lunes, 4 de agosto de 2008

Reflexionando un poco sobre la capacidad de reflexión

Una de las tendencias más difíciles de erradicar del mecanismo de reflexión humano (humano, es decir, el que corresponde al hito más complejo alcanzado hasta ahora por la evolución en La Tierra y que se hace merecedor del nombre) es el que se autoatribuye la propiedad previamente idealizada como atributo de su supuesto creador, es decir, de Dios, es decir, de la última instancia imaginable capaz de producir Diseño Inteligente.

Desde el primer Nietszche hasta el último Strauss, esto había sido señalado, aunque no se lo haya tenido especialmente en cuenta ni, en cualquier caso, se lo haya comprendió en su justa dimensión... Al menos desde mi punto de vista. No obstante, a mí me parece que lo más significativo quedó prácticamente bien apuntado por los nietszcheanos en relación con lo que he afirmado en el primer párrafo, por lo que insisto en repasar a Nietzsche en lugar de continuar ahondando (y así salvándole las ropas) en el positivismo.

La muerte de Dios en la imaginería humana (o sea su muerte como concepto y justificación) no ha sido nunca lo suficientemente profunda o radical. Siempre ha dejado en pie algo del moribundo, siempre hay algo del fantasma que se deja vivo... Y precisamente, ¿dónde sino en el interior de la criatura que lo ha inventado con fines curativos o paliativos al menos? Al parecer, y eso se evidencia en sus aspectos colaterales, muy difícil para el hombre desembarazarse (nunca mejor dicho) de su propia convicción. Al parecer, la idea de llegar a ser Dios alguna vez o a serlo aunque parcialmente, cuesta mucho de erradicar. Los sistemáticos logros culturales y tecnológicos del hombre lo reafirman. Un día, sienten cada vez más individuos, el hombre (tal vez no todos, pero "los mejores") controlarán la vida y serán capaces de reproducirla, serán capaces de alcanzar los confines del Universo, de dominar la profundidad de la materia y el tiempo, de fabricar una mente artificial... La sensación de que todo límite será franqueable es cada vez más ostensible... (Y cada vez sirve más y más para justificar el poder político, o sea real y cotidiano, presente e inmediato, de los exponentes potenciales de esos ejemplares "mejores", los sabios, los especialistas, los expertos... Aunque esto, lo sé, sea la otra cara de asunto que pretendo abordar, no deja de ser inseparable de la cara que expongo y ahí queda señalado.)

Cuando se piensa en la construcción de un organismo cibernético capaz de autopensamiento, se cae indudablemente en esa conducta, y no tanto porque se persiga el objetivo ni porque pueda augurarse que no sea alcanzable (¡ni mucho menos!), sino por el hecho de que se asume... que el diseño inteligente previo será la clave del éxito, que la perfección en reproducir la mente humana será la clave del éxito. En esta idea, subyace indiscutiblemente la convicción de que el concepto es previo al resultado; es decir, una idea platónica, una idea que está en la base misma del mito religioso del que se presume haber renunciado, pero que, por lo que puede verse si se abandonan los aprioris del tipo "la ciencia y la religión no tienen nada en común", está también en la base del mito científico-racionalista. La idea que otorga "al saber y al conocimiento la fuerza de una medicina universal y ve en el error el mal en sí" ("El nacimiento de la tragedia", El libro de bolsillo, Alianza Editorial, Madrid, 2000, pág. 135).

Lo que no acaba de asumirse es la evidencia de que el cerebro humano es un producto de la evolución o, en otras palabras, un resultado que encontró la vida a través de millones de años de interacción con el mundo cercano para aferrarse a él y continuar existiendo ("un medio de retener a sus criaturas en la vida y de forzarlas a seguir viviendo", como dijo Nietzsche, op.cit., pág. 154). Un producto que en su totalidad y en sus partes no tiene nada de perfecto ni de bien ensamblado por más que nos maraville su capacidad no sólo de pensar y deducir sino de autoengañarnos y hacernos ir hacia Dios con la sensación de que podemos llegar a serlo en la medida en que practiquemos la perfección, es decir, la exactitud, la simetría absoluta, la racionalidad y la lógicas extremas... es decir, la propia idiosincrasia que hemos considerado divina.

Pero gracias a eso, como bien señaló Nietzsche, simplemente, nos movemos. Otra cuestión es hacia dónde en realidad si es que haya uno concreto y definible.

Sin duda:

"... el mito quiere ser sentido intuitivamente como ejemplificación única de una universalidad y una verdad que tienen su mirada en el infinito" (Nietzsche, op.cit., pág. 150)


* * *


Últimamente he topado con algunos artículos curiosamente publicados con pocos días de diferencia (¿tal vez porque el tema está volviendo a adquirir popularidad?) donde se tratan cuestiones vinculadas al rol subordinado de las teorías a la lucha "de clanes" así como a la puesta en duda de existencia misma de... teorías. Sin duda se trata de mi propia mirada sobre estos asuntos que descubre lo que desea... aunque... esto sea posible sólo porque... todo está en todo. Me permito recomendar su lectura y que se aplique con la propia capacidad de reflexión para reconsiderar aquello que tanto nos parece inamovible:

"The history of theory" de Ian Hunter, obra reseñada y comentada por Anaclet Pons en su blog de Historia ("Clionauta").

y

"The end of theory" de Chris Anderson, reseñada y comentada en Edge.

En este último caso, Edge lleva tiempo tratando temas colaterales así como sobre las cuestiones de la Teoría de Todo. En general, todo esto refleja, a mi entender y más allá de lo que pueda ser más o menos útil, la misma problemática... Las variantes son de todos modos... tan amplias y matizadas que sólo tomándolas como muestras individuales del afán individualista del ser humano,,, podrían permitir considerarlas... como un Todo.

4 comentarios:

Hector1564 dijo...

Hola Carlos,

De acuerdo con tu análisis Carlos. Tal vez disiento en la perspectiva pesimista y autoengañosa que (creo)quiere darle al concpeto de mito Nietzsche.
Permíteme (y dísculpame si te molesta) que te haga un poco de publicidad de mi blog pues en él precisamente he tratado alguno de los temas que apuntas en este post y respecto a ellos se han arribado las mismas conclusiones que tú sintetizas en este post.
Respecto a la idea de llegar a ser Dios alguna vez o a serlo aunque parcialmente ha sido defendido por Freman Dyson y criticado por mi en este post:
http://hector1564.blogspot.com/2008/07/instrucciones-para-crear-dios.html

Respecto al tema del mito en un post que he escrito hoy mismo he tratado de darle una legitimidad más allá del autoengaño y engarzarlo con la ficción y su saludable ejercicio, este post:
http://hector1564.blogspot.com/2008/08/el-mito-o-en-las-fronteras-del-lenguaje.html

Te paso los enlaces con la esperanza (y el deseo) de que los disfrutes ;-)

Saludos

Carlos Suchowolski dijo...

Hola,
Gracias por el comentario. Entraré en tu blog y seguramente dejaré mi opinión. En cuanto a Nietzsche, la perspectiva es a la vez pesimista y opti... mejor dicho... dionisíaca. Para mí, que considero que Nietzsche no es ni mucho menos la última palabra (no puede haberla en el sentido de lo taxativo, y sí lo son todas porque mucho más allá no se puede llegar...), lo importante es considerarla parte de las "primeras palabras" después de la imposición global del racionalismo (que yo sigo viendo atado al positivismo o si quieres, considero que este es su expresión extrema, religiosa, etc.) En ese sentido, el pesimismo nietzscheano no creo que deba ser entendido como visión negativa de la humanidad, etc., sino como "certidumbre" de que el hombre NO PUEDE ALCANZAR LA VERDAD ABSOLUTA, como sí nos tiende a convencer la Ciencia en base a su práctica exitosa. Yo creo que se trata de una "simple" confusión mítica. La Ciencia debería seguir "trabajando con conceptos" y no intentar producirlos o sea, construyendo su propio mito racionalista. Esto debe ser desarrollado más so pena de confundir...
Algo más de Nietzsche: su optimismo, con su "Sí a la vida" merece un estudio aparte. Estoy en ello, pero lo puliré después de vacaciones.
En cuanto a "La Verdad" y su "imposibilidad", tampoco caigo en la idea kantiana del agnosticismo... Pero es aún más largo de explicar (aunque creo que en los posts más recientes ya lo he mencionado: me refiero a la capacidad humana -neurológica- para captar la realidad; algo que sin duda es evidente).
Bueno, me verás por tu blog y si no te he linkado aún, lo estarás.
Un saludo afectuoso.

The sea, the sky, the dust dijo...

hacía tiempo que no te leía...sigues tan potente como siempre, crees que me falta mucho para ser dios??

Carlos Suchowolski dijo...

Monsieur The See...
Un mortal, por definición, no tiene atributos para un juicio de tal entidad. No obstante, no puedo evitar suponer posible que seas el dios de tí mismo, en tanto te inventes como tal... No sería un intento demasiado diferente de los muchos que pretenden calmar la desazón propia del hombre: autoerigirse dios de uno mismo y en la medida de lo posible de cuántos más mejor. Un dios que se concedería entre otras la licencia de no ser mucho más poderoso que el común... mediante la lucidez imaginaria o... por qué no... la ironía y llegado el caso el sarcasmo.
Buen agosto, amigo...