lunes, 17 de marzo de 2008

La utopía, el pragmatismo y los discursos edulcorantes

No sé hasta que punto los botones de muestra indican situaciones generales o al menos la presencia de una u otra tendencia dominante. La intuición tiene sus riesgos y sus limitaciones, aunque es vital y muy útil a la refexión sobretodo si está bien entrenada. Una base importante para su mayor eficacia es el grado de información de que se dispone en calidad y cantidad, información que en buena medida está disponible como resultado de la experiencia ajena y pasada (lo que es parte de la llamada "tradición" a falta de lo que ésta predeterminaría moralmente, lo que creo menos provechoso de la misma).

El horizonte que nos dan las lecturas y las observaciones, la reflexión sobre nuestras propias experiencias y sobre los hechos, la visión histórica o genealógica de los fenómenos sociales pasados y presentes, sus aparentes paralelismos, sus aparentes diferencias, nos llevan a extrapolar, a proyectar, a aventurar hipótesis e incluso a definir nuestro discurso y nuestra conducta.

La Historia (incluso a través de la literatura) me habla de conductas utópicas y conductas pragmáticas de personajes relevantes (esos cuyos nombres perduran en el tiempo desde que la escritura lo hizo posible) de donde deduzco las ventajas y desventajas de las mismas así como las causas más probables que las determinaron. También me permiten observar todas las gradaciones que van de un extremo del primer tipo al opuesto del otro. Hay utopías extremas, próximas a la locura si cabe, y conductas pragmáticas que más bien cabría llamar oportunistas, incluso hipócritas y mezquinas, engañosas y desconcertantes, y que vistas desde uno de los bandos en lucha pueden ser consideradas inclusive traicioneras. Pero también abundan entre estas últimas aquellas que contienen dosis notables de ingenuidad, casi en el grado en que se encuentra esta característica en las utopías. Es esa ingenuidad que se justifica tantas veces porque tiene un contenido real de honestidad, porque demostraría que que se sustenta en una convicción, en todo caso... ¿utópica?

Esta circularidad que encuentro entre las mencionadas dos conductas que usualmente son consideradas antagónicas, me lleva a centrarme en ese común elemento idílico que parece tan inseparable de toda conducta humana que pueda calificarse de honesta (honesta como opuesta a tramposa). Todos los demás casos, sobre los que hay mucho que decir y sobre los que de cualquier forma se ha dicho mucho, quedarán a partir de aquí voluntariamente excluidos salvo por referencias que, como se verá, son, desde mi punto de vista, inevitables, y ello porque, en base a la información que tengo (tal vez la que prefiera ver mientras no se me demuestre lo contrario) las conductas ingenuas y así llamadas bienintencionadas nunca han conseguido imponer su rumbo en la historia humana. De ahí la importancia de analizar estas últimas, por una parte, así como de resaltar no tanto su inutilidad (¡esto es muchas veces propio del espíritu pragmático!) sino todo lo contrario, es decir, sus roles a veces contribuyentes a veces obstaculizadores de la acción de quienes tienen la capacidad real de orientar la marcha de las cosas, de quienes más allá del carácter utópico o pragmático de sus objetivos son capaces de realizarlos porque cuentan con los instrumentos del poder o para conquistar el mismo, de quienes no importa en qué medida sus propuestas son realistas puesto que son capaces realmente de crear una realidad a su medida, de quienes, gracias a contar con esas armas, más que pragmáticos no pueden ser sino oportunistas y amorales y estar dispuestos en cada punto a ser, de necesitarlo, deshonestos.

¿Exageraciones? Apélese a la Historia, enumérense los vencedores, sus estrategias y sus tácticas, descúbranse las justificaciones de sus actos... Ahí están, desde los peor considerados, como Hitler, Mussolini, Stalin a los más, el Lenin revolucionario y justiciero (su manual de supervivencia preventiva "¿Se mantendrán los bolcheviques en el poder?", escrito antes del golpe bolchevique es una joya más que ejemplar), Napoleón (sus notas a "El Principe" de Maquiavelo son también ejemplares), el Robespierre rousseauniano, el Enrique II para el que París bien valió una misa... Todos vencedores. Todos gente práctica.

Pero centrémonos en el otro bando, el de aquellos que seguimos considerando mejores (según unos y otros grupos, de "izquierda" a "derecha" en la dirección en que se lee en occidente) a pesar de que nunca pudieron llegar a nada: los utópicos, los que defendieron unos valores unívocos más allá del realismo y de lo práctico, en todo caso con pequeñas concesiones, en todo caso con ambigüedad, en nombre de... un cierto posibilismo, de... evitar por completo caer en la frustración o el desaliento.

A uno y otro lado, nadie mínimamente serio valora positivamente a Hitler o a Stalin del mismo modo que no cabe seriedad en las valoraciones posibles que se pudieran hacer a Satanás (ni siendo ateo), mientras que sí caen dentro de lo serio (en uno u otro partido) las valoraciones positivas a John Stuart Mill y a Karl Marx respectivamente (y hasta en la cosideración crítica de sus opuestos).

¿Qué tiene pues el pensamiento utópico que da lugar a ese posicionamiento retrospectivo, a esa mirada benevolente que el presente dedica al pasado? Yo digo que es su carácter crítico, su sentido de la denuncia, el hecho de que nos fuerzan a mirar aquello que todo ser humano considera negativo y repudiable: la injusticia, la esclavitud, la coerción, la prepotencia, etc. Aquello de lo que ningún ser humano sano (lo que podemos definir como se quiera que siempre significará más garantías de supervivencia para la especie) querría ser una víctima.

El debate posterior, el debate que realiza el presente sobre lo pasado, puede señalar o no que las soluciones ofrecidas por los utópicos sean o no realistas o desconcertantes, idílicas o producto de intereses más o menos conscientes y contradictorios, pero no pueden sino reconocer que en esos discursos se hallaba la denuncia de los males de la época, de los males incluso del mundo... Incluso cuando hayan nacido para ser usados para fines distintos de los declarados, lo que es difícil de demostrar en perdedores... Hará falta esperar a quienes, montados más o menos parcialmente en esos discursos lleguen al poder para vaciarlos del todo... pragmáticamente, convirtiendo los discursos en breviarios y hasta en cortos lemas mentirosos... en slogans, en propaganda... Y que los hechos se levanten acusándolos... mediante nuevos utópicos e incluso mitómanos en cuyos poemas, artículos y análisis sean puestos en evidencia.

Ahora bien, también está el pragmatismo de los que ni son vencedores ni están entre los campeones, y que sin embargo se distancian o dicen distanciarse de las utopías. Este es una campo interesante ya que, para mí, representan sólo un simulacro de realismo con la desventaja de que merman la efectividad propia para la crítica e incluso le proponen a la que se lleva a cabo que se autosilencie. En nombre de ese supuesto realismo, de ese supuesto apego al suelo, se propone el silencio más o menos contundente. Es curioso cómo estas propuestas comulgan con el positivismo que sostiene que "de lo que no se sabe es mejor callar". ¡Callar!, esa parecería la conducta, unas veces porque "no sirve para nada", otras porque "no se sabe", otras... "porque sólo contribuye a exasperar los ánimos", es decir, lo que se ha dado en llamar, bautizado por el gobierno mismo, "crispación".

Ese pragmatismo o realismo (en política, la realpolitik de los que no gobiernan... pero comparten los resultados del status quo) no puede servir de otra cosa que de dulcificación de los abusos y del despotismo, la corrupción y la mentira. En primer lugar, y en esto es tan utópico e ingenuo como el que critican, deberían saber que no se domestica a las fieras porque se las calme ni se sacia su hambre con un caramelo. Lo único que se consigue es contribuir a suministrar algo de maquillaje las fieras de cara a los espectadores vacilantes, a que se fortalezca en todo caso la idea que quería el poder que cundiera y se afirmara, es decir, a ayudar a su propaganda. En definitiva, a aumentar el silencio para las denuncias, el aislamiento de los denunciadores.

La literatura más elaborada y rica de todos los tiempos ha dado cuenta de ello. Los más perspicaces artistas plasmaron los resultados de esa práctica edulcorante que en la jerga popular se ha denominado "dorar la píldora" o "pintar el gallinero". ¿Acaso en este aspecto nuestro mundo y nuestro tiempo representen algo tan nuevo que permita que eso que se ha demostrado pernicioso se haya convertido en virtuoso? ¿No es eso la mejor expresión de lo que el poeta francés Jacques Prévert describía peyorativamente como "flotar en lugar de hundirse"? Sin duda, toda honestidad es utopía en el ser humano, ya que los sueños de bienestar siempre están en el futuro contra el que al parecer siempre complotarán los dueños del presente. En ese caso, ¿no es lógico que valoremos las utopías del presente en lugar de dejar que nuestros hijos se llenen de nostalgia valorando las utopías del pasado y olvidando a todos aquellos que antes contribuyeron a que vivan sojuzgados gracias a edulcorar las mentiras de quienes se convirtieron en sus explotadores y tiranos?

El problema de los errores utópicos no se resuelve con utopías ingenuas pero condescendientes. Quizás ni siquiera tenga solución ni pueda extirparse. En todo caso, observo que en unas utopías sobresale la denuncia (que la prefiero lo más certera y objetiva, radical por lo de apuntar a la raíz y lo mejor fundamentada que sea posible, ya que la denuncia no equivale ni mucho menos al epíteto simple y agitador) mientras que en otras hay una propuesta de silencio, calma, justificación, parálisis, resignación, esperanza pasiva. Se dice que para que el mal triunfe basta que los buenos no hagan nada. Hay veces que los buenos no pueden hacer nada y muchas en que los buenos acaban siendo malos o conduciendo a los malos hasta el mismo trono. En todo caso, lo cierto es que para que el mal triunfe, ha bastado con decir que no es tan malo. O al menos ha servido para ello.

Ahí está la ascención del nazismo a quienes había que comprender por haber sido tan mal tratados tras el armisticia previo, el triunfo mentiroso de todos y cada uno de los revolucionarios del Tercer Mundo a quienes se les concedió todo derecho en nombre de la justificada descolonización, al stalinismo que no podía hacer otra cosa si quería mantener incólumne su "socialismo en un sólo país"... Y ahí están los actuales líderes "indigenistas" que se apoyan mentirosamente en las afrentas de la "leyenda negra", o los okupas que "no tienen dónde ir", o a los fundamentalistas que "han sido los pobres y los relegados de toda la vida"... Y esto para dar ejemplos un poco variados pero todos ellos sugestivos (y sin mencionar aunque apuntando claramente a ejemplos del presente doblemente cercano).

Ahí están, para La Historia, las palabras edulcorantes por antonomasia: "hoy en día no podrá volver a suceder", "no son realmente malos", "hay que tenerles consideración", "en el fondo quieren lo mejor para el pueblo", "sus intenciones son buenas", "la ley no lo permitirá"... que no han venido nunca a cuento salvo para acallar una denuncia considerada exagerada.

Nadie será nunca capaz de precisar "el camino" (como creen poder hacerlo todas las religiones, y el positivismo, no lo olvidemos se postuló como una de ellas, la superadora de todas las anteriores), ni de dejar de soñar y de creer que el suyo es el verdadero, el eficaz o el positivo; que al final del mismo la humanidad entera alcanzará todos los bienes. Ni será posible impedir que cada uno se crea en el derecho de imponerla en cuanto su sentido de la realidad le confirme que es posible. Hoy, lo que pasa con muchos mundos imaginarios es que se les han bloqueado enteramente todas las posibilidades de realización, lo que deja apenas sitio a la locura o la frustración en masa, lo que no quita que algún día vengan "tiempos mejores" que sugieren "grandes esperanzas". Hoy, se lee un libro o se asiste a su versión cinematográfica en donde un esbirro de "el Gran Hermano" amenaza con el terror extremo de liberar una rata hambrienta que garantiza será capaz de atravesar al torturado para conseguir una insignificante adhesión de lealtad que se erige como la más inimaginable de las mezquindades y la absurdidad, y se opina que la alegoría "¡es estremecedora!"... para luego zamparse unas cuantas palomitas, incapaces de pensar demasiado en ello... Hoy se atiende, no demasiado, a un documental sobre los gulags, los campos de exterminio, los campos del silencio de la Kampuchea Democrática (allí donde los exhiban, porque para eso no hay mucho... mercado) y se opina: ¡qué increíble! dando al mismo tiempo por sentado que esos jemeres "no son de este mundo"... o al menos "no los podríamos hallar entre nosotros"... que habrán venido vaya uno a saber de dónde... aunque quizá allí, en esos países exóticos... puedan darse esas cosas...

Pero ésa es la "crisis de nuestro tiempo", este es el tiempo de la postmodernidad, es decir, del refugio en el vacío, lo inmediato, el simulacro de vida para huir de la frustración, ese otro vacío.

Creo que seguimos formando parte de una humanidad que es en realidad un conjunto de grupos en conflicto, grupos que difícilmente acepten el diálogo o se avengan a que nos sentemos a repartirnos el mundo y sus recursos en una negociación amistosa. A fin de cuentas, habrá que sumarse a la resistencia. Mientras tanto, ya que no es fácil apuntarse a la "guerra preventiva" (que por cierto, no es a mi criterio sino otra variante de las de seguir la marcha de uno de los vencedores con garantías de triunfo), al menos no contribuyamos, los que somos capaces de verlo y no queremos, o los que somos capaces de verlo pero nos parece que es mejor ocultarlo, al coro de los que, con estrategias mucho más estructuradas y la seguridad de saber lo que realmente quieren, nos usen para llegar o mantenerse.

No creo que haya una opción para todos y cada uno. Sólo señalo mis propias preferencias y defino, como todos, mi propio grupo, tal vez real, tal vez imaginario, tal vez el de los adictos a la exageración y el exabrupto.

4 comentarios:

Germánico dijo...

En efecto, Carlos, la Historia se repite con nuevos disfraces coloridos. Es posible que la sociedad haya avanzado hacia una mayor interrelación entre sus partes, hacia una mayor complejidad, y los poderes de los distintos grupos se contrapesen con más éxito, a un tiempo que una mayor prosperidad mantiene los estómagos llenos y las conciencias “tranquilas”, pero la naturaleza grupal del hombre y las tendencias utópicas de nuestra psique no han desaparecido, y pueden traernos nuevas pesadillas en nombre de nuevos sueños. La fechoría que denuncias en el post de más arriba es un paso más contra el Estado de Derecho en nuestro país. Y seguro que no hay un levantamiento popular para matar al tirano.

Siempre habrá cosas que denunciar. Este mundo no es, como dijera Leibniz, el mejor de los mundos posibles. Y si no se encuentras miserias suficientes ni suficientemente terribles, el dedo acusador buscará miserias residuales o exagerará los males de la misma. Los nuevos utópicos hablan en nombre de la democracia y el progreso, y se definen como idealistas pragmáticos. Pero una vez destruyan la libertad, con sus pequeños pero insidiosos pasos, quizás aparezca un nuevo líder totalitario que tome el relevo gustoso, utilizando las 3 o 4 líneas maestras de crítica ya marcadas por sus predecesores para hacer demagogia y alzarse con el poder; poder que empleará para sus propios fines y los de su elite, a costa del común de los mortales (especialmente mortales bajo su mando).

¿Un temor injustificado?....¿Un Apocalipsis reverso de la Utopía, pesadilla de un loco?. Quizás, pero conviene estar en guardia. Contra el poder siempre hay que estar en guardia. Sobre todo cuando sus poseedores dicen obrar por nuestro bien.

Dhavar dijo...

Carlos:

Como de esto ya hemos hablado por extenso en cuanto al fondo, no añado más.Pero sí tengo una observación de lenguaje:Me siento incómodo con el uso que das a la palabra "utopía", se estira demasiado y confunde.
Unas veces significa "empeño irrealizable" - por ejmplo, el del malo de los tebeos de "dominar el mundo". Otras "proyecto guiado por el bien y la justicia" y otras "proyecto guiado por el bien y la justicia, y por tanto irrealizable".
Creo que no hace falta que precise lo elástico de irrealizable.
En cuanto al fondo - una parte de él- me parece que, como señala W. Benjamín, toda la filosofía política posterior no ha añadido ni una coma al campo de juego delimitado por la Tradición judeocristiana.Si acudimos a ese campo, encontramos varios antídotos a lo que señalas:
Uno, la noción de pecado original:Impide que pensemos eso de "cómo es posible""no somos nosotros", etc.,que tú señalas.Podemos rebautizarla como "desajuste esencial de nuestra naturaleza""desgarro contitutivo del ser hombre", en fin, como se quiera.
Dos:La noción de Redención y la de tiempo Mesiánico.Esa noción impide caer en la desesperación de la anterior , y ha llenado de energía durante siglos a millones de hombres, ha levantado literalmente nuestra civilización, nos guste o no.
Pero, al msimo tiempo, sitúa el logro final más allá de la historia, de la personal y de la colectiva, fuera del tiempo.La siembra y el arado son y serán en el tiempo.Pero la cosecha no, porque la semilla primera también corresponde a un acto situado fuera del tiempo aunque suceda en un punto del mismo.Esa tensión impide la tentación Moderna - uso este término en sentido histórico preciso- de traer al Mesías aquí y ahora, que ya hemos visto que es la receta infalible para generar unos infiernos inéditos en la historia.
Aunque todo esto es parcialmente oscuro para mí, comparto la intuición de W. Benjamín. Y de otros como él, por ejmplo, Rosenzweig.
Respecto al tan de moda evolucionismo, no veo su utilidad por ninguna parte,más allá de la constante petición de principio de "que esto o aquello se debe a la evolución".Sí, y qué. No se añade un gramo de saber por decir eso.Ni mucho menos por inventarse entidades fantásticas como los memes y otras lindezas.En todo ello hay un uso indebido de la metáfora.

Carlos Suchowolski dijo...

A Germánico:
Como me avalas todo (bueno... lo que parece derivarse de mi aproximación) no puedo sino reiterar la satisfacción típica de sentirme comprendido y refrendado por quien piensa, para mi gusto, tan bien (¡y no sólo cuando coincidimos... en general, je, je...!)

A Dhavar:
Respuesponder a todas tus observaciones, muy pertinentes por cierto e interesantes, obligan(me) a un "tratado", je... No obstante, hay algunas que creo derivadas de otras y así sucesivamente, y probaré poner aclarar/ampliar lo sintético de la aplicación a lo general de lo conceptual en esos "pilares" sobre los que creo que se asientan las posibles confusiones.

"Utopía/s", con sólo tomar una cualquiera se puede ver su carácter ambivalente: no podemos dejar de soñarlas como cosas buenas, y sin embargo llevan a las masas (y no tanto) de la nariz hacia su frustración o su resignación. También tendría connotaciones "positivas" y "negativas" si la estudiamos a la luz de determinados "objetivos" y "conductas", si en el "discurso" o en "los hechos". ¿Contestado sin necesidad de irme muy lejos? De todos modos, ¿te refieres a que estarías más a favor de condenarla que de reivindicarla o viceversa?

"Evolución", sí que explica, explica que nos repitamos, que suframos por los mismos temores, que tengamos valores comunes y sobre todo miedos comunes, que nuestra conducta sea en última instancia ansestral y hasta más antigua que la humana, que no podamos prescindir de la utopía y el mito (en principio, aunque creo que sólo porque no reconozco del todo el mío propio como tal) y que nos veamos en nombre de la llamada de nuestro tiempo a "servir" a nuestros futuros "amos"... Sí que sirve, y la ceincia en este punto está poniendo al descubierto hechos concluyentes que deben ser tomados en cuenta por la filosofía. Creo que tan obligada y útilmente como el hombre primitivo se vio obligado a reconocer las leyes de la rueda y como hacer muchas después de la primera (hasta llegar a las estaciones orbitales y a seguir sin poder detenerse...

Un abrazo a mis mejores comentaristas, sí señor, muy enriquecedor, gracias!

Germánico dijo...

Debo decir Carlos, que en general, en general.....¡coincidimos!. Si bien es confortante leer en otros enfoques y cuestiones que uno no había pensado o había pasado por alto.