martes, 3 de febrero de 2009

¿Puede La Paz ser algo distinto de La Guerra?

Reproduzco a continuación (retrasando la nueva entrada prevista en la que iba a continuar mi demostración del carácter intelectual del liberalismo) el comentario que inserté al pie de un post que publicara Clionauta, un muy interesante, aunque un tanto "parcial", blog de historia al que tal vez mis lectores no accedan (aunque a veces vale la pena por la documentación que aporta, muchas veces más de un lado que de otro). En ese post, Clionauta reproduce un canto antimilitarista de un intelectual judío-londinense, Eric Hobsbawm; un canto idealista pero que, como pasa con todos ellos, se torna inevitablemente objeto de los fines contrarios, es decir, se convierte en arma al servicio de la misma guerra contra la que se declama, sólo que en favor del lado de aquellos que son considerados por los pacifistas el lado de "los débiles".

Me ha parecido interesante poner esto a vuestra consideración en primer lugar porque creo que a través de ese comentario se puede apreciar, de una manera condensada, el método de análisis que defiendo, así como la crítica que considero que merece el renovado romanticismo idealista que caracteriza a la mayoría de la intelectualidad acomodada de occidente. Creo que el debate en torno a esta cuestión puede ser productivo y puede contribuir a provocar algo más que las diatribas simplemente opuestas pero no por ello menos románticas e idílicas que estamos habituados a ver por casi todos lados.

Aquí os dejo pues con esto, deseando que provoque vuestros aportes y opiniones al respecto:

"Los discursos pacifistas tienen siempre el atractivo de la retórica pacifista, pero… o se quedan en manifestaciones de “la buena conciencia” (nacida de la “mala”) o terminan, por su falta de rigor y objetividad -en todo sentido, me refiero, es decir: en tanto que análisis histórico-social profundo; que no se lleva a cabo ni se hizo jamás con “romanticismo”- que no por las demás cosas… dando un espaldarazo a uno u otro de los contendientes con quienes precisamente se simpatiza a priori. Uno de los problemas de esto es el silencio de las posibles “soluciones” que se sugieren y que no son nada “románticas” (no reales) en su aplicación real y en todos sus pormenores reales (no “románticos”). Por ejemplo: supongamos que se pudiese llegar a un acuerdo entre “las partes”, “partes” de las que los extremos sin duda deberían quedar fuera (los halcones israelíes, los fundamentalistas)… ¿denunciarían los pacifistas judíos como Hobsbawm la represión furibunda que el Estado Palestino emplearía para sofocar los intentos de “sus” extremistas para echarlos de nuevo del poder y volver a la guerra de exterminio en la que no habrían dejado de pensar nunca? Esto es un ejemplo de escenario, pero que pretende mostrar realidades alternativas posibles que el “romantisismo” deja fuera… total… lo que pretendían en realidad era sólo dar rienda suelta a… “su buena conciencia”. Como ese, se podrían dar otros escenarios posibles, el de un ejército o policía internacional que impusiera la paz… violando las fronteras de los contendientes y sus propias “democracias” (de más o menos seriedad según el caso), etc. (dejo el resto de las consecuencias de una acción eficaz de ese tipo a la imaginación realista de c/u). En fin… con mis mejores pretensiones de contribuir a pensar y no a vociferar o recitar.
Gracias y un saludo cordial y sincero."

8 comentarios:

Pon! dijo...

Me gusta mucho el enlace a mi nuevo blog jajaja. Gracias, mi primo sigue este nuevo antes que el anterior...que cosas.

En cuanto al tema que planteas...a pesar de haberme perdido ligeramente (las cosas como son) pienso que el "romanticismo" no es algo productivo y ha llevado muchas situaciones perversas. También creo apreciar la intención de "lavarse la conciencia" en muchos de esos actos y la, menos agradable, pretensión de culpar de TODOS los problemas habidos y por haber a la sociedad "occidental". Se me disculpe, en todo caso, el no encuadrarme dentro de esa posición pero considero que soy alguien de mi tiempo y no me siento mal (en principio) por lo que mis antepasados hicieron hace 100, 50 años.

No se si me he desviado del tema pero ahí queda dicho.

Saludos.

Carlos Suchowolski dijo...

Yo creo que hay que jugarse siempre hasta el fondo, rumiar, martillar, desgastarse, poner la piel... Esto y el "heroísmo" romántico y romanticista son por supuesto contrarios como el aceite y el agua. El último es mesquino, cobarde, fraudulento, sibilino... "negador de la vida" que diría Nietzsche. El romantisismo se inventa un tiempo anterior a él que lo justifique y no reconoce que es hijo de ancestros violentos, cobardes, mentirosos, "impuros"... Se adjudica una falsa virtud y sostiene que la naturaleza humana ha sido corrompida, a pesar de lo cual, él ha resistido o lo ha superado... gracias a La Razón y otros inventos bien tergiversados... ¡Oh, perdona, es que a veces me enciendo al tener noticias de los "bien educados" y "buenos educadores" que tanto daño nos hacen, ellos a nustra mejor sensibilidad y sus "amigos" a nuestros cuerpos!
Gracias por pasarte por aquí y soltarle el pelo, pega fuerte...

Nacho dijo...

La verdad es que el artículo al que hace referencia es uno más de tantos otros, desde un punto de vista u otro, partidista y simplista.

Creo que las palabras que definen al fin y al cabo la forma de actitud inquisitiva intelectual son "exhaustividad" y "profundidad". Déjame decir, sin embargo, que creo que arremetes equívocamente contra la razón, porque precisamente el razonamiento es esa actitud. El problema viene cuando lo que nos descubre la razón "no computa" por la emoción y otras pulsiones primarias, y nos hace rebotar violentamente hacia el romanticismo.

Por lo que hablábamos en la entrada anterior, somos incapaces de realizar ese "sinsentido"... la razón, o la ciencia como su máxima expresión, es fría y traicionera, y lo que nos muestra muchas veces no nos gusta. Entonces es cuando las pulsiones primarias nos dominan, los irracionalistas (románticos por naturaleza) dejan fluir esas pulsiones sin límites, y de la liberación de éstas es donde se pierde la 'exhaustividad' y 'profundidad' en el análisis de la realidad, cayendo en el romanticismo que nos lleva a la locura como es el conflicto palestino.

P.D: Haciéndote caso voy a reactivar el blog posteando el comentario de la entrada anterior pero me gustaría añadir un par de reflexiones antes que he rumiado un poco a raíz del intercambio de palabras.

Hector1564 dijo...

Hola Carlos,

Mi ignorancia histórica sobre el conflicto en Medio Oriente me impide tener una opinión informada -aunque sí nacida de las entrañas-, de modo que no puedo aportar nada interesante, no obstante, tu crítica del romanticismo me parece pertinente y yo le añadiría una cínica vindicación del cinismo porque cuando oigo a histéricos defensores de un bando, como Saramago, criticando el cinismo del bando contrario entonces pienso que por desgracia a aquellos que no confunden el "querer" con el "poder", esto es, que viven en el aquí y ahora no en utopías, aquellos, digo, siguen peligrosamente siendo minoría.

Por lo demás aunque se agradecen -yo por lo menos- posts elaborados, reflexivos no improvisados; tus comentarios lo suelen ser así que te invito a que en otras ocasiones vuelvas a colgar tus comentarios ;-)

p.d: Luego voy a mi blog a responderte un comentario tuyo pendiente

Carlos Suchowolski dijo...

No arremeto contra "La Razón" sino contra el racionalismo (discurso que atribuye a La Razón una indiscutible capacidad legitimadora, dadora de Verdad incuestionable). En ese sentido, son los racionalistas los que suelen denominar "irracinales" a los movimientos que se apoyan en mitos o revelaciones (aunque al ser la herencia larga y pesada muchos tienden a usar su discurso sin pensarlo). Pero en realidad, el racionalismo lo hace también, sólo que con un discurso que consigue una falsa coherencia a base de dejar fuera unas cosas y a "reducir" otras. Esto merece más desarrollo y prefiero dejar esto apuntado. Pero antes de dejar el tema, uno o dos ejemplos. Se dice que el fascismo era una ideología irracional o irracionalista cuando entre otras cosas intentaba fundamentar sus conductas en una racionalidad mística y cientificista. Otro apunte que dejo delineado... El cristianismo es otro caso claro (Strauss habla de "la religión sometida al tribunal de la filosofía" a diferencia del judaismo y su Ley "sin más"...) En cambio, no es racionalista Nietzsche, quien sin embargo atribuía AL PROCESO (genealogía) la realidad dada en cada momento. Y no a La Razón.
¿Puede ser confusa esta manera de decirlo? Hum...

Carlos Suchowolski dijo...

Héctor: qué añadir. Es que hay conductas humanas (de grupos de los que jamás me sentiré un miembro) que no tengo otro estómago que el de combatirlas. La conciencia no me paralisa sino que me subleva, el choque de sus discursos me hiere las neuronas y mi cerebro se rinde al impulso del combate. ¡Merde! ¡Volveré, aunque sé que para nada y que no soy nada! Y es que en esto Nietzsche dio también el blanco, mal que nos pese o nos duela: preferimos "querer la nada a no querer". Al menos... qué bien lo dijo, qué bien...

Nacho dijo...

No, te he entendido perfectamente, pero como apunte creo que deberías matizar en el futuro esto para que no haya confusión. O bueno, como rpefieras, si crees que es obvio supongo que no es necesario.

El razonamiento creo que inevitablemente lleva a comprender la realidad cambiante, circunstancial, e incluso relativista de las cosas. Es decir, la negación de la verdad absoluta. La razón, entendida en su forma clásica, ilustrada, como fundamento último de la ideología, sigue siendo 'auto-limitante'.

Prueba de ello es que tras llevarse más lejos, conduce inevitablemente al escepticismo, positivismo o la propia filosofía de Nietzsche; filosofías todas donde se niega la existencia de una verdad absoluta. Sin embargo... bueno lo dejo ahí yo también.

Carlos Suchowolski dijo...

Sí, creo que por ahí van los tiros. Y de acuerdo, hay que precisar y sobre todo dominar más el problema. Bueno... ya nos seguiremos aproximando o tal vez "retornando". No sé... no es nada fácil...