta me haría.

En fin, el comentario habla luego por sí sólo, desplegado con la espontaneidad del instinto y todas esas cosas que no puedo evitar. Allá va el resto (con leves correcciones de estilo y alguna que otra precisión que me permito gracias al repaso de rigor):



NADA producido por el ser humano puede ser desvinculado de su ser en el espacio y el tiempo, en su dinámica interna y en medio del estado de cosas imperante en el propio entorno del proceso de producción de esos resultados (digo en un entorno en sentido aproximado, sin fronteras fácilmente demarcables.) Esto no es muy nuevo pero me resulta mejor definición que otras (ya sean de Ortega, de Feyerabend o de Marx.)


Por enumerar (sin jerarquizar ni enlazar) los conceptos que se están barajando: Ciencia, Marxismo, Liberalismo, Democracia, Dictadura, optimismo, pesimismo, acción, inacción, seudociencia, ideología, mito, religión, etc., etc., yo sostengo que TODOS están sujetos al postulado expuesto.


Y creo que si no adoptamos una óptica basada en él, se acaba sin salir de los meros límites de un debate entre mitos (además, incompletos y contradictorios), que sería el debate por excelencia capaz de permitir las acciones políticas (de masas en mayor o menor medida) a la zaga de una ideología inventada o adaptada por un grupo burocrático de vanguardia en nombre de la humanidad, etc.; un grupo que se siente capaz de ver lo bueno y lo malo para todos (donde esos todos están... en el futuro, son una proyección a materializar), de interpretarlos en su carácter de lo mejor de la humanidad en potencia, su futuro bien adivinado o predicho.


La religión, los mitos arcaicos, las seudociencias y las ciencias tienen TODAS un doble carácter: por una parte, responden a NECESIDADES cerebrales que tienen un carácter autonómico (quiero decir con esto que las mismas han surgido a instancias del desarrollo del instinto, del proceso evolutivo, pero lo trascienden, lo exceden, hacen más –y menos- de lo que se les habría pedido que hagan por así decirlo, en cada caso concreto y SI y SÓLO SI existiese un mecanismo de supervivencia definido, capaz de ser llamado “perfecto” y ser identificado como tal –esto, dicho sea de paso, lo digo como una argucia teórica, es decir, porque creo que me permite dar relevancia a la tesis, como es normal e inevitable en el discurso científico, se le fijen o no desde arriba o desde un lado lo que debe o no debe ser ese discurso). Por otra parte, una vez instituidas o legitimadas en la práctica (no sólo por la experiencia, sino por la percepción que de ella se tenga en el espacio-tiempo dado), se convierten, TODAS, en una rémora conservadora: quieren, como todo lo que nace, sobrevivir y reproducirse tal y como son.


Adoptando esa óptica que “responsabiliza” al hombre (al hombre y en todo caso a sus orígenes, al momento y a los determinantes previos) de sus propias proezas, se ven muy claro sus motivaciones, sus metas y sus limitaciones. Y TODAS las tienen.


La valoración de las mismas y sus justificaciones son TODAS ideológicas (algo necesariamente conservador), responden TODAS a la óptica social de quienes las construyen y mantienen (posición social específica, concreta, del “individuo dentro de un grupo dado”. Por eso es fácil ver, así, quién es liberal y quién marxista, por qué y cuándo, etc. Si no, no es fácil explicar el triunfo masivo y generalizado del cristianismo, o del islamismo, en la antigüedad, ni su permanencia en el tiempo, ni por qué el marxismo y el comunismo se convirtieron el el mito por excelencia o prototípico de La Justicia Social, ni el por qué del complejo de derechas ni el por qué del desacomplejamiento posterior (por cierto, tan bien provocado aunque aún sin los resultados deseados...) Más incluso: sin situarnos en 1970, no se entiende la emergencia de un Feyerabend; sin la caída del muro, no se entiende la adaptación socialdemócrata no sólo de los partidos comunistas de uno y otro lado del muro sino del caso oscuro de los seguidores de Pohl Pot, que tras su derrota definitiva no vacilaron en abrazar el liberalismo capitalista (antes de hacerse bandidos y traficantes y por fin a saber…; ni el giro de la burocracias rusa, china, etc., muy propias de quienes aprendieron las lecciones oportunistas (en el sentido de Feyerabend) de Lenin... pero características de toda burocracia.


Cuando una de esas ideologías (que están detrás de lo que inventen, por ejemplo, la ciencia del materialismo dialéctico o la econometría, pero incluso la Relatividad General y la Psicología Evolutiva –lo que no desmerece de mi parte un ápice sus “logros” o sus aspectos “positivos”, de los que diré algo luego-, cuando una de esas ideologías, sigo, pronostica algo lo hace:


(a) porque cree en su punto de vista, al que atribuye, en lo inmediato y casi sin discusión (como ahora hago yo mismo), carácter de verdad absoluta (incluso cuando aclara, como yo suelo hacer cuando me acuerdo, frases como: “creo que” o “me parece”). El hombre TIENE que sentirse seguro… so pena de tener que deambular por el limbo de la inoperancia. Ese es el sistema o mecanismo que produjo la evolución en un momento dado (¿sorprendente?, ¡pues claro!)


(b) porque necesita, o al menos tiende a necesitar, de grupo propio y de buscar ser el líder de su grupo (es parte de su competitividad innata) y por ello pretende convencer (al margen de que estas acciones tan mezquinas acaben siendo también muy “positivas”… y a veces muy “nefastas” para ciertas lecturas. ¡Eso es lo EXTRAÑO, lo que nos EXTRAÑA y MARAVILLA tanto de la vida, lo que nos hace verla como la obra de alguien con tanto o más cerebro creador que nosotros mismos, por ejemplo, Dios!)


Nota al pie de este punto: los que no pronostican, simplemente aguardan los pronósticos de sus líderes ocasionales, profetas, maestros, ancestros sagrados o lo que sea… y se disponen a seguirlos o a traicionarlos. Y no es que no tiendan a liderar (al menos a convencer) sino que tienen una “idiosincrasia” que los lleva más a reprimirse o a medrar o a lo que sea (la holgazanería, por ejemplo; el miedo al fracaso… un tumor… algo que no encaje con la época o el grupo… yo qué sé: hay mil y un combinaciones posibles, tantas como individualidades) que a realizar sus instintos fundamentales.


(c) porque lo obliga la propia dinámica de la reflexión. Esto es casi repetitivo de lo dicho antes, ¿verdad?


Por ello, el optimismo y el pesimismo son caras de una misma moneda. La llamada a la acción, al voluntarismo, etc., son llamadas al combate, y el combate siempre tendrá contendientes, aliados, traidores, posibles aliados y posibles traidores, oportunistas, cobardes, audaces, mezquinos, altruistas, convencidos, aprovechados… y líderes de grupos en procura de poder (el camino del hombre al poder sobre la naturaleza pasa y pasará por mucho tiempo al menos por el poder del hombre sobre los demás hombres. Sí, sin duda Eduardo dice bien al reconocer que la política representativa con todos sus “defectos” –¡son en realidad características intrínsecas y no defectos!- ES necesaria, pero eso NO la absuelve de la CRITICA, de la DISECCIÓN. Y esa DISECCIÓN debe llegar hasta el propio corazón del hombre o si se quiere a la RAÍZ humana del fenómeno (de ahí la palabra radicalidad o radicalismo y que no baste el “realismo” simplemente y menos La Razón,) Ni, tampoco, se evitarán los mitos a favor y en contra cuyos fines están en otra parte... y dicen otras cosas.

Quiero decir: que todo se hará "sólo", a instancias de la propia dinámica interna del conjunto de la humanidad (y en menor medida, dependiendo del grado de independencia que ella alcance, del resto de... ¿aceptareis que la llame "Gaia" con cierta ironía doblemente malsana?, o lo que sea...)

Si nadie llamó a la acción a los australopitecos ni a sus sucesores hasta que llegó la edad de la Razón, y sin embargo actuaron y mucho, pasaron de la banda hasta la jefatura y así hasta construir varias sociedades sucesivas cada vez más complejas (y menos tambaleantes) y culturas con especialidades y doctrinas, métodos y leyes; si sofisticaron cada vez más sus mitos, los depuraron, los justificaron cada vez mejor y con más sentido de la realidad (siempre razonablemente), si los hicieron cada vez más acordes con lo observado y con la experiencia y cada vez más operativos y útiles, si los hicieron, en fin, lo más predictivos posible, lo más “científicos”; si, por fin y en otras palabras, tras una última ruptura epistemológica, se dieron una normas (basadas en la experiencia, en la evidencia de que con ellas se “avanzaba” más y/o mejor) integradas en un cuerpo que pudiera ser estudiado por sus descendientes, para economizar y además para asegurar la reproductibilidad asociada a su propia existencia (¿o no es eso lo que se pretende?), cuerpo que se llamó Ciencia de esto y de lo otro y que un hombre concreto de esos tan creativo, o más, o menos, como cualquiera de nosotros, llamado Marx, creyó descubrir en el campo de la Historia (más que de la economía), y cuyas predicciones no se han cumplido… según algunos “hasta ahora” (¡porque hay sin duda seguidores muy pacientes y muy fieles; ya lo dije por ahí: los hay que esperan a Godot, los hay que aún esperan al Mesías, y ve tú a decirles que tú si estás seguro de que las cosas son de otro modo, tanto como ellos lo están de lo opuesto, de que no vendrá nadie, de que los de ellos son los mitos! ¡Vamos, ya está bien de creernos que por poseer La Verdad vamos a convencer a los contrarios! En esto es donde Feyerabend acierta, sólo que...)


En fin, si NADIE, ni desde la propia superficie del planeta ni desde Los Cielos llamó a la acción al hombre sino que él se vio empujado instintivamente a ella en todas sus expresiones, ¿por qué ahora hay que “hacer algo”? ¿No será porque “alguien” interesado en movilizarnos lo necesita para sus fines? ¿No es eso lo mismo que se pretendió al decir que Dios expulsó al hombre del Edén y la contemplación eterna? ¿Vamos a seguir creyendo de ese modo? ¿Quién es Dios ahora, el propio hombre imbuido de traje y de corbata, gris, el que está detrás de las paredes, el que dice lo que debe ser la realidad?


¿Es esto sólo psicologismo? No. Creo (¡up, lo dije sin pensar!) que es un DATO REAL, un HECHO OBJETIVO, una EVIDENCIA, que además es un componente de UNA realidad.


De igual forma se asume un determinado contenido al “avance” y a lo “positivo” (se decía antes: al progreso). Veamos brevemente: yo pienso que hay un movimiento imparable (al menos a la vista amplificada por los actuales instrumentos de observación y por la base cultural en la que nos apoyamos) hacia el incremento de la COMPLEJIDAD. Esto yo no lo equipararía con ideas ideológicas como “progreso” o “avance” ni con “lo positivo”. ¡Ni siquiera me creo capaz de considerar positiva la ausencia de crueldad, aunque la rechazo de plano a sabiendas de que... estoy inclinado genéticamente a rechazarla, por lo que no puedo medir esa actitud mía en términos de positividad o negatividad... (salvo porque ES MIA... y ME CREO MEJOR EXPONENTE DE LA HUMANIDAD QUE OTROS)!


Es más, entiendo que no se puede medir en tales términos ningún movimiento en la flecha del tiempo (no hay más movimientos, creo, ¡salvo en la política y la historia de los poseedores de la verdad!) porque no existe punto de referencia absoluto, separado de la visión necesaria del hombre en un momento dado y en circunstancias dadas (lo dije mejor al principio, vaya.)


Ahora bien, claro que el “todo vale” es rechazable, al igual que el "pensamiento débil" y todo "pensamiento elemental", del "vox populis", del "sentido común", pero ese rechazo no tiene una explicación absoluta sino la de que es OTRO producto humano para OTRA cosa distinta más que sólo explicar el mundo. Es decir, que es engañoso y sirve al Poder, concretamente, hoy en día, a la expansión sin límites de la burocracia que permitirá que nadie tenga que saber mucho más allá de los manuales de ciudadanía o los diez pensamientos del Gran Timonel.


Y debe ser entendido como “normal” o inevitable que los "argumentos" agrupen a unos contra otros. Esa es la función del lenguaje, de la razón y de los mitos.


Quien triunfe no tiene por qué ser el mejor ni el más positivo, pero tampoco encontraremos nada más sólido que nuestras creencias y convicciones para señalar que es lo contrario. No obstante, a la vista de los avatares reales de la Historia, yo soy "optimista" y creo que AUTOMÁTICAMENTE se producirá una CORRECCIÓN a largo plazo, y ello SI es OBJETIVO: aquellas cosas que conduzcan tendencialmente (siempre puede haber un colapso imprevisto que lo impida) a estabilizar el nuevo grado de complejidad alcanzado. Así, se afianzará e incluso podemos describir como cierto el afianzamiento de la Ciencia, etc., “avanzando” según el propio programa que nos define y en interacción con los demás programas, todos adaptativos, todos inciertos, todos sin embargo realizándose tal y como emergieron y con sus tendencias presionando en determinadas y múltiples direcciones.

Este "optimismo" no augura nada que sea más valorado que la propia vida desarrollándose como mejor pueda, valora inútilmente la perspectiva de que se produzca un nuevo eslabón. La moral podría decirse que se impone sola porque es más práctica para la supervivencia y la continuidad, porque responde a las leyes descubiertas por Darwin que cada vez podremos ir depurando más y más... si nos dejan.


Puesto que he vuelto a una exposición genérica, “de principios”, evitaré entrar en detalles que no obstante me gustaría denunciar como ejemplos de lo que yo considero un error de óptica en parte heredado, en parte no muy contrastado (se pasa demasiado “por encima” de las cosas, o sea, ¡se es un tanto posmoderno “a pesar de”!): Eduardo, Lakatos no da una buena descripción del socialismo porque simplifica al decir que sostenía que bajo él no volverían a producirse revoluciones (Trotsky se puede levantar de su tumba y discutir hasta el cansancio acerca de su propuesta de “revolución permanente”, pero en Marx podemos hallar mil menciones a la revolución permanente de las relaciones de producción al menos hasta llegar al comunismo, la supuesta meta superior, el paraíso del “a cada cual según sus necesidades” –cosa por cierto y dicho sea de paso curiosa y mítica ya que presupone un “repartidor” casi celestial-) Además, ninguna de las “revoluciones” a las que Lakatos tal vez se refiera sin rigor alguno en la definición (tal vez a las revueltas reprimidas que tuvieron lugar en los países sojuzgados por la URSS) serían consideradas tales por los marxistas. Para estos, ya lo he dicho, serían simples revueltas o contrarevoluciones según de cuales se hable y de qué marxistas se trate. Con lo que Lakatos resulta que ha dicho demasiado poco y no ayuda a aclarar nada a nadie, reduciendo su bosquejo a un discurso vago que sólo sirve de refuerzo interno de unas u otras ideologías y ni siquiera a combatir aquellas a las que parece oponerse él mismo. ¿Qué se pretende, arrancar de un mito a un creyente para atraerlo al propio? ¡Ah, bueno, eso ya es otra cosa, y por mí, claro que podéis, todos, seguir haciéndolo de manera continuada!


Yo estoy en otra cosa. O quizá en lo mismo sin poder, como vosotros, como todos, evitarlo.


Ah, y si no me veis por un tiempo (trataré, trataré, trataré) en vuestros blogs y en el mío, no os preocupeis, ni alegreis mucho, ni os pregunteis qué pasa. Voy a tomarme un descanso para acabar mi deuda de lecturas y mi deuda de escritura literaria.


Y si alguien acepta un café algún día, que lo proponga y hablamos.


Un saludo cariñoso.



Así me despedí... y así me despido ahora.


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