jueves, 11 de octubre de 2007

"Si una mala jugada del tiempo"










Se sentó sin salir de la cama, se estiró hasta el papel y el bolígrafo
abandonados sobre la silla que se hallaba a su lado y escribió:

"Amor mío:
"Estoy a una distancia imprecisa de ti, y de todos. La comercialización
del hibernador personal ha sido uno de los sucesos más escalofriantes de ¿este
siglo? Duermo durante el tiempo que me viene en gana sin ninguna sensación de
haberlo hecho, sin pesadillas, sin molestias. Apenas aproximándome a la muerte
unas décimas de segundo o poco más. Y despertando de nuevo en el mismo sitio,
como si no hubiera sucedido nada, aunque más lejos que la última vez de todas
las cosas y de todos los demás, de los que ¿viven?, ¿duermen?, ¿han
desaparecido? El bullicio que continua fuera, más allá de las persianas bajadas,
¿quiere decir algo? No me animo a comprobarlo. Si me levantara y saliera a la
calle ahora mismo creo que no podría reconocer a nadie: sin duda hemos
envejecido todos en proporciones diferentes. Tú misma, ¿cómo eres hoy, cómo
serás al recibir esta carta, como serás luego, dentro de...? ¡Vaya a saber qué
medida del tiempo es la más adecuada para decirlo! Mi mirada interior te rescata
joven en la memoria, cruzando el umbral de la habitación hacia la mesa de la
sala donde quedaron los cigarrillos, y se detiene en tus muslos, sobre los que
se derrama una cálida luz que, creo recordar, era la del atardecer entrando a
través de las rendijas de la persiana de enrollar y que les daba un rosado suave
bajo ese vello diminuto que prometía, ay, volver a electrizarse... ¿Ya no son
así, lo son todavía? Porque... habrás usado, usas, usarás tú también el
hibernador, ¿no es cierto...?"



Se interrumpió. ¿Qué sentido tenía continuar
escribiendo una carta; escribir en general, cualquier cosa que fuese? El deseo
de volver a caer en el letargo parecía la única respuesta. ¿Para qué? Sin duda
eso tenía tan poco sentido como todo lo demás. El mundo exterior se había
convertido en una pesadilla potencial intolerable. Si volvía a dormirse, y a
despertar luego, ¿no volvería a sentir la misma inseguridad, incluso
multiplicada? De improviso se imaginó que casi todos dormían; que el mundo
entero, salvo... ¿quiénes y para qué?, escapaba una y otra vez, como él, de todo
aquello. Fuera, en la calle, continuaba el ajetreo. Había gente, habían
vehículos circulando, voces. ¿Habían decidido abandonar las prácticas de
hibernación, tal vez para siempre, abandonarse al desgastante paso normal del
tiempo? ¿Se trataría de personas que de tanto en tanto se animaban a salir, a
ver el mundo, a mostrarse?



Se dejó caer de espaldas. La mano se abrió
soltando el papel y el bolígrafo. No pertenecía a la clase de gente capaz de
suicidarse, era una lástima. Pero volvió a acariciar la vieja idea macabra, una
idea plena de burla. Conectó el aparato, fijó como fecha de destino el día, mes
y año de su nacimiento (lo hizo así por hacerse un honor a sí mismo ya que
cualquier fecha pasada habría sido igualmente útil) y cerró sobre sí la cubierta
de la cápsula, hasta sentir el clic del cierre hermético, que sólo se podía
volver a abrir completado el proceso, y comenzó lenta pero inmediatamente a
dormirse. Mientras lo hacía alcanzó a preguntarse una última cosa: ¿Y si el
tiempo le jugaba una mala pasada? ¿Y si, contra todas las lógicas, el tiempo
siguiera un vaya uno a saber cuán extenso y cuán complejo curso circular y, al
cabo del futuro del futuro, alcanzase alguna vez, otra vez, esa fecha,
precisamente ese día, para volverlo a despertar?


Fin

Nota: Para variar, os he ofrecido un cuento de mi producción que fue publicado por Axxon (Argentina) y por Fantastik (Bélgica) y al que se podía acceder desde la solapa. Se admiten comentarios.

2 comentarios:

wg dijo...

Hola, Carlos

Este es uno de los mejores cuentos de ciencia ficción que he leído en mi vida. Te envío felicitaciones sinceras.

Un mundo así, con hibernadores personales, sería es-pe-luz-nante. Se perdería todo contacto con los seres queridos... ¿qué sentido tendría ya la vida? Yo me suicidaba a la primera despertada :=).

Me gusta mucho la ciencia ficción. Dicen que los mejores metafísicos son los escritores de CF. Yo le hago un poquito a la filosofía ficción (¿existe ese género, o yo lo inventé -ya no recuerdo?) Y tengo por ahí (en algún cajón) dos o tres textitos... nada bueno, más bien malitos. Y otro poquito en una página web que tengo escondida por ahí (y que ya no se mueve, es una momia en exhibición):

http://puertasdebabel.com/cosanostra/filosofismas/fantasma.htm

Acabo de leer un mensaje tuyo que dejaste en mi blog "Adiós a México". Discúlpame por no contestarte antes, pero apenas ayer me di cuenta. Tengo bastante abandonados mis blogs, y no recibí aviso de Blogspot ---supongo que envió el aviso a un correo que cancelé hace mucho.

Saludos y seguiré leyendo más de tus textos.

pd: Hace poco leí "El cálculo de Dios", de R J Sawyer (Edit Byblos). Es CF. Muy interesante. Resulta que Dios sí existe.

Carlos Suchowolski dijo...

Muchas gracias por los elogios, aunque no puedo considerar que sea para tanto. De todos modos, reconozco que me salió redondo, un atributo muy importante en un cuento. Y que dice algo, una obligación desde mi punto de vista de la literatura merecedora de ese nombre. Y yo lo sigo intentando.
Espero que te guste el resto en términos generales.
En cuanto a Dios, echa un vistazo a mis microrelatos (pinchando en la solapa), uno o dos lo dan por "cierto". Pero se trata de una vuelta de tuerca: nada indica que exista ni nada muestra que considerarlo real sirva para explicar mejor el mundo sino todo lo contrario (hace más enrevezadas las explicaciones.)
Es mi opinión, como es obvio.
Un abrazo y hasta siempre (tal vez nos encontremos un día en eso no-México y no-España de que hablamos.)